_La Liga

Orden y progreso

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 19-10-2020

Ganar al Real Madrid en su casa no es algo que suceda todos los días. De hecho, para confirmar las sospechas y no dejar lugar a la duda, era la primera vez que el Cádiz lo conseguía en toda su historia. En el Estadio Alfredo Di Stefano de la ciudad deportiva blanca, los de amarillo no eran Brasil, aunque el equipo de La Tacita lleve ese color desde antes que la pentacampeona, pero se guiaban por el mismo lema que reza en la bandera del país sudamericano: orden y progreso.

Una receta tan cristalina como inamovible y grabada en la memoria táctica del equipo hasta suponer sin matices la identidad de este Cádiz de Álvaro Cervera, que encara su sexto curso al frente del conjunto andaluz, al que ha conducido desde la Segunda B hasta Primera División sin haberse separado ni un ápice de su idea de juego. Densidad defensiva, minimización de los riesgos y cocina de aprovechamiento desde las transiciones ofensivas y los contraataques para alimentar el marcador. Aquí no se tira nada, nunca se desperdicia un espacio amplio al que enviar el balón y tampoco una carrera por pocas que sean las posibilidades de alcanzar el balón.

También eran prácticamente nulas las opciones de ganar al Real Madrid a domicilio y el Cádiz, con solo un 26% de la posesión y un 58% de acierto en sus pases, generó más ocasiones de peligro que el vigente campeón, lanzó el triple de córneres, venció más duelos individuales y consiguió un 9 de 27 en centros laterales, dejando al conjunto de Zinedine Zidane prácticamente inoperante en ataque, especialmente en la primera mitad, reduciendo a un ínfimo 4 de 30 el éxito de sus envíos al área desde los costados, gracias en gran parte a los 25 despejes que realizó.

Su superioridad, sin embargo, fue mucho más allá de las estadísticas. En primer lugar, desde el orden sin balón. Con el trabajo incólume de José Mari y Jens Jonsson por delante de una línea de cuatro perfectamente alineada y balanceada durante todo el partido, estableciendo un 4-4-2 que defendió de maravilla el área y todo el carril central, el Cádiz condujo a los merengues hacia ataques exteriores poco dañinos y muy poco efectivos y se mostró muy compacto y hasta cómodo entre líneas en su propio campo. Dos condiciones inexcusables para cualquier recién ascendido que quiera agarrarse a la competición y con las que el cuadro cadista logró desnaturalizar a su rival, y a la tremenda superioridad técnica de este, para convertir un mal día de los de ‘Zizou’ en una victoria sin un solo pero.

En segundo lugar, el Cádiz cimentó su histórico triunfo desde el progreso y sus formas. Concisas, sencillas, claras, funcionales, directas. Como todo en la propuesta de Cervera. Con envíos en largo, el Cádiz buscó convertir a Álvaro Negredo en su playmaker —el vallecano dejó su segunda asistencia de la temporada nuevamente con una fantástica dejada de cabeza para convertir el juego directo en oro como si de un obrero alquimista se tratase—, encontró en repetidas ocasiones al ‘Choco’ Lozano a la espalda de los laterales gracias a sus profundas caídas a ambas bandas y profundizó de maravilla con un hombre bala como Salvi Sánchez a la espalda de Marcelo para triplicar su peligrosidad y afilar el colmillo de la transición ofensiva con la que dominó al Madrid, mostrando una capacidad para estirarse en la que basará su cuota goleadora.

Al contrario que el Getafe, por ejemplo, un equipo con el que guardan ciertas similitudes en cuanto a fortalezas defensivas, fundamentos competitivos y disciplina sin balón, el Cádiz no busca imponerse en la presión tras pérdida ni tampoco ejercer un pressing muy elevado directamente sobre el portero, pero donde sí destacan los de Cervera —y también lo hicieron en el Di Stefano— es en el retorno defensivo, en la transición a fases de repliegue efusivo tras haber perdido la posesión en las inmediaciones del área rival o no haber podido finalizar el ataque. Además, nunca se complican con la pelota en la “elaboración”, ya que los centrales tienen muy interiorizado el hecho de jugar siempre hacia afuera cuando deciden y se dan las circunstancias para iniciar en corto, evitando así pérdidas muy conflictivas por dentro.

En este mismo sentido, el hombre destinado a dotar de recursos más reposados a su equipo cuando tiene la posesión no es otro que Álex Fernández, cuyo pie derecho es además un arma valiosísima y con la que el Cádiz deberá sacar muchos de sus puntos a través del balón parado. El canterano madridista, que suele partir como el teórico extremo izquierdo en el 4-4-2 asimétrico de Cervera con balón, se acerca a menudo a la base en la salida de la pelota, ya que es el mejor lanzador del equipo, sobre todo cambiando el juego hacia las carreras de Salvi por el costado opuesto, y es también muy capaz de trasladar al bloque cadista fácilmente más allá de la divisoria con su seguridad en la conducción y su condición de absoluto líder técnico del plantel.

