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El mejor alumno del ‘Pitu’

David Orenes @david_lrl 03-12-2018

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El fútbol es caprichoso,
y bien te lo puede dar todo que quitártelo al instante. El trabajo es lo único
que no se negocia. A más sacrificio, más posibilidades de triunfar, o al menos
muchas más de no caer en el olvido. Jonathan Rodríguez ha pasado por todas las
etapas que un futbolista humilde puede vivir.

Nacido en Cangas de
Narcea, en el corazón de la Puerta de Asturias, tuvo su primera gran
oportunidad en las categorías inferiores del Oviedo, a 90 kilómetros de su
casa. Sus notables actuaciones llamaron la atención de los ojeadores del Fútbol
Club Barcelona, que le ficharon para su equipo juvenil. Por entonces contaba
con 17 años y sentía que se comía el mundo. Tenía la oportunidad de brillar en
uno de los grandes equipos de Europa, que tan solo dos años antes había
conquistado la Champions de la mano de Ronaldinho, Eto’o y compañía.

La experiencia fue dura,
aunque enriquecedora. Llegó a una cantera que no dejaba de surtir grandes
jugadores al primer equipo (Pep Guardiola era el técnico del B por entonces) y
haber dejado el nido sin haber cumplido la mayoría de edad hizo que el proceso
de adaptación fuera más lento de lo normal. Allí conoció a jugadores como Sergi
Roberto, Sergi Gómez, Muniesa, Planas o Marc Bartra. Pero, al contrario que
ellos, nunca tuvo la oportunidad de ascender más allá del juvenil.

Dos años después de su
llegada regresó al Oviedo, donde alternaría el filial con el primer equipo, por
entonces en Segunda División B. Comenzaría una travesía que le llevaría a
convertirse en un nómada. En dos años jugó en el Marino de Luanco, el Getafe B
y el Real Avilés, equipo al que aterrizó tras una temporada amarga en el club
azulón. “Fui a Getafe con mucha ilusión, sabiendo que firmaba por un filial de un
equipo de Primera División, pero las oportunidades fueron escasas. Pedí la baja
voluntariamente y tardaron un mes en dármela”, contó Jony, que tuvo que
entrenar por un tiempo sin ficha hasta convencer al Avilés.

Su rendimiento prosperó
en aquellos seis meses, donde un técnico llamado Abelardo Fernández no le
quitaba ojo. En realidad, había seguido su trayectoria desde que empezó en el
cadete del Oviedo.  “Cuando me llamó en el verano ‘El Pitu’ y me dijo que
me quería para el filial del Sporting, fue muy claro. Me reuní con él en su
vestuario y me dijo que posiblemente esa fuera mi última oportunidad para
engancharme al mundo del fútbol. Me pidió que la aprovechase, que estuviese
centrado, que iba a tener su confianza. Fui una apuesta personal suya”. Entonces
tenía 22 años y la inestabilidad que profesaba no era muy halagüeña. Tuvo que
bajar de peso y comprometerse al cien por cien para no defraudar a su valedor,
que llegó a ponerle fecha de caducidad. Si no cumplía, en enero debía buscarse
equipo.

Pero Jony deslumbró
desde el primer momento. Un año y medio después ya era uno de los jugadores más
deslumbrantes de Segunda División, y uno de los grandes artífices del ascenso a
Primera en la campaña 2014-2015. El extremo asturiano debutó en la máxima
categoría del fútbol español nada menos que ante el Real Madrid, al que
arrancaron un empate a cero en El Molinón. Pronto se convirtió en una de las
revelaciones de la Liga, anotando cinco goles y dando nueve asistencias. Pero a
su equipo no le fue tan bien, y acabó salvándose con un triunfo polémico en la
última jornada ante el Villarreal (al que acusaron de amaño porque Marcelino,
gran aficionado del Sporting, sacó un equipo plagado de suplentes). Por eso en
verano decidió marcharse libre al Málaga.

Aquello no sentó nada
bien al aficionado rojiblanco, sumido en una crisis económica importante que le
llevó a descender tan solo un año después. En la Costa del Sol, el club
malacitano se había reforzado bien y aspiraba a ser uno de los animadores del
campeonato. Acabó en mitad de tabla tras un inicio difícil y con Jony lejos de
su mejor nivel. Llegó a perderse hasta 13 partidos de Liga por decisión
técnica. Solo anotó dos goles, aunque uno de ellos fue en un triunfo
inolvidable ante el Barça.

En enero de 2017, ante
la falta de minutos, Jony decidió regresar a casa. Pese a la suculenta oferta
del Granada, el cangués estuvo dispuesto a renunciar a parte de su ficha en el
Málaga para volver al Sporting. Llegó cedido y se convirtió, de nuevo, en la
estrella del equipo. Sus seis goles y cinco asistencias contribuyeron a que el
equipo de Rubén Baraja acariciara el retorno a la élite, frustrado en el
play-off ante el Valladolid. Mientras, el Málaga había descendido a Segunda. Y
Jony, que había brillado de nuevo, se negaba a volver a dar un paso atrás en su
carrera.

Fue entonces cuando
apareció, otra vez, su mayor valedor. Abelardo le reclutó para el Alavés, un
equipo a la deriva que rescató de las profundidades. Jony volvió a jurar
compromiso y a prometer rendimiento. ¿El resultado? Hoy es el máximo asistente
de la Liga y su equipo marcha cuarto en la clasificación tras 14 jornadas
disputadas. Su gol ante el Sevilla dejó una estadística abrumadora: Ha
participado directamente en ocho de los 18 goles del club vitoriano. A sus 27
años, Jony vuelve a disfrutar del fútbol. Y nosotros de él.

