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Darwinismo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 24-04-2019

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El viento de Levante del mercado
invernal acabó trayendo hasta Cádiz desde el extremo más oriental del norte de
Italia a todo un vendaval, de nombre Darwin Machís. Tres meses después de su
llegada a préstamo a la Tacita de Plata, con apenas diez partidos disputados en
la presente Segunda División a sus espaldas, pero con nada más y nada menos que
ocho goles ya marcados en su botín particular; el atacante venezolano es el
cuarto jugador de todo el fútbol español que más puntos ha dado a su equipo en
lo que llevamos del año 2019 tras Lionel Messi, Karim Benzema y Jaime Mata
(dato @LaLigaenDirecto). Ahí es nada. Una demostración hercúlea y radical del
hecho cada día más consumado de que al internacional vinotinto se le
viene quedando muy pero que muy pequeña la categoría de plata.

A principio de temporada, Darwin
Machís estaba llamado a ser una pieza de gran relevancia en el Udinese de Julio
Velázquez. Comenzó jugando como titular a bastante buen tono en la Serie A,
aunque eso sí, casi siempre situado en una banda derecha que no potencia tanto
sus virtudes. Pese a ello y a la mayor importancia posterior en el once de los
argentinos Nacho Pussetto y del intocable Rodrigo De Paul, su competencia
directa por la titularidad en un equipo demasiado inestable y conservador en lo
táctico, la decisión del club friulano de dejarlo salir y de prescindir de un
revulsivo de su explosividad y de su incipiente capacidad para el pase al hueco
–solo De Paul ha dado más pases clave por cada 90’ disputados que él (2.2) en
el Udinese este curso y para
cambiar partidos sobre la marcha con muy poco, fue realmente difícil de
entender dada la situación delicada en la tabla del equipo bianconero ahora
entrenado por Igor Tudor, el tercer técnico de la temporada.

Nada más pisar Cádiz, Machís ya
demostró ser auténtica dinamita para la bien conocida para él Segunda División,
gracias a esa endiablada velocidad punta al espacio en acciones individuales
que tanto potencian los beneficios de un repliegue efusivo en campo propio y de
un despliegue rápido y vertical tras recuperar el balón. Sin duda, el estilo
que más beneficia las características del venezolano y que permiten que su
esencia, la de un futbolista que no amasa mucha pelota ni suele querer
gestionar en exceso el balón salvo para correr, desmarcarse, profundizar,
desbordar por piernas con pelota, intuir a la perfección dónde acudir sin ella
o golpear desde lejos o definir ante el arquero. Un sello ofensivo directo,
pero también plagado de electricidad de tres cuartos en adelante que precisamente
define al Cádiz de Álvaro Cervera y al que Machís y solo Machís, aplicando la
selección natural de Darwin y haciendo honor a su nombre, ha convertido en unos
meses en candidato a todo, ya que a su llegada el conjunto gaditano se
encontraba fuera de puestos de playoff y ahora es cuarto a solo cinco puntos
del ascenso directo y con una dinámica ascendente e ilusionante.

Ya sea recostado en la línea de
cal izquierda o siendo la parte más dinámica de una doble punta más o menos
clásica, pero siempre con libertad para alternar el pico del área con la
posibilidad de atacar espacios amplios en el carril central y con galones
absolutamente renovados respecto a su estatus en Italia que le están
posibilitando tener que hacer menos retornos defensivos; Machís está haciendo
gala de una asombrosa capacidad para resolver partidos, especialmente en los
últimos minutos, como ha demostrado recientemente ante la UD Las Palmas y ante
el Numancia. Y es que esa capacidad de determinación e influencia en los
resultados absoluta y diferencial gracias a su energía intimidante, a su enorme
capacidad de lectura para atacar espacios y a su brillante pegada e
infalibilidad delante del portero, le está haciendo crecer de forma
sobresaliente y también tomar conciencia de ser la estrella del equipo y puede
que también de la categoría, al menos en este tramo primaveral de competición
en la Segunda División española.

Después de haber pasado por hasta
seis equipos (Hércules, Granada, Huesca, Leganés, Udinese y Cádiz) en los
últimos cinco años y a sus 26 años, Darwin Machís necesita por fin la
estabilidad necesaria para asentarse y confirmarse como lo que es: un
futbolista con verdadero potencial para ser importante también en la máxima
categoría del fútbol español. Ya sea en las filas de un Cádiz que tiene una
opción de compra obligatoria de 6.5 millones de euros en caso de ascenso pero
que podría ver cómo pierde a su mejor activo de cara al playoff debido a la
Copa América de Brasil, o en cualquier otro nuevo destino, lo que ha quedado meridianamente
claro es que el darwinismo futbolístico está preparado para volver a intentar
reafirmarse en un equipo de Primera División, para evolucionar hasta
convertirse en un futbolista de peso en la élite del fútbol europeo después de
estar arrasando este curso en el Ramón de Carranza a golpe de goles y viento.

