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Fútbol

Ídolos de urgencia

Los premios individuales suelen tener más morbo que interés. La objetividad suele brillar por su ausencia, y el discurso suele ser el mismo: si el fútbol es un deporte colectivo, ¿qué sentido tiene premiar a un jugador y no a un equipo?  ¿De qué sirven los trofeos individuales si el título de campeón se lo ha llevado otro club? Sobre este tema escribió de forma muy acertada Martí Perarnau hace ya muchos años, cuando Fabio Cannavaro recibió un Balón de Oro bastante impopular. “Estamos entrampados en las redes del márketing feroz, dispuesto a construir ídolos de urgencia para vender lo que sea a cualquier precio. Pretenden hurtarnos la propia esencia del fútbol, que es un juego de equipo y no de individuos aislados”.

No lo negaré: yo soy uno de esos que cayó hace tiempo en la trampa, aunque no a cualquier precio. Uno se hace cada año su propia lista de jugadores en la cabeza, analiza cada incidencia en su equipo, cada contribución a la hora de conseguir un objetivo concreto. Hay años en que está muy claro, apenas hay debate. En 2019 el Balón de Oro masculino fue para Messi, que siguió (y sigue) siendo el mejor del mundo… ¿pero fue el mejor del año? Virgil van Dijk acabó a solo siete votos del trofeo y seguramente mereció ganarlo por su impacto en un Liverpool campeón de Europa. Pero los defensas (y los porteros) están acostumbrados a ser marginados en este tipo de galardones. De ahí la creación de nuevos premios (mejor once, mejor defensa, mejor centrocampista, etc) que acaban quedando en el olvido.

Las injusticias, por desgracia, han sido la tónica a lo largo de este siglo, más si cabe en el apartado femenino. Deyna Castellanos fue nominada a mejor jugadora (e incluso estuvo en el top-3) por sus logros en torneos juveniles. La brasileña Marta, hace tiempo lejos del nivel que la encumbró como la mejor del planeta, ha seguido acumulando entorchados sin sentido. Y así hasta nuestros días, con la FIFA nominando a Sam Kerr (año irregular en el Chelsea) o en el apartado de guardametas a Bouhaddi (de locos) o Naeher (apenas diez partidos en todo el 2020).

Pero es precisamente este tipo de elecciones y decisiones las que incitan al debate. En un año donde casi con total seguridad la ganadora será justa por unanimidad (Pernille Harder) y con la mayoría de candidatas aceptadas por la crítica, el movimiento en redes en relación a jugadoras ausentes que merecían estar en la terna llama la atención. Es, sobre todo, el caso de Alexia Putellas, que no dudó en responder a Borja Rodríguez (@FutFemdelMundo) con un “esperando alguna nominación seguro que no”, en tono irónico. Multitud de mensajes de indignación inundaron Twitter, también con aficionados que pedían la inclusión de una Sandra Paños que ya estuvo en el equipo ideal de la UWCL, o en menor medida la de Irene Paredes.

Estoy de acuerdo con Perarnau en que el fútbol masculino no necesita “un márketing feroz, dispuesto a construir ídolos de urgencia. Pero es probable que al fútbol femenino sí. No es casual esta campaña a favor de Putellas, que ya cuenta con una red de seguidores importante (64.700 en Twitter y 258.000 en Instagram) y que tiene ganada la admiración tanto de los que solo disfrutan de su fútbol como de las que aspiran a ser algún día como ella. Las niñas necesitan referentes, y resulta más fácil encontrarlos si se muestran a primera vista, en el escaparate. Ese márketing que convirtió en su momento al fútbol en un deporte de masas puede ser clave en su exponencial crecimiento. Y queramos o no, sean injustos o no, estos premios contribuyen a ello. Por ello (y por la igualdad que refleja) aplaudimos la creación del Balón de Oro femenino hace dos temporadas. Y por ello bien merece un aplauso MARCA (con David Menayo a la cabeza) tras realizar por cuarto año consecutivo una gala del fútbol femenino en el que las futbolistas (y los clubes a los que pertenecen) sientan el reconocimiento que el covid-19 les ha privado. Jenni Hermoso (máxima goleadora), Sandra Paños (portera menos goleada), Alexia Putellas (MVP), Teresa Abelleira (jugadora revelación) y Oriana Altuve (mejor jugadora iberoamericana) fueron algunas de las galardonadas, visiblemente agradecidas y aplaudidas en su entorno. Por poner el ejemplo de la delantera de Betis: ¿qué pensarán las niñas en Venezuela al ver que es posible ser futbolista y alcanzar éxitos como éste?

Preferimos ver a España lejos en una Eurocopa a que Jenni Hermoso sea la máxima goleadora del torneo, pero la primera no anula a la segunda: todo el país se sentiría orgulloso de su logro individual. Lo mismo los emergentes aficionados del Real Madrid con una Kosovare Asllani que lidera la tabla de anotadoras de la Primera Iberdrola. Claro que estar en Champions es importante, claro que el equipo es lo primero. Pero a veces nos olvidamos que los equipos lo forman personas que, individualmente, cumplen una función en pos de un objetivo común. Y cada una de esas personas tienen su propia hinchada alentando, empezando por el sofá de casa y acabando en un club de fans. Esas personas, esas futbolistas, despiertan sueños que antes ni existían. No hace falta convertirlas en ídolos. Ya lo son.

Imagen de cabecera: Maja Hitij/Getty Images

Alicante, 1991. Mi madre siempre me decía: "No sé por qué lloras por el fútbol, sino te da de comer". Desde entonces lucho por ser periodista deportivo, para vivir de mis pasiones (y llevarle un poco la contraria).

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