La alternativa que maneja Cervera, sin necesidad de cambiar el sistema, para escenarios en los que deba mandar durante más tiempo a través de la posesión y de una mejor circulación de balón o en los que tenga que realizar ataques más continuados ante zagas que se defiendan más abajo es el paso de Álex al doble pivote y la inclusión de Jorge Pombo como volante por la izquierda. El exzaragocista estaba siendo el MVP del Cádiz hasta ahora y es un jugador que aúna energía, regate, ritmo, físico, desborde con su diagonal interior, cierto talento para el último toque y una gran determinación para la finalización que los amarillos necesitarán redoblar en muchos contextos a lo largo de una temporada que será muy larga, más si cabe teniendo en cuenta que los recién ascendidos acostumbran a puntuar a un mayor ritmo en el primer tramo.

Ante la poca capacidad de maniobra del club en el mercado de fichajes debido a las numerosas compras obligatorias que tenía que ejecutar por los futbolistas cedidos por el hecho de haber corroborado el ascenso, el Cádiz se ha alimentado de sus propias dificultades, teniendo que mantener el bloque, lo que le ha conferido un halo de equipo maduro, curtido y totalmente continuista en el salto de categoría que le está sentado muy bien. Tan solo ha necesitado algunos retoques, principalmente en la portería y en la posición de nueve, para adaptarse a los ritmos de la élite, aunque el equipo de Cervera ya venía adaptado de casa, demostrando en el transcurso de su planificación deportiva una consciencia plena en que su propuesta necesita de un rendimiento positivo y muy regular en las dos áreas para sostenerse al máximo nivel.

Si lo consigue, si el argentino Jeremías Conan Ledesma continúa sacando lustre a sus reflejos y su evidente condición de portero inquieto bajo los palos no le juega malas pasadas y si Negredo aporta los goles necesarios —o al menos sigue colocando en situaciones óptimas a sus compañeros con su asimilación del juego directo, su superioridad en el cuerpo a cuerpo y su presencia en el área— para que el colectivo los exprima defendiendo la ventaja en el marcador con uñas, con dientes y con toda su solidez defensiva como hizo ante el Real Madrid, el Cádiz será una certeza competitiva desde el repliegue y la transición. Y también, por supuesto, desde el convencimiento absoluto que rezuman todos sus integrantes en que el camino para la salvación no pasa por otra cosa que por seguir a pies juntillas el lema de la bandera de esa selección pentacampeona de la que usted me habla y que, fíjese qué casualidad… o tal vez no, luce los mismos colores que el Cádiz C.F. Ordenada y progresivamente, a por la permanencia.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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Ganar al Real Madrid en su casa no es algo que suceda todos los días. De hecho, para confirmar las sospechas y no dejar lugar a la duda, era la primera vez que el Cádiz lo conseguía en toda su historia. En el Estadio Alfredo Di Stefano de la ciudad deportiva blanca, los de amarillo no eran Brasil, aunque el equipo de La Tacita lleve ese color desde antes que la pentacampeona, pero se guiaban por el mismo lema que reza en la bandera del país sudamericano: orden y progreso.

Una receta tan cristalina como inamovible y grabada en la memoria táctica del equipo hasta suponer sin matices la identidad de este Cádiz de Álvaro Cervera, que encara su sexto curso al frente del conjunto andaluz, al que ha conducido desde la Segunda B hasta Primera División sin haberse separado ni un ápice de su idea de juego. Densidad defensiva, minimización de los riesgos y cocina de aprovechamiento desde las transiciones ofensivas y los contraataques para alimentar el marcador. Aquí no se tira nada, nunca se desperdicia un espacio amplio al que enviar el balón y tampoco una carrera por pocas que sean las posibilidades de alcanzar el balón.

También eran prácticamente nulas las opciones de ganar al Real Madrid a domicilio y el Cádiz, con solo un 26% de la posesión y un 58% de acierto en sus pases, generó más ocasiones de peligro que el vigente campeón, lanzó el triple de córneres, venció más duelos individuales y consiguió un 9 de 27 en centros laterales, dejando al conjunto de Zinedine Zidane prácticamente inoperante en ataque, especialmente en la primera mitad, reduciendo a un ínfimo 4 de 30 el éxito de sus envíos al área desde los costados, gracias en gran parte a los 25 despejes que realizó.

Su superioridad, sin embargo, fue mucho más allá de las estadísticas. En primer lugar, desde el orden sin balón. Con el trabajo incólume de José Mari y Jens Jonsson por delante de una línea de cuatro perfectamente alineada y balanceada durante todo el partido, estableciendo un 4-4-2 que defendió de maravilla el área y todo el carril central, el Cádiz condujo a los merengues hacia ataques exteriores poco dañinos y muy poco efectivos y se mostró muy compacto y hasta cómodo entre líneas en su propio campo. Dos condiciones inexcusables para cualquier recién ascendido que quiera agarrarse a la competición y con las que el cuadro cadista logró desnaturalizar a su rival, y a la tremenda superioridad técnica de este, para convertir un mal día de los de ‘Zizou’ en una victoria sin un solo pero.

