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Y al final siempre gana Tom Brady

César Martín @CesarMrtn 12-02-2021

Gary Lineker definió al fútbol (el europeo, el balompié) como “un deporte simple en el que veintidós hombres persiguen un balón durante noventa minutos y al final siempre ganan los alemanes”. Si aplicamos esa definición al football (el americano), este sería algo así como “un deporte complejo en el que veintidós tíos se llevan golpes durante tres horas y al final siempre gana Tom Brady”.

Vale, es cierto que TB12 no ha ganado siempre (Eli Manning y Nick Foles sonríen), pero lo suyo es lo más parecido a ello. Las presencias de Brady en la Super Bowl suponen un 18% sobre el total de ediciones del gran partido. Si acotamos desde su llegada a la NFL, el porcentaje es del 48%. Sólo Otto Graham podría mirarle por encima del hombro en ese sentido. El legendario QB de los Cleveland Browns condujo a su equipo a diez finales en sus diez temporadas de carrera (1946-1955) y fue campeón siete veces. Son épocas incomparables (en los años de Graham la Super Bowl no existía y los Browns no entraron a la NFL hasta 1950), pero ambos logros muy difícilmente serán igualados.

Brady es de largo el jugador que más partidos ha ganado en la historia de los Playoffs (34). El segundo es Joe Montana (16), pero podría ser perfectamente el propio Brady a partir de los 35 años (18). Casi que sobra decir que en enero nadie acumula más yardas de pase (12.449), touchdowns (83), partidos jugados (45), quarterbacks rivales derrotados (27) y un largo etcétera de plusmarcas que él.

¿Qué más tenía que demostrar alguien que atesora todos esos récords desde hace tiempo? En teoría, nada, pero en el caso de Brady aún faltaba una última cosa: ganar sin Bill Belichick. Nadie se libra de tener peros y el de Brady era el de, supuestamente, ser un “quarterback de sistema”. Es decir, un QB que gana más por el sistema de juego que por su talento. Tal vez esa fuese una de las razones que le llevaron a mudarse de Massachusetts a Florida.

El cambio de aires, más allá de las diferencias climáticas entre Boston y Tampa, le sentó de maravilla. Estadísticamente hablando, 2020 estuvo entre sus tres mejores campañas. Y hablamos de un señor de 43 años con muchísimas grandes temporadas a sus espaldas. Porque la carrera de Brady son tres trayectorias de leyenda en una: el de 20 años tiene tres presencias en Super Bowls, tres anillos y un MVP. El de 30, cuatro apariciones en la Super Bowl, dos anillos y un MVP. El de 40, tres presencias en Super Bowls, dos anillos y un MVP.

Brady, en su “retiro soleado” en Tampa, no sólo puso a los Buccaneers en el mapa, sino que además se llevó por delante las esperanzas de un segundo anillo de dos leyendas como Drew Brees y Aaron Rodgers. Una temporada con trazas de ser épica no podía tener otro desenlace como el de la Super Bowl LV, con los Bucs alzando su segundo Vince Lombardi en su estadio y ante el que está llamado a ser el gran dominador de la NFL en los próximos años, Patrick Mahomes. Porque al final, siempre gana Tom Brady.

Imagen de cabecera: Patrick Smith/Getty Images

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Gary Lineker definió al fútbol (el europeo, el balompié) como “un deporte simple en el que veintidós hombres persiguen un balón durante noventa minutos y al final siempre ganan los alemanes”. Si aplicamos esa definición al football (el americano), este sería algo así como “un deporte complejo en el que veintidós tíos se llevan golpes durante tres horas y al final siempre gana Tom Brady”.

Vale, es cierto que TB12 no ha ganado siempre (Eli Manning y Nick Foles sonríen), pero lo suyo es lo más parecido a ello. Las presencias de Brady en la Super Bowl suponen un 18% sobre el total de ediciones del gran partido. Si acotamos desde su llegada a la NFL, el porcentaje es del 48%. Sólo Otto Graham podría mirarle por encima del hombro en ese sentido. El legendario QB de los Cleveland Browns condujo a su equipo a diez finales en sus diez temporadas de carrera (1946-1955) y fue campeón siete veces. Son épocas incomparables (en los años de Graham la Super Bowl no existía y los Browns no entraron a la NFL hasta 1950), pero ambos logros muy difícilmente serán igualados.

Brady es de largo el jugador que más partidos ha ganado en la historia de los Playoffs (34). El segundo es Joe Montana (16), pero podría ser perfectamente el propio Brady a partir de los 35 años (18). Casi que sobra decir que en enero nadie acumula más yardas de pase (12.449), touchdowns (83), partidos jugados (45), quarterbacks rivales derrotados (27) y un largo etcétera de plusmarcas que él.

¿Qué más tenía que demostrar alguien que atesora todos esos récords desde hace tiempo? En teoría, nada, pero en el caso de Brady aún faltaba una última cosa: ganar sin Bill Belichick. Nadie se libra de tener peros y el de Brady era el de, supuestamente, ser un “quarterback de sistema”. Es decir, un QB que gana más por el sistema de juego que por su talento. Tal vez esa fuese una de las razones que le llevaron a mudarse de Massachusetts a Florida.

El cambio de aires, más allá de las diferencias climáticas entre Boston y Tampa, le sentó de maravilla. Estadísticamente hablando, 2020 estuvo entre sus tres mejores campañas. Y hablamos de un señor de 43 años con muchísimas grandes temporadas a sus espaldas. Porque la carrera de Brady son tres trayectorias de leyenda en una: el de 20 años tiene tres presencias en Super Bowls, tres anillos y un MVP. El de 30, cuatro apariciones en la Super Bowl, dos anillos y un MVP. El de 40, tres presencias en Super Bowls, dos anillos y un MVP.

Brady, en su “retiro soleado” en Tampa, no sólo puso a los Buccaneers en el mapa, sino que además se llevó por delante las esperanzas de un segundo anillo de dos leyendas como Drew Brees y Aaron Rodgers. Una temporada con trazas de ser épica no podía tener otro desenlace como el de la Super Bowl LV, con los Bucs alzando su segundo Vince Lombardi en su estadio y ante el que está llamado a ser el gran dominador de la NFL en los próximos años, Patrick Mahomes. Porque al final, siempre gana Tom Brady.

Imagen de cabecera: Patrick Smith/Getty Images