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Mimbres de un Valencia empírico

Domingo Ortiz @Domingortiz 09-10-2018

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En
el fútbol y en la vida todo puede mirarse desde varios puntos de vista. La
heterogeneidad del intervalo imprime un calado que depende de cada uno para
situar más arriba o más abajo aquello que va sucediendo. No hay duda que el
inicio del Valencia no fue el esperado viendo la inversión que se hizo el
pasado verano y, a nivel numérico, está más cerca de ser decepcionante que de
todo lo contrario. Pero viendo el aumento de autoestima en las últimas batallas
– de grueso y médula las dos últimas – y el crecimiento futbolístico colectivo
en cuanto a cohesión como bloque, prefiero hilvanar el mismo bordado que empezó
Parejo en twitter:
#YoCreoEnEsteEquipo.

Y
lo hago por el sereno convencimiento de que se tiene una plantilla mejorada
respecto a la temporada anterior, porque hay futbolistas capitales que se han
incorporado con el pistoletazo dado y porque la pretemporada no fue la deseada
para el grueso duro, fruto de la disputa del campeonato del mundo. Garay, que
se perdió casi todo el arranque por una tendinitis rotuliana; Kondogbia, al que
sus tobillos lo llevaron por la calle del desánimo; Coquelin, que volvía tras
seis meses de soledad por su tendón de Aquiles; Guedes, sin chispa física por
haber estado en Rusia y por entrenar solo la mayoría de los días en París
mientras esperaba su transferencia definitiva; Batshuayi, que llegó tras el
mundial como puedo hacerlo yo tras unas vacaciones con pulsera en Cancún;
Gameiro, con la tardanza a ponerse en manos de Marcelino por el impedimento de
Simeone… son muestras de las dificultades que han tenido los de Mestalla desde
el arranque.

No
se trata de una introspección gravitada en la justificación del todo, porque la
segunda parte de Cornellà, la primera en Orriols o gran parte del partido ante
el Betis no se sostiene ni con una maroma de barco. Pero sí de acentuar con
cavilación que estos antecedentes le acaban pesando a cualquiera. El Valencia
sigue teniendo muchos problemas para el ataque estático, le cuesta horrores
generar en posicional, la estrategia ofensiva en balones parados sigue siendo
un plato por cocinar y la falta de ligazón entre sus delanteros es una
evidencia. Al equipo le falta gol y es lo que le está condenando en estos
plazos en cuanto a puntuación. Axiomático e irrefutable. Pero también existen
muecas para pensar que, tras el parón de selecciones, el avión centenario va a
coger la velocidad ambicionada.

Es
muy difícil ganar a los de ‘Marce’. Defensivamente se ha dado un salto
cualitativo colectivo tremendamente poderoso. El nivel individual de sus centrales
es extraordinario, Gayà demuestra diariamente que se ha hecho mayor y que la
llamada de Luis Enrique es más que justa. La recuperación de los hombres de
contención (Kondogbia y Coquelin) le ha dado una frescura y una jerarquía
insaciable a la parcela ancha y contemplamos con felicidad la mejor versión de
Carlos Soler y Gonçalo Guedes. ‘El cohete’ cada vez tiene mayor empuje, no por
la reacción de la expulsión rápida de gases de combustión, pero casi. Su motor,
según avanzan los entrenamientos, va cogiendo mayor potencia y está cerca de su
lanzamiento categórico. La distensión sufrida ante el Barça no ha de suponer un
retroceso en su puesta a punto porque se le espera con el regreso de la Liga.

Queda
que Parejo y Rodrigo se activen para volver a ser el equipo temido y vertical
del curso anterior. Si escalan los bretes y dan su verdadera cara, se tiene que
ser positivo con lo mucho que falta. Con Batshuayi, pocos titubeos. Su juego de
espaldas es una bendición para la llegada de segunda línea y su toque de
primeras para descargar, maravilloso. Todo lo que ha perdido en la báscula lo
ha ganado en incidencia. Solo ha de trabajar en los pequeños detalles. Retener
el cuero no le favorece. Ni emborracharse de él. Y dentro del área cuando tenga
posición de remate ha de transformarse en Drácula y dejar a Bob Esponja. La sed
de sangre en un delantero, y más de su plomo, es imprescindible para ser
diferencial. Si consigue pulirlo, será uno de los mejores delanteros del
continente.

