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No quieren echar a Marcelino

Domingo Ortiz @Domingortiz 11-01-2019

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«No tenemos previsto en el corto plazo hacer cambios en materia deportiva». Ese fue el mensaje de Mateu Alemany en rueda de prensa, donde quiso fortalecer la figura del entrenador y la de su plantilla después de la crisis galopante de identidad y juego que está sufriendo el VCF desde comienzos de temporada. Pero hablamos de fútbol. Del deporte más incontrolable y heterogéneo del mundo a la hora de tomar decisiones. El Director General y Deportivo del conjunto centenario se mojó, más incluso de lo previsto, en subrayar la confianza en el proyecto, pero que nadie olvide que la antesala de la destitución siempre es la ratificación. Por muchas palabras dadas (coherentes y sensatas en su mayoría) todo lo que no sea sumar victorias -en plural- y de forma continuada, conllevará a tener que tomar una sentencia que ningún valencianista pensaba hace justamente seis meses.
Marcelino es un gran entrenador. Y aunque acabe saltando por los aires, lo seguirá demostrando allá donde vaya. Por trabajo, conocimiento y magnitud. Pero el debate en este sentido es si tiene ahora mismo capacidad para revertir una situación dramática. Se le ve superado, tiene a toda la plantilla por debajo del nivel exigible y está siendo desmañado para recuperar a sus futbolistas a nivel anímico. Esa faena también corresponde a un entrenador. Asimismo, se le ve descontrolado a la hora de leer los partidos. Suele deteriorar al equipo con los cambios y su ojeada está lejos del nivel que le corresponde. Que el Valencia tiene unos números desquiciantes, lo vemos todos. Que sus delanteros parecen brotados de Ligas de empresas, también. O que la capacidad futbolística en posicional del equipo es paupérrima, no cabe ninguna duda. Los porqués los conocemos. Se trata de averiguar si el entrenador asturiano de Villaviciosa va a ser competente, en estas circunstancias y con la mejor plantilla que ha tenido en sus manos, de darle un giro absoluto.

A mí me encantaría. Porque es el mismo que devolvió al VCF al único lugar que debe habitar por exigencia, masa social e historia. Y porque su estilo, amante de la transición defensa-ataque y solidez defensiva, es el que siempre le ha puesto morritos al club de Mestalla para levantar metal. Mientras parte del entorno se desgañita pidiendo la cabeza del entrenador (es incuestionable que hay motivos) y -casi- desea que se pierda un partido más para que la muerte sea anunciada; otra parte (en la que me incluyo) desea con fervor, desenfreno y fogosidad que se ganen diez partidos consecutivos, o quince, y que Marcelino cumpla contrato. Incluso, como destacaba también Alemany, que acabara renovando. Pero, analizando cada día y al detalle, parece poco probable. No son síntomas de recuperación lo que destila el equipo en la actualidad.

Siempre pensé que Marcelino García Toral era el hombre indicado. Siempre. Y la temporada pasada fue reflejo que desencaminado no se iba. Pero, además de los problemas numéricos y de sensaciones, le está pesando como un monolito que haya sido el gran arquitecto de la plantilla más costosa del club en toda su historia. Está hecha a su imagen y semejanza y se esperaba que fuese hábil y apto para, con el tiempo, sacarle jugo a todos esos futbolistas que pidió con ahínco el pasado verano y que al VCF baratos no le salieron, precisamente.
No entraré a valorar lo del manido miedo al cambio de entrenador por lo que pudiese pasar con el club en un futuro, pero sí diré, que estaría mucho más tranquilo si fuese Mateu Alemany quien eligiese al sustituto, llegado el caso. Y no las tengo todas conmigo. Me atormenta esa sensación de pensar que sería Meriton quien pusiese nombre al nuevo inquilino. Más que el regreso a la casilla de salida, que también, más que la vuelta a dinamitar un nuevo proyecto (reconociendo que son demasiados), lo acongojante es rumiar que se volvería a un escenario de decisiones infernales y espantosas.

