_Eibar

El elefante encadenado

Alberto Edjogo-Owono @albertoowono 15-03-2021

En uno de sus cuentos, Jorge Bucay relata la fascinación que siente un niño por los elefantes. La liturgia de ir al circo a disfrutar del espectáculo y, muy por encima de todo, la fijación que tiene con un enorme paquidermo de piel dura y trompa infinita. Después de cada exhibición del impresionante animal, se apartaba del escenario y el adiestrador le inmovilizaba con una cadena  en el tobillo atada a una pequeña estaca de madera clavada en el suelo. Una medida de seguridad que parecía insuficiente para retener a ese voluminoso ejemplar. El niño iba preguntando por qué el elefante no daba un tirón para deshacerse de la minúscula estaca y salía corriendo hacia la libertad. Y si el elefante estaba adiestrado para permanecer sumiso ¿Por qué había que atarle cada vez que no estaba en el escenario? Nadie supo responderle.

La SD Eibar es un club ejemplar. El conjunto armero suma su sexta temporada en Primera División a pesar de las dificultades. Después de un susto en su primera experiencia en la máxima categoría, en la que el descenso administrativo del Elche le rescató de volver enseguida a segunda división, el cuadro eibarrés camina por el sendero de la élite con la cabeza bien alta. Cada temporada pierde a sus mejores activos (Charles, Orellana, Ramis, Escalante, Joan Jordán, Lejeune, Capa, Dani García, entre otros) y debe reconstruirse enseguida para volver a competir. Con Amalia Gorostiza en la presidencia, Fran Garagarza en la dirección deportiva y Mendilibar en el banquillo, el Eibar ha conseguido consolidarse en el primer escalón del balompié nacional con una población que no llenaría la mayoría de estadios en los que juega el fin de semana.

Esta temporada, sin embargo, las cosas no le están saliendo. Ipurúa ha dejado de ser un suplicio para los rivales que lo visitan y se ha disipado parte de esa energía tan característica del equipo de Mendi. Dmitrovic, que está a un nivel altísimo, suele ser el mejor jugador de su equipo en la mayoría de partidos. Kike García está en notables cifras goleadoras y Bryan Gil no para de desbordar por la banda izquierda. Esos brotes verdes son insuficientes. Con solamente 22 puntos sumados en 27 partidos, el equipo se encuentra en zona de descenso después de 10 partidos consecutivos sin conocer la victoria. Además de los problemas ofensivos, de las dificultades para ejercer una presión asfixiante al rival como antaño y de la baja aportación de los laterales en esa función de poner centros al área, hay una cuestión que inquieta especialmente: los lanzamientos de penalti.

Los 11 metros. Una distancia que parece exigua, pero que se convierte en un camino tortuoso para los lanzadores del equipo armero. El Eibar ha fallado 5 de las 8 penas máximas que le han señalado a favor esta temporada. Unos números insostenibles. Han fallado Edu Expósito en dos ocasiones, Sergi Enrich, Dmitrovic y Esteban Burgos, que erró ayer desde los 11 metros justo después de servir en bandeja un gol al Villarreal. Cuando las cosas no le van como a uno le gustaría, debe encontrar refugio en rincones de seguridad. Una seguridad que el Eibar no encuentra desde el punto de penalti y que agrava su situación.

Esteban Burgos falla el penalti frente al Villarreal. (Iñigo Larreina/ImagoImages)

El elefante no se libera de la estaca porque ha convivido con ella desde su nacimiento. No se escapa del circo porque su primer recuerdo va asociado a la imposibilidad de encontrar la libertad por culpa de esa cadena que le daña el tobillo cada vez que su instinto le invitaba a huir. Ahora que el elefante es grande y poderoso no escapa porque sea incapaz de hacerlo, sino porque cree que no puede. Ese trauma que arrastra desde bebé le impide actuar con determinación y marcharse del circo.

La SD Eibar está a tiempo de salvarse si revierte la situación. La gran cuestión es si podrá zafarse del síndrome del elefante encadenado. Y es que, además de otros problemas de juego, se siente atado a la angustia de esos 11 metros que separan el punto de penalti del gol.

