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Dudas razonables

José Miguel Capel @JCapCar 13-04-2018

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El éxtasis desencadenado tras el octavo pase a semifinales
de la Champions League consecutivo por parte del Real Madrid esconde tras de sí
lecturas profundas. Sin menoscabo del mérito enorme que supone tal hito, el
análisis reposado arroja un amplio abanico de conclusiones aunque por encima de
todo vuelve a ofrecer dudas razonables.

El propio Cristiano Ronaldo, aún dominado por la euforia a
pie de campo tras la finalización de la eliminatoria ante la Juventus arrojaba
la primera conclusión: “Que nos sirva de lección”. Y que sirva a todos los
niveles.

Para recordar que en fútbol nada se consigue sin luchar, sí,
pero también para constatar que jamás se debe subestimar el potencial del
rival. Que sirva también para no olvidar que los errores individuales penalizan
sin piedad al grupo. Hace solo una semana Keylor pareció recuperar credibilidad
y su actuación en la vuelta le vuelve a dejar en mal lugar.

Que alerte a quien proceda de la necesidad de buscar un
relevo en el liderazgo de la zaga, que sin Sergio Ramos fue excesivamente
frágil. Para aquellos que dudan del central sevillano por sistema, que les
ponga en escenario la importancia capital de su figura.

Sirva haber divisado el abismo desde el borde para descubrir
que Modric es humano, que no siempre podrá ser el comandante que dirija la nave
con precisión a su destino. El barco necesitará relevos que ofrezcan garantías
cuando se ofusque el croata.

Tengamos la lección aprendida, y recordemos que Benzema
lleva el 9 a la espalda pese a no poseer las cualidades de su dorsal, pero que
sí posee otras muchas que el Madrid necesita y que ofrecen al equipo variantes
que dañan al rival y enriquecen el fútbol merengue. Que no todo es blanco o
negro, que también existe el gris y que además puede ser maravilloso.

Porque la vida en blanco puede ser maravillosa. Porque una
derrota puede resultar dulce y porque sobre ella se pueden edificar sueños. Y
el Madrid, en Europa, sueña constantemente. Hasta en la derrota, incluso cuando
las dudas son razonables. Tres pasos separan al club blanco de volver a hacer
historia, solo dos le separan de Kiev. Aún no ha logrado el título, aunque por
historia, podría estar cerca. A estas alturas, creer también es razonable.

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El éxtasis desencadenado tras el octavo pase a semifinales
de la Champions League consecutivo por parte del Real Madrid esconde tras de sí
lecturas profundas. Sin menoscabo del mérito enorme que supone tal hito, el
análisis reposado arroja un amplio abanico de conclusiones aunque por encima de
todo vuelve a ofrecer dudas razonables.

El propio Cristiano Ronaldo, aún dominado por la euforia a
pie de campo tras la finalización de la eliminatoria ante la Juventus arrojaba
la primera conclusión: “Que nos sirva de lección”. Y que sirva a todos los
niveles.

Para recordar que en fútbol nada se consigue sin luchar, sí,
pero también para constatar que jamás se debe subestimar el potencial del
rival. Que sirva también para no olvidar que los errores individuales penalizan
sin piedad al grupo. Hace solo una semana Keylor pareció recuperar credibilidad
y su actuación en la vuelta le vuelve a dejar en mal lugar.

Que alerte a quien proceda de la necesidad de buscar un
relevo en el liderazgo de la zaga, que sin Sergio Ramos fue excesivamente
frágil. Para aquellos que dudan del central sevillano por sistema, que les
ponga en escenario la importancia capital de su figura.

Sirva haber divisado el abismo desde el borde para descubrir
que Modric es humano, que no siempre podrá ser el comandante que dirija la nave
con precisión a su destino. El barco necesitará relevos que ofrezcan garantías
cuando se ofusque el croata.

Tengamos la lección aprendida, y recordemos que Benzema
lleva el 9 a la espalda pese a no poseer las cualidades de su dorsal, pero que
sí posee otras muchas que el Madrid necesita y que ofrecen al equipo variantes
que dañan al rival y enriquecen el fútbol merengue. Que no todo es blanco o
negro, que también existe el gris y que además puede ser maravilloso.

Porque la vida en blanco puede ser maravillosa. Porque una
derrota puede resultar dulce y porque sobre ella se pueden edificar sueños. Y
el Madrid, en Europa, sueña constantemente. Hasta en la derrota, incluso cuando
las dudas son razonables. Tres pasos separan al club blanco de volver a hacer
historia, solo dos le separan de Kiev. Aún no ha logrado el título, aunque por
historia, podría estar cerca. A estas alturas, creer también es razonable.

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