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Con el 98 en el recuerdo

David Orenes @david_lrl 14-07-2018

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Es ver una final de un
Mundial entre Francia y Croacia y tener que mirar al pasado por inercia. Tiene
gracia que las dos selecciones que aspiran a triunfar en Rusia tengan su mejor
recuerdo en el mismo espacio-tiempo. Hace 20 años, Francia se coronaba campeona
por primera vez en su historia. Hace 20 años, Croacia debutaba en un Mundial y
lograba un tercer puesto insuperable hasta el día de hoy.

 

Es curioso, porque las
incógnitas que presentaban las dos selecciones antes del torneo celebrado en
1998 eran semejantes a las que han vivido en terreno ruso. Francia se había
perdido las dos ediciones anteriores y si disputaba aquella era por ser el
anfitrión. Contaba con un equipo renovado, sí. Con estrellas como Zinedine
Zidane, sí. Pero el regusto amargo de la Eurocopa de 1996, donde los galos no
lograron marcar un solo gol en eliminatorias (disputaron dos tandas de penaltis
y perdieron la segunda en semifinales) ofrecía serias dudas sobre qué se podía
esperar dos años después en casa.

 

Además, el seleccionador
Aimé Jacquet tuvo dos decisiones que provocaron un aluvión de críticas en el
país, dejando fuera a eminencias como Eric Cantona o David Ginola (menos
discusión han tenido las ausencias de Benzema y Rabiot en Rusia, pero no dejan
de ser llamativas). Los locales, famosos por su juego de posesión y ataque,
golearon en los primeros partidos, pero se encontraron con una expulsión
absurda de Zidane ante Arabia Saudí, que se perdió los octavos ante Paraguay.
Los sudamericanos instalaron un muro liderado por Chilavert que fue
impenetrable durante 113 minutos. Entonces Laurent Blanc marcó un gol de oro
que bien hace honor a su nombre.

 

Caso parecido ocurrió
ante Italia, que resistió hasta la tanda de penaltis, donde claudicó
definitivamente. Francia alcanzó las semifinales con los mismos problemas que
en la Eurocopa, y enfrente tenía a una sorprendente Croacia que acababa de
aplastar a Alemania (3-0). Debutantes en el Mundial tras su independencia de
Yugoslavia,  los arlequinados contaban con jugadores de primer nivel
(Prosniecki, Jarni, Boban, Suker) pero fue el delantero del Real Madrid (como
Modric hoy) el más inspirado de los suyos. Croacia sudó para vencer a la débil
Jamaica (se marchó al descanso con empate), a Japón (Suker marcó el único gol a
trece minutos del final) y a Rumania en octavos (penalti materializado, como
no, por Suker).

 

La gran victoria ante
Alemania fue el impulso necesario para creer que podrían hacer algo grande
(parecida al triunfo ante Argentina por 3-0 en Rusia). Ante el anfitrión,
Croacia se adelantó y fue capaz de maniatarlo durante toda a segunda mitad.
Pero dos chispazos de Thuram acabaron con el sueño croata y metieron a Francia
en su primera final, que acabaron ganando con contundencia a Brasil con Zidane
como héroe. Croacia, por su parte, derrotó a Holanda y logró un tercer puesto
histórico con Suker como máximo goleador del torneo.

 

Para sonreír, franceses
y croatas siempre miran hacia 1998. Porque desde entonces, ambos países han decepcionado
en sus intentos por regresar a la mejor noche de sus vidas. Los bleus, aunque
ganaron la Eurocopa del 2000, cayeron en la primera fase del Mundial de Corea
(2002) y el de Sudáfrica (2010), y perdieron la final en Alemania (2006) en el
triste adiós de Zidane, cabezazo incluido. En 2014, derrota en cuartos ante
Alemania por un polémico gol de Hummels. Y hace dos años, derrota en la final
de la Eurocopa, en casa, en la prórroga, con un gol de un suplente llamado
Eder.

 

Croacia, aunque con más
motivos que Francia para no llegar lejos (hay que recordar que se trata de un
país pequeño, de apenas cuatro millones de habitantes), se perdió el Mundial
2010 y no pasó de la primera fase en 2002, 2006 y 2014. Sí decepcionó en los
últimos torneos, ya con Modric instalado en la excelencia y Rakitic, Mandzukic
y Perisic siendo claves en los mejores clubes de Europa. En Brasil solo ganaron
a Camerún. En la Eurocopa de Francia, tras un partidazo ante España, no
lograron superar los octavos al encajar un gol de Quaresma en el minuto 117 de
la prórroga.


Aquello es historia,
porque Croacia ha disputado tres prórrogas en Rusia y en ninguna de ellas ha
estado cerca de perder. En realidad, en las dos primeras mereció evitar la
tanda de penaltis y en la tercera se llevó la victoria con el gol de Mandzukic
ante Inglaterra. El destino ha querido que en la final se enfrente galos y
croatas, expertos en acumular sinsabores desde 1998, el Mundial que recuerdan
con mayor felicidad porque fue el primero en el que se consideraron grandes. En
Rusia pueden repetir experiencia.

