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Lemar, leyenda

Diego G. Argota @Diego21Garcia 27-10-2020

Cuando el Atlético de Madrid cosechó una victoria ante su eterno rival en Supercopa de Europa, allá por el verano de 2018, en Tallín, la alegría era desmedida por la altura del envite, pero también por las situaciones individuales de ciertos jugadores. Aquel día de agosto, Diego Costa parecía haber salido de una máquina del tiempo que le había traído de 2014, Rodri se presentaba como el pivote del futuro, Griezmann era el jugador franquicia que había dado un portazo al Barcelona y parecía jurar amor eterno al rojo y blanco y Lemar, ¡Ay Thomas Lemar! Había cuajado una actuación que a poco de sostenerse en el tiempo bien podría haber dejado en una anécdota el hecho de haber costado 70 millones y ser, entonces, el fichaje más caro de la entidad.

Pero algo más de dos años después, ya no queda prácticamente nada de aquel chico que acortó sus vacaciones (de hecho, apenas tuvo una semana tras el final del Mundial) para ponerse rápido a las órdenes de Simeone y encajar como un guante en sus primeros minutos de rojiblanco. Es cierto que Lemar, campeón en aquella cita mundialista de Rusia, nunca fue un primer espada para Deschamps y su desgaste no era el mismo que el de Lucas o el de Griezmann, pero aquel compromiso para con su nuevo club quedó tan marcado y es tan necesario de ensalzar como que ese futbolista ya no existe.

Y es que aquel día de su debut Lemar no solo firmó su primer partido con el Atleti, sino que también cuajó el mejor que se le ha visto hasta la fecha y, salvo un par de momentos de esplendor en duelos dispares, se puede afirmar que el único partido completo a un nivel de aprobado. No se sabe si es el estilo de juego, si es la actitud, si es un conglomerado de todo o si simplemente Lemar es un jugador que directamente no da la talla y al que se le colgó una etiqueta desmedida por un año bueno en un Mónaco que volaba a ritmo de Mbappé, Falcao, Moutinho, Bernardo Silva o Fabinho, entre otros, donde brillar era sencillo y en el que algunos secundarios multiplicaron su valor.

Diego Simeone felicita a Lemar en 2018. (OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)

En una política cuestionable del club, muy mal se tiene que dar la temporada para que el francés no ocupe a lo largo de esta campaña un espacio en el Paseo de Leyendas del Metropolitano. A poco más de una veintena de duelos de llegar a los 100, Lemar pasará directamente a situar una placa con su nombre al lado de jugadores como Luis Aragonés, Adelardo, Futre o Fernando Torres.

Lo cierto es que la 2019-2020 fue una temporada aciaga para el galo, con errores de bulto (regalos a Juventus y Barcelona a la postre cruciales) que se magnifican con sus estadísticas finales: cero goles y cero asistencias. Es de destacar que el jugador firmado para dar la pausa en la medular y ser el nexo entre la defensa y la delantera, ese cometido que hace un lustro tuvo Arda Turan y donde el Atlético no ha encontrado nunca relevo, sea el que toma peores decisiones cada vez que tiene el balón en sus pies. Lemar es el jugador del Atlético que más balones pierde con respecto a los minutos jugados, que inexplicablemente siguen siendo muchos.

Porque pocos futbolistas han tenido tantas oportunidades sin aportar realmente demasiado al juego (y eso que es el futbolista interior que mejor entiende las ayudas a Lodi y que en realidad parece complementarse bien con el brasileño) como él. Puede que sea el precio de su etiqueta el que condicione todo y ‘obligue’ al entrenador a ponerlo, pero también que realmente haya algo de lunes a viernes que solo el técnico sea capaz de ver. A Lemar le pido que lleve a los partidos lo que hace en los entrenamientos”, repetía Simeone por enésima vez el sábado pasado, tras cambiarle en el descanso porque nuevamente no estaba funcionando. Llamativo también, pues no es de los futbolistas que más sangre demuestra sobre el césped en un equipo donde el esfuerzo no se negocia y su actitud, tediosa y pasota, no es la mejor para revertir una situación que le ha hecho llevar ya más de un año sin vestir la camiseta de la selección.

Su futuro en el Atleti parece no tener un final feliz a no ser que el guion pegue un giro imprevisible, pero posible. Porque si de algo saben en el Metropolitano, también en el Calderón, es de segundas oportunidades exitosas. Que le pregunten a Diego Costa, que anduvo cinco años de cesión en cesión hasta eclosionar en 2013, o que le hablen de ello a Raúl García, quien silbado por su propia gente tuvo que salir a Osasuna y cuando regresó se convirtió en uno de los favoritos del respetable. Sea como sea, parece que Lemar necesita salir del Atlético, aunque sea de manera fugaz, para descubrir si es cosa de un matrimonio disfuncional o de que uno le da al otro menos de lo que merece.

