_Alemania

Un lugar perfecto

El 18 de mayo de 2019 coincidieron sobre el campo durante unos minutos, frente al Dijon, en el que había sido el club de su vida. Christopher Nkunku y Moussa Diaby eran una especie rara, canteranos en un equipo hecho a base de billetes. Y no, no eran titulares habituales, como al final acabó siéndolo Presnel Kimpembe, formado también en las inferiores del conjunto parisino. Moussa y Christopher debieron elegir otro camino y no les salió mal la apuesta. La Bundesliga se ha convertido, en los últimos años, en un campeonato atractivo para jugadores franceses, especialmente jóvenes. Actualmente, solo Union Berlin y Augsburg no cuentan con ningún futbolista galo en su plantilla. Veteranos como Schmid, Modeste, Guilavogui llevan ya muchos años. Otros como Lacroix, Nianzou, o los propios Nkunku y Diaby son prácticamente unos recién llegados. Pero hay muchos más.

Pero, ¿por qué quedarse solo con los nombres de Diaby o Nkunku y no los otros? Tanto ellos como Tanguy Nianzou (más joven aún que los otros dos) se formaron en las inferiores del Paris Saint-Germain, el club con sangre francesa pero inyección económica de Oriente Medio al que todo el mundo odia. Pues bien, los jugadores de Leverkusen, Leipzig y Bayern salieron de la capital francesa en busca de oportunidades. Si bien la etapa de Nianzou en Alemania está siendo más pobre por las lesiones y por haber aterrizado en un club como el Bayern, las carreras de Diaby y Nkunku van en claro ascenso, siendo jugadores que dan un alto rendimiento. Diaby, incluso, ya cuenta con minutos en la selección absoluta, algo que al futbolista del Leipzig aún no le ha llegado.

Si a eso se le suma que son jugadores que parecían fabricados para sus clubes actuales, el acierto de su salida y destino son más que claros. Por ejemplo, definir a Nkunku es complicado. Es un futbolista de medio campo, pero con muchos matices. Te puede jugar en la creación, de enlace o echado a un lado. No tiene, ni siquiera, un lado de juego definido. En esta temporada, y especialmente en los últimos partidos, se ha convertido en el jugador más acertado del Leipzig, aportando muchos goles. Nkunku se adaptó al Leipzig de Nagelsmann, en el que conviven muchos jugadores que pueden desempeñar muchas y diferentes funciones en el juego. Tanto el francés como Marcel Sabitzer fueron moldeados al gusto del actual técnico del Bayern, en las filas del conjunto de la Red Bull. Eran los comodines. Aunque se diera en pocas ocasiones, a Nkunku se le ha llegado a ver de carrilero o, incluso, de delantero centro.

El caso de Moussa Diaby no fue tan radical. Él, un futbolista cuya mejor cualidad es la velocidad, llegó a un Leverkusen en el que coincidió con Leon Bailey, otro velocista de esos capaces de destrozar rivales a la contra. Ambos formaron una pareja que dio buenos partidos a su club. Sin embargo, con la salida del jamaicano, la relevancia del francés creció. Asumió la responsabilidad de ser, principalmente junto a Florian Wirtz, quien fabricara todo el peligro del Bayer en campo rival. Y Moussa Diaby siempre es garantía de éxito. Tanto él como el anterior de Nkunku son casos de futbolistas que no son las grandes estrellas de sus clubes ni tienen galones para asumir el liderazgo, pero sí cuentan con un presente muy bueno y un futuro que puede hacerles crecer y, para ello, eligieron bien el camino, lejos del lujo y la comodidad, asumiendo papeles importantes y no roles secundarios dentro de un club en el que se les hubiera visto como relleno, solo utilizables para darle descanso en momentos puntuales a las grandes estrellas.

A las ligas de Alemania y Francia se les achacan muchas cosas, sean con razón o no. Pero lo que es indiscutible es que son campeonatos que no paran de sacar gente joven para ser profesionales. No les tiembla el pulso. La francesa, particularmente, nutre a las otras grandes y la Bundesliga es una que se aprovecha de ello. Han sido muchos y serán aún más. Ya ocurrió con Ousmane Dembélé hace años y ocurrirá con muchos otros. El mercado francés es un filón. Moussa Diaby y Christopher Nkunku son claros ejemplos de ello. La gacela y el camaleón. Futbolistas eléctricos, no faltos de calidad técnica. Extraños en su propia casa. Si no hay hueco entre las grandes estrellas el mundo no se acaba y la Bundesliga es el sitio perfecto para crecer ellos.