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El fútbol es caprichoso,
y bien te lo puede dar todo que quitártelo al instante. El trabajo es lo único
que no se negocia. A más sacrificio, más posibilidades de triunfar, o al menos
muchas más de no caer en el olvido. Jonathan Rodríguez ha pasado por todas las
etapas que un futbolista humilde puede vivir.

Nacido en Cangas de
Narcea, en el corazón de la Puerta de Asturias, tuvo su primera gran
oportunidad en las categorías inferiores del Oviedo, a 90 kilómetros de su
casa. Sus notables actuaciones llamaron la atención de los ojeadores del Fútbol
Club Barcelona, que le ficharon para su equipo juvenil. Por entonces contaba
con 17 años y sentía que se comía el mundo. Tenía la oportunidad de brillar en
uno de los grandes equipos de Europa, que tan solo dos años antes había
conquistado la Champions de la mano de Ronaldinho, Eto’o y compañía.

La experiencia fue dura,
aunque enriquecedora. Llegó a una cantera que no dejaba de surtir grandes
jugadores al primer equipo (Pep Guardiola era el técnico del B por entonces) y
haber dejado el nido sin haber cumplido la mayoría de edad hizo que el proceso
de adaptación fuera más lento de lo normal. Allí conoció a jugadores como Sergi
Roberto, Sergi Gómez, Muniesa, Planas o Marc Bartra. Pero, al contrario que
ellos, nunca tuvo la oportunidad de ascender más allá del juvenil.

Dos años después de su
llegada regresó al Oviedo, donde alternaría el filial con el primer equipo, por
entonces en Segunda División B. Comenzaría una travesía que le llevaría a
convertirse en un nómada. En dos años jugó en el Marino de Luanco, el Getafe B
y el Real Avilés, equipo al que aterrizó tras una temporada amarga en el club
azulón. “Fui a Getafe con mucha ilusión, sabiendo que firmaba por un filial de un
equipo de Primera División, pero las oportunidades fueron escasas. Pedí la baja
voluntariamente y tardaron un mes en dármela”, contó Jony, que tuvo que
entrenar por un tiempo sin ficha hasta convencer al Avilés.

Su rendimiento prosperó
en aquellos seis meses, donde un técnico llamado Abelardo Fernández no le
quitaba ojo. En realidad, había seguido su trayectoria desde que empezó en el
cadete del Oviedo.  “Cuando me llamó en el verano ‘El Pitu’ y me dijo que
me quería para el filial del Sporting, fue muy claro. Me reuní con él en su
vestuario y me dijo que posiblemente esa fuera mi última oportunidad para
engancharme al mundo del fútbol. Me pidió que la aprovechase, que estuviese
centrado, que iba a tener su confianza. Fui una apuesta personal suya”. Entonces
tenía 22 años y la inestabilidad que profesaba no era muy halagüeña. Tuvo que
bajar de peso y comprometerse al cien por cien para no defraudar a su valedor,
que llegó a ponerle fecha de caducidad. Si no cumplía, en enero debía buscarse
equipo.

Pero Jony deslumbró
desde el primer momento. Un año y medio después ya era uno de los jugadores más
deslumbrantes de Segunda División, y uno de los grandes artífices del ascenso a
Primera en la campaña 2014-2015. El extremo asturiano debutó en la máxima
categoría del fútbol español nada menos que ante el Real Madrid, al que
arrancaron un empate a cero en El Molinón. Pronto se convirtió en una de las
revelaciones de la Liga, anotando cinco goles y dando nueve asistencias. Pero a
su equipo no le fue tan bien, y acabó salvándose con un triunfo polémico en la
última jornada ante el Villarreal (al que acusaron de amaño porque Marcelino,
gran aficionado del Sporting, sacó un equipo plagado de suplentes). Por eso en
verano decidió marcharse libre al Málaga.

Aquello no sentó nada
bien al aficionado rojiblanco, sumido en una crisis económica importante que le
llevó a descender tan solo un año después. En la Costa del Sol, el club
malacitano se había reforzado bien y aspiraba a ser uno de los animadores del
campeonato. Acabó en mitad de tabla tras un inicio difícil y con Jony lejos de
su mejor nivel. Llegó a perderse hasta 13 partidos de Liga por decisión
técnica. Solo anotó dos goles, aunque uno de ellos fue en un triunfo
inolvidable ante el Barça.

En enero de 2017, ante
la falta de minutos, Jony decidió regresar a casa. Pese a la suculenta oferta
del Granada, el cangués estuvo dispuesto a renunciar a parte de su ficha en el
Málaga para volver al Sporting. Llegó cedido y se convirtió, de nuevo, en la
estrella del equipo. Sus seis goles y cinco asistencias contribuyeron a que el
equipo de Rubén Baraja acariciara el retorno a la élite, frustrado en el
play-off ante el Valladolid. Mientras, el Málaga había descendido a Segunda. Y
Jony, que había brillado de nuevo, se negaba a volver a dar un paso atrás en su
carrera.

Fue entonces cuando
apareció, otra vez, su mayor valedor. Abelardo le reclutó para el Alavés, un
equipo a la deriva que rescató de las profundidades. Jony volvió a jurar
compromiso y a prometer rendimiento. ¿El resultado? Hoy es el máximo asistente
de la Liga y su equipo marcha cuarto en la clasificación tras 14 jornadas
disputadas. Su gol ante el Sevilla dejó una estadística abrumadora: Ha
participado directamente en ocho de los 18 goles del club vitoriano. A sus 27
años, Jony vuelve a disfrutar del fútbol. Y nosotros de él.

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