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«Fondo blanco, una crónica sentimental sobre el Real Madrid»

Juan Carlos González Guerrero @jcgonzalez87 18-10-2021

«Fondo blanco, una crónica sentimental sobre el Real Madrid» es un sueño que necesita tu ayuda para convertirse en realidad. Es un documento de Word que está pendiente de una campaña de crowdfunding para transformarse en un libro.

Mi nombre es Juan Carlos Guerrero. Fui periodista deportivo y me gusta pensar que siempre lo seré aunque ya no me dedico al periodismo. Sin embargo, hay una cosa que no puedo dejar de hacer: escribir sobre fútbol y, especialmente, sobre el Real Madrid. Después de pasar un año en Marca y seis en La Sexta, dejé el periodismo deportivo por problemas de salud ocasionados por el estrés de este mundillo tan insano. La pasión, que se había enfriado al convertirse en trabajo, volvió. Y con ella las ganas de seguir escribiendo sobre el club con el que mantengo la relación amorosa más larga de mi vida. En este tiempo he colaborado con SpheraSports, Diarios de Fútbol, La Galerna y A la contra.

Y ahora he escrito mi primer libro. Lo publicará, si todo va bien, la editorial Libros.com, que utiliza el método del micromecenazgo para conseguir la financiación de la primera edición. Si compras el libro ahora, ayudas a que se pueda publicar y además pondrán tu nombre en las páginas finales, junto al resto de mecenas que han apoyado el proyecto en esta fase.

En este enlace puedes hacerte mecenas: https://bit.ly/2Xg0gTq

¿Qué encontrarás en el libro? Un repaso personal a la evolución del fútbol (y del Real Madrid) como deporte y como negocio desde que a mediados de los 90 me iba a casa de mi abuelo a ver los partidos en abierto de los sábados por la noche hasta la actualidad. También hay mucha reflexión sobre la profesión de periodista deportivo a raíz de mi experiencia. El libro busca que los nacidos en los 80 y 90 se sientan identificados con el descubrimiento de una pasión común. Seguramente, los madridistas lo harán más, pero no solo ellos porque las emociones son universales. A continuación, puedes leer un fragmento de lo que encontrarás en el libro:

Los que nos iniciamos en el fútbol de los 90 no podemos decir aquello del odio eterno al fútbol moderno, porque estaríamos negándonos a nosotros mismos. El fútbol de los 90, el fútbol a partir de la sentencia Bosman, ya era moderno. Los que preferimos aquel fútbol por encima de lo que tenemos hoy deberíamos decir: odio eterno al fútbol posmoderno.

En aquella transición empezaron a surgir los primeros ídolos. Un mejor amigo deja de ser un mejor amigo cuando empiezas a compartir demasiadas cosas con él: que os guste la misma chica o que tengáis el mismo jugador favorito. A mí me pasó lo más grave: lo segundo. En los partidillos de los recreos nos pedíamos a los futbolistas que más nos gustaban, y Miguel y yo coincidíamos en que Míchel era nuestro preferido. Aquello estaba destinado a que perdiera yo cuando supe que Míchel venía de Miguel. Además, su padre le regaló un póster gigante del mítico 8 blanco que colgó en su habitación. ¿Quién podía competir contra eso?

Míchel se lesionó de gravedad a finales de 1994 y acabó abandonando el Madrid en el mejor verano de mi infancia: 1996. Lo que se bautizó como la Liga de las estrellas, gracias al millonario contrato televisivo que firmaron los clubes y a las puertas que abrió la sentencia Bosman para que los jugadores del Espacio Económico Europeo no ocuparan puesto de extranjeros, tuvo su principal exponente en el Real Madrid. La era galáctica tuvo su precuela en la Quinta de los Ferraris. Lorenzo Sanz fichó a Fabio Capello, procedente del Milan, y junto a él se incorporaron al equipo estrellas que ya estaban en la Liga (Suker y Mijatovic), jóvenes prometedores a los que el técnico italiano había echado el ojo en el calcio (Seedorf y Roberto Carlos), un veterano que sació la necesidad imperiosa de Capello de tener un portero alto para poder dormir (Illgner) y un lateral derecho portugués (Secretario) porque no se puede acertar en todo y al que hubo que buscar recambio en enero en otro conocido del entrenador (Panucci). Algunos de ellos tenían en común su gusto por el lujo y empezaron a llenar de Ferraris el aparcamiento de la antigua ciudad deportiva, de ahí el sobrenombre.

Esa fue la primera temporada que viví almacenando prácticamente cada partido. No voy a decir que recuerde absolutamente todos los resultados y los goles como le pasa a Casillas con toda su carrera deportiva, pero casi. Por ejemplo, tengo grabado que el primer gol de Roberto Carlos con el Madrid fue de falta en la jornada 3, un lunes en el campo del Betis, porque me pilló yendo a comprar con mis padres a un centro comercial y yo me quedé en la cristalera de un bar para ver el lanzamiento de la falta. Me impactó tanto la rosca del disparo con el exterior como el pendiente que acababa en forma de cruz que llevaba el pequeño lateral brasileño. Luego hay recuerdos más prosaicos, como que el Madrid, ya campeón, fue a jugar a Vigo, perdió 4-0, expulsaron a Hierro y el central no pudo jugar el primer partido de la siguiente temporada, que fue un derbi contra el Atlético en el que Seedorf le marcó un gol a Molina casi desde el centro del campo. No sé para qué sirve que estas cosas ocupen sitio en mi memoria, pero tampoco sé cómo desalojarlas.

