_Villarreal

Amarillo pálido

Los resultados cosechados hasta el momento no generan discusión de ninguna de las maneras, pero el juego esbozado por el Villarreal en este inicio liguero está lejos del grado de dominio sobre los rivales que se intuía que podía tener el flamante e ilusionante proyecto del ‘Submarino Amarillo’ con Unai Emery al frente, seguramente el equipo más estimulante y al que más ganas había de ver en estas primeras jornadas de campeonato dadas las altas expectativas generadas.

Desde los primeros compases del partido inaugural de la temporada, el cuadro groguet puso de manifiesto la gran cantidad de recursos con los que cuenta cuando está en posesión del balón: el eje que conforman Pau Torres y Dani Parejo en la salida del balón, la recepción de Moi Gómez en el pasillo interior a espalda de los centrocampistas rivales, el talento cada vez más consagrado de Gerard Moreno para el gol, para el juego y para bajar al apoyo con el objetivo de sacar a la defensa, activar compañeros y generar huecos hacia el área, las rupturas de Paco Alcácer entre centrales o el uno contra uno de Samu Chukwueze cuando llega lanzado en carrera, entre otros.

Sin embargo, el Villarreal, aunque ha sido dueño de la posesión la mayor parte del tiempo, está preponderando una búsqueda de la profundidad ofensiva bastante directa y desde los primeros pases en la construcción que dan Parejo o Francis Coquelin, en lugar de asentar en mayor medida su fase ofensiva y de involucrar en ella a más actores para tratar de llegar más ordenado y con el balón mejor controlado a la mitad rival. Una decisión que ha provocado que tanto el Huesca como el Eibar —dos equipos muy alejados de su teórico nivel— hayan sido capaces de aprovecharse del ida y vuelta para cuestionar su evidente superioridad por nombres y calidad.

A través del orden entre líneas en campo propio y de la agilidad en el toque para progresar tras robo, poner de cara al tercer hombre y desplegarse con espacios que ejecutaron los oscenses y de la efusiva presión alta, orientando el inicio de los de Emery hacia uno de los costados, y los envíos verticales exteriores desde atrás de los guipuzcoanos; el Villarreal ha dejado a la vista su principal costura, más allá de no haber corregido todavía los grandes problemas en los saques de esquina: la defensa de las bandas en la transición defensiva tras perder arriba la posesión. Especialmente, a la espalda de Parejo —sin velocidad para corregir hacia atrás— y en la zona de Pedraza —sin calidad defensiva y talento posicional para contener el flujo exterior sin un sistema de ayudas muy pulido como sostén, menos si cabe como lateral en el actual 4-4-2 de Emery—.

La solución a los dos principales problemas tácticos del Villarreal puede venir dada desde sus dos principales fichajes estivales no llegados desde Valencia, es decir, Take Kubo y Pervis Estupiñán. Siendo un jugador que también tiende a la acción individual cuando recibe al pie pegado a banda como acostumbra a hacer el nipón, Chukwueze, en cambio, no espera al equipo para que se junte arriba, ni tiene esa capacidad única de flotar entre piernas rivales. El nigeriano es un futbolista que genera volumen por puro desborde, pero al que le está faltando tacto en el último toque, donde se está mostrando muy errático en estos primeros compases del curso.

En este sentido, Kubo es un distinto, uno que hace que pasen cosas que sin él no pasarían, con una visión de juego muchísimo más desarrollada, alguien que sabe mezclar, asociarse y atacar el carril central con veneno y con el cuero pegado al pie sin dejar por ello de ser también una opción para recibir abierto y amenazar desde ahí en el uno contra uno. De hecho, el buen pie de Coquelin para la apertura, el de Parejo para el cambio de orientación o el de Pau Torres —el quinto jugador de la pasada Liga que más balones largos completó por partido (6.32) tras Toni Kroos, Ever Banega, Sergio Ramos y Casemiro— son mecanismos para activar al japonés de forma sencilla y continuada, precisamente el volumen de juego que echó en falta en el Mallorca.

Unai Emery ha sumado cuatro puntos en sus dos primeros encuentros.

