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Tres historias, un destino

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 19-09-2018

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Tolosa, Guipúzcoa, Euskadi. Año 1965. En ese año, nadie hubiera dicho que uno de sus ilustres hijos y vecinos viajaría a Japón en la búsqueda de un sueño. Probablemente ahora, tampoco. Pero lo cierto es que un habitante del municipio vasco ha emprendido esta semana un viaje para seguir desarrollando aquello que le hace ser quien es. Y lo ha hecho hacia el país nipón. Y es que en 1965 nacía Juan Manuel Lillo, entrenador tolosarra que, tras entrenar, entre otros, a Salamanca, Oviedo, Zaragoza, Dorados (MÉX), Atlético Nacional o Millonarios (COL), ha emprendido una aventura más en los banquillos, esta vez en el país del Sol naciente.

Kobe, Hyogo. Año 1966. Solo un año después, en la ciudad de Kobe, en la parte sur del país nipón, famosa por su carne de buey y sus aguas termales, nacía el Vissel Kobe. Un club de fútbol creado y patrocinado por la acería Kawasaki, que surgió como válvula de escape para trabajadores y familias. En 1986, apenas veinte años tras su fundación, el club ascendió a la antigua JSL, reestructurada más tarde en la actual segunda división japonesa o JFL (justo por debajo de la conocida J-League). En 2018, el club daba el paso más grande de su historia, tras su ascenso en 1997 a la máxima competición local japonesa.

Fuentealbilla, Albacete, Castilla-La Mancha. Año 1984. Nace en un pequeño pueblo de Albacete un niño que pronto destacaría en sus primeras etapas como futbolista. Andrés Iniesta, centrocampista, completo, inteligente y con una capacidad importante para ser líder y creador de juego. Al poco, el Barça se llevó a su Masía el talento de este joven, que lloró desconsoladamente por separarse de su familia y de su tierra. Se abría entre el chico y su pueblo una herida de 400 kilómetros. Una herida que lo llevó a triunfar en uno de los mejores clubes de la historia, ganando todo a nivel de clubes en una generación irrepetible. En 2010, ese talento le empujó a otro viaje, esta vez a Sudáfrica, donde, a pesar de comenzar lesionado, marcó el gol que dio a España su único Mundial hasta la fecha. Un héroe nacido en Fuentealbilla.

Barcelona. Año 2018. El joven que lloraba por separarse de su pueblo y su familia apenas 400 kilómetros, decidía marcharse, buscando nuevos retos, a 10667 kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento. Su viaje le llevaba a Kobe, una localidad japonesa en la que jugaría en un club nipón de la J-League, el Vissel Kobe. Llevaría su ‘8’, dorsal que lo acompañó muchos de los años de triunfo en el Barcelona, pero cambiaba la camiseta culé por la del equipo “ushi”.

El viaje, en el tiempo y en el mapa, junta en septiembre de 2018, el lugar, el talento y la idea, a kilómetros de distancia de donde nacieron, crecieron y desarrollaron sus habilidades. Probablemente, así como sus localidades y sus habitantes jamás habrían soñado con conocer y compartir experiencias con ellos, las personas que mandan en el Vissel Kobe no habrían soñado jamás poder juntar dos piezas con tanta química.

Juanma Lillo y Andrés Iniesta coinciden años después en un mismo vestuario. Probablemente ellos habían pensado alguna vez en la posibilidad (discípulo de Guardiola, que a su vez fue jugador de Lillo), pero para el resto de los mortales, la mezcla es curiosa. Y más aún el vestuario en el que finalmente coinciden. Un entrenador con un modelo claro, con la confianza necesaria para crecer y hacer crecer a sus equipos desde el juego de posición, se encuentra con un Iniesta en su atardecer, que buscó en Asia un retiro tranquilo, en el que disfrutar del fútbol, alejado de los duros focos del máximo nivel. Sin duda, la propuesta de Lillo encaja al 100% con las piernas y el desempeño de un Iniesta, que, en los últimos años, fue, junto a Messi y Busquets, adalid del fútbol de posición del Barcelona, y líder tras la salida de Xavi. En el ocaso de la carrera de uno de los mejores exponentes del fútbol español y del FC Barcelona, parece que el Vissel Kobe quiere cuidar el escenario. Llevar al equipo a un entrenador como Lillo, que entienda, motive y desarrolle, con los mimbres existentes, un modelo de fútbol cómodo para el jugador franquicia del equipo japonés, es un paso inteligente para asegurar que el ‘8’ dé el mejor nivel posible en la J-League. A su vez, Iniesta gana un aliado, un compañero de tertulias, discusiones y un maestro inmejorable para comprender el juego desde la vista de un entrenador. Un perfecto líder espiritual en un país y en un fútbol que, lejos del resultado, mirará con interés las últimas patadas de ese jugador nacido en Castilla-La Mancha, entrenado por ese hombre nacido en Tolosa, que decidieron viajar a Kobe, la maravillosa ciudad de las termas y la carne de buey, para disfrutar, con su manera de entenderlo, de su amor por este deporte. Aunque sea a miles de kilómetros de sus casas.

