_Otros

El Clásico que no fue

David Sánchez @dasanchez__ 19-03-2019

etiquetas:

En medio del calor californiano, un escalofrío sacudió Indian Wells. Cuando el mundo del tenis esperaba ansioso una nueva reedición del Clásico Federer-Nadal, se apagaron las esperanzas. Sonó crac. La rodilla de Rafa. De nuevo, otro impedimento en una carrera prolífica plagada de obstáculos que engrandecen aún más la figura del balear. 

Llovió en medio del valle de Coachella. Eran las lágrimas de frustración de aquellos que se resisten a la negación de un nuevo episodio de la rivalidad más preciada del tenis moderno. Porque es innegable que el tiempo se agota, día tras día, y cae como losa para sepultar las posibilidades de que vuelvan a coincidir uno enfrente del otro en una pista de tenis. El Clásico que no fue. 

“Para mí no se trata solamente de hoy. Se trata de lo que significa para mí tener que bajarme de un torneo que adoro como este, y en las semifinales tras jugar a un buen nivel durante todo el torneo. Podéis imaginar que no estoy contento. Eso es todo. A ver, es duro y frustrante para mí, personalmente, pasar por todo esto”, reconocía Nadal ante los medios de comunicación en una despedida forzada de las que duele hasta ver. 

“Hemos jugado muchos partidos épicos y sé que cada encuentro podría ser el último. ¿Fue esta nuestra última oportunidad? Espero que no”, trataba de consolarse Federer. 

Este duelo que pudo ser, al final, no fue por una lesión en la rodilla derecha del número uno español, obligado a frenar en seco hasta Montecarlo, si todo va bien. “Es normal sentirse triste en estos momentos duros. Pero eso es todo. Debemos continuar”, expresaba Rafa para dar ánimos a los que soñaron con lo imposible en Palm Springs. 

Balance de 11-2 este curso para Nadal. Final en Australia y segunda ronda en Acapulco antes de volver a parar. Una dolencia que ya le ha obligado a ausentarse del tour en otras ocasiones. No muy lejos, la última en las semifinales del US Open 2018. 

El problema en la articulación no es novedad. Ya en 2005 sabía que la tendinitis sería un lastre continuado en su carrera. En 2008 volvió a sufrirla perdiéndose la segunda parte de la temporada y, con ello, la Copa de Maestros. Un año más tarde cayó, por primera vez, en Roland Garros por el mismo problema y renunció a Wimbledon. 

En 2012 regresaron para vapulear su presencia en los Juegos Olímpicos de Londres y tampoco pudo competir en Toronto, Cincinnati y el US Open. Las molestias le afectaron también en 2015, su peor curso, y volvieron a escena en un 2017 donde el tendón rotuliano le obligó a ausentarse de las Finales ATP. 

Mencionado lo de Nueva York, el año pasado, está claro que, de nuevo, volvieron a ponerlo en sobre aviso. “Mis metas no cambian. Aunque sea duro para mí, debo aceptar estas cosas que estoy atravesando durante mi carrera”. Con la rodillas hechas mistos, Nadal es de hierro forjado. 

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

En medio del calor californiano, un escalofrío sacudió Indian Wells. Cuando el mundo del tenis esperaba ansioso una nueva reedición del Clásico Federer-Nadal, se apagaron las esperanzas. Sonó crac. La rodilla de Rafa. De nuevo, otro impedimento en una carrera prolífica plagada de obstáculos que engrandecen aún más la figura del balear. 

Llovió en medio del valle de Coachella. Eran las lágrimas de frustración de aquellos que se resisten a la negación de un nuevo episodio de la rivalidad más preciada del tenis moderno. Porque es innegable que el tiempo se agota, día tras día, y cae como losa para sepultar las posibilidades de que vuelvan a coincidir uno enfrente del otro en una pista de tenis. El Clásico que no fue. 

“Para mí no se trata solamente de hoy. Se trata de lo que significa para mí tener que bajarme de un torneo que adoro como este, y en las semifinales tras jugar a un buen nivel durante todo el torneo. Podéis imaginar que no estoy contento. Eso es todo. A ver, es duro y frustrante para mí, personalmente, pasar por todo esto”, reconocía Nadal ante los medios de comunicación en una despedida forzada de las que duele hasta ver. 

“Hemos jugado muchos partidos épicos y sé que cada encuentro podría ser el último. ¿Fue esta nuestra última oportunidad? Espero que no”, trataba de consolarse Federer. 

Este duelo que pudo ser, al final, no fue por una lesión en la rodilla derecha del número uno español, obligado a frenar en seco hasta Montecarlo, si todo va bien. “Es normal sentirse triste en estos momentos duros. Pero eso es todo. Debemos continuar”, expresaba Rafa para dar ánimos a los que soñaron con lo imposible en Palm Springs. 

Balance de 11-2 este curso para Nadal. Final en Australia y segunda ronda en Acapulco antes de volver a parar. Una dolencia que ya le ha obligado a ausentarse del tour en otras ocasiones. No muy lejos, la última en las semifinales del US Open 2018. 

El problema en la articulación no es novedad. Ya en 2005 sabía que la tendinitis sería un lastre continuado en su carrera. En 2008 volvió a sufrirla perdiéndose la segunda parte de la temporada y, con ello, la Copa de Maestros. Un año más tarde cayó, por primera vez, en Roland Garros por el mismo problema y renunció a Wimbledon. 

En 2012 regresaron para vapulear su presencia en los Juegos Olímpicos de Londres y tampoco pudo competir en Toronto, Cincinnati y el US Open. Las molestias le afectaron también en 2015, su peor curso, y volvieron a escena en un 2017 donde el tendón rotuliano le obligó a ausentarse de las Finales ATP. 

Mencionado lo de Nueva York, el año pasado, está claro que, de nuevo, volvieron a ponerlo en sobre aviso. “Mis metas no cambian. Aunque sea duro para mí, debo aceptar estas cosas que estoy atravesando durante mi carrera”. Con la rodillas hechas mistos, Nadal es de hierro forjado. 

etiquetas:

_Destacado

3 preguntas sobre LaLiga 22-23

Adrià Campmany @campmany_adria
12-08-2022

_Destacado

La Misión

Abraham Marqués @AbrahamMarques_
11-08-2022