Por eso mismo y por ser sus grandes valedores, Mateu Alemany y Pablo Longoria, Director del Área Técnica y hombre de confianza de Marcelino, no quieren echar al entrenador. Está quedando demostrado que por querencia no es. Eliminados de la Champions, con el VCF sumergido en la mediocridad de la Liga, con fichajes decepcionantes y con la Copa en el alambre, aun así, siguen creyendo en el proyecto. Convencieron antes de Navidad al Valencia de Singapur para aguantar y, tras dos varapalos nada más comenzar el año, vuelven a mostrar al mundo que Marcelino es su entrenador. Pero son conscientes que esto es fútbol y que la confianza no es eterna.

Ahora le toca a Marcelino y a su plantilla cambiar el discurso. Tanto dentro del terreno de juego como fuera (no le ayuda entrar en el bucle caduco y falto de autocrítica cada jornada). Solo vale ganar partidos. Es la única vereda para recuperar el terreno perdido e intentar llegar a lo exigido y previsto a comienzos de temporada. Todo lo demás será un disfraz que se acabe rasgando con el paso de los días. Y mira, ‘Marce’, que a pesar de tener los peores números de la historia del Valencia a nivel ofensivo, a pesar de ensanchar estadísticas negativas (no se perdían los dos primeros partidos en el comienzo de un año desde hacía 31), con todo, te lo están diciendo por activa y por pasiva: la paciencia es histórica y no te quieren echar.

Aunque estaría bien remarcar que siendo el máximo responsable, no es el único culpable. Porque hay hartazgo que los jugadores siempre salgan sin trasquilar. Que los futbolistas vean la portería contraria como un futbolín, no es culpa de Marcelino, que no sepan darse el balón al pie en una distancia de tres metros, tampoco lo es, que se cometan errores individuales infantiles que cuesten goles, pues tampoco. Todos moros o todos cristianos. Pero todos.

Queda mucho en juego y se está a tiempo de llegar, siempre y cuando haya una metamorfosis inmediata. Al menos de resultados. Ayudará que Guedes estará de vuelta antes de lo previsto y que Kondogbia será uno más pronto, pero hay que reaccionar ya. Porque si no se hace, los códigos de este deporte te acaban poniendo contra la pared. Aunque haya habido defensas a ultranza o ratificaciones. Aunque no quieran echar a un entrenador. Como es el caso.

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«No tenemos previsto en el corto plazo hacer cambios en materia deportiva». Ese fue el mensaje de Mateu Alemany en rueda de prensa, donde quiso fortalecer la figura del entrenador y la de su plantilla después de la crisis galopante de identidad y juego que está sufriendo el VCF desde comienzos de temporada. Pero hablamos de fútbol. Del deporte más incontrolable y heterogéneo del mundo a la hora de tomar decisiones. El Director General y Deportivo del conjunto centenario se mojó, más incluso de lo previsto, en subrayar la confianza en el proyecto, pero que nadie olvide que la antesala de la destitución siempre es la ratificación. Por muchas palabras dadas (coherentes y sensatas en su mayoría) todo lo que no sea sumar victorias -en plural- y de forma continuada, conllevará a tener que tomar una sentencia que ningún valencianista pensaba hace justamente seis meses.
Marcelino es un gran entrenador. Y aunque acabe saltando por los aires, lo seguirá demostrando allá donde vaya. Por trabajo, conocimiento y magnitud. Pero el debate en este sentido es si tiene ahora mismo capacidad para revertir una situación dramática. Se le ve superado, tiene a toda la plantilla por debajo del nivel exigible y está siendo desmañado para recuperar a sus futbolistas a nivel anímico. Esa faena también corresponde a un entrenador. Asimismo, se le ve descontrolado a la hora de leer los partidos. Suele deteriorar al equipo con los cambios y su ojeada está lejos del nivel que le corresponde. Que el Valencia tiene unos números desquiciantes, lo vemos todos. Que sus delanteros parecen brotados de Ligas de empresas, también. O que la capacidad futbolística en posicional del equipo es paupérrima, no cabe ninguna duda. Los porqués los conocemos. Se trata de averiguar si el entrenador asturiano de Villaviciosa va a ser competente, en estas circunstancias y con la mejor plantilla que ha tenido en sus manos, de darle un giro absoluto.

