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Dos horas con Mario

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 29-08-2018

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La última media hora en Verona en
su debut en la Serie A y el partido completo en Turín ante la Lazio. Ese es el
tiempo que Cristiano Ronaldo ha compartido sobre el césped con Mario Mandzukic.
Ese es el tiempo que ha tardado Cristiano Ronaldo en comenzar a sentirse cómodo
sobre el césped con la
maglia bianconera y en el sistema de Massimiliano
Allegri. Si contra el Chievo, hasta la salida del delantero centro croata al
campo, Cristiano Ronaldo partió como nueve referencia sin ambages, compartió
espacios y muchas veces alturas con Paulo Dybala en el frente de ataque del
4-4-2 y pisó demasiado las mismas zonas que Douglas Costa, situado por la banda
izquierda y por tanto ocupando casi de forma involuntaria la zona del pico del
área que es la predilecta del astro portugués; contra la Lazio el exmadridista
ya comenzó en su posición habitual como vértice superior izquierdo de un 4-3-3,
aunque con muchos matices.

La presencia de Matuidi como
interior y especialmente la de Mandzukic le permiten a la Juventus hacer los
esfuerzos en la presión y en las ayudas a la hora de replegar para compensar la
liberación casi total en materia defensiva de Cristiano Ronaldo, que gana en
participación -necesaria para activarse-, que sabe lanzar muy bien a su lateral
y posicionarse inmediatamente para esperar de vuelta el cuero ya con la
portería entre ceja y ceja, y que puede ver el partido tal y como desea la
mayor parte del tiempo, es decir, de cara en ataques más posicionales -algo que
apenas sucedió mientras ocupó la posición de nueve contra el Chievo en la
primera jornada- y como punta de lanza con espacios que explotar en
transiciones ofensivas rápidas. Para ello, además del puntual sentido de la
profundidad del citado centrocampista francés cuando ve la oportunidad
adecuada, Allegri propuso un intercambio permanente entre CR7 y Mandzukic. Con
balón, el portugués ejercía de extremo izquierdo con todas las peculiaridades y
licencias propias de un auténtico crack histórico. Mientras que, sin él,
Mandzukic enseguida pasaba a ocuparse de los seguimientos del lateral rival por
ese sector.

La primera fórmula de Allegri
para que Cristiano se sienta totalmente cómodo ya está sobre la mesa. En este
sentido, el trabajo de picapedrero de Mandzukic, que además dentro del área
permite dividir atenciones de forma valiosísima para las llegadas con afán
rematador del flamante número siete juventino y enfatizar por mucho la
pegada del conjunto bianconero en plena zona de gol (acudiendo el croata
al primer palo y el luso pudiendo elegir entre el segundo y el punto de
penalti, dando así mucha importancia a las jugadas de centro que se generen
desde el perfil derecho), puede ser casi tan beneficioso para Ronaldo como lo
era el fútbol de salón y las ventajas a través de los apoyos, las descargas,
los arrastres y las asistencias de Karim Benzema en Madrid, aunque la sociedad
actual no vaya a ser nunca tan elevada -palabras mayores- en cuanto a sinergias
recíprocas de pura calidad combinativa como la que explotó al máximo Zinedine
Zidane en Chamartín. La gran duda es, si de extenderse en el tiempo este
prometedor sistema para Cristiano Ronaldo, cómo puede tener impacto en él un fuoriclasse
como Paulo Dybala, que necesita siempre vías interiores para desarrollar su
fútbol y que no puede potenciar tanto como Bernardeschi o Douglas Costa el
juego exterior por la derecha que requiere la doble amenaza en el área que
suponen el croata y el portugués.

La Juventus puede perder
elaboración de tres cuartos en adelante de este modo, aunque eso poco importa
si Cristiano encuentra un contexto ideal para sus determinantes atributos. Una
buena explicación es, precisamente, el choque ante la Lazio, en el que la
Juventus no fue demasiado brillante, pero cuya superioridad fue absoluta y
total. Los dos disparos a puerta de los biancocelesti llegaron desde
fuera del área, el primero de Lulic tras un craso y extraño error en la salida
por parte de Pjanic y el segundo por parte del otro carrilero, Marusic, ambos
antes del primer cuarto de hora de juego. Además, con el constante ofrecimiento
en el borde del área del propio Pjanic, un cerebro que hace llegar raudo y
preciso el balón a ambos carriles y que puede acumular juego en corto por
izquierda antes de cambiar la orientación y que el extremo diestro entre en
ventaja; el equipo piamontés gana un cuajo de peso superpesado para rodear el
área rival hasta el agobio máximo -y prácticamente hasta que consiga el gol que
necesite- cuando alcanza esa última altura sobre el terreno de juego, empujando
muy atrás al bloque adversario.

