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Yo, Claudia

Por lo general, toda carrera deportiva está destinada a discurrir por una serie de fases. Años de crecimiento, de evolución, de estacionamiento y, por supuesto, también de declive, en los que un deportista va acumulando méritos para ser recordado como uno de los mejores en su especialidad. Hay casos para todos los gustos, desde aquellos que consiguen mantenerse en la élite por un largo espacio de tiempo hasta muchos otros que tan solo viven una breve etapa de éxito fulgurante, para más tarde ir cayendo poco a poco en el olvido. Pero prácticamente todos suelen tener algo en común: necesitan varios años para alcanzar su mejor versión. A excepción claro está, de algunos ejemplos muy concretos.

Todos hemos ido al colegio. Todos hemos compartido clase con aquellos alumnos aventajados, quienes asimilaban conceptos con pasmosa facilidad y demostraban estar un escalón por encima del resto. También somos testigos de ello en el mundo del deporte. Carlos Alcaraz apenas tiene edad para poder conducir, pero ya sabe lo que es levantar un masters 1000, pasando por encima de excelentes tenistas que acumulan mucha más experiencia y muchas más horas de entrenamiento. Y Pedri, qué decir de Pedri, que con tan solo 19 años tiene maravillado a todo el panorama futbolístico internacional, transmitiendo la misma calma y el mismo temple que alguien que ya ha jugado un sinfín de mundiales y eurocopas.

En nuestro fútbol femenino también tenemos casos que nos están dejando con la boca abierta. Jugadoras que se saltan peldaños en ese ascenso hacia lo más alto, subiéndolos de dos en dos, mostrando un rendimiento superlativo a pesar de que, por su juventud, deberían pasar mucho más desapercibidas. Claudia Pina es quizás su máxima exponente. Y lo es por varios motivos, aunque el principal tiene que ver con el equipo del que forma parte, puesto que despuntar con tan solo 20 años en la Primera Iberdrola no es tarea fácil, pero el hecho de conseguirlo en el mejor equipo de Europa le añade todavía más mérito.

Disponer de minutos en una parcela ofensiva formada por nombres como los de Alexia Putellas, Jenni Hermoso, Lieke Martens, Aitana Bonmatí, Asisat Oshoala, Mariona Caldentey, Caroline Graham Hansen o Fridolina Rolfö parecía imposible. Y de hecho debía serlo. Pero como técnico, cuando tienes una hornada de futbolistas con talento que vienen pisando fuerte, estás obligado a buscar opciones para que estas jóvenes promesas puedan ir acumulando experiencia.

Esta es la primera temporada de Claudia Pina como futbolista del primer equipo. No salir cedida y quedarse a la espera de oportunidades era una decisión arriesgada, que ya dice mucho de la personalidad de la jugadora de Montcada y Reixac, pero visto lo visto podemos afirmar que no tomó la opción equivocada. Su paso por el Sevilla, a las órdenes de Cristian Toro, han traído consigo una versión todavía más aguerrida de la joven futbolista, quien ya de por sí era una atacante de las que se vacían sobre el césped.

Y el Barça lo está agradeciendo. Lo que a principio de temporada eran minutos para ganar experiencia ahora se han convertido en presencias vitales en el once, donde el conjunto azulgrana ha tenido que tirar de ella para seguir ofreciendo un nivel al borde de la excelencia. En la ida de los cuartos de final de UWCL, con el Real Madrid dominado el marcador al descanso, Pina fue la opción elegida por Jonathan Giráldez para remover el encuentro. Resultado; victoria final por 1 a 3 con diana incluida de Claudia. Una actuación que le sirvió para ser titular en el partido de vuelta, donde volvió a firmar otro tanto antológico, solo que esta vez ante 91.553 espectadores a los que levantó de sus asientos.

Con tan solo 20 años no podemos hablar de una futbolista de futuro, pues su presente ya está resultando estratosférico. Con 13 goles es la 5ª máxima anotadora del FC Barcelona en Primera Iberdrola, marcando un tanto cada 80 minutos sobre el verde. Y precisamente viene de lograr un hat-trick en apenas un cuarto de hora en su última aparición. Rendimiento que tampoco pasa desapercibido para Jorge Vilda, puesto que el seleccionador la ha incluido en su lista de cara a los amistosos ante Brasil y Escocia.

Hablamos pues de una futbolista diferente, experta en buscar los espacios y también de generarlos con pasmosa facilidad. Capaz de provocar el máximo desconcierto en las defensas rivales situándose entre líneas, donde resulta indetectable hasta que ya es demasiado tarde para evitar nada. Y especialista en aparecer, donde nadie imagina que podría hacerlo, resultando impredecible y causando el caos en la zaga más ordenada. Una jugadora que, a pesar de su juventud, ya resultaría injusto comparar con cualquier otra de mayor trayectoria, porque dispone de cualidades suficientes como para ser reconocida por su propio nombre. Ella es Claudia Pina.

Contenido patrocinado por Iberdrola

Imagen de cabecera: @fcbfemeni

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