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Dos caras

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 03-09-2018

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Aunque parezca de Perogrullo, una buena manera de afrontar una posible situación embarazosa es confrontándola, tratando de aceptar que aquellos miedos que sobrevuelan nuestras mentes pueden llegar a ser positivos. Tienen que estar ahí, para permanecer en tensión, y no acabar fracasando. No sabemos exactamente el terror que el tridente del Liverpool impregna a sus rivales pero está claro que el aficionado, solo con leer sus nombres en la previa, piensa en cerrarse con llave, con cuatro o cinco pestillos, y poner el telediario esperando a que tus centrales no salgan expuestos en prime time. Ni en Twitter.

Klopp ha potenciado de tal manera a su delantera que ya, prácticamente, no piensan en apretarse los machos ya que la sala de máquinas tiene la obligación de tapar sus huecos, cayendo a bandas en fase defensiva. De hecho, para ello llegó Keita y por eso están los Milner y Henderson, entre otros, para asegurar que Salah, Firmino y Mané tengan como único y principal objetivo romper cualquier zaguero con sus despampanantes zancadas. Asimismo, que Salah o Mané estén tan arriba significa que los laterales contrarios deben tener especial atención en no dejarse llevar en sus aventuras ofensivas porque los de Merseyside desean eso: atraer futbolistas a su cobijo para darle al botón de pánico, el de correr hasta la portería contraria. Que suban, que suban.

El pasado curso el conjunto de Anfield estuvo enganchado a ese pánico, aquella enajenación que convirtió muchos triunfos en empates y derrotas. Entonces, Klopp decidió rubricar futbolistas dispuestos a controlar los partidos, preparados para jugar lejos de su propio feudo, en aquellos clásicos choques de Premier en el que la paranoia de los aficionados se apodera del verde. Ya no existen los correcalles. En sus primeros envites en la competición, el alemán ha demostrado ser pragmático en las tardes complejas y por el momento le está saliendo bien.

Los reds, fundamentalmente con Van Dijk en la zaga, son un equipo de dos caras, muy heterogéneo, que ya no cede todas sus ilusiones en su arsenal ofensivo. Tienen un plan B, propositivo pero a la vez seguro, que les vale para prolongar el pánico en los demás mientras construyen un muro a prueba de bombas e, incluso, esconder el cuero con sus centrocampistas más finos. Dos caras.

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Aunque parezca de Perogrullo, una buena manera de afrontar una posible situación embarazosa es confrontándola, tratando de aceptar que aquellos miedos que sobrevuelan nuestras mentes pueden llegar a ser positivos. Tienen que estar ahí, para permanecer en tensión, y no acabar fracasando. No sabemos exactamente el terror que el tridente del Liverpool impregna a sus rivales pero está claro que el aficionado, solo con leer sus nombres en la previa, piensa en cerrarse con llave, con cuatro o cinco pestillos, y poner el telediario esperando a que tus centrales no salgan expuestos en prime time. Ni en Twitter.

Klopp ha potenciado de tal manera a su delantera que ya, prácticamente, no piensan en apretarse los machos ya que la sala de máquinas tiene la obligación de tapar sus huecos, cayendo a bandas en fase defensiva. De hecho, para ello llegó Keita y por eso están los Milner y Henderson, entre otros, para asegurar que Salah, Firmino y Mané tengan como único y principal objetivo romper cualquier zaguero con sus despampanantes zancadas. Asimismo, que Salah o Mané estén tan arriba significa que los laterales contrarios deben tener especial atención en no dejarse llevar en sus aventuras ofensivas porque los de Merseyside desean eso: atraer futbolistas a su cobijo para darle al botón de pánico, el de correr hasta la portería contraria. Que suban, que suban.

El pasado curso el conjunto de Anfield estuvo enganchado a ese pánico, aquella enajenación que convirtió muchos triunfos en empates y derrotas. Entonces, Klopp decidió rubricar futbolistas dispuestos a controlar los partidos, preparados para jugar lejos de su propio feudo, en aquellos clásicos choques de Premier en el que la paranoia de los aficionados se apodera del verde. Ya no existen los correcalles. En sus primeros envites en la competición, el alemán ha demostrado ser pragmático en las tardes complejas y por el momento le está saliendo bien.

Los reds, fundamentalmente con Van Dijk en la zaga, son un equipo de dos caras, muy heterogéneo, que ya no cede todas sus ilusiones en su arsenal ofensivo. Tienen un plan B, propositivo pero a la vez seguro, que les vale para prolongar el pánico en los demás mientras construyen un muro a prueba de bombas e, incluso, esconder el cuero con sus centrocampistas más finos. Dos caras.

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