_Atletismo

Joshua Cheptegei no conoce el límite

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 16-10-2020

Tiene solo 24 años y vive en un estado de autoconfianza absoluto. Eso le impulsa y da alas para ser cada día mejor, porque Joshua Cheptegei ha vuelto a poner a Uganda en lo más alto en el mundo del atletismo. ¿Su última perla? Batir el récord que tenía Bekele desde hace 15 años en los 10.000 metros parando el crono en 26:11:00. Se cree un elegido, único en su especie, quizás embajador de algo, en la tierra por algún cometido que y piensa llevar a cabo a través de un sueño: “Quiero ser uno de los mejores atletas de la historia”. De momento, ya ha hecho tambalearse un puñado de récords que ha hecho propios y ha recibido los elogios de aquellos a los que cada día más se parece y sueña con superar. Kenia y Etiopía han visto cómo un espigado muchacho de quien todos se rieron hace tres años es ahora un consumado atleta casi imbatible.

Porque en marzo de 2017, un episodio acabó marcando la carrera del ugandés. Triste, por desolador que fue, intenta nunca recordarlo, prefiere olvidarlo pese a que le dio el impulso necesario para acabar siendo un ganador hambriento. El Mundial de campo a través se celebraba en Uganda, en casa, y allí Cheptegei estaba presto a dar una sorpresa que nadie se esperaba. Ni siquiera los más optimistas, ante un ‘desconocido’ (ya estuvo en Río 2016 y un año antes en el Mundial, quedando siempre entre los 10 primeros) que debería optar al Top10 y poco más. Lejos de cábalas sin fundamento, Cheptegei, de 20 años recién cumplidos, puso un ritmo endiablado desde el principio que solo Geoffrey Kamworor (entonces vigente campeón) pudo seguir y lanzó un ataque fulminante mediada la prueba que le dejó solo volando al título. Pero con el público celebrando que la medalla de oro se iba a quedar en casa, de pronto, a falta de 500 metros, Cheptegei miró para atrás, redujo la velocidad y comenzó a dar una sensación de estar absolutamente desfondado. Kamworor se acercó, le adelantó, y el ugandés colapsó, con una pájara de proporciones bíblicas, que le hizo incluso perder el sentido. Alzaba las piernas, pero el cuerpo se le iba para atrás e, incluso, por tramos parecía que estaba corriendo de espaldas. Como si un borracho se hubiera metido en la competición. Cruzó la meta en trigésima posición.

Y es que el atletismo, como todos los deportes que dependen del factor humano donde hay que batir un cronómetro, suele ser una manta corta. Si gastas más al principio, lo pagas al final, y si te guardas demasiado en el inicio, al final puedes terminar habiendo no usado todas las energías. Fueron 500 metros de angustia incluso médica, porque el africano estaba rozando el desvanecimiento. Pero esa actuación, que se convirtió en el origen de las burlas, fue la que le ha llevado a ser hoy intratable, pese a tener una técnica de pisada por la que muchos se echan las manos a la cabeza y otros tantos auguraban, en el pasado, que no podría ir a ritmos rápidos porque tenía un motor tremendo pero carecía en absoluto de técnica de carrera.

Cuatro meses después de aquella desgracia en casa, solo Mo Farah pudo con él en el Mundial de Londres y ahí comenzó a labrarse un palmarés envidiable que nunca imaginó en sus inicios. En su familia nadie corría. Apenas su padre, detrás de los ladrones que le robaban el ganado. Pero Cheptegei comenzó a hacerlo a los 10 años, cuando tenía que trasladarse unos seis kilómetros de ida y otros tantos de vuelta diarios al colegio. No lo hacía por placer, sino por practicidad. A él lo que le gustaba era el fútbol y, en tierras de atletismo, prefería el salto de longitud antes que ponerse a dar vueltas a un óvalo ficticio, pues en Uganda no existía una pista de atletismo oficial (con sus medidas reglamentarias) hasta que él mismo la diseñó hace unos años con las ganancias de un evento. De hecho, sus entrenamientos en casa han sido siempre sobre césped o sobre terreno de tierra y bajo los planes que le envía vía WhatsApp Addy Ruiter, un ex triatleta frustrado que se dio cuenta de que tenía más talento para enseñar que para competir.

