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Por ancho camino

El recién nacido Real Betis de Manuel Pellegrini ya ha conseguido dos hitos con respecto al desastroso rendimiento vivido durante todo el curso pasado en Heliópolis, con Rubi al frente del equipo: ha ganado el mismo número de partidos fuera de casa y ha enlazado el mismo número de victorias consecutivas. Y lo ha hecho en las dos primeras jornadas de campeonato, en las que además ha conseguido mantener su portería a cero en ambos encuentros, demostrando que los verdiblancos, que tampoco han vivido ningún tipo de revolución en su plantilla, no necesitaban tantos retoques a nivel táctico para conseguir ser un equipo muchísimo mejor de lo que eran.

El chileno ha llegado a Sevilla con una idea muy clara desde el primer día. Con balón ha asentado un 4-2-3-1 dinámico y con constantes intercambios en la línea de mediapuntas para dar alas a sus grandes talentos creativos para eso mismo, para crear. Y sin balón la apuesta es un 4-4-2 bastante agresivo tras pérdida —muy estudiada la forma de presionar arriba en función del rival y de sus características e involucrando principalmente a los cuatro más adelantados— para evitar ser rajado por la transición ofensiva del contrario y tener que correr hacia atrás en desventaja, mientras que en campo propio, si no se recupera arriba, cuenta con un carril central mucho mejor poblado donde está logrando controlar notablemente el espacio entre los centrales —muy pendientes de alzar la línea para tirar el fuera de juego y evitar así tener que defender demasiadas veces en el área, donde no son zagueros muy duchos— y el doble pivote.

Pellegrini siempre ha apostado en la sala de máquinas por parejas ordenadas, de buen manejo, cierta capacidad de sacrificio y muy complementarias. Tanto como lo están siendo Guido Rodríguez y William Carvalho. El argentino, con sus ayudas laterales, despliegue y actividad defensiva, está permitiendo al luso no sentirse superado