Imagen de cabecera: Getty Images

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El 18 de mayo de 2019 coincidieron sobre el campo durante unos minutos, frente al Dijon, en el que había sido el club de su vida. Christopher Nkunku y Moussa Diaby eran una especie rara, canteranos en un equipo hecho a base de billetes. Y no, no eran titulares habituales, como al final acabó siéndolo Presnel Kimpembe, formado también en las inferiores del conjunto parisino. Moussa y Christopher debieron elegir otro camino y no les salió mal la apuesta. La Bundesliga se ha convertido, en los últimos años, en un campeonato atractivo para jugadores franceses, especialmente jóvenes. Actualmente, solo Union Berlin y Augsburg no cuentan con ningún futbolista galo en su plantilla. Veteranos como Schmid, Modeste, Guilavogui llevan ya muchos años. Otros como Lacroix, Nianzou, o los propios Nkunku y Diaby son prácticamente unos recién llegados. Pero hay muchos más.

Pero, ¿por qué quedarse solo con los nombres de Diaby o Nkunku y no los otros? Tanto ellos como Tanguy Nianzou (más joven aún que los otros dos) se formaron en las inferiores del Paris Saint-Germain, el club con sangre francesa pero inyección económica de Oriente Medio al que todo el mundo odia. Pues bien, los jugadores de Leverkusen, Leipzig y Bayern salieron de la capital francesa en busca de oportunidades. Si bien la etapa de Nianzou en Alemania está siendo más pobre por las lesiones y por haber aterrizado en un club como el Bayern, las carreras de Diaby y Nkunku van en claro ascenso, siendo jugadores que dan un alto rendimiento. Diaby, incluso, ya cuenta con minutos en la selección absoluta, algo que al futbolista del Leipzig aún no le ha llegado.

Si a eso se le suma que son jugadores que parecían fabricados para sus clubes actuales, el acierto de su salida y destino son más que claros. Por ejemplo, definir a Nkunku es complicado. Es un futbolista de medio campo, pero con muchos matices. Te puede jugar en la creación, de enlace o echado a un lado. No tiene, ni siquiera, un lado de juego definido. En esta temporada, y especialmente en los últimos partidos, se ha convertido en el jugador más acertado del Leipzig, aportando muchos goles. Nkunku se adaptó al Leipzig de Nagelsmann, en el que conviven muchos jugadores que pueden desempeñar muchas y diferentes funciones en el juego. Tanto el francés como Marcel Sabitzer fueron moldeados al gusto del actual técnico del Bayern, en las filas del conjunto de la Red Bull. Eran los comodines. Aunque se diera en pocas ocasiones, a Nkunku se le ha llegado a ver de carrilero o, incluso, de delantero centro.

El caso de Moussa Diaby no fue tan radical. Él, un futbolista cuya mejor cualidad es la velocidad, llegó a un Leverkusen en el que coincidió con Leon Bailey, otro velocista de esos capaces de destrozar rivales a la contra. Ambos formaron una pareja que dio buenos partidos a su club. Sin embargo, con la salida del jamaicano, la relevancia del francés creció. Asumió la responsabilidad de ser, principalmente junto a Florian Wirtz, quien fabricara todo el peligro del Bayer en campo rival. Y Moussa Diaby siempre es garantía de éxito. Tanto él como el anterior de Nkunku son casos de futbolistas que no son las grandes estrellas de sus clubes ni tienen galones para asumir el liderazgo, pero sí cuentan con un presente muy bueno y un futuro que puede hacerles crecer y, para ello, eligieron bien el camino, lejos del lujo y la comodidad, asumiendo papeles importantes y no roles secundarios dentro de un club en el que se les hubiera visto como relleno, solo utilizables para darle descanso en momentos puntuales a las grandes estrellas.

A las ligas de Alemania y Francia se les achacan muchas cosas, sean con razón o no. Pero lo que es indiscutible es que son campeonatos que no paran de sacar gente joven para ser profesionales. No les tiembla el pulso. La francesa, particularmente, nutre a las otras grandes y la Bundesliga es una que se aprovecha de ello. Han sido muchos y serán aún más. Ya ocurrió con Ousmane Dembélé hace años y ocurrirá con muchos otros. El mercado francés es un filón. Moussa Diaby y Christopher Nkunku son claros ejemplos de ello. La gacela y el camaleón. Futbolistas eléctricos, no faltos de calidad técnica. Extraños en su propia casa. Si no hay hueco entre las grandes estrellas el mundo no se acaba y la Bundesliga es el sitio perfecto para crecer ellos.

Imagen de cabecera: Getty Images

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