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Certezas y esperanzas

Xavi Vallés @xavivalles14 19-02-2019

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Definimos ‘certeza’ como el conocimiento seguro y evidente de que algo es cierto. Quien tiene una certeza está convencido de que sabe algo sin posibilidad de equivocarse, siendo poseedor de la verdad. En cambio, definimos ‘esperanza’ como el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea es posible. Es algo a lo que nos aferramos cuando nos encontramos en una situación que entendemos como complicada, esperando que las cosas mejoren. A diferencia de la certeza, la esperanza se basa en creencias.

El anuncio de la renovación de Ernesto Valverde ha sido una de las noticias que más efervescencia ha generado en las últimas semanas de la actualidad culé. Y precisamente los dos términos definidos en el párrafo anterior fueron los que me vinieron a la cabeza al compartir mi primera reacción al respecto. Expuse, de forma literal, que “tenía la certeza de que el trío de interiores indiscutibles por el que se apostaría la próxima temporada sería el formado por Arthur, De Jong y Aleñá. Hoy esta certeza es tan solo esperanza”. No hace falta escarbar demasiado para entender que mi reacción va ligada a la preferencia que Valverde ha mostrado hasta el momento para reservar una de las dos plazas de centrocampista interior titular a un jugador de perfil más ‘físico’ en vez de apostar por un centro del campo con tres jugadores capaces de coger la iniciativa en cada partido a través de la posesión, la posición y la circulación del balón. 

Tenía la certeza que la llegada de De Jong iría ligada a esta última idea. Que venía a simbolizar un cambio real. Que venía a mostrar el camino a seguir a partir de ahora, donde la presencia de dos interiores del mismo perfil en el once titular sería una constante. De ahí los tres nombres que utilicé en mi primera reacción y a los que añadiría a Riqui Puig y (no me matéis) a Rabiot. ¿Significa esto que no debe haber ningún jugador de perfil ‘físico’ en la plantilla? Para nada. No defiendo la idea de sacarnos de encima a todos estos jugadores, pero defiendo con todo mi fervor la idea de que sean un recurso o variante secundaria en vez de (como estamos viendo este año) una constante.

¿Por qué esta certeza se transforma en esperanza? Porque Ernesto Valverde no me ha dado, hasta el momento, síntomas de querer creer en esta idea. Más allá de la terrible frase que pronunció acerca del juego de posición, del que decía que “servía para entrenar pero no para jugar”, ha optado por el conservacionismo y el constante apego a su zona de confort, llegando a proponer más de una vez, con sus cambios, un paso atrás que el equipo ha podido pagar (y que va a pagar) caro en algún partido. Un planteamiento muy lícito, pero que a la vez te aleja de la identidad que un equipo como el Barça debe tener y cuidar.

No quiero que este paso de la certeza a la esperanza se asocie a una postura pesimista. Uso el término ‘esperanza’ porque quiero pensar que, teniendo jugadores para aplicarlo, Ernesto Valverde no va a renunciar a un estilo de juego más atractivo, con una propuesta futbolística que le otorgue al balón el protagonismo que debe tener. En su tercer año como entrenador y visto lo visto en estos dos últimos a nivel de juego, creo que es algo ya no necesario, sino imprescindible. Creo que con los jugadores adecuados para llevarlo a cabo, nuestro entrenador para los próximos 24 meses tomará la iniciativa de proponer algo nuevo, algo con lo que los aficionados nos sintamos más identificados y que permita regalarle al ‘último Messi’ el tramo final de carrera futbolística que merece.

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Definimos ‘certeza’ como el conocimiento seguro y evidente de que algo es cierto. Quien tiene una certeza está convencido de que sabe algo sin posibilidad de equivocarse, siendo poseedor de la verdad. En cambio, definimos ‘esperanza’ como el estado de ánimo en el cual se cree que aquello que uno desea es posible. Es algo a lo que nos aferramos cuando nos encontramos en una situación que entendemos como complicada, esperando que las cosas mejoren. A diferencia de la certeza, la esperanza se basa en creencias.

El anuncio de la renovación de Ernesto Valverde ha sido una de las noticias que más efervescencia ha generado en las últimas semanas de la actualidad culé. Y precisamente los dos términos definidos en el párrafo anterior fueron los que me vinieron a la cabeza al compartir mi primera reacción al respecto. Expuse, de forma literal, que “tenía la certeza de que el trío de interiores indiscutibles por el que se apostaría la próxima temporada sería el formado por Arthur, De Jong y Aleñá. Hoy esta certeza es tan solo esperanza”. No hace falta escarbar demasiado para entender que mi reacción va ligada a la preferencia que Valverde ha mostrado hasta el momento para reservar una de las dos plazas de centrocampista interior titular a un jugador de perfil más ‘físico’ en vez de apostar por un centro del campo con tres jugadores capaces de coger la iniciativa en cada partido a través de la posesión, la posición y la circulación del balón. 

Tenía la certeza que la llegada de De Jong iría ligada a esta última idea. Que venía a simbolizar un cambio real. Que venía a mostrar el camino a seguir a partir de ahora, donde la presencia de dos interiores del mismo perfil en el once titular sería una constante. De ahí los tres nombres que utilicé en mi primera reacción y a los que añadiría a Riqui Puig y (no me matéis) a Rabiot. ¿Significa esto que no debe haber ningún jugador de perfil ‘físico’ en la plantilla? Para nada. No defiendo la idea de sacarnos de encima a todos estos jugadores, pero defiendo con todo mi fervor la idea de que sean un recurso o variante secundaria en vez de (como estamos viendo este año) una constante.

¿Por qué esta certeza se transforma en esperanza? Porque Ernesto Valverde no me ha dado, hasta el momento, síntomas de querer creer en esta idea. Más allá de la terrible frase que pronunció acerca del juego de posición, del que decía que “servía para entrenar pero no para jugar”, ha optado por el conservacionismo y el constante apego a su zona de confort, llegando a proponer más de una vez, con sus cambios, un paso atrás que el equipo ha podido pagar (y que va a pagar) caro en algún partido. Un planteamiento muy lícito, pero que a la vez te aleja de la identidad que un equipo como el Barça debe tener y cuidar.

No quiero que este paso de la certeza a la esperanza se asocie a una postura pesimista. Uso el término ‘esperanza’ porque quiero pensar que, teniendo jugadores para aplicarlo, Ernesto Valverde no va a renunciar a un estilo de juego más atractivo, con una propuesta futbolística que le otorgue al balón el protagonismo que debe tener. En su tercer año como entrenador y visto lo visto en estos dos últimos a nivel de juego, creo que es algo ya no necesario, sino imprescindible. Creo que con los jugadores adecuados para llevarlo a cabo, nuestro entrenador para los próximos 24 meses tomará la iniciativa de proponer algo nuevo, algo con lo que los aficionados nos sintamos más identificados y que permita regalarle al ‘último Messi’ el tramo final de carrera futbolística que merece.

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