Imagen de cabecera: CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images

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Cuando el Atlético de Madrid cosechó una victoria ante su eterno rival en Supercopa de Europa, allá por el verano de 2018, en Tallín, la alegría era desmedida por la altura del envite, pero también por las situaciones individuales de ciertos jugadores. Aquel día de agosto, Diego Costa parecía haber salido de una máquina del tiempo que le había traído de 2014, Rodri se presentaba como el pivote del futuro, Griezmann era el jugador franquicia que había dado un portazo al Barcelona y parecía jurar amor eterno al rojo y blanco y Lemar, ¡Ay Thomas Lemar! Había cuajado una actuación que a poco de sostenerse en el tiempo bien podría haber dejado en una anécdota el hecho de haber costado 70 millones y ser, entonces, el fichaje más caro de la entidad.

Pero algo más de dos años después, ya no queda prácticamente nada de aquel chico que acortó sus vacaciones (de hecho, apenas tuvo una semana tras el final del Mundial) para ponerse rápido a las órdenes de Simeone y encajar como un guante en sus primeros minutos de rojiblanco. Es cierto que Lemar, campeón en aquella cita mundialista de Rusia, nunca fue un primer espada para Deschamps y su desgaste no era el mismo que el de Lucas o el de Griezmann, pero aquel compromiso para con su nuevo club quedó tan marcado y es tan necesario de ensalzar como que ese futbolista ya no existe.

Y es que aquel día de su debut Lemar no solo firmó su primer partido con el Atleti, sino que también cuajó el mejor que se le ha visto hasta la fecha y, salvo un par de momentos de esplendor en duelos dispares, se puede afirmar que el único partido completo a un nivel de aprobado. No se sabe si es el estilo de juego, si es la actitud, si es un conglomerado de todo o si simplemente Lemar es un jugador que directamente no da la talla y al que se le colgó una etiqueta desmedida por un año bueno en un Mónaco que volaba a ritmo de Mbappé, Falcao, Moutinho, Bernardo Silva o Fabinho, entre otros, donde brillar era sencillo y en el que algunos secundarios multiplicaron su valor.

Diego Simeone felicita a Lemar en 2018. (OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)

En una política cuestionable del club, muy mal se tiene que dar la temporada para que el francés no ocupe a lo largo de esta campaña un espacio en el Paseo de Leyendas del Metropolitano. A poco más de una veintena de duelos de llegar a los 100, Lemar pasará directamente a situar una placa con su nombre al lado de jugadores como Luis Aragonés, Adelardo, Futre o Fernando Torres.

Lo cierto es que la 2019-2020 fue una temporada aciaga para el galo, con errores de bulto (regalos a Juventus y Barcelona a la postre cruciales) que se magnifican con sus estadísticas finales: cero goles y cero asistencias. Es de destacar que el jugador firmado para dar la pausa en la medular y ser el nexo entre la defensa y la delantera, ese cometido que hace un lustro tuvo Arda Turan y donde el Atlético no ha encontrado nunca relevo, sea el que toma peores decisiones cada vez que tiene el balón en sus pies. Lemar es el jugador del Atlético que más balones pierde con respecto a los minutos jugados, que inexplicablemente siguen siendo muchos.

Porque pocos futbolistas han tenido tantas oportunidades sin aportar realmente demasiado al juego (y eso que es el futbolista interior que mejor entiende las ayudas a Lodi y que en realidad parece complementarse bien con el brasileño) como él. Puede que sea el precio de su etiqueta el que condicione todo y ‘obligue’ al entrenador a ponerlo, pero también que realmente haya algo de lunes a viernes que solo el técnico sea capaz de ver. A Lemar le pido que lleve a los partidos lo que hace en los entrenamientos”, repetía Simeone por enésima vez el sábado pasado, tras cambiarle en el descanso porque nuevamente no estaba funcionando. Llamativo también, pues no es de los futbolistas que más sangre demuestra sobre el césped en un equipo donde el esfuerzo no se negocia y su actitud, tediosa y pasota, no es la mejor para revertir una situación que le ha hecho llevar ya más de un año sin vestir la camiseta de la selección.

Su futuro en el Atleti parece no tener un final feliz a no ser que el guion pegue un giro imprevisible, pero posible. Porque si de algo saben en el Metropolitano, también en el Calderón, es de segundas oportunidades exitosas. Que le pregunten a Diego Costa, que anduvo cinco años de cesión en cesión hasta eclosionar en 2013, o que le hablen de ello a Raúl García, quien silbado por su propia gente tuvo que salir a Osasuna y cuando regresó se convirtió en uno de los favoritos del respetable. Sea como sea, parece que Lemar necesita salir del Atlético, aunque sea de manera fugaz, para descubrir si es cosa de un matrimonio disfuncional o de que uno le da al otro menos de lo que merece.

Imagen de cabecera: CRISTINA QUICLER/AFP via Getty Images

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