_Cádiz

Tiburón

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 10-03-2021

Cha-nan. Cha-nan-cha-nan. Cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan. Creo que ha quedado meridianamente claro y patente que esto es la mítica banda sonora de Tiburón, pero lo aclaro por si acaso. La misma melodía que, si uno pone bien el oído, puede escuchar de fondo en los partidos del Cádiz cada vez que el equipo de Álvaro Cervera es capaz de potenciar y de encontrar desde su definido plan de juego y su bajísimo bloque defensivo a su jugador franquicia, que no es otro que Álvaro Negredo.

El delantero vallecano ha participado de forma directa en 10 de los 22 goles que ha sumado hasta ahora el conjunto gaditano en esta Liga y, sin embargo, no es su cuota goleadora lo más importante y lo más relevante de su contribución al equipo, ya que, además de ejercer de killer, Negredo es el verdadero pilar sobre el que se estructuran y se sujetan la inmensa mayoría de las construcciones ofensivas y de la peligrosidad de este Cádiz, siempre directo y ordenado cuando tiene el balón en los primeros metros de su propio campo y, por tanto, necesitado de saber cómo dañar desde tan lejos del arco rival.

Los de Cervera son el equipo de las cinco grandes ligas europeas que más atrás se sitúa de media sobre el terreno de juego, es decir, el que menos dominio territorial lleva a cabo entre los 96 clubes de los principales campeonatos del Viejo Continente, y es también el conjunto menos agresivo de toda La Liga en términos de presión sobre el portador. Es su modelo. Cuando no tiene el balón, el Cádiz se dedica prácticamente a defender con dos líneas de cuatro muy juntas en su frontal, negando cualquier recepción con espacios entre líneas y no hay apenas saltos de presión hasta que el rival alcanza esa altura del campo.

Precisamente por todos estos motivos, por ese carácter defensivo tan sumamente marcado y por las evidentes dificultades para sacar el balón jugado de manera precisa por parte de sus centrales y de su doble pivote, una circunstancia acuciada por el hecho de que cada recuperación se produce muy atrás y tiene muy encima el bloque del contrario por la propia concepción defensiva del equipo amarillo, es absolutamente básico y clave para Cervera saber encontrar y lograr potenciar de forma recurrente a Negredo a través de balones largos.

En este sentido, el madrileño ha respondido como lo que realmente es (el futbolista más importante de la plantilla y todo un lujazo para este Cádiz, como dice un buen amigo) y no como lo que parecía que podía ser (un nueve pesado y pasado, de 35 años, con todo hecho, llegado después de haber jugado dos temporadas en la liga emiratí y completamente alejado de aquel ariete capaz de asomarse a la veintena de goles por temporada en el Sevilla). Negredo es el tercer delantero de La Liga —el cuarto si incluimos a Raúl García como punta, que es de lo que realmente viene jugando—, tras Joselu Mato y Kike García y empatado con Maxi Gómez, que más balones aéreos ha ganado en lo que llevamos de campeonato, algo fundamental para poder activar la velocidad vertical de Salvi Sánchez, o ahora la de Rubén Sobrino, con sus descargas o después de acudir a la disputa por alto, para hacer llegar el balón a los pies de la calidad de Álex Fernández en campo rival a través de la recogida de las segundas acciones, para acercarse al área y provocar faltas o saques de esquina que acerquen al Cádiz al gol a través de acciones de estrategia, para atacar la espalda de la zaga rival valiéndose de la potencia que aún le queda en las piernas y de una superioridad todavía manifiesta si tiene que medirse en el cuerpo a cuerpo contra un solo marcador o, simplemente, para ganar el tiempo suficiente para sumarse al remate dentro del área en busca de un centro lateral.

Es una evidencia tan grande como que el agua moja y el fuego quema: Álvaro Cervera necesita a Negredo si quiere salir de la racha tan negativa que venía registrando el Cádiz hasta su reciente victoria frente a un rival directo como el Eibar y si quiere confirmar su permanencia en Primera División, el hito más grande y más elevado que registraría el cadismo desde los tiempos en los que todavía maravillaba a propios y a extraños en el Ramón de Carranza un tal ‘Mágico’ González.

Y para conseguir alcanzar ese horizonte, ya cercano pero aún demasiado etéreo, hay que saber cómo llegar al ‘Tiburón de Vallecas’ la mayor cantidad de veces posible y de la mejor de las maneras posibles y una de las más efectivas es atraer al lateral del rival a la presión adelantada para generar el espacio, el aclarado y los presupuestos necesarios a la espalda de la línea de mediocentros rival para que enviar el balón por arriba hacia la posición el nueve del Cádiz contra el central de esa zona no sea rifar el balón por rifarlo, sino que a partir de él se genere el contexto para el despliegue ofensivo de los Salvi, Sobrino o ‘Choco’ Lozano atacando los espacios en vertical hacia zonas de finalización o para que Álex Fernández o Alberto Perea tengan unos alrededores más o menos despejados que les permitan, a pesar del escaso volumen de juego del que disponen, sacar lustre a su calidad, poner en ristre su talento para esconder el cuero o su buena toma de decisiones en el pico izquierdo del área. Todo ello con el equipo rival girado y en pleno retorno defensivo, la peor disposición para defenderse ante un equipo lanzado hacia el área al contraataque.