Imagen de cabecera: Joaquín Corchero/ImagoImages

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

En uno de sus cuentos, Jorge Bucay relata la fascinación que siente un niño por los elefantes. La liturgia de ir al circo a disfrutar del espectáculo y, muy por encima de todo, la fijación que tiene con un enorme paquidermo de piel dura y trompa infinita. Después de cada exhibición del impresionante animal, se apartaba del escenario y el adiestrador le inmovilizaba con una cadena  en el tobillo atada a una pequeña estaca de madera clavada en el suelo. Una medida de seguridad que parecía insuficiente para retener a ese voluminoso ejemplar. El niño iba preguntando por qué el elefante no daba un tirón para deshacerse de la minúscula estaca y salía corriendo hacia la libertad. Y si el elefante estaba adiestrado para permanecer sumiso ¿Por qué había que atarle cada vez que no estaba en el escenario? Nadie supo responderle.

La SD Eibar es un club ejemplar. El conjunto armero suma su sexta temporada en Primera División a pesar de las dificultades. Después de un susto en su primera experiencia en la máxima categoría, en la que el descenso administrativo del Elche le rescató de volver enseguida a segunda división, el cuadro eibarrés camina por el sendero de la élite con la cabeza bien alta. Cada temporada pierde a sus mejores activos (Charles, Orellana, Ramis, Escalante, Joan Jordán, Lejeune, Capa, Dani García, entre otros) y debe reconstruirse enseguida para volver a competir. Con Amalia Gorostiza en la presidencia, Fran Garagarza en la dirección deportiva y Mendilibar en el banquillo, el Eibar ha conseguido consolidarse en el primer escalón del balompié nacional con una población que no llenaría la mayoría de estadios en los que juega el fin de semana.

Esta temporada, sin embargo, las cosas no le están saliendo. Ipurúa ha dejado de ser un suplicio para los rivales que lo visitan y se ha disipado parte de esa energía tan característica del equipo de Mendi. Dmitrovic, que está a un nivel altísimo, suele ser el mejor jugador de su equipo en la mayoría de partidos. Kike García está en notables cifras goleadoras y Bryan Gil no para de desbordar por la banda izquierda. Esos brotes verdes son insuficientes. Con solamente 22 puntos sumados en 27 partidos, el equipo se encuentra en zona de descenso después de 10 partidos consecutivos sin conocer la victoria. Además de los problemas ofensivos, de las dificultades para ejercer una presión asfixiante al rival como antaño y de la baja aportación de los laterales en esa función de poner centros al área, hay una cuestión que inquieta especialmente: los lanzamientos de penalti.

Los 11 metros. Una distancia que parece exigua, pero que se convierte en un camino tortuoso para los lanzadores del equipo armero. El Eibar ha fallado 5 de las 8 penas máximas que le han señalado a favor esta temporada. Unos números insostenibles. Han fallado Edu Expósito en dos ocasiones, Sergi Enrich, Dmitrovic y Esteban Burgos, que erró ayer desde los 11 metros justo después de servir en bandeja un gol al Villarreal. Cuando las cosas no le van como a uno le gustaría, debe encontrar refugio en rincones de seguridad. Una seguridad que el Eibar no encuentra desde el punto de penalti y que agrava su situación.

Esteban Burgos falla el penalti frente al Villarreal. (Iñigo Larreina/ImagoImages)

El elefante no se libera de la estaca porque ha convivido con ella desde su nacimiento. No se escapa del circo porque su primer recuerdo va asociado a la imposibilidad de encontrar la libertad por culpa de esa cadena que le daña el tobillo cada vez que su instinto le invitaba a huir. Ahora que el elefante es grande y poderoso no escapa porque sea incapaz de hacerlo, sino porque cree que no puede. Ese trauma que arrastra desde bebé le impide actuar con determinación y marcharse del circo.

La SD Eibar está a tiempo de salvarse si revierte la situación. La gran cuestión es si podrá zafarse del síndrome del elefante encadenado. Y es que, además de otros problemas de juego, se siente atado a la angustia de esos 11 metros que separan el punto de penalti del gol.

Imagen de cabecera: Joaquín Corchero/ImagoImages

_Eibar

Siete años entre gigantes

Alberto Edjogo-Owono @albertoowono
17-05-2021

_Eibar

Creer en Mendi

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
12-04-2021