Las
buenas sensaciones con Gameiro se agrandan. Se asocia correctamente, va bien a
la llanura abierta y tiene trabajo defensivo. No ser perezoso en un equipo
compacto te mete de lleno en el pentagrama. Son notas con cabida y afinación.
Es una de las grandes diferencias con su predecesor. Y a todo lo citado no hay
que olvidarse que “la estatua” Neto está siendo providencial. Como lo fue en el
pasado. Un seguro de vida que no se cansa de darle puntos a su equipo. Como en
Anoeta u Old Trafford. Espero la recuperación del mejor Murillo (se le vio
mucho mejor ante el Celta a pesar del despiste en el gol), la confirmación de
un Diakhaby que, a pesar de sus buenos partidos y de su magnífico juego aéreo,
le sigo viendo falto de cocción. Sobre todo corriendo a su espalda y a nivel de
anarquía. Pero las condiciones las tiene y la juventud también. Ojalá veamos
una versión diametralmente opuesta de Piccini para poner el candado de manera
definitoria atrás, a Santi Mina haciendo goles, a Cheryshev recordando al del
Mundial creyéndose que es un buen futbolista (parece afligido), a Ferrán
agitando los encuentros opacos, a Vezo dando minutos de rotación donde el
equipo mantenga solvencia, a Lato con ritmo de partidos y enchufado a la
dinámica de grupo y al Daniel Wass de Vigo. Talento y pies finos, tiene.

En
definitiva, existen porqués e impulsos para coger el prisma del positivismo.
Siendo conocedores de los descosidos y de las hendiduras existentes pero
sabedores del potencial de esta gran plantilla. Queda mucho y el Valencia de
Marcelino García Toral va dando pasos firmes de solvencia. No diré que el
enfermo está haciendo running pero ya
ha abandonado el hospital. Es un paso. Y el calendario se suaviza a la vuelta
de los compromisos internacionales. El tiempo dirá si se afianza lo bueno y se
orienta al buen camino lo mejorable. Mientras, #YoCreoEnEsteEquipo.

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el fútbol y en la vida todo puede mirarse desde varios puntos de vista. La
heterogeneidad del intervalo imprime un calado que depende de cada uno para
situar más arriba o más abajo aquello que va sucediendo. No hay duda que el
inicio del Valencia no fue el esperado viendo la inversión que se hizo el
pasado verano y, a nivel numérico, está más cerca de ser decepcionante que de
todo lo contrario. Pero viendo el aumento de autoestima en las últimas batallas
– de grueso y médula las dos últimas – y el crecimiento futbolístico colectivo
en cuanto a cohesión como bloque, prefiero hilvanar el mismo bordado que empezó
Parejo en twitter:
#YoCreoEnEsteEquipo.

Y
lo hago por el sereno convencimiento de que se tiene una plantilla mejorada
respecto a la temporada anterior, porque hay futbolistas capitales que se han
incorporado con el pistoletazo dado y porque la pretemporada no fue la deseada
para el grueso duro, fruto de la disputa del campeonato del mundo. Garay, que
se perdió casi todo el arranque por una tendinitis rotuliana; Kondogbia, al que
sus tobillos lo llevaron por la calle del desánimo; Coquelin, que volvía tras
seis meses de soledad por su tendón de Aquiles; Guedes, sin chispa física por
haber estado en Rusia y por entrenar solo la mayoría de los días en París
mientras esperaba su transferencia definitiva; Batshuayi, que llegó tras el
mundial como puedo hacerlo yo tras unas vacaciones con pulsera en Cancún;
Gameiro, con la tardanza a ponerse en manos de Marcelino por el impedimento de
Simeone… son muestras de las dificultades que han tenido los de Mestalla desde
el arranque.