En resumen, Álvaro Negredo soluciona por sí mismo muchos problemas que son altamente complejos para un equipo con tan poca iniciativa a través de la posesión o de su disposición en el terreno de juego como es este Cádiz ideado y construido para sobrevivir. “En el fútbol no sólo se trata de acertar, sino de no cometer errores. Es más fácil dejar de cometer errores que acertar, es así de simple. ¿Me gustaría que la gente se divirtiera? Sí, pero me gusta que el equipo gane. No fichamos a un mediapunta que pida la pelota de espaldas ni extremos a pierna cambiada. Nuestro objetivo es la salvación y sabemos que al final estaremos abajo luchando. Nosotros no hacemos lo que queremos en el campo, nos manejamos según el rival, dificultando su partido y teniendo algo de suerte a veces. No podemos hacer maravillas y jugamos como podemos”. Álvaro Cervera dixit.

«El tiburón», Álvaro Negredo (Imagen: Imago)

Puede que Negredo ya no sea ese tiburón de mandíbula feroz y dientes afilados como cuchillas que llegaba a inferir temor a todos los que se cruzasen en su camino en sus mejores días en el Pizjuán, pero sigue siendo un delantero centro que entiende de maravilla qué necesita su equipo y cómo puede ofrecérselo y con una capacidad para imponerse por arriba y dentro del área tan significativa que sobre ella se edifican todos los mecanismos ofensivos de este Cádiz.

Como demostró Steven Spielberg durante el rodaje de la mítica ‘Jaws’ después de que se estropeara el mecanismo del tiburón eléctrico que había mandado construir para la película, con la música y los planos adecuados, seleccionados ambos al milímetro, el tiburón, aunque fuese de cartón piedra y no moviese ni un solo músculo, continuaba teniendo una mandíbula feroz, unos dientes afilados como cuchillas y una capacidad de inferir temor a todos los que se cruzasen en su camino. Con el contexto y los recursos adecuados, un tiburón, pase lo que pase, sigue siendo un tiburón. Como Álvaro Negredo en el Cádiz de Cervera.

Imagen de cabecera: Imago

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Cha-nan. Cha-nan-cha-nan. Cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan-cha-nan. Creo que ha quedado meridianamente claro y patente que esto es la mítica banda sonora de Tiburón, pero lo aclaro por si acaso. La misma melodía que, si uno pone bien el oído, puede escuchar de fondo en los partidos del Cádiz cada vez que el equipo de Álvaro Cervera es capaz de potenciar y de encontrar desde su definido plan de juego y su bajísimo bloque defensivo a su jugador franquicia, que no es otro que Álvaro Negredo.

El delantero vallecano ha participado de forma directa en 10 de los 22 goles que ha sumado hasta ahora el conjunto gaditano en esta Liga y, sin embargo, no es su cuota goleadora lo más importante y lo más relevante de su contribución al equipo, ya que, además de ejercer de killer, Negredo es el verdadero pilar sobre el que se estructuran y se sujetan la inmensa mayoría de las construcciones ofensivas y de la peligrosidad de este Cádiz, siempre directo y ordenado cuando tiene el balón en los primeros metros de su propio campo y, por tanto, necesitado de saber cómo dañar desde tan lejos del arco rival.

Los de Cervera son el equipo de las cinco grandes ligas europeas que más atrás se sitúa de media sobre el terreno de juego, es decir, el que menos dominio territorial lleva a cabo entre los 96 clubes de los principales campeonatos del Viejo Continente, y es también el conjunto menos agresivo de toda La Liga en términos de presión sobre el portador. Es su modelo. Cuando no tiene el balón, el Cádiz se dedica prácticamente a defender con dos líneas de cuatro muy juntas en su frontal, negando cualquier recepción con espacios entre líneas y no hay apenas saltos de presión hasta que el rival alcanza esa altura del campo.

Precisamente por todos estos motivos, por ese carácter defensivo tan sumamente marcado y por las evidentes dificultades para sacar el balón jugado de manera precisa por parte de sus centrales y de su doble pivote, una circunstancia acuciada por el hecho de que cada recuperación se produce muy atrás y tiene muy encima el bloque del contrario por la propia concepción defensiva del equipo amarillo, es absolutamente básico y clave para Cervera saber encontrar y lograr potenciar de forma recurrente a Negredo a través de balones largos.