A mí me encantaría. Porque es el mismo que devolvió al VCF al único lugar que debe habitar por exigencia, masa social e historia. Y porque su estilo, amante de la transición defensa-ataque y solidez defensiva, es el que siempre le ha puesto morritos al club de Mestalla para levantar metal. Mientras parte del entorno se desgañita pidiendo la cabeza del entrenador (es incuestionable que hay motivos) y -casi- desea que se pierda un partido más para que la muerte sea anunciada; otra parte (en la que me incluyo) desea con fervor, desenfreno y fogosidad que se ganen diez partidos consecutivos, o quince, y que Marcelino cumpla contrato. Incluso, como destacaba también Alemany, que acabara renovando. Pero, analizando cada día y al detalle, parece poco probable. No son síntomas de recuperación lo que destila el equipo en la actualidad.

Siempre pensé que Marcelino García Toral era el hombre indicado. Siempre. Y la temporada pasada fue reflejo que desencaminado no se iba. Pero, además de los problemas numéricos y de sensaciones, le está pesando como un monolito que haya sido el gran arquitecto de la plantilla más costosa del club en toda su historia. Está hecha a su imagen y semejanza y se esperaba que fuese hábil y apto para, con el tiempo, sacarle jugo a todos esos futbolistas que pidió con ahínco el pasado verano y que al VCF baratos no le salieron, precisamente.
No entraré a valorar lo del manido miedo al cambio de entrenador por lo que pudiese pasar con el club en un futuro, pero sí diré, que estaría mucho más tranquilo si fuese Mateu Alemany quien eligiese al sustituto, llegado el caso. Y no las tengo todas conmigo. Me atormenta esa sensación de pensar que sería Meriton quien pusiese nombre al nuevo inquilino. Más que el regreso a la casilla de salida, que también, más que la vuelta a dinamitar un nuevo proyecto (reconociendo que son demasiados), lo acongojante es rumiar que se volvería a un escenario de decisiones infernales y espantosas.

Por eso mismo y por ser sus grandes valedores, Mateu Alemany y Pablo Longoria, Director del Área Técnica y hombre de confianza de Marcelino, no quieren echar al entrenador. Está quedando demostrado que por querencia no es. Eliminados de la Champions, con el VCF sumergido en la mediocridad de la Liga, con fichajes decepcionantes y con la Copa en el alambre, aun así, siguen creyendo en el proyecto. Convencieron antes de Navidad al Valencia de Singapur para aguantar y, tras dos varapalos nada más comenzar el año, vuelven a mostrar al mundo que Marcelino es su entrenador. Pero son conscientes que esto es fútbol y que la confianza no es eterna.

Ahora le toca a Marcelino y a su plantilla cambiar el discurso. Tanto dentro del terreno de juego como fuera (no le ayuda entrar en el bucle caduco y falto de autocrítica cada jornada). Solo vale ganar partidos. Es la única vereda para recuperar el terreno perdido e intentar llegar a lo exigido y previsto a comienzos de temporada. Todo lo demás será un disfraz que se acabe rasgando con el paso de los días. Y mira, ‘Marce’, que a pesar de tener los peores números de la historia del Valencia a nivel ofensivo, a pesar de ensanchar estadísticas negativas (no se perdían los dos primeros partidos en el comienzo de un año desde hacía 31), con todo, te lo están diciendo por activa y por pasiva: la paciencia es histórica y no te quieren echar.

Aunque estaría bien remarcar que siendo el máximo responsable, no es el único culpable. Porque hay hartazgo que los jugadores siempre salgan sin trasquilar. Que los futbolistas vean la portería contraria como un futbolín, no es culpa de Marcelino, que no sepan darse el balón al pie en una distancia de tres metros, tampoco lo es, que se cometan errores individuales infantiles que cuesten goles, pues tampoco. Todos moros o todos cristianos. Pero todos.

Queda mucho en juego y se está a tiempo de llegar, siempre y cuando haya una metamorfosis inmediata. Al menos de resultados. Ayudará que Guedes estará de vuelta antes de lo previsto y que Kondogbia será uno más pronto, pero hay que reaccionar ya. Porque si no se hace, los códigos de este deporte te acaban poniendo contra la pared. Aunque haya habido defensas a ultranza o ratificaciones. Aunque no quieran echar a un entrenador. Como es el caso.

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