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Atletismo

Timothy Olson; correr para volver a nacer

La práctica del atletismo, ya sea a nivel profesional o como un simple hobby, aporta una serie de beneficios a nuestro organismo que convierte el “running” en un ejercicio saludable para todo ser humano. Toda persona que no haya corrido jamás puede imaginar que salir a correr repercute favorablemente en el estado de forma del corredor, no obstante, lo que probablemente desconoce es que practicar este deporte aporta un importante beneficio psicológico a todo aquel que tenga la voluntad de recorrer regularmente una cierta cantidad de kilómetros.

Reconocido por muchos profesionales como un auténtico remedio para combatir el estrés y la ansiedad, el “running” se ha erigido en los últimos años como una práctica capaz de generar bienestar físico y psíquico a partes iguales, aportando a la gran mayoría de sus seguidores un pequeño cambio en sus vidas.

Tomando las carreras de montaña como hilo conductor, encontramos en el caso del estadounidense Timothy Olson un ejemplo de autosuperación asociado por completo a los beneficios psicológicos que genera el noble arte de correr.

Nacido el 28 de agosto de 1983 en Amherst (Wisconsin), Timothy Olson vivió una infancia sin sobresaltos, formando parte de una familia de clase media norteamericana. Sus problemas llegaron con la adolescencia, un periodo donde su extremada timidez comenzó a impedirle una relación fluida con los demás chicos de su edad, una severa introversión que lo llevó a buscar la desinhibición a través de las drogas y el alcohol. Logró su objetivo, se convirtió en una persona popular en su instituto, no obstante el precio que Olson tuvo que pagar ascendió al consumo masivo de marihuana, cocaína y anfetaminas y a la ingestión habitual de importantes cantidades de Whisky.

Al cumplir 18 años fue detenido por posesión de drogas, pasando un pequeño espacio de tiempo entre rejas, un hecho que a pesar de su juventud no logró alejarlo del sórdido mundo por el que deambulaba. La situación no mejoró en los siguientes años, un largo periplo donde el protagonista de esta historia continuó maltratando su cuerpo sin mostrar ni un ápice de interés en abandonar ciertas adicciones, unos vicios que podían acabar costándole la vida. En una entrevista concedida a la web norteamericana Irunfar, el propio Olson reconoce haber sufrido un cruel debate interno, dos caminos entre lo que elegir una vez llegados a un punto de no retorno; dejarse morir o volver a nacer.

El joven reunió las fuerzas necesarias para intentar salir adelante, un intento desesperado por sobrevivir que dio comienzo a través de la práctica del deporte. Como él mismo afirma: “Correr fue mi salvavidas. Primero corrí para desintoxicarme, luego para olvidar, y por último para encontrar la paz”.

Completamente desenganchado de sus adicciones, Thimothy Olson comenzó a correr a diario, lo hacía campo a través o en la pista de su antiguo instituto. Con cada zancada canalizaba toda la rabia y la frustración acumulada por varios años de su vida tirados a la basura. Comenzó a entrenar a varios chicos de su antiguo colegio, consiguiendo que estos se interesaran por el mundo del deporte, alejándolos de esta manera de cualquier hábito poco saludable.

Los parajes donde Olson solía correr fueron evolucionando, las calles de su ciudad dieron paso a campos de trigo, bosques y montañas. Tras un viaje a la zona oeste de Estados Unidos, en el cual tuvo la oportunidad de correr y dormir al raso en el Gran Cañón del Colorado, decidió empezar a tomar parte en carreras de una modalidad que hasta entonces desconocía, el Trail Running. Según el propio Olson: “Tras ese viaje me di cuenta de la conexión entre mi alma y la naturaleza, no conocía este tipo de carreras pero sabía que esos paisajes eran por los que yo quería correr”.

En el año 2009, a la edad de 26 años, corrió su primer ultramaratón de montaña. Tan solo tres años más tarde, demostrando que la superación del ser humano no conoce límites, se alzó con la victoria en el Western State 100 millas, prestigiosa carrera que consta de 162 kilómetros por montaña con un desnivel acumulado de 12.500 metros, batiendo además el récord de la prueba con un tiempo de 14 horas 46 minutos y 44 segundos.

En 2013 Timothy Olson repitió victoria en la misma prueba, pasando a formar parte del prestigioso equipo North Face, quien decidió ficharlo tras comprobar la historia del corredor y los logros que había sido capaz de alcanzar.

Casado y padre de un hijo, Timothy Olson prosigue a día de hoy su carrera como corredor de ultramaratones de montaña, como un claro ejemplo de la fortaleza mental que se puede adquirir a través del deporte, demostrando que correr puede cambiar una vida.

Dos frases para el recuerdo. En primer lugar unas palabras de aliento dirigidas a todos aquellos que algún día puedan encontrarse en una situación desesperada como la que vivió Olson: “A quien esté enganchado le diría que nunca es tarde. Hay que aceptar que se está perdido, romper con el pasado y empezar a vivir de nuevo, volver a nacer. Se puede cambiar, yo soy el ejemplo”.

Y por último un dicho que refleja a la perfección la similitud entre vivir y correr, una frase donde Timothy demuestra que el “running” resulta ser una auténtica filosofía de vida: “Vivir y correr no tiene secretos, tan solo debemos poner un pie delante del otro e intentar llegar hasta el final”.

Imagen de cabecera: Adam Pretty/Getty Images for adidas

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