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El viento de Levante del mercado
invernal acabó trayendo hasta Cádiz desde el extremo más oriental del norte de
Italia a todo un vendaval, de nombre Darwin Machís. Tres meses después de su
llegada a préstamo a la Tacita de Plata, con apenas diez partidos disputados en
la presente Segunda División a sus espaldas, pero con nada más y nada menos que
ocho goles ya marcados en su botín particular; el atacante venezolano es el
cuarto jugador de todo el fútbol español que más puntos ha dado a su equipo en
lo que llevamos del año 2019 tras Lionel Messi, Karim Benzema y Jaime Mata
(dato @LaLigaenDirecto). Ahí es nada. Una demostración hercúlea y radical del
hecho cada día más consumado de que al internacional vinotinto se le
viene quedando muy pero que muy pequeña la categoría de plata.

A principio de temporada, Darwin
Machís estaba llamado a ser una pieza de gran relevancia en el Udinese de Julio
Velázquez. Comenzó jugando como titular a bastante buen tono en la Serie A,
aunque eso sí, casi siempre situado en una banda derecha que no potencia tanto
sus virtudes. Pese a ello y a la mayor importancia posterior en el once de los
argentinos Nacho Pussetto y del intocable Rodrigo De Paul, su competencia
directa por la titularidad en un equipo demasiado inestable y conservador en lo
táctico, la decisión del club friulano de dejarlo salir y de prescindir de un
revulsivo de su explosividad y de su incipiente capacidad para el pase al hueco
–solo De Paul ha dado más pases clave por cada 90’ disputados que él (2.2) en
el Udinese este curso y para
cambiar partidos sobre la marcha con muy poco, fue realmente difícil de
entender dada la situación delicada en la tabla del equipo bianconero ahora
entrenado por Igor Tudor, el tercer técnico de la temporada.

Nada más pisar Cádiz, Machís ya
demostró ser auténtica dinamita para la bien conocida para él Segunda División,
gracias a esa endiablada velocidad punta al espacio en acciones individuales
que tanto potencian los beneficios de un repliegue efusivo en campo propio y de
un despliegue rápido y vertical tras recuperar el balón. Sin duda, el estilo
que más beneficia las características del venezolano y que permiten que su
esencia, la de un futbolista que no amasa mucha pelota ni suele querer
gestionar en exceso el balón salvo para correr, desmarcarse, profundizar,
desbordar por piernas con pelota, intuir a la perfección dónde acudir sin ella
o golpear desde lejos o definir ante el arquero. Un sello ofensivo directo,
pero también plagado de electricidad de tres cuartos en adelante que precisamente
define al Cádiz de Álvaro Cervera y al que Machís y solo Machís, aplicando la
selección natural de Darwin y haciendo honor a su nombre, ha convertido en unos
meses en candidato a todo, ya que a su llegada el conjunto gaditano se
encontraba fuera de puestos de playoff y ahora es cuarto a solo cinco puntos
del ascenso directo y con una dinámica ascendente e ilusionante.

Ya sea recostado en la línea de
cal izquierda o siendo la parte más dinámica de una doble punta más o menos
clásica, pero siempre con libertad para alternar el pico del área con la
posibilidad de atacar espacios amplios en el carril central y con galones
absolutamente renovados respecto a su estatus en Italia que le están
posibilitando tener que hacer menos retornos defensivos; Machís está haciendo
gala de una asombrosa capacidad para resolver partidos, especialmente en los
últimos minutos, como ha demostrado recientemente ante la UD Las Palmas y ante
el Numancia. Y es que esa capacidad de determinación e influencia en los
resultados absoluta y diferencial gracias a su energía intimidante, a su enorme
capacidad de lectura para atacar espacios y a su brillante pegada e
infalibilidad delante del portero, le está haciendo crecer de forma
sobresaliente y también tomar conciencia de ser la estrella del equipo y puede
que también de la categoría, al menos en este tramo primaveral de competición
en la Segunda División española.

Después de haber pasado por hasta
seis equipos (Hércules, Granada, Huesca, Leganés, Udinese y Cádiz) en los
últimos cinco años y a sus 26 años, Darwin Machís necesita por fin la
estabilidad necesaria para asentarse y confirmarse como lo que es: un
futbolista con verdadero potencial para ser importante también en la máxima
categoría del fútbol español. Ya sea en las filas de un Cádiz que tiene una
opción de compra obligatoria de 6.5 millones de euros en caso de ascenso pero
que podría ver cómo pierde a su mejor activo de cara al playoff debido a la
Copa América de Brasil, o en cualquier otro nuevo destino, lo que ha quedado meridianamente
claro es que el darwinismo futbolístico está preparado para volver a intentar
reafirmarse en un equipo de Primera División, para evolucionar hasta
convertirse en un futbolista de peso en la élite del fútbol europeo después de
estar arrasando este curso en el Ramón de Carranza a golpe de goles y viento.

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