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Simplemente Antoine

Héctor Ruiz @HectorRuizPardo 10-11-2021

Hay tantas mesas para llenar en el fútbol y nos empeñamos en querer sentarlos tan apretujados que igual de vez en cuando es mejor que nos corra el aire. Incluso a gorrazos. Hubo un tiempo en que Antoine Griezmann parecía debatir de tú a tú con los dos grandes dominadores del fútbol mundial en los últimos quince años. Allá por entonces se intuía la cúspide de su carrera, y por consiguiente, presa para superiores en la cadena alimenticia.

A su marketing no le venían mal las comparaciones, pero qué necesidad. Turbulencias y cantos de karaoke barato para que al final todo se remitiera a un contrato. Cláusula y Barcelona. Coleta y sombra. Goles y desamor. Y yo me sigo preguntando cómo no fueron capaces de entender en la ciudad condal un talento tan pulido. Venía ya en la caja para abrir y degustar. Trabajado, moldeado y domado al fuego de Simeone.

Algo que parecía que sólo podía salir bien nos habla de lo viciado que debía andar el tema por Barcelona. Antoine seguía haciendo goles, pero dicen que no generaba confianza, que su fútbol era caduco y que no encajaba en la filosofía de juego. Nos podemos reír ahora o luego, el tiempo dirá. Lo que parecía abocado a tercer año de relación a disgusto se truncó el 31 de agosto, en el límite, propio de la acción de un tipo tan peculiar.

Dicen que mejor no volver donde fuiste feliz, por si el presente joroba el momento. La jugada del 1-2 en Mestalla del pasado fin de semana deja a muchos en mal lugar. A los que lo predican y a los fantoches de romería. Ese es Antoine. Simplemente él, expresándose al mundo del fútbol desde la mesa que le da la gana. Talento superior, currante superior. Pocas veces un robo, una conducción sónica y un zurdazo devastador desmontaron en 12 segundos las 300 millones de memeces que tuvimos que escuchar.

El gol, este y los anteriores, han quedado grabados en video. Van para la colección, junto a La Decisión, la de quedarse, la de irse y la de volver. Las facturas mejor en papel. Igual aún están a tiempo de ponerse a la cola, porque al fondo de la sala, en aquella mesa, Antoine se las firma encantado.

Imagen de cabecera: Atlético de Madrid

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Hay tantas mesas para llenar en el fútbol y nos empeñamos en querer sentarlos tan apretujados que igual de vez en cuando es mejor que nos corra el aire. Incluso a gorrazos. Hubo un tiempo en que Antoine Griezmann parecía debatir de tú a tú con los dos grandes dominadores del fútbol mundial en los últimos quince años. Allá por entonces se intuía la cúspide de su carrera, y por consiguiente, presa para superiores en la cadena alimenticia.

A su marketing no le venían mal las comparaciones, pero qué necesidad. Turbulencias y cantos de karaoke barato para que al final todo se remitiera a un contrato. Cláusula y Barcelona. Coleta y sombra. Goles y desamor. Y yo me sigo preguntando cómo no fueron capaces de entender en la ciudad condal un talento tan pulido. Venía ya en la caja para abrir y degustar. Trabajado, moldeado y domado al fuego de Simeone.

Algo que parecía que sólo podía salir bien nos habla de lo viciado que debía andar el tema por Barcelona. Antoine seguía haciendo goles, pero dicen que no generaba confianza, que su fútbol era caduco y que no encajaba en la filosofía de juego. Nos podemos reír ahora o luego, el tiempo dirá. Lo que parecía abocado a tercer año de relación a disgusto se truncó el 31 de agosto, en el límite, propio de la acción de un tipo tan peculiar.

Dicen que mejor no volver donde fuiste feliz, por si el presente joroba el momento. La jugada del 1-2 en Mestalla del pasado fin de semana deja a muchos en mal lugar. A los que lo predican y a los fantoches de romería. Ese es Antoine. Simplemente él, expresándose al mundo del fútbol desde la mesa que le da la gana. Talento superior, currante superior. Pocas veces un robo, una conducción sónica y un zurdazo devastador desmontaron en 12 segundos las 300 millones de memeces que tuvimos que escuchar.

El gol, este y los anteriores, han quedado grabados en video. Van para la colección, junto a La Decisión, la de quedarse, la de irse y la de volver. Las facturas mejor en papel. Igual aún están a tiempo de ponerse a la cola, porque al fondo de la sala, en aquella mesa, Antoine se las firma encantado.

Imagen de cabecera: Atlético de Madrid