_Champions League

Lucha de poder

Detrás de cada sonora pitada al himno de la Champions League o de cada tweet saludando al presidente que llega a la ciudad donde juega su equipo se esconde la lucha por el poder del nuevo fútbol. No diré que la fase de grupos es lo que hemos tenido toda la vida porque sería mentira: la máxima competición continental ha cambiado de manera imparable mientras nosotros permanecíamos impasibles. Tanto, que llegamos a aceptar que estados milmillonarios tomaran el poder de entidades históricas para empezar a quemar karma de lo que hacían en sus países; como cuando Antonio Recio daba comida a inmigrantes para tapar su perenne racismo. Somos buenos y merecemos organizar un Mundial. Ah, por cierto, tiene que ser en diciembre. Sin problema, ¿no?

Mientras el Manchester United cae en Berna, mientras el Barcelona es goleado por el Bayern, mientras el Sheriff gana su primer encuentro en la competición; unos amenazan con los juzgados y los otros hablan con genios del marketing para edulcorar la gran caca pintada de purpurina -permitidme otra mención a La que se avecina- que sería la Superliga Europea. Un sistema que obviaría que un cuadro moldavo, tras tener que superar un sinfín de previas a cara de perro, pueda competir en el Santiago Bernabéu. Qué pereza que vengan estos equipos de ligas desconocidas.

La triste realidad es que la nueva Champions League de Infantino, que llegará en principio en 2024, no se aleja demasiado de lo que buscan los megalómanos que quieren forjar sus propias reglas para hacer lo que ahora critican. Por ello, habrá que disfrutar de lo poco que nos queda de estas últimas fases de grupos, con el Chelsea sufriendo ante un conjunto ruso, por ejemplo, antes de que lleguen torneos en los que los grandes lo quieran todo: jugar los «buenos» entre sí, disputar más encuentros de los que ya se disputan y encima llegar también a las rondas finales. Imagino que querrán que haya 12 campeones, así ya nadie fracasa. Habrá mucho dinero, por supuesto, aunque la competitividad y los valores fundacionales de este maltrecho deporte acabarán dinamitados de una vez por todas.

Imagen de cabecera: @PSG_inside

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Detrás de cada sonora pitada al himno de la Champions League o de cada tweet saludando al presidente que llega a la ciudad donde juega su equipo se esconde la lucha por el poder del nuevo fútbol. No diré que la fase de grupos es lo que hemos tenido toda la vida porque sería mentira: la máxima competición continental ha cambiado de manera imparable mientras nosotros permanecíamos impasibles. Tanto, que llegamos a aceptar que estados milmillonarios tomaran el poder de entidades históricas para empezar a quemar karma de lo que hacían en sus países; como cuando Antonio Recio daba comida a inmigrantes para tapar su perenne racismo. Somos buenos y merecemos organizar un Mundial. Ah, por cierto, tiene que ser en diciembre. Sin problema, ¿no?

Mientras el Manchester United cae en Berna, mientras el Barcelona es goleado por el Bayern, mientras el Sheriff gana su primer encuentro en la competición; unos amenazan con los juzgados y los otros hablan con genios del marketing para edulcorar la gran caca pintada de purpurina -permitidme otra mención a La que se avecina- que sería la Superliga Europea. Un sistema que obviaría que un cuadro moldavo, tras tener que superar un sinfín de previas a cara de perro, pueda competir en el Santiago Bernabéu. Qué pereza que vengan estos equipos de ligas desconocidas.

La triste realidad es que la nueva Champions League de Infantino, que llegará en principio en 2024, no se aleja demasiado de lo que buscan los megalómanos que quieren forjar sus propias reglas para hacer lo que ahora critican. Por ello, habrá que disfrutar de lo poco que nos queda de estas últimas fases de grupos, con el Chelsea sufriendo ante un conjunto ruso, por ejemplo, antes de que lleguen torneos en los que los grandes lo quieran todo: jugar los «buenos» entre sí, disputar más encuentros de los que ya se disputan y encima llegar también a las rondas finales. Imagino que querrán que haya 12 campeones, así ya nadie fracasa. Habrá mucho dinero, por supuesto, aunque la competitividad y los valores fundacionales de este maltrecho deporte acabarán dinamitados de una vez por todas.

Imagen de cabecera: @PSG_inside

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
17-09-2021