De esta forma, el Villarreal podría asentar en el lado derecho su zona fuerte con el balón para dominar a través de la asociación en corto, de fases de ataques más estáticos y de una prometedora sociedad Gerard – Kubo en el pico del área. La banda izquierda quedaría más liberada para poder atacar en carrera y desde atrás la línea de fondo, con la opción siempre presente de doblar la pujanza exterior y de reforzar la parcela defensiva con el típico doble lateral ‘emeryano’, aumentando por mucho los esfuerzos en la transición defensiva en la zona a la que cae Parejo y liberando de toda responsabilidad de esta índole a su organizador de juego.

Sea con esta opción o sin ella, el nombre de Pervis Estupiñán desde el lateral también supone muchas cosas y muy positivas. Es cierto que el ecuatoriano no aporta una mejora en lo puramente defensivo demasiado significativa, pero su retorno en la transición es pura élite, extrae muchísimas ventajas con el regate y su potencia en carrera, su centro lateral es un arma muy peligrosa y llegar lanzado desde el lado débil con esas características, después de que el equipo haya juntado pases y efectivos en el carril derecho del ataque o por detrás del punta para cambiar el juego a continuación hacia su costado no haría otra cosa que beneficiar su impacto ofensivo y su productividad (Álcacer al primer palo, Gerard atacando el punto de penalti y Kubo con el corte desde el segundo palo), cambiando sensiblemente el peso de los actuales equilibrios entre los polos volumen – calidad, pausa – verticalidad y asociación – profundidad.

El curso futbolístico apenas acaba de comenzar y el Villarreal ha demostrado que está más que capacitado para generar una gran cantidad de ocasiones en cada partido, lo que es el paso más significativo para no dejar de sumar de tres en tres, sin embargo, Unai Emery necesita seguir trabajando con su plantilla, con sus ideas versátiles y con su sistema para que su dominio sobre el rival aumente de la mano de sus mejores futbolistas y de las mejores características de estos y para que el tono pálido que ha mostrado su equipo en muchos tramos de estos primeros encuentros pase a adquirir lo antes posible el brillo del amarillo puro de la camiseta del club. El mismo brillo que todos estamos esperando ver esta temporada en el Estadio de la Cerámica.

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Los resultados cosechados hasta el momento no generan discusión de ninguna de las maneras, pero el juego esbozado por el Villarreal en este inicio liguero está lejos del grado de dominio sobre los rivales que se intuía que podía tener el flamante e ilusionante proyecto del ‘Submarino Amarillo’ con Unai Emery al frente, seguramente el equipo más estimulante y al que más ganas había de ver en estas primeras jornadas de campeonato dadas las altas expectativas generadas.

Desde los primeros compases del partido inaugural de la temporada, el cuadro groguet puso de manifiesto la gran cantidad de recursos con los que cuenta cuando está en posesión del balón: el eje que conforman Pau Torres y Dani Parejo en la salida del balón, la recepción de Moi Gómez en el pasillo interior a espalda de los centrocampistas rivales, el talento cada vez más consagrado de Gerard Moreno para el gol, para el juego y para bajar al apoyo con el objetivo de sacar a la defensa, activar compañeros y generar huecos hacia el área, las rupturas de Paco Alcácer entre centrales o el uno contra uno de Samu Chukwueze cuando llega lanzado en carrera, entre otros.

Sin embargo, el Villarreal, aunque ha sido dueño de la posesión la mayor parte del tiempo, está preponderando una búsqueda de la profundidad ofensiva bastante directa y desde los primeros pases en la construcción que dan Parejo o Francis Coquelin, en lugar de asentar en mayor medida su fase ofensiva y de involucrar en ella a más actores para tratar de llegar más ordenado y con el balón mejor controlado a la mitad rival. Una decisión que ha provocado que tanto el Huesca como el Eibar —dos equipos muy alejados de su teórico nivel— hayan sido capaces de aprovecharse del ida y vuelta para cuestionar su evidente superioridad por nombres y calidad.

A través del orden entre líneas en campo propio y de la agilidad en el toque para progresar tras robo, poner de cara al tercer hombre y desplegarse con espacios que ejecutaron los oscenses y de la efusiva presión alta, orientando el inicio de los de Emery hacia uno de los costados, y los envíos verticales exteriores desde atrás de los guipuzcoanos; el Villarreal ha dejado a la vista su principal costura, más allá de no haber corregido todavía los grandes problemas en los saques de esquina: la defensa de las bandas en la transición defensiva tras perder arriba la posesión. Especialmente, a la espalda de Parejo —sin velocidad para corregir hacia atrás— y en la zona de Pedraza —sin calidad defensiva y talento posicional para contener el flujo exterior sin un sistema de ayudas muy pulido como sostén, menos si cabe como lateral en el actual 4-4-2 de Emery—.