Con 15 años entrenó con Kipchoge y su premonición se ha cumplido: “Tú puedes ser muy bueno”. Y hace apenas unos meses, antes de que le arrebatara dos récords, Bekele tampoco se quedaba atrás al afirmar que su nombre sería el próximo en escribirse con letras doradas. Las mismas con las que se escribe el suyo, el del keniano y el de Gebreselassie. “Quizás un par de medallas olímpicas más y estaré a su altura”, dice el ugandés, como si fuera empresa sencilla la de alzarse con dos metales en eventos que se celebran cada cuatro años y donde solo hay una bala (dos, en su caso, si dobla en el 5.000 y en el 10.000 metros).

Cheptegei rebosa optimismo triunfal por los cuatro costados. Afirma que la pandemia está siendo un episodio tan malo, que por simple equilibrio y compensación, algo bueno tiene que venir y él focaliza todo eso en correr. El chico que con 15 años nos sabía apenas pisar y corría con zancada descompensada hoy es un absoluto manual de estilo de técnica y talento que disfruta sufriendo cada metro. “Cuando vas a por un récord, aparece el dolor. Pero es divertido. Me gusta esa sensación de dolor”, admite y sabe lo que está haciendo en su carrera. “Muy pocos pueden hacer lo que yo hago”, sentencia. Y sabe que no es poco. En apenas dos años ha batido los récords mundiales en 5, 10 y 15 kilómetros en ruta y en 5.000 y 10.000 metros en pista, además de ganar la medalla de Oro en Doha en octubre del año pasado. Este oficial de la Policía de Uganda por al que Madrid se quedó sin ver en 2018 (un accidente de coche le hizo no poder correr la San Silvestre Vallecana) no sabe dónde está su límite pero, como los más grandes, ya ve un futuro en la más larga distancia. “Quizás… Un par de Juegos Olímpicos más y después pruebe con el maratón”.

Por lo pronto, este fin de semana se estrena en el medio maratón y no será una prueba cualquiera, sino que directamente lo hace en el Campeonato del Mundo. Llega sin marca, sin experiencia previa y sin sensaciones en la distancia, pero la ausencia del plusmarquista mundial y vigente campeón Geoffrey Kamworor (una moto le atropelló entrenando y no se ha recuperado del todo), el mismo que le batiera en aquel día de 2017 en Uganda, y el estado de forma que hoy tiene hacen pensar a los más optimistas que Cheptegei podría no solo colgarse otro metal, sino batir el récord del mundo del keniano (58:01). Al fin y al cabo, Cheptegei sabe que ha nacido para la gloria.

Imagen de cabecera: JOSE JORDAN/AFP via Getty Images)

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Tiene solo 24 años y vive en un estado de autoconfianza absoluto. Eso le impulsa y da alas para ser cada día mejor, porque Joshua Cheptegei ha vuelto a poner a Uganda en lo más alto en el mundo del atletismo. ¿Su última perla? Batir el récord que tenía Bekele desde hace 15 años en los 10.000 metros parando el crono en 26:11:00. Se cree un elegido, único en su especie, quizás embajador de algo, en la tierra por algún cometido que y piensa llevar a cabo a través de un sueño: “Quiero ser uno de los mejores atletas de la historia”. De momento, ya ha hecho tambalearse un puñado de récords que ha hecho propios y ha recibido los elogios de aquellos a los que cada día más se parece y sueña con superar. Kenia y Etiopía han visto cómo un espigado muchacho de quien todos se rieron hace tres años es ahora un consumado atleta casi imbatible.

Porque en marzo de 2017, un episodio acabó marcando la carrera del ugandés. Triste, por desolador que fue, intenta nunca recordarlo, prefiere olvidarlo pese a que le dio el impulso necesario para acabar siendo un ganador hambriento. El Mundial de campo a través se celebraba en Uganda, en casa, y allí Cheptegei estaba presto a dar una sorpresa que nadie se esperaba. Ni siquiera los más optimistas, ante un ‘desconocido’ (ya estuvo en Río 2016 y un año antes en el Mundial, quedando siempre entre los 10 primeros) que debería optar al Top10 y poco más. Lejos de cábalas sin fundamento, Cheptegei, de 20 años recién cumplidos, puso un ritmo endiablado desde el principio que solo Geoffrey Kamworor (entonces vigente campeón) pudo seguir y lanzó un ataque fulminante mediada la prueba que le dejó solo volando al título. Pero con el público celebrando que la medalla de oro se iba a quedar en casa, de pronto, a falta de 500 metros, Cheptegei miró para atrás, redujo la velocidad y comenzó a dar una sensación de estar absolutamente desfondado. Kamworor se acercó, le adelantó, y el ugandés colapsó, con una pájara de proporciones bíblicas, que le hizo incluso perder el sentido. Alzaba las piernas, pero el cuerpo se le iba para atrás e, incluso, por tramos parecía que estaba corriendo de espaldas. Como si un borracho se hubiera metido en la competición. Cruzó la meta en trigésima posición.