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Tolosa, Guipúzcoa, Euskadi. Año 1965. En ese año, nadie hubiera dicho que uno de sus ilustres hijos y vecinos viajaría a Japón en la búsqueda de un sueño. Probablemente ahora, tampoco. Pero lo cierto es que un habitante del municipio vasco ha emprendido esta semana un viaje para seguir desarrollando aquello que le hace ser quien es. Y lo ha hecho hacia el país nipón. Y es que en 1965 nacía Juan Manuel Lillo, entrenador tolosarra que, tras entrenar, entre otros, a Salamanca, Oviedo, Zaragoza, Dorados (MÉX), Atlético Nacional o Millonarios (COL), ha emprendido una aventura más en los banquillos, esta vez en el país del Sol naciente.

Kobe, Hyogo. Año 1966. Solo un año después, en la ciudad de Kobe, en la parte sur del país nipón, famosa por su carne de buey y sus aguas termales, nacía el Vissel Kobe. Un club de fútbol creado y patrocinado por la acería Kawasaki, que surgió como válvula de escape para trabajadores y familias. En 1986, apenas veinte años tras su fundación, el club ascendió a la antigua JSL, reestructurada más tarde en la actual segunda división japonesa o JFL (justo por debajo de la conocida J-League). En 2018, el club daba el paso más grande de su historia, tras su ascenso en 1997 a la máxima competición local japonesa.

Fuentealbilla, Albacete, Castilla-La Mancha. Año 1984. Nace en un pequeño pueblo de Albacete un niño que pronto destacaría en sus primeras etapas como futbolista. Andrés Iniesta, centrocampista, completo, inteligente y con una capacidad importante para ser líder y creador de juego. Al poco, el Barça se llevó a su Masía el talento de este joven, que lloró desconsoladamente por separarse de su familia y de su tierra. Se abría entre el chico y su pueblo una herida de 400 kilómetros. Una herida que lo llevó a triunfar en uno de los mejores clubes de la historia, ganando todo a nivel de clubes en una generación irrepetible. En 2010, ese talento le empujó a otro viaje, esta vez a Sudáfrica, donde, a pesar de comenzar lesionado, marcó el gol que dio a España su único Mundial hasta la fecha. Un héroe nacido en Fuentealbilla.

Barcelona. Año 2018. El joven que lloraba por separarse de su pueblo y su familia apenas 400 kilómetros, decidía marcharse, buscando nuevos retos, a 10667 kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento. Su viaje le llevaba a Kobe, una localidad japonesa en la que jugaría en un club nipón de la J-League, el Vissel Kobe. Llevaría su ‘8’, dorsal que lo acompañó muchos de los años de triunfo en el Barcelona, pero cambiaba la camiseta culé por la del equipo “ushi”.

El viaje, en el tiempo y en el mapa, junta en septiembre de 2018, el lugar, el talento y la idea, a kilómetros de distancia de donde nacieron, crecieron y desarrollaron sus habilidades. Probablemente, así como sus localidades y sus habitantes jamás habrían soñado con conocer y compartir experiencias con ellos, las personas que mandan en el Vissel Kobe no habrían soñado jamás poder juntar dos piezas con tanta química.

Juanma Lillo y Andrés Iniesta coinciden años después en un mismo vestuario. Probablemente ellos habían pensado alguna vez en la posibilidad (discípulo de Guardiola, que a su vez fue jugador de Lillo), pero para el resto de los mortales, la mezcla es curiosa. Y más aún el vestuario en el que finalmente coinciden. Un entrenador con un modelo claro, con la confianza necesaria para crecer y hacer crecer a sus equipos desde el juego de posición, se encuentra con un Iniesta en su atardecer, que buscó en Asia un retiro tranquilo, en el que disfrutar del fútbol, alejado de los duros focos del máximo nivel. Sin duda, la propuesta de Lillo encaja al 100% con las piernas y el desempeño de un Iniesta, que, en los últimos años, fue, junto a Messi y Busquets, adalid del fútbol de posición del Barcelona, y líder tras la salida de Xavi. En el ocaso de la carrera de uno de los mejores exponentes del fútbol español y del FC Barcelona, parece que el Vissel Kobe quiere cuidar el escenario. Llevar al equipo a un entrenador como Lillo, que entienda, motive y desarrolle, con los mimbres existentes, un modelo de fútbol cómodo para el jugador franquicia del equipo japonés, es un paso inteligente para asegurar que el ‘8’ dé el mejor nivel posible en la J-League. A su vez, Iniesta gana un aliado, un compañero de tertulias, discusiones y un maestro inmejorable para comprender el juego desde la vista de un entrenador. Un perfecto líder espiritual en un país y en un fútbol que, lejos del resultado, mirará con interés las últimas patadas de ese jugador nacido en Castilla-La Mancha, entrenado por ese hombre nacido en Tolosa, que decidieron viajar a Kobe, la maravillosa ciudad de las termas y la carne de buey, para disfrutar, con su manera de entenderlo, de su amor por este deporte. Aunque sea a miles de kilómetros de sus casas.

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