En segundo lugar, el Cádiz cimentó su histórico triunfo desde el progreso y sus formas. Concisas, sencillas, claras, funcionales, directas. Como todo en la propuesta de Cervera. Con envíos en largo, el Cádiz buscó convertir a Álvaro Negredo en su playmaker —el vallecano dejó su segunda asistencia de la temporada nuevamente con una fantástica dejada de cabeza para convertir el juego directo en oro como si de un obrero alquimista se tratase—, encontró en repetidas ocasiones al ‘Choco’ Lozano a la espalda de los laterales gracias a sus profundas caídas a ambas bandas y profundizó de maravilla con un hombre bala como Salvi Sánchez a la espalda de Marcelo para triplicar su peligrosidad y afilar el colmillo de la transición ofensiva con la que dominó al Madrid, mostrando una capacidad para estirarse en la que basará su cuota goleadora.

Al contrario que el Getafe, por ejemplo, un equipo con el que guardan ciertas similitudes en cuanto a fortalezas defensivas, fundamentos competitivos y disciplina sin balón, el Cádiz no busca imponerse en la presión tras pérdida ni tampoco ejercer un pressing muy elevado directamente sobre el portero, pero donde sí destacan los de Cervera —y también lo hicieron en el Di Stefano— es en el retorno defensivo, en la transición a fases de repliegue efusivo tras haber perdido la posesión en las inmediaciones del área rival o no haber podido finalizar el ataque. Además, nunca se complican con la pelota en la “elaboración”, ya que los centrales tienen muy interiorizado el hecho de jugar siempre hacia afuera cuando deciden y se dan las circunstancias para iniciar en corto, evitando así pérdidas muy conflictivas por dentro.

En este mismo sentido, el hombre destinado a dotar de recursos más reposados a su equipo cuando tiene la posesión no es otro que Álex Fernández, cuyo pie derecho es además un arma valiosísima y con la que el Cádiz deberá sacar muchos de sus puntos a través del balón parado. El canterano madridista, que suele partir como el teórico extremo izquierdo en el 4-4-2 asimétrico de Cervera con balón, se acerca a menudo a la base en la salida de la pelota, ya que es el mejor lanzador del equipo, sobre todo cambiando el juego hacia las carreras de Salvi por el costado opuesto, y es también muy capaz de trasladar al bloque cadista fácilmente más allá de la divisoria con su seguridad en la conducción y su condición de absoluto líder técnico del plantel.

La alternativa que maneja Cervera, sin necesidad de cambiar el sistema, para escenarios en los que deba mandar durante más tiempo a través de la posesión y de una mejor circulación de balón o en los que tenga que realizar ataques más continuados ante zagas que se defiendan más abajo es el paso de Álex al doble pivote y la inclusión de Jorge Pombo como volante por la izquierda. El exzaragocista estaba siendo el MVP del Cádiz hasta ahora y es un jugador que aúna energía, regate, ritmo, físico, desborde con su diagonal interior, cierto talento para el último toque y una gran determinación para la finalización que los amarillos necesitarán redoblar en muchos contextos a lo largo de una temporada que será muy larga, más si cabe teniendo en cuenta que los recién ascendidos acostumbran a puntuar a un mayor ritmo en el primer tramo.

Ante la poca capacidad de maniobra del club en el mercado de fichajes debido a las numerosas compras obligatorias que tenía que ejecutar por los futbolistas cedidos por el hecho de haber corroborado el ascenso, el Cádiz se ha alimentado de sus propias dificultades, teniendo que mantener el bloque, lo que le ha conferido un halo de equipo maduro, curtido y totalmente continuista en el salto de categoría que le está sentado muy bien. Tan solo ha necesitado algunos retoques, principalmente en la portería y en la posición de nueve, para adaptarse a los ritmos de la élite, aunque el equipo de Cervera ya venía adaptado de casa, demostrando en el transcurso de su planificación deportiva una consciencia plena en que su propuesta necesita de un rendimiento positivo y muy regular en las dos áreas para sostenerse al máximo nivel.

Si lo consigue, si el argentino Jeremías Conan Ledesma continúa sacando lustre a sus reflejos y su evidente condición de portero inquieto bajo los palos no le juega malas pasadas y si Negredo aporta los goles necesarios —o al menos sigue colocando en situaciones óptimas a sus compañeros con su asimilación del juego directo, su superioridad en el cuerpo a cuerpo y su presencia en el área— para que el colectivo los exprima defendiendo la ventaja en el marcador con uñas, con dientes y con toda su solidez defensiva como hizo ante el Real Madrid, el Cádiz será una certeza competitiva desde el repliegue y la transición. Y también, por supuesto, desde el convencimiento absoluto que rezuman todos sus integrantes en que el camino para la salvación no pasa por otra cosa que por seguir a pies juntillas el lema de la bandera de esa selección pentacampeona de la que usted me habla y que, fíjese qué casualidad… o tal vez no, luce los mismos colores que el Cádiz C.F. Ordenada y progresivamente, a por la permanencia.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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