No
se trata de una introspección gravitada en la justificación del todo, porque la
segunda parte de Cornellà, la primera en Orriols o gran parte del partido ante
el Betis no se sostiene ni con una maroma de barco. Pero sí de acentuar con
cavilación que estos antecedentes le acaban pesando a cualquiera. El Valencia
sigue teniendo muchos problemas para el ataque estático, le cuesta horrores
generar en posicional, la estrategia ofensiva en balones parados sigue siendo
un plato por cocinar y la falta de ligazón entre sus delanteros es una
evidencia. Al equipo le falta gol y es lo que le está condenando en estos
plazos en cuanto a puntuación. Axiomático e irrefutable. Pero también existen
muecas para pensar que, tras el parón de selecciones, el avión centenario va a
coger la velocidad ambicionada.

Es
muy difícil ganar a los de ‘Marce’. Defensivamente se ha dado un salto
cualitativo colectivo tremendamente poderoso. El nivel individual de sus centrales
es extraordinario, Gayà demuestra diariamente que se ha hecho mayor y que la
llamada de Luis Enrique es más que justa. La recuperación de los hombres de
contención (Kondogbia y Coquelin) le ha dado una frescura y una jerarquía
insaciable a la parcela ancha y contemplamos con felicidad la mejor versión de
Carlos Soler y Gonçalo Guedes. ‘El cohete’ cada vez tiene mayor empuje, no por
la reacción de la expulsión rápida de gases de combustión, pero casi. Su motor,
según avanzan los entrenamientos, va cogiendo mayor potencia y está cerca de su
lanzamiento categórico. La distensión sufrida ante el Barça no ha de suponer un
retroceso en su puesta a punto porque se le espera con el regreso de la Liga.

Queda
que Parejo y Rodrigo se activen para volver a ser el equipo temido y vertical
del curso anterior. Si escalan los bretes y dan su verdadera cara, se tiene que
ser positivo con lo mucho que falta. Con Batshuayi, pocos titubeos. Su juego de
espaldas es una bendición para la llegada de segunda línea y su toque de
primeras para descargar, maravilloso. Todo lo que ha perdido en la báscula lo
ha ganado en incidencia. Solo ha de trabajar en los pequeños detalles. Retener
el cuero no le favorece. Ni emborracharse de él. Y dentro del área cuando tenga
posición de remate ha de transformarse en Drácula y dejar a Bob Esponja. La sed
de sangre en un delantero, y más de su plomo, es imprescindible para ser
diferencial. Si consigue pulirlo, será uno de los mejores delanteros del
continente.

Las
buenas sensaciones con Gameiro se agrandan. Se asocia correctamente, va bien a
la llanura abierta y tiene trabajo defensivo. No ser perezoso en un equipo
compacto te mete de lleno en el pentagrama. Son notas con cabida y afinación.
Es una de las grandes diferencias con su predecesor. Y a todo lo citado no hay
que olvidarse que “la estatua” Neto está siendo providencial. Como lo fue en el
pasado. Un seguro de vida que no se cansa de darle puntos a su equipo. Como en
Anoeta u Old Trafford. Espero la recuperación del mejor Murillo (se le vio
mucho mejor ante el Celta a pesar del despiste en el gol), la confirmación de
un Diakhaby que, a pesar de sus buenos partidos y de su magnífico juego aéreo,
le sigo viendo falto de cocción. Sobre todo corriendo a su espalda y a nivel de
anarquía. Pero las condiciones las tiene y la juventud también. Ojalá veamos
una versión diametralmente opuesta de Piccini para poner el candado de manera
definitoria atrás, a Santi Mina haciendo goles, a Cheryshev recordando al del
Mundial creyéndose que es un buen futbolista (parece afligido), a Ferrán
agitando los encuentros opacos, a Vezo dando minutos de rotación donde el
equipo mantenga solvencia, a Lato con ritmo de partidos y enchufado a la
dinámica de grupo y al Daniel Wass de Vigo. Talento y pies finos, tiene.

En
definitiva, existen porqués e impulsos para coger el prisma del positivismo.
Siendo conocedores de los descosidos y de las hendiduras existentes pero
sabedores del potencial de esta gran plantilla. Queda mucho y el Valencia de
Marcelino García Toral va dando pasos firmes de solvencia. No diré que el
enfermo está haciendo running pero ya
ha abandonado el hospital. Es un paso. Y el calendario se suaviza a la vuelta
de los compromisos internacionales. El tiempo dirá si se afianza lo bueno y se
orienta al buen camino lo mejorable. Mientras, #YoCreoEnEsteEquipo.

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