Imagen de cabecera: Juan Carlos Guerrero

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«Fondo blanco, una crónica sentimental sobre el Real Madrid» es un sueño que necesita tu ayuda para convertirse en realidad. Es un documento de Word que está pendiente de una campaña de crowdfunding para transformarse en un libro.

Mi nombre es Juan Carlos Guerrero. Fui periodista deportivo y me gusta pensar que siempre lo seré aunque ya no me dedico al periodismo. Sin embargo, hay una cosa que no puedo dejar de hacer: escribir sobre fútbol y, especialmente, sobre el Real Madrid. Después de pasar un año en Marca y seis en La Sexta, dejé el periodismo deportivo por problemas de salud ocasionados por el estrés de este mundillo tan insano. La pasión, que se había enfriado al convertirse en trabajo, volvió. Y con ella las ganas de seguir escribiendo sobre el club con el que mantengo la relación amorosa más larga de mi vida. En este tiempo he colaborado con SpheraSports, Diarios de Fútbol, La Galerna y A la contra.

Y ahora he escrito mi primer libro. Lo publicará, si todo va bien, la editorial Libros.com, que utiliza el método del micromecenazgo para conseguir la financiación de la primera edición. Si compras el libro ahora, ayudas a que se pueda publicar y además pondrán tu nombre en las páginas finales, junto al resto de mecenas que han apoyado el proyecto en esta fase.

En este enlace puedes hacerte mecenas: https://bit.ly/2Xg0gTq

¿Qué encontrarás en el libro? Un repaso personal a la evolución del fútbol (y del Real Madrid) como deporte y como negocio desde que a mediados de los 90 me iba a casa de mi abuelo a ver los partidos en abierto de los sábados por la noche hasta la actualidad. También hay mucha reflexión sobre la profesión de periodista deportivo a raíz de mi experiencia. El libro busca que los nacidos en los 80 y 90 se sientan identificados con el descubrimiento de una pasión común. Seguramente, los madridistas lo harán más, pero no solo ellos porque las emociones son universales. A continuación, puedes leer un fragmento de lo que encontrarás en el libro:

Los que nos iniciamos en el fútbol de los 90 no podemos decir aquello del odio eterno al fútbol moderno, porque estaríamos negándonos a nosotros mismos. El fútbol de los 90, el fútbol a partir de la sentencia Bosman, ya era moderno. Los que preferimos aquel fútbol por encima de lo que tenemos hoy deberíamos decir: odio eterno al fútbol posmoderno.

En aquella transición empezaron a surgir los primeros ídolos. Un mejor amigo deja de ser un mejor amigo cuando empiezas a compartir demasiadas cosas con él: que os guste la misma chica o que tengáis el mismo jugador favorito. A mí me pasó lo más grave: lo segundo. En los partidillos de los recreos nos pedíamos a los futbolistas que más nos gustaban, y Miguel y yo coincidíamos en que Míchel era nuestro preferido. Aquello estaba destinado a que perdiera yo cuando supe que Míchel venía de Miguel. Además, su padre le regaló un póster gigante del mítico 8 blanco que colgó en su habitación. ¿Quién podía competir contra eso?

Míchel se lesionó de gravedad a finales de 1994 y acabó abandonando el Madrid en el mejor verano de mi infancia: 1996. Lo que se bautizó como la Liga de las estrellas, gracias al millonario contrato televisivo que firmaron los clubes y a las puertas que abrió la sentencia Bosman para que los jugadores del Espacio Económico Europeo no ocuparan puesto de extranjeros, tuvo su principal exponente en el Real Madrid. La era galáctica tuvo su precuela en la Quinta de los Ferraris. Lorenzo Sanz fichó a Fabio Capello, procedente del Milan, y junto a él se incorporaron al equipo estrellas que ya estaban en la Liga (Suker y Mijatovic), jóvenes prometedores a los que el técnico italiano había echado el ojo en el calcio (Seedorf y Roberto Carlos), un veterano que sació la necesidad imperiosa de Capello de tener un portero alto para poder dormir (Illgner) y un lateral derecho portugués (Secretario) porque no se puede acertar en todo y al que hubo que buscar recambio en enero en otro conocido del entrenador (Panucci). Algunos de ellos tenían en común su gusto por el lujo y empezaron a llenar de Ferraris el aparcamiento de la antigua ciudad deportiva, de ahí el sobrenombre.

Esa fue la primera temporada que viví almacenando prácticamente cada partido. No voy a decir que recuerde absolutamente todos los resultados y los goles como le pasa a Casillas con toda su carrera deportiva, pero casi. Por ejemplo, tengo grabado que el primer gol de Roberto Carlos con el Madrid fue de falta en la jornada 3, un lunes en el campo del Betis, porque me pilló yendo a comprar con mis padres a un centro comercial y yo me quedé en la cristalera de un bar para ver el lanzamiento de la falta. Me impactó tanto la rosca del disparo con el exterior como el pendiente que acababa en forma de cruz que llevaba el pequeño lateral brasileño. Luego hay recuerdos más prosaicos, como que el Madrid, ya campeón, fue a jugar a Vigo, perdió 4-0, expulsaron a Hierro y el central no pudo jugar el primer partido de la siguiente temporada, que fue un derbi contra el Atlético en el que Seedorf le marcó un gol a Molina casi desde el centro del campo. No sé para qué sirve que estas cosas ocupen sitio en mi memoria, pero tampoco sé cómo desalojarlas.

Imagen de cabecera: Juan Carlos Guerrero

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