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Es ver una final de un
Mundial entre Francia y Croacia y tener que mirar al pasado por inercia. Tiene
gracia que las dos selecciones que aspiran a triunfar en Rusia tengan su mejor
recuerdo en el mismo espacio-tiempo. Hace 20 años, Francia se coronaba campeona
por primera vez en su historia. Hace 20 años, Croacia debutaba en un Mundial y
lograba un tercer puesto insuperable hasta el día de hoy.

 

Es curioso, porque las
incógnitas que presentaban las dos selecciones antes del torneo celebrado en
1998 eran semejantes a las que han vivido en terreno ruso. Francia se había
perdido las dos ediciones anteriores y si disputaba aquella era por ser el
anfitrión. Contaba con un equipo renovado, sí. Con estrellas como Zinedine
Zidane, sí. Pero el regusto amargo de la Eurocopa de 1996, donde los galos no
lograron marcar un solo gol en eliminatorias (disputaron dos tandas de penaltis
y perdieron la segunda en semifinales) ofrecía serias dudas sobre qué se podía
esperar dos años después en casa.

 

Además, el seleccionador
Aimé Jacquet tuvo dos decisiones que provocaron un aluvión de críticas en el
país, dejando fuera a eminencias como Eric Cantona o David Ginola (menos
discusión han tenido las ausencias de Benzema y Rabiot en Rusia, pero no dejan
de ser llamativas). Los locales, famosos por su juego de posesión y ataque,
golearon en los primeros partidos, pero se encontraron con una expulsión
absurda de Zidane ante Arabia Saudí, que se perdió los octavos ante Paraguay.
Los sudamericanos instalaron un muro liderado por Chilavert que fue
impenetrable durante 113 minutos. Entonces Laurent Blanc marcó un gol de oro
que bien hace honor a su nombre.

 

Caso parecido ocurrió
ante Italia, que resistió hasta la tanda de penaltis, donde claudicó
definitivamente. Francia alcanzó las semifinales con los mismos problemas que
en la Eurocopa, y enfrente tenía a una sorprendente Croacia que acababa de
aplastar a Alemania (3-0). Debutantes en el Mundial tras su independencia de
Yugoslavia,  los arlequinados contaban con jugadores de primer nivel
(Prosniecki, Jarni, Boban, Suker) pero fue el delantero del Real Madrid (como
Modric hoy) el más inspirado de los suyos. Croacia sudó para vencer a la débil
Jamaica (se marchó al descanso con empate), a Japón (Suker marcó el único gol a
trece minutos del final) y a Rumania en octavos (penalti materializado, como
no, por Suker).

 

La gran victoria ante
Alemania fue el impulso necesario para creer que podrían hacer algo grande
(parecida al triunfo ante Argentina por 3-0 en Rusia). Ante el anfitrión,
Croacia se adelantó y fue capaz de maniatarlo durante toda a segunda mitad.
Pero dos chispazos de Thuram acabaron con el sueño croata y metieron a Francia
en su primera final, que acabaron ganando con contundencia a Brasil con Zidane
como héroe. Croacia, por su parte, derrotó a Holanda y logró un tercer puesto
histórico con Suker como máximo goleador del torneo.

 

Para sonreír, franceses
y croatas siempre miran hacia 1998. Porque desde entonces, ambos países han decepcionado
en sus intentos por regresar a la mejor noche de sus vidas. Los bleus, aunque
ganaron la Eurocopa del 2000, cayeron en la primera fase del Mundial de Corea
(2002) y el de Sudáfrica (2010), y perdieron la final en Alemania (2006) en el
triste adiós de Zidane, cabezazo incluido. En 2014, derrota en cuartos ante
Alemania por un polémico gol de Hummels. Y hace dos años, derrota en la final
de la Eurocopa, en casa, en la prórroga, con un gol de un suplente llamado
Eder.

 

Croacia, aunque con más
motivos que Francia para no llegar lejos (hay que recordar que se trata de un
país pequeño, de apenas cuatro millones de habitantes), se perdió el Mundial
2010 y no pasó de la primera fase en 2002, 2006 y 2014. Sí decepcionó en los
últimos torneos, ya con Modric instalado en la excelencia y Rakitic, Mandzukic
y Perisic siendo claves en los mejores clubes de Europa. En Brasil solo ganaron
a Camerún. En la Eurocopa de Francia, tras un partidazo ante España, no
lograron superar los octavos al encajar un gol de Quaresma en el minuto 117 de
la prórroga.


Aquello es historia,
porque Croacia ha disputado tres prórrogas en Rusia y en ninguna de ellas ha
estado cerca de perder. En realidad, en las dos primeras mereció evitar la
tanda de penaltis y en la tercera se llevó la victoria con el gol de Mandzukic
ante Inglaterra. El destino ha querido que en la final se enfrente galos y
croatas, expertos en acumular sinsabores desde 1998, el Mundial que recuerdan
con mayor felicidad porque fue el primero en el que se consideraron grandes. En
Rusia pueden repetir experiencia.

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