La solución a los dos principales problemas tácticos del Villarreal puede venir dada desde sus dos principales fichajes estivales no llegados desde Valencia, es decir, Take Kubo y Pervis Estupiñán. Siendo un jugador que también tiende a la acción individual cuando recibe al pie pegado a banda como acostumbra a hacer el nipón, Chukwueze, en cambio, no espera al equipo para que se junte arriba, ni tiene esa capacidad única de flotar entre piernas rivales. El nigeriano es un futbolista que genera volumen por puro desborde, pero al que le está faltando tacto en el último toque, donde se está mostrando muy errático en estos primeros compases del curso.

En este sentido, Kubo es un distinto, uno que hace que pasen cosas que sin él no pasarían, con una visión de juego muchísimo más desarrollada, alguien que sabe mezclar, asociarse y atacar el carril central con veneno y con el cuero pegado al pie sin dejar por ello de ser también una opción para recibir abierto y amenazar desde ahí en el uno contra uno. De hecho, el buen pie de Coquelin para la apertura, el de Parejo para el cambio de orientación o el de Pau Torres —el quinto jugador de la pasada Liga que más balones largos completó por partido (6.32) tras Toni Kroos, Ever Banega, Sergio Ramos y Casemiro— son mecanismos para activar al japonés de forma sencilla y continuada, precisamente el volumen de juego que echó en falta en el Mallorca.

Unai Emery ha sumado cuatro puntos en sus dos primeros encuentros.

De esta forma, el Villarreal podría asentar en el lado derecho su zona fuerte con el balón para dominar a través de la asociación en corto, de fases de ataques más estáticos y de una prometedora sociedad Gerard – Kubo en el pico del área. La banda izquierda quedaría más liberada para poder atacar en carrera y desde atrás la línea de fondo, con la opción siempre presente de doblar la pujanza exterior y de reforzar la parcela defensiva con el típico doble lateral ‘emeryano’, aumentando por mucho los esfuerzos en la transición defensiva en la zona a la que cae Parejo y liberando de toda responsabilidad de esta índole a su organizador de juego.

Sea con esta opción o sin ella, el nombre de Pervis Estupiñán desde el lateral también supone muchas cosas y muy positivas. Es cierto que el ecuatoriano no aporta una mejora en lo puramente defensivo demasiado significativa, pero su retorno en la transición es pura élite, extrae muchísimas ventajas con el regate y su potencia en carrera, su centro lateral es un arma muy peligrosa y llegar lanzado desde el lado débil con esas características, después de que el equipo haya juntado pases y efectivos en el carril derecho del ataque o por detrás del punta para cambiar el juego a continuación hacia su costado no haría otra cosa que beneficiar su impacto ofensivo y su productividad (Álcacer al primer palo, Gerard atacando el punto de penalti y Kubo con el corte desde el segundo palo), cambiando sensiblemente el peso de los actuales equilibrios entre los polos volumen – calidad, pausa – verticalidad y asociación – profundidad.

El curso futbolístico apenas acaba de comenzar y el Villarreal ha demostrado que está más que capacitado para generar una gran cantidad de ocasiones en cada partido, lo que es el paso más significativo para no dejar de sumar de tres en tres, sin embargo, Unai Emery necesita seguir trabajando con su plantilla, con sus ideas versátiles y con su sistema para que su dominio sobre el rival aumente de la mano de sus mejores futbolistas y de las mejores características de estos y para que el tono pálido que ha mostrado su equipo en muchos tramos de estos primeros encuentros pase a adquirir lo antes posible el brillo del amarillo puro de la camiseta del club. El mismo brillo que todos estamos esperando ver esta temporada en el Estadio de la Cerámica.

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Traspaso de identidad

David Orenes @david_lrl
19-10-2020

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Amarillo pálido

Joel Sierra @_JoeLSierra_
21-09-2020