El estilo bianconero está
siendo ligeramente renovado en sus formas y pone, por tanto, el campo de mejora
sobre la recuperación tras pérdida, sobre todo en el caso de que no se gane la
segunda acción cuando la Juventus opte, y lo hará a menudo, por los envíos
laterales al corazón del área. Parecen pues fundamentales la pericia defensiva
y las piernas de los centrocampistas interiores cuando toque presionar hacia
adelante o correr hacia atrás, en el caso de que el pressing sea
contraproducente o no resulte exitoso. El trabajo de Blaise Matuidi frente a la
Lazio fue de verdadero especialista en esas lides, con siete tackles exitosos
de siete intentos y sin ser regateado ni una sola vez por un futbolista laziale
en todo el encuentro.

Es evidente que a Cristiano
Ronaldo todavía le quedan cosas por ajustar, pulir y mejorar en estos primeros
partidos oficiales con la Juventus, como por ejemplo el feeling asociativo,
el hecho de conocer mejor cómo se mueven sus compañeros a la hora de soltarles
el balón para que le regrese en una situación ventajosa, no pecar en exceso de
conducciones en busca de situaciones de tiro demasiado forzadas o de querer
generar a través del pase desordenando y/o atascando al equipo en ataque con su
movilidad… Ganarlo como amenaza constante en el área sin perder en absoluto
su incidencia en su zona predilecta, con esos aclarados en el pico del área
donde es imbatible, es en lo que Allegri parece estar trabajando. Exactamente
lo mismo que la solidaridad y las características de Mario Mandzukic, por
delante de cualquier otro jugador hasta ahora, está potenciando y permitiendo
que Cristiano Ronaldo haga, esto es, que el fenómeno portugués empiece ya a
sentir Turín como su nueva Madrid, al menos a nivel de activación colectiva
hacia su catálogo de virtudes. ¿Y los goles? Los goles, a buen seguro,
llegarán.

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La última media hora en Verona en
su debut en la Serie A y el partido completo en Turín ante la Lazio. Ese es el
tiempo que Cristiano Ronaldo ha compartido sobre el césped con Mario Mandzukic.
Ese es el tiempo que ha tardado Cristiano Ronaldo en comenzar a sentirse cómodo
sobre el césped con la
maglia bianconera y en el sistema de Massimiliano
Allegri. Si contra el Chievo, hasta la salida del delantero centro croata al
campo, Cristiano Ronaldo partió como nueve referencia sin ambages, compartió
espacios y muchas veces alturas con Paulo Dybala en el frente de ataque del
4-4-2 y pisó demasiado las mismas zonas que Douglas Costa, situado por la banda
izquierda y por tanto ocupando casi de forma involuntaria la zona del pico del
área que es la predilecta del astro portugués; contra la Lazio el exmadridista
ya comenzó en su posición habitual como vértice superior izquierdo de un 4-3-3,
aunque con muchos matices.

La presencia de Matuidi como
interior y especialmente la de Mandzukic le permiten a la Juventus hacer los
esfuerzos en la presión y en las ayudas a la hora de replegar para compensar la
liberación casi total en materia defensiva de Cristiano Ronaldo, que gana en
participación -necesaria para activarse-, que sabe lanzar muy bien a su lateral
y posicionarse inmediatamente para esperar de vuelta el cuero ya con la
portería entre ceja y ceja, y que puede ver el partido tal y como desea la
mayor parte del tiempo, es decir, de cara en ataques más posicionales -algo que
apenas sucedió mientras ocupó la posición de nueve contra el Chievo en la
primera jornada- y como punta de lanza con espacios que explotar en
transiciones ofensivas rápidas. Para ello, además del puntual sentido de la
profundidad del citado centrocampista francés cuando ve la oportunidad
adecuada, Allegri propuso un intercambio permanente entre CR7 y Mandzukic. Con
balón, el portugués ejercía de extremo izquierdo con todas las peculiaridades y
licencias propias de un auténtico crack histórico. Mientras que, sin él,
Mandzukic enseguida pasaba a ocuparse de los seguimientos del lateral rival por
ese sector.

