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Ciclismo

El Tour más 'humano' de Chris Froome

No tuvo el dominio abrumador de otras ediciones, pero el resultado final es el mismo de 2013, 2015 y 2016. Apoyado en su experiencia, su inteligencia y un extraordinario trabajo de equipo, el británico Chris Froome consiguió dejar su nombre un peldaño más alto en la historia del ciclismo y, de paso, aparcar por un momento las preguntas difíciles.

Con la conquista de su cuarto Tour de Francia, Froome queda a apenas una victoria del récord de los franceses Jacques Anquetil y Bernard Hinault, el belga Eddy Merckx y el español Miguel Indurain. «Es un gran honor ser mencionado junto a los grandes de la historia del Tour. Tengo un gran respeto por ellos», dijo el británico.

Pero más allá de las estadísticas, la victoria también tiene un sabor personal especial para Froome, que en los últimos tiempos debió responder una y otra vez preguntas incómodas en torno a su jefe de equipo, Dave Brailsford, y acostumbrarse a los comentarios filosos de la televisión francesa.

Incluso fue abucheado en el Vélodrome durante la decisiva contrarreloj en Marsella, aunque Froome comprendió que se trataba de un asunto meramente deportivo. «Un ciclista francés estaba 23 segundos por detrás de mí. Estábamos en el corazón de Marsella y llegábamos a la meta en un estadio de fútbol. Puedo perdonarlos», dijo el británico nacido en Kenia.

Froome logró en la penúltima etapa ampliar a 54 segundos su ventaja sobre el colombiano Rigoberto Urán y a 2:20 minutos la distancia con Romain Bardet para asegurarse la victoria general antes de la protolocaria etapa de hoy con llegada en los Campos Elíseos de París.

Cordial y educado, el británico es un hombre que no tiene problemas a la hora de enfrentarse a los medios. Incluso habla un más que aceptable francés. Pero en los últimos tiempos no pudo evitar la sombra que pesa sobre el equipo Sky.

Brailsford, el jefe de equipo, está siendo investigado debido a un paquete sospechoso que recibió el ciclista británico Bradley Wiggins en el Critérium du Dauphiné de 2011. Por ese caso, el Parlamento británico creó una comisión de investigación y el entrenador debió dar explicaciones a los legisladores.

La situación alteró la tranquilidad del Sky en el Tour y Brailsford echó durante una jornada de atención a los medios al cronista del portal ‘Cyclingnews’ enfadado por lo que el medio escribió sobre él en relación con la investigación por doping.

«Yo no estuve involucrado en ello. Estuve concentrado en prepararme bien para el Tour», dijo Froome recientemente. Poco antes, y tras un largo silencio, había brindado su apoyo a Brailsford. «Él ha creado unos de los mejores equipos deportivos del mundo. Sin Dave B no habría ningún Team Sky», señaló el británico en un comunicado en marzo.

A la hora de competir, Froome pudo sobreponerse a todo lo que se escribió y se dijo para ganar el Tour por tercera vez consecutiva. A sus 32 años, sin embargo, las piernas ya no son las mismas y el británico debió apelar a otras cualidades. «Este fue mi Tour de France más reñido», admitió el doble medallista olímpico en cronometrada, que no ganó ninguna etapa en la actual edición.

Para Brailsford, «la diferencia la hicieron el equipo y la contrarreloj». Sin brillar, Froome pudo marcar el ritmo durante las tres semanas de competición y despejar las dudas que había sobre su nivel después de su pobre actuación en el Dauphiné.

Logró superar una pequeña crisis en los Pirineos, donde cedió el maillot amarillo al italiano Fabio Aru, y un problema técnico con su bicicleta en la llegada a Le Puy-en-Velay. Y para ello el espectacular trabajo del Sky fue fundamental.

«Nunca hubiera conseguido esta posición sin mis compañeros de equipo», reconoció Froome cuando recuperó el liderato. El polaco Michal Kwiatkowski se desfondó para ayudar al británico y lo propio hizo el español Mikel Landa, pese a que peleó hasta último momento por un lugar en el podio. En la llanura, el gigante Christian Knees, de 1,94 metros de altura, fue como un guardaespaldas que le permitió pedalear sin sentir el viento.

Fue el Tour más humano de Froome, que sabe que conquistar el año próximo por quinta vez la prueba será aún más difícil. Pero mientras tanto, el delgado británico de 1,84 metros y 70 kilogramos nacido en Nairobi puede disfrutar viendo su nombre metido de lleno entre los grandes de la bicicleta.

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