Y es que el atletismo, como todos los deportes que dependen del factor humano donde hay que batir un cronómetro, suele ser una manta corta. Si gastas más al principio, lo pagas al final, y si te guardas demasiado en el inicio, al final puedes terminar habiendo no usado todas las energías. Fueron 500 metros de angustia incluso médica, porque el africano estaba rozando el desvanecimiento. Pero esa actuación, que se convirtió en el origen de las burlas, fue la que le ha llevado a ser hoy intratable, pese a tener una técnica de pisada por la que muchos se echan las manos a la cabeza y otros tantos auguraban, en el pasado, que no podría ir a ritmos rápidos porque tenía un motor tremendo pero carecía en absoluto de técnica de carrera.

Cuatro meses después de aquella desgracia en casa, solo Mo Farah pudo con él en el Mundial de Londres y ahí comenzó a labrarse un palmarés envidiable que nunca imaginó en sus inicios. En su familia nadie corría. Apenas su padre, detrás de los ladrones que le robaban el ganado. Pero Cheptegei comenzó a hacerlo a los 10 años, cuando tenía que trasladarse unos seis kilómetros de ida y otros tantos de vuelta diarios al colegio. No lo hacía por placer, sino por practicidad. A él lo que le gustaba era el fútbol y, en tierras de atletismo, prefería el salto de longitud antes que ponerse a dar vueltas a un óvalo ficticio, pues en Uganda no existía una pista de atletismo oficial (con sus medidas reglamentarias) hasta que él mismo la diseñó hace unos años con las ganancias de un evento. De hecho, sus entrenamientos en casa han sido siempre sobre césped o sobre terreno de tierra y bajo los planes que le envía vía WhatsApp Addy Ruiter, un ex triatleta frustrado que se dio cuenta de que tenía más talento para enseñar que para competir.

Con 15 años entrenó con Kipchoge y su premonición se ha cumplido: “Tú puedes ser muy bueno”. Y hace apenas unos meses, antes de que le arrebatara dos récords, Bekele tampoco se quedaba atrás al afirmar que su nombre sería el próximo en escribirse con letras doradas. Las mismas con las que se escribe el suyo, el del keniano y el de Gebreselassie. “Quizás un par de medallas olímpicas más y estaré a su altura”, dice el ugandés, como si fuera empresa sencilla la de alzarse con dos metales en eventos que se celebran cada cuatro años y donde solo hay una bala (dos, en su caso, si dobla en el 5.000 y en el 10.000 metros).

Cheptegei rebosa optimismo triunfal por los cuatro costados. Afirma que la pandemia está siendo un episodio tan malo, que por simple equilibrio y compensación, algo bueno tiene que venir y él focaliza todo eso en correr. El chico que con 15 años nos sabía apenas pisar y corría con zancada descompensada hoy es un absoluto manual de estilo de técnica y talento que disfruta sufriendo cada metro. “Cuando vas a por un récord, aparece el dolor. Pero es divertido. Me gusta esa sensación de dolor”, admite y sabe lo que está haciendo en su carrera. “Muy pocos pueden hacer lo que yo hago”, sentencia. Y sabe que no es poco. En apenas dos años ha batido los récords mundiales en 5, 10 y 15 kilómetros en ruta y en 5.000 y 10.000 metros en pista, además de ganar la medalla de Oro en Doha en octubre del año pasado. Este oficial de la Policía de Uganda por al que Madrid se quedó sin ver en 2018 (un accidente de coche le hizo no poder correr la San Silvestre Vallecana) no sabe dónde está su límite pero, como los más grandes, ya ve un futuro en la más larga distancia. “Quizás… Un par de Juegos Olímpicos más y después pruebe con el maratón”.

Por lo pronto, este fin de semana se estrena en el medio maratón y no será una prueba cualquiera, sino que directamente lo hace en el Campeonato del Mundo. Llega sin marca, sin experiencia previa y sin sensaciones en la distancia, pero la ausencia del plusmarquista mundial y vigente campeón Geoffrey Kamworor (una moto le atropelló entrenando y no se ha recuperado del todo), el mismo que le batiera en aquel día de 2017 en Uganda, y el estado de forma que hoy tiene hacen pensar a los más optimistas que Cheptegei podría no solo colgarse otro metal, sino batir el récord del mundo del keniano (58:01). Al fin y al cabo, Cheptegei sabe que ha nacido para la gloria.

Imagen de cabecera: JOSE JORDAN/AFP via Getty Images)