En este sentido, el madrileño ha respondido como lo que realmente es (el futbolista más importante de la plantilla y todo un lujazo para este Cádiz, como dice un buen amigo) y no como lo que parecía que podía ser (un nueve pesado y pasado, de 35 años, con todo hecho, llegado después de haber jugado dos temporadas en la liga emiratí y completamente alejado de aquel ariete capaz de asomarse a la veintena de goles por temporada en el Sevilla). Negredo es el tercer delantero de La Liga —el cuarto si incluimos a Raúl García como punta, que es de lo que realmente viene jugando—, tras Joselu Mato y Kike García y empatado con Maxi Gómez, que más balones aéreos ha ganado en lo que llevamos de campeonato, algo fundamental para poder activar la velocidad vertical de Salvi Sánchez, o ahora la de Rubén Sobrino, con sus descargas o después de acudir a la disputa por alto, para hacer llegar el balón a los pies de la calidad de Álex Fernández en campo rival a través de la recogida de las segundas acciones, para acercarse al área y provocar faltas o saques de esquina que acerquen al Cádiz al gol a través de acciones de estrategia, para atacar la espalda de la zaga rival valiéndose de la potencia que aún le queda en las piernas y de una superioridad todavía manifiesta si tiene que medirse en el cuerpo a cuerpo contra un solo marcador o, simplemente, para ganar el tiempo suficiente para sumarse al remate dentro del área en busca de un centro lateral.

Es una evidencia tan grande como que el agua moja y el fuego quema: Álvaro Cervera necesita a Negredo si quiere salir de la racha tan negativa que venía registrando el Cádiz hasta su reciente victoria frente a un rival directo como el Eibar y si quiere confirmar su permanencia en Primera División, el hito más grande y más elevado que registraría el cadismo desde los tiempos en los que todavía maravillaba a propios y a extraños en el Ramón de Carranza un tal ‘Mágico’ González.

Y para conseguir alcanzar ese horizonte, ya cercano pero aún demasiado etéreo, hay que saber cómo llegar al ‘Tiburón de Vallecas’ la mayor cantidad de veces posible y de la mejor de las maneras posibles y una de las más efectivas es atraer al lateral del rival a la presión adelantada para generar el espacio, el aclarado y los presupuestos necesarios a la espalda de la línea de mediocentros rival para que enviar el balón por arriba hacia la posición el nueve del Cádiz contra el central de esa zona no sea rifar el balón por rifarlo, sino que a partir de él se genere el contexto para el despliegue ofensivo de los Salvi, Sobrino o ‘Choco’ Lozano atacando los espacios en vertical hacia zonas de finalización o para que Álex Fernández o Alberto Perea tengan unos alrededores más o menos despejados que les permitan, a pesar del escaso volumen de juego del que disponen, sacar lustre a su calidad, poner en ristre su talento para esconder el cuero o su buena toma de decisiones en el pico izquierdo del área. Todo ello con el equipo rival girado y en pleno retorno defensivo, la peor disposición para defenderse ante un equipo lanzado hacia el área al contraataque.

En resumen, Álvaro Negredo soluciona por sí mismo muchos problemas que son altamente complejos para un equipo con tan poca iniciativa a través de la posesión o de su disposición en el terreno de juego como es este Cádiz ideado y construido para sobrevivir. “En el fútbol no sólo se trata de acertar, sino de no cometer errores. Es más fácil dejar de cometer errores que acertar, es así de simple. ¿Me gustaría que la gente se divirtiera? Sí, pero me gusta que el equipo gane. No fichamos a un mediapunta que pida la pelota de espaldas ni extremos a pierna cambiada. Nuestro objetivo es la salvación y sabemos que al final estaremos abajo luchando. Nosotros no hacemos lo que queremos en el campo, nos manejamos según el rival, dificultando su partido y teniendo algo de suerte a veces. No podemos hacer maravillas y jugamos como podemos”. Álvaro Cervera dixit.

«El tiburón», Álvaro Negredo (Imagen: Imago)

Puede que Negredo ya no sea ese tiburón de mandíbula feroz y dientes afilados como cuchillas que llegaba a inferir temor a todos los que se cruzasen en su camino en sus mejores días en el Pizjuán, pero sigue siendo un delantero centro que entiende de maravilla qué necesita su equipo y cómo puede ofrecérselo y con una capacidad para imponerse por arriba y dentro del área tan significativa que sobre ella se edifican todos los mecanismos ofensivos de este Cádiz.

Como demostró Steven Spielberg durante el rodaje de la mítica ‘Jaws’ después de que se estropeara el mecanismo del tiburón eléctrico que había mandado construir para la película, con la música y los planos adecuados, seleccionados ambos al milímetro, el tiburón, aunque fuese de cartón piedra y no moviese ni un solo músculo, continuaba teniendo una mandíbula feroz, unos dientes afilados como cuchillas y una capacidad de inferir temor a todos los que se cruzasen en su camino. Con el contexto y los recursos adecuados, un tiburón, pase lo que pase, sigue siendo un tiburón. Como Álvaro Negredo en el Cádiz de Cervera.

Imagen de cabecera: Imago

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