La primera fórmula de Allegri
para que Cristiano se sienta totalmente cómodo ya está sobre la mesa. En este
sentido, el trabajo de picapedrero de Mandzukic, que además dentro del área
permite dividir atenciones de forma valiosísima para las llegadas con afán
rematador del flamante número siete juventino y enfatizar por mucho la
pegada del conjunto bianconero en plena zona de gol (acudiendo el croata
al primer palo y el luso pudiendo elegir entre el segundo y el punto de
penalti, dando así mucha importancia a las jugadas de centro que se generen
desde el perfil derecho), puede ser casi tan beneficioso para Ronaldo como lo
era el fútbol de salón y las ventajas a través de los apoyos, las descargas,
los arrastres y las asistencias de Karim Benzema en Madrid, aunque la sociedad
actual no vaya a ser nunca tan elevada -palabras mayores- en cuanto a sinergias
recíprocas de pura calidad combinativa como la que explotó al máximo Zinedine
Zidane en Chamartín. La gran duda es, si de extenderse en el tiempo este
prometedor sistema para Cristiano Ronaldo, cómo puede tener impacto en él un fuoriclasse
como Paulo Dybala, que necesita siempre vías interiores para desarrollar su
fútbol y que no puede potenciar tanto como Bernardeschi o Douglas Costa el
juego exterior por la derecha que requiere la doble amenaza en el área que
suponen el croata y el portugués.

La Juventus puede perder
elaboración de tres cuartos en adelante de este modo, aunque eso poco importa
si Cristiano encuentra un contexto ideal para sus determinantes atributos. Una
buena explicación es, precisamente, el choque ante la Lazio, en el que la
Juventus no fue demasiado brillante, pero cuya superioridad fue absoluta y
total. Los dos disparos a puerta de los biancocelesti llegaron desde
fuera del área, el primero de Lulic tras un craso y extraño error en la salida
por parte de Pjanic y el segundo por parte del otro carrilero, Marusic, ambos
antes del primer cuarto de hora de juego. Además, con el constante ofrecimiento
en el borde del área del propio Pjanic, un cerebro que hace llegar raudo y
preciso el balón a ambos carriles y que puede acumular juego en corto por
izquierda antes de cambiar la orientación y que el extremo diestro entre en
ventaja; el equipo piamontés gana un cuajo de peso superpesado para rodear el
área rival hasta el agobio máximo -y prácticamente hasta que consiga el gol que
necesite- cuando alcanza esa última altura sobre el terreno de juego, empujando
muy atrás al bloque adversario.

El estilo bianconero está
siendo ligeramente renovado en sus formas y pone, por tanto, el campo de mejora
sobre la recuperación tras pérdida, sobre todo en el caso de que no se gane la
segunda acción cuando la Juventus opte, y lo hará a menudo, por los envíos
laterales al corazón del área. Parecen pues fundamentales la pericia defensiva
y las piernas de los centrocampistas interiores cuando toque presionar hacia
adelante o correr hacia atrás, en el caso de que el pressing sea
contraproducente o no resulte exitoso. El trabajo de Blaise Matuidi frente a la
Lazio fue de verdadero especialista en esas lides, con siete tackles exitosos
de siete intentos y sin ser regateado ni una sola vez por un futbolista laziale
en todo el encuentro.

Es evidente que a Cristiano
Ronaldo todavía le quedan cosas por ajustar, pulir y mejorar en estos primeros
partidos oficiales con la Juventus, como por ejemplo el feeling asociativo,
el hecho de conocer mejor cómo se mueven sus compañeros a la hora de soltarles
el balón para que le regrese en una situación ventajosa, no pecar en exceso de
conducciones en busca de situaciones de tiro demasiado forzadas o de querer
generar a través del pase desordenando y/o atascando al equipo en ataque con su
movilidad… Ganarlo como amenaza constante en el área sin perder en absoluto
su incidencia en su zona predilecta, con esos aclarados en el pico del área
donde es imbatible, es en lo que Allegri parece estar trabajando. Exactamente
lo mismo que la solidaridad y las características de Mario Mandzukic, por
delante de cualquier otro jugador hasta ahora, está potenciando y permitiendo
que Cristiano Ronaldo haga, esto es, que el fenómeno portugués empiece ya a
sentir Turín como su nueva Madrid, al menos a nivel de activación colectiva
hacia su catálogo de virtudes. ¿Y los goles? Los goles, a buen seguro,
llegarán.

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