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¿Copazo o chupito?

Dani López @gremplu 08-05-2018

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En Madrid somos muy graciosos, aunque no tengamos la fama de
los andaluces. Si no, es inexplicable que a los vasos de litro que se sirven en
algunos bares los llamemos “minis”. En Cantabria, al litro de cerveza se le
llama “tanque”, mucho más apropiado. En País Vasco y otras zonas del norte se
denominan “katxis”. Hay otras acepciones populares como maceta o cubalitro, más
propia de la costa levantina.

¿Y en Barcelona, cómo definirá el equipo con mayor
presupuesto de la LNFS ganar una Copa del Rey? ¿Será un copazo, un tanque, o
apenas un chupito?

¿A qué viene esto? El FC Barcelona Lassa se proclamó el
pasado fin de semana campeón de la Copa del Rey de fútbol sala. Motivo de
alegría, sin duda. Pero con matices. Porque el cuarto torneo en importancia no
deja de ser eso, el cuarto, el menos llamativo a nivel global. Se puede debatir
(más ahora que parece ser un tema de moda en el fútbol) sobre si es mayor
motivo de orgullo ganar una liga o una UEFA Futsal Cup, pero no hay dudas de que
ambos títulos, además de la Copa de España, están por encima de la Copa del
Rey, un torneo que en futsal existe apenas desde el 2011.

Inter, máximo rival de los azulgrana y bestia negra en los
últimos años, se proclamó hace menos de un mes, por segundo año consecutivo,
campeón de Europa, apeando precisamente a los culés en semifinales. A eso se suman
en cuatro años otros tantos títulos ligueros y dos Copas de España. Ocho
títulos frente a uno (y menor) del conjunto que entrena Andreu Plaza, esta Copa
del Rey conquistada el pasado fin de semana en Cáceres. ¿Es, por tanto, esta
copa, apenas un chupito, o la calificarán de katxi?

Sin duda para la afición jienense, rival en la final copera,
hubiera sido un triunfo rotundo. La Copa del Rey se convirtió el año pasado
para Xota, el anterior para Palma o el más anterior aún para Catgas, en un
bálsamo. Llegaban con una ilusión única a la final, una oportunidad casi
irrepetible en equipos que tienen imposible, salvo milagro, el acceso a los
títulos, copados estos por los tres transatlánticos de forma casi exclusiva.

Precisamente Jaén, rival del Barça en la final, ha sido el
único que ha conseguido rascar algo en los últimos siete años, más allá de
Inter, Barça y ElPozo. Y lo ha hecho no una sino dos veces, las dos Copas de
España que figuran en su palmarés (2015 y 2018). Para estos equipos la Copa del
Rey no es un título menor, sino un copazo con el que brindar con toda su
afición, un motivo de orgullo. ¿Pero es esto suficiente para la exigencia de
Can Barça?

Quizá no, quizá si los culés no llegan al menos a la final
de los playoff por el título, la temporada sea una decepción, y este título quedará
en agua de borrajas. Pero tras el cambio en el banquillo de Marc Carmona por
Andreu Plaza, tras la enésima renovación de la plantilla, tras el primer año en
blanco de la nueva dirección deportiva, después de haber caído ya en esta
segunda temporada estrepitosamente en Copa de España ante un rival menor como
Ríos Renovables Zaragoza, y volver a caer frente a Inter, esta vez en la UEFA,
la Copa sienta de maravilla, cual néctar de dioses.

Quizá no sea más que un chupito en las vitrinas culés, pero
ha rebajado la sed azulgrana. Como el hombre que bebe para calmar los nervios,
esta Copa ha calmado los nervios de la directiva culé, que ya comenzaba a
vislumbrar otro año de fracasos y un nuevo cambio de rumbo en la dirección
deportiva de la sección. La Copa del Rey, otrora competición para hacer
rotaciones a la que apenas se le daba importancia, supone el final de cuatro
años de sequía, de cuatro temporadas de fracasos para un equipo construido para
ganar, que venía de arrasar con todo y con todos. Un trago que puede suponer un
punto de inflexión. Los playoff por la liga están a punto de comenzar. Veremos
si el conjunto azulgrana ha despertado y, sin la presión de otro año en blanco,
se convierte en la alternativa al dominio apabullante de Inter, o vuelven a
quedarse con un mal trago.

Los playoff van a comenzar, y prometen ser los más igualados
de la última década. Brindemos, no importa cómo llamemos al vaso, porque el
espectáculo comienza.

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En Madrid somos muy graciosos, aunque no tengamos la fama de
los andaluces. Si no, es inexplicable que a los vasos de litro que se sirven en
algunos bares los llamemos “minis”. En Cantabria, al litro de cerveza se le
llama “tanque”, mucho más apropiado. En País Vasco y otras zonas del norte se
denominan “katxis”. Hay otras acepciones populares como maceta o cubalitro, más
propia de la costa levantina.

¿Y en Barcelona, cómo definirá el equipo con mayor
presupuesto de la LNFS ganar una Copa del Rey? ¿Será un copazo, un tanque, o
apenas un chupito?

¿A qué viene esto? El FC Barcelona Lassa se proclamó el
pasado fin de semana campeón de la Copa del Rey de fútbol sala. Motivo de
alegría, sin duda. Pero con matices. Porque el cuarto torneo en importancia no
deja de ser eso, el cuarto, el menos llamativo a nivel global. Se puede debatir
(más ahora que parece ser un tema de moda en el fútbol) sobre si es mayor
motivo de orgullo ganar una liga o una UEFA Futsal Cup, pero no hay dudas de que
ambos títulos, además de la Copa de España, están por encima de la Copa del
Rey, un torneo que en futsal existe apenas desde el 2011.

Inter, máximo rival de los azulgrana y bestia negra en los
últimos años, se proclamó hace menos de un mes, por segundo año consecutivo,
campeón de Europa, apeando precisamente a los culés en semifinales. A eso se suman
en cuatro años otros tantos títulos ligueros y dos Copas de España. Ocho
títulos frente a uno (y menor) del conjunto que entrena Andreu Plaza, esta Copa
del Rey conquistada el pasado fin de semana en Cáceres. ¿Es, por tanto, esta
copa, apenas un chupito, o la calificarán de katxi?

Sin duda para la afición jienense, rival en la final copera,
hubiera sido un triunfo rotundo. La Copa del Rey se convirtió el año pasado
para Xota, el anterior para Palma o el más anterior aún para Catgas, en un
bálsamo. Llegaban con una ilusión única a la final, una oportunidad casi
irrepetible en equipos que tienen imposible, salvo milagro, el acceso a los
títulos, copados estos por los tres transatlánticos de forma casi exclusiva.

Precisamente Jaén, rival del Barça en la final, ha sido el
único que ha conseguido rascar algo en los últimos siete años, más allá de
Inter, Barça y ElPozo. Y lo ha hecho no una sino dos veces, las dos Copas de
España que figuran en su palmarés (2015 y 2018). Para estos equipos la Copa del
Rey no es un título menor, sino un copazo con el que brindar con toda su
afición, un motivo de orgullo. ¿Pero es esto suficiente para la exigencia de
Can Barça?

Quizá no, quizá si los culés no llegan al menos a la final
de los playoff por el título, la temporada sea una decepción, y este título quedará
en agua de borrajas. Pero tras el cambio en el banquillo de Marc Carmona por
Andreu Plaza, tras la enésima renovación de la plantilla, tras el primer año en
blanco de la nueva dirección deportiva, después de haber caído ya en esta
segunda temporada estrepitosamente en Copa de España ante un rival menor como
Ríos Renovables Zaragoza, y volver a caer frente a Inter, esta vez en la UEFA,
la Copa sienta de maravilla, cual néctar de dioses.

Quizá no sea más que un chupito en las vitrinas culés, pero
ha rebajado la sed azulgrana. Como el hombre que bebe para calmar los nervios,
esta Copa ha calmado los nervios de la directiva culé, que ya comenzaba a
vislumbrar otro año de fracasos y un nuevo cambio de rumbo en la dirección
deportiva de la sección. La Copa del Rey, otrora competición para hacer
rotaciones a la que apenas se le daba importancia, supone el final de cuatro
años de sequía, de cuatro temporadas de fracasos para un equipo construido para
ganar, que venía de arrasar con todo y con todos. Un trago que puede suponer un
punto de inflexión. Los playoff por la liga están a punto de comenzar. Veremos
si el conjunto azulgrana ha despertado y, sin la presión de otro año en blanco,
se convierte en la alternativa al dominio apabullante de Inter, o vuelven a
quedarse con un mal trago.

Los playoff van a comenzar, y prometen ser los más igualados
de la última década. Brindemos, no importa cómo llamemos al vaso, porque el
espectáculo comienza.

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