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¿Quién nos iba a decir…?

¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos echando en falta sobre el césped a Lemar? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 nos acogeríamos como un clavo ardiendo a Marcos Llorente? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos rezando incluso sin ser creyentes porque Carrasco se pudiera clonar y así tenerle en las dos bandas como carrilero? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos necesitando sí o sí la presencia de Mario Hermoso como una pata indispensable de la zaga? Y es que, si alguien venido del futuro nos hubiera dicho todo eso hace apenas unos meses, le habríamos tildado como poco de loco.

Cuando de manera puntual surge algo que se sale de los cánones establecidos, uno puede pensar en un milagro o en un hecho inexplicable. Cuando la alineación de los planetas se produce de manera continua, es obvio que hay algo detrás que lo está manipulando, que lo está toqueteando todo y que tiene una influencia mayúscula para dar explicación a ese resultado increíble.

Si hay algo que acompaña la carrera de Simeone como entrenador del Atlético de Madrid es ese don para recuperar o reorientar jugadores que parecen haber tocado techo, o fondo, pero al que el argentino enchufa como el que más. Contaba Kiko, en un documental especial de hace muchos años, que ya en su primera pretemporada, allá por la década de los 90, Simeone tenía una energía descomunal y que tenerle en el vestuario era como un cargador que revivía las pilas más sulfatadas.

Esa evolución tiene hoy como joya de la corona la figura de Marcos Llorente, que ha pasado de jugador casi residual en el Real Madrid a puntal en el Atlético e internacional absoluto para Luis Enrique. De último hombre en la rotación para Lopetegui, Zidane (y Solari, aunque este sí tiró de él coincidiendo con lesión de Casemiro) a titular indiscutible y máximo generador de goles en el líder. De centrocampista defensivo incompleto a hombre para todo en el ataque. Porque a Simeone tampoco le gustó el desempeño de Llorente como pivote. Y por eso, sus oportunidades se fueron reduciendo a la nada durante el curso pasado hasta que Anfield le coronó, pero el cambio de posición ya había tenido origen un poco antes. Se juntó un poco todo. Que el Atleti se pasó dos meses con muchas bajas y solo 13-14 jugadores de campo disponibles del primer equipo y que en un partido tuvo que reemplazar al jugador de banda derecha para dar descanso y al mirar al banquillo solo estaban cuatro defensas y un portero. Desde entonces, en derecha, mediapunta o delantera, y a veces en las tres a la vez, Llorente es un jugador directamente imparable.

Pero no es, ni mucho menos, la única figura que ha modulado Simeone, que tiene hoy en Carrasco uno de sus mejores activos en ataque… desde la defensa. Y es que ese jugador que se implicaba poco, que solía quedarse descolgado en campo rival y que apenas ponía interés en el repliegue en su primera época de rojiblanco, es hoy crucial para jugar como lateral largo. Ese chico que se marchó a China enfurruñado y con el “me tiene manía” interiorizado porque quería brillar más como delantero, es hoy el primer sacrificado por el equipo en un rol que ya conocía de Bélgica pero que nunca había pulido tanto. Porque sí, Roberto Martínez ya hizo jugar a Carrasco de carrilero zurdo en alguna ocasión, Mundial incluido, aunque prácticamente nunca en partidos exigentes y enseñándole el camino de los vestuarios en ocasiones antes de tiempo. Simeone se atrevió a darle la alternativa ahí ante el Barcelona, quizás el rival más exigente por lo que supone defender, y Carrasco se desmarcó con la jugada del partido, que fue la que a todos les quedó, pero con 90 minutos donde trajo de cabeza a Dembélé y a todo el que por allí pululó. Ahora, ante la ausencia de Trippier, Simeone se tira un envite aún mayor. Carrasco, que detestaba jugar como extremo derecho e incluso en una ocasión se negó a actuar ahí en su primera etapa, apunta a que va a tener muchos minutos como carrilero diestro. Órdago.

Una reconversión que recuerda a Juanfran. Era el de Crevillente un extremo aseadito para jugar en equipos de mitad de tabla. Eso era Osasuna cuando él se fue, y eso era el Atleti cuando él llegó. Pero ni por esas, a Juanfran le daba el nivel justito para ser un suplente decente en el ataque rojiblanco, que contaba con Reyes, Salvio, Adrián, Arda o Diego. En cambio, Simeone hizo de él uno de los mejores laterales del país, también internacional, y le convirtió posiblemente en el mejor jugador de la historia del club en la posición. Y si eso es difícil de comparar, pues hablemos, sin más, de uno de los pesos pesados de la mejor época del Atleti. Y como con Carrasco y Bob Martínez, a Juanfran el primero que le puso ahí fue Gregorio Manzano, pero con más sombras que luces, sin continuidad y sin el nivel mostrado. Al Cholo, por cierto, le viene de serie eso de reconvertir extremos en carrileros. Ya lo hizo con Ezequiel Schelotto en Catania, en una muestra más de que busca profundidad siempre en sus defensas.

Pero la lista no acaba ahí. Raúl García y Diego Costa, a quienes dos cesiones les reavivaron su sentir futbolista, tocaron el cielo con el argentino. Porque Raúl abandonó el Atlético y puso rumbo a Osasuna a préstamo y lo hizo mientras todo el Vicente Calderón silbaba y abucheaba a un jugador que no había encontrado su sitio en el doble pivote más allá de en su primera temporada con Aguirre. Volver a Navarra, donde nuevamente jugó detrás de un delantero, le dio la vida, pero en el retorno al Atleti con Simeone le dio todo lo demás. Por derecha, por izquierda o acompañando a un delantero, Raúl García fue uno de los jugadores clave del equipo en LaLiga 2013-2014 y en el caminar hasta la final de Champions League. Y buena prueba de su estado de forma es que, con un estilo radicalmente opuesto al de la selección española, logró superar esas diferencias y jugar con la absoluta.

El caso de Costa es particular. De descarte lesionado y rebotado al infrafútbol a uno de los mejores delanteros del mundo, que durante un lustro fue el puntal de cada equipo en el que jugó y un quebradero de cabeza para los rivales a los que enfrentó. El de Costa no fue un cambio de posición, por mucho que sus mejores días hasta entonces los hubiera tenido con Mendilibar en Valladolid y en Vallecas acostado al perfil izquierdo, sino que el del Lagarto fue más un lavado de cerebro.

Un Lemar desahuciado que ahora es clave. Un Hermoso que pudo salir hasta el último día de mercado por no haber convencido y que es esencial en la salida de balón. Ahora, con la ausencia de Trippier y las dudas con Vrsaljko, con el rendimiento intermitente de Lodi o con la falta de nivel que está mostrando Felipe, que nadie se sorprenda si Simeone está macerando una idea que nadie se imagina. Volver a ver a Saúl en el carril, hacer de Torreira un central con un juego aéreo sublime, darle la banda derecha entera a Kondogbia o aprovechar el remate y la excentricidad de Felipe para hacer de él un Alexanco permanente. Yo ya me espero cualquier cosa.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos echando en falta sobre el césped a Lemar? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 nos acogeríamos como un clavo ardiendo a Marcos Llorente? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos rezando incluso sin ser creyentes porque Carrasco se pudiera clonar y así tenerle en las dos bandas como carrilero? ¿Quién nos iba a decir, que en pleno 2021 estaríamos necesitando sí o sí la presencia de Mario Hermoso como una pata indispensable de la zaga? Y es que, si alguien venido del futuro nos hubiera dicho todo eso hace apenas unos meses, le habríamos tildado como poco de loco.

Cuando de manera puntual surge algo que se sale de los cánones establecidos, uno puede pensar en un milagro o en un hecho inexplicable. Cuando la alineación de los planetas se produce de manera continua, es obvio que hay algo detrás que lo está manipulando, que lo está toqueteando todo y que tiene una influencia mayúscula para dar explicación a ese resultado increíble.

Si hay algo que acompaña la carrera de Simeone como entrenador del Atlético de Madrid es ese don para recuperar o reorientar jugadores que parecen haber tocado techo, o fondo, pero al que el argentino enchufa como el que más. Contaba Kiko, en un documental especial de hace muchos años, que ya en su primera pretemporada, allá por la década de los 90, Simeone tenía una energía descomunal y que tenerle en el vestuario era como un cargador que revivía las pilas más sulfatadas.

Esa evolución tiene hoy como joya de la corona la figura de Marcos Llorente, que ha pasado de jugador casi residual en el Real Madrid a puntal en el Atlético e internacional absoluto para Luis Enrique. De último hombre en la rotación para Lopetegui, Zidane (y Solari, aunque este sí tiró de él coincidiendo con lesión de Casemiro) a titular indiscutible y máximo generador de goles en el líder. De centrocampista defensivo incompleto a hombre para todo en el ataque. Porque a Simeone tampoco le gustó el desempeño de Llorente como pivote. Y por eso, sus oportunidades se fueron reduciendo a la nada durante el curso pasado hasta que Anfield le coronó, pero el cambio de posición ya había tenido origen un poco antes. Se juntó un poco todo. Que el Atleti se pasó dos meses con muchas bajas y solo 13-14 jugadores de campo disponibles del primer equipo y que en un partido tuvo que reemplazar al jugador de banda derecha para dar descanso y al mirar al banquillo solo estaban cuatro defensas y un portero. Desde entonces, en derecha, mediapunta o delantera, y a veces en las tres a la vez, Llorente es un jugador directamente imparable.

Pero no es, ni mucho menos, la única figura que ha modulado Simeone, que tiene hoy en Carrasco uno de sus mejores activos en ataque… desde la defensa. Y es que ese jugador que se implicaba poco, que solía quedarse descolgado en campo rival y que apenas ponía interés en el repliegue en su primera época de rojiblanco, es hoy crucial para jugar como lateral largo. Ese chico que se marchó a China enfurruñado y con el “me tiene manía” interiorizado porque quería brillar más como delantero, es hoy el primer sacrificado por el equipo en un rol que ya conocía de Bélgica pero que nunca había pulido tanto. Porque sí, Roberto Martínez ya hizo jugar a Carrasco de carrilero zurdo en alguna ocasión, Mundial incluido, aunque prácticamente nunca en partidos exigentes y enseñándole el camino de los vestuarios en ocasiones antes de tiempo. Simeone se atrevió a darle la alternativa ahí ante el Barcelona, quizás el rival más exigente por lo que supone defender, y Carrasco se desmarcó con la jugada del partido, que fue la que a todos les quedó, pero con 90 minutos donde trajo de cabeza a Dembélé y a todo el que por allí pululó. Ahora, ante la ausencia de Trippier, Simeone se tira un envite aún mayor. Carrasco, que detestaba jugar como extremo derecho e incluso en una ocasión se negó a actuar ahí en su primera etapa, apunta a que va a tener muchos minutos como carrilero diestro. Órdago.

Una reconversión que recuerda a Juanfran. Era el de Crevillente un extremo aseadito para jugar en equipos de mitad de tabla. Eso era Osasuna cuando él se fue, y eso era el Atleti cuando él llegó. Pero ni por esas, a Juanfran le daba el nivel justito para ser un suplente decente en el ataque rojiblanco, que contaba con Reyes, Salvio, Adrián, Arda o Diego. En cambio, Simeone hizo de él uno de los mejores laterales del país, también internacional, y le convirtió posiblemente en el mejor jugador de la historia del club en la posición. Y si eso es difícil de comparar, pues hablemos, sin más, de uno de los pesos pesados de la mejor época del Atleti. Y como con Carrasco y Bob Martínez, a Juanfran el primero que le puso ahí fue Gregorio Manzano, pero con más sombras que luces, sin continuidad y sin el nivel mostrado. Al Cholo, por cierto, le viene de serie eso de reconvertir extremos en carrileros. Ya lo hizo con Ezequiel Schelotto en Catania, en una muestra más de que busca profundidad siempre en sus defensas.

Pero la lista no acaba ahí. Raúl García y Diego Costa, a quienes dos cesiones les reavivaron su sentir futbolista, tocaron el cielo con el argentino. Porque Raúl abandonó el Atlético y puso rumbo a Osasuna a préstamo y lo hizo mientras todo el Vicente Calderón silbaba y abucheaba a un jugador que no había encontrado su sitio en el doble pivote más allá de en su primera temporada con Aguirre. Volver a Navarra, donde nuevamente jugó detrás de un delantero, le dio la vida, pero en el retorno al Atleti con Simeone le dio todo lo demás. Por derecha, por izquierda o acompañando a un delantero, Raúl García fue uno de los jugadores clave del equipo en LaLiga 2013-2014 y en el caminar hasta la final de Champions League. Y buena prueba de su estado de forma es que, con un estilo radicalmente opuesto al de la selección española, logró superar esas diferencias y jugar con la absoluta.

El caso de Costa es particular. De descarte lesionado y rebotado al infrafútbol a uno de los mejores delanteros del mundo, que durante un lustro fue el puntal de cada equipo en el que jugó y un quebradero de cabeza para los rivales a los que enfrentó. El de Costa no fue un cambio de posición, por mucho que sus mejores días hasta entonces los hubiera tenido con Mendilibar en Valladolid y en Vallecas acostado al perfil izquierdo, sino que el del Lagarto fue más un lavado de cerebro.

Un Lemar desahuciado que ahora es clave. Un Hermoso que pudo salir hasta el último día de mercado por no haber convencido y que es esencial en la salida de balón. Ahora, con la ausencia de Trippier y las dudas con Vrsaljko, con el rendimiento intermitente de Lodi o con la falta de nivel que está mostrando Felipe, que nadie se sorprenda si Simeone está macerando una idea que nadie se imagina. Volver a ver a Saúl en el carril, hacer de Torreira un central con un juego aéreo sublime, darle la banda derecha entera a Kondogbia o aprovechar el remate y la excentricidad de Felipe para hacer de él un Alexanco permanente. Yo ya me espero cualquier cosa.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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