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Éxito y fracaso: los sueños rotos del tenis

Boris Becker, Mariano Puerta, Ernests Gulbis, Chela, Tomic, Coria o Guillermo Cañas. Todos ellos pisaron el top 10 (a excepción de Tomic), e incluso fueron números 1. Algunos por dopaje, todos con el éxito prematuro como característica común, otro con divorcios millonarios de por medio y, por lo general, una vida privada catastrófica que empañaron buena parte de sus carreras tenísticas.

Empezamos con el que cosechó más éxitos deportivos. Boris Becker. El primer no cabeza de serie en ganar Wimbledon, y el tenista más joven (17 años y 7 meses) en levantar el trofeo de campeón en el All England Tennis Club en sus cerca de 150 años de historia (récord que se mantiene a día de hoy). 6 Grand Slam en total, y tras pasar por varios divorcios millonarios que le costaron el tener que vender todos sus trofeos y raquetas, un tribunal británico declaró al tenista alemán en bancarrota en el verano de 2017, un año después de finalizar su relación profesional como entrenador de Novak Djokovic.

Hablemos ahora de Ernests Gulbis. El niño rico que viaja a buena parte de sus torneos (incluso antes de entrar en el circuito profesional) con el jet privado de su padre, conocido multimillonario letón. ¿Su mayor logro deportivo? Alcanzar las semifinales de Roland Garros en 2014, además de llegar a ser todo un Top 10. ¿Qué hizo Ernests con esos 500.000€ ganados en el Grand Slam francés? Gastárselo todo en apuestas al blackjack. Puro talento y puro despilfarro, tanto en pista como fuera de ella.

En la misma línea que el letón podría estar Bernard Tomic. Tras ganar el Open de Australia junior 2008 para posteriormente alcanzar el Top 20 ATP, la carrera del tenista australiano ha sido una constante decepción con exabruptos y salidas de tono. Un par de ejemplos: siendo Hewitt la referencia del tenis australiano, Tomic se negó a entrenar con Lleyton en Wimbledon al considerar que Hewitt “no era lo suficientemente bueno”. Con episodios escabrosos de por medio (su padre fue detenido en el Masters de Madrid 2013 por darle un cabezazo al sparring de su hijo) y declaraciones en las que afirmaba odiar el tenis, pero que quería seguir jugando para no volver a trabajar en su vida, Tomic dejó de ser el Kyrgios de turno (o el gracioso de clase) para caer en el olvido de los que lo situaron como la referencia del tenis aussie.  

Abrimos carpeta de dopaje. Dos finalistas de Grand Slam (ambos en Roland Garros) dieron positivo en los controles de doping: Mariano Puerta y Guillermo Coria. Los dos argentinos. Tras la final ante Nadal (su primer Grand Slam, con 18 años), L’Équipe acusó a Puerta de doparse; la ATP lo ratificó, y la sanción fue durísima: 8 años sin jugar en el circuito profesional, la devolución de los puntos ATP y el premio económico de plantarse en la final.

Puerta alegó que no ingirió nada, sino que tomó agua contaminada con un medicamento que tomaba su esposa, durante la espera para entrar a disputar la final con Nadal. En un acto insólito, la ATP admitió que la cantidad de droga hallada en su organismo no significaban en absoluto una ventaja deportiva. La sanción finalmente se redujo a 2 años, pero los antecedentes de tenistas argentinos que habían dado positivo en controles antidopaje incidieron de forma decisiva en la forma de actuar de la ATP.

Esos tenistas fueron Chela, Coria y Cañas. Tres positivos a principios de los 2000 empañaron la carrera de estos tres tenistas argentinos. Curiosamente, solo dos tenistas argentinos han sido capaces de levantar un título de Grand Slam en el siglo XXI; Gastón Gaudio (precisamente en la final argentina de Roland Garros 2004 ante Coria) y Del Potro en el US Open 2009.

Sueños rotos en el deporte en el que, por si teníamos cualquier duda, la cabeza es mucho más importante que un imponente servicio, un drive que roza la línea, un buen revés o la mejor de las voleas.

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Boris Becker, Mariano Puerta, Ernests Gulbis, Chela, Tomic, Coria o Guillermo Cañas. Todos ellos pisaron el top 10 (a excepción de Tomic), e incluso fueron números 1. Algunos por dopaje, todos con el éxito prematuro como característica común, otro con divorcios millonarios de por medio y, por lo general, una vida privada catastrófica que empañaron buena parte de sus carreras tenísticas.

Empezamos con el que cosechó más éxitos deportivos. Boris Becker. El primer no cabeza de serie en ganar Wimbledon, y el tenista más joven (17 años y 7 meses) en levantar el trofeo de campeón en el All England Tennis Club en sus cerca de 150 años de historia (récord que se mantiene a día de hoy). 6 Grand Slam en total, y tras pasar por varios divorcios millonarios que le costaron el tener que vender todos sus trofeos y raquetas, un tribunal británico declaró al tenista alemán en bancarrota en el verano de 2017, un año después de finalizar su relación profesional como entrenador de Novak Djokovic.

Hablemos ahora de Ernests Gulbis. El niño rico que viaja a buena parte de sus torneos (incluso antes de entrar en el circuito profesional) con el jet privado de su padre, conocido multimillonario letón. ¿Su mayor logro deportivo? Alcanzar las semifinales de Roland Garros en 2014, además de llegar a ser todo un Top 10. ¿Qué hizo Ernests con esos 500.000€ ganados en el Grand Slam francés? Gastárselo todo en apuestas al blackjack. Puro talento y puro despilfarro, tanto en pista como fuera de ella.

En la misma línea que el letón podría estar Bernard Tomic. Tras ganar el Open de Australia junior 2008 para posteriormente alcanzar el Top 20 ATP, la carrera del tenista australiano ha sido una constante decepción con exabruptos y salidas de tono. Un par de ejemplos: siendo Hewitt la referencia del tenis australiano, Tomic se negó a entrenar con Lleyton en Wimbledon al considerar que Hewitt “no era lo suficientemente bueno”. Con episodios escabrosos de por medio (su padre fue detenido en el Masters de Madrid 2013 por darle un cabezazo al sparring de su hijo) y declaraciones en las que afirmaba odiar el tenis, pero que quería seguir jugando para no volver a trabajar en su vida, Tomic dejó de ser el Kyrgios de turno (o el gracioso de clase) para caer en el olvido de los que lo situaron como la referencia del tenis aussie.  

Abrimos carpeta de dopaje. Dos finalistas de Grand Slam (ambos en Roland Garros) dieron positivo en los controles de doping: Mariano Puerta y Guillermo Coria. Los dos argentinos. Tras la final ante Nadal (su primer Grand Slam, con 18 años), L’Équipe acusó a Puerta de doparse; la ATP lo ratificó, y la sanción fue durísima: 8 años sin jugar en el circuito profesional, la devolución de los puntos ATP y el premio económico de plantarse en la final.

Puerta alegó que no ingirió nada, sino que tomó agua contaminada con un medicamento que tomaba su esposa, durante la espera para entrar a disputar la final con Nadal. En un acto insólito, la ATP admitió que la cantidad de droga hallada en su organismo no significaban en absoluto una ventaja deportiva. La sanción finalmente se redujo a 2 años, pero los antecedentes de tenistas argentinos que habían dado positivo en controles antidopaje incidieron de forma decisiva en la forma de actuar de la ATP.

Esos tenistas fueron Chela, Coria y Cañas. Tres positivos a principios de los 2000 empañaron la carrera de estos tres tenistas argentinos. Curiosamente, solo dos tenistas argentinos han sido capaces de levantar un título de Grand Slam en el siglo XXI; Gastón Gaudio (precisamente en la final argentina de Roland Garros 2004 ante Coria) y Del Potro en el US Open 2009.

Sueños rotos en el deporte en el que, por si teníamos cualquier duda, la cabeza es mucho más importante que un imponente servicio, un drive que roza la línea, un buen revés o la mejor de las voleas.

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Responsabilidad

Alejandro Pérez @aperezgom
13-01-2022

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Vacunas y el Open (para algunos) de Australia

Gonzalo de Melo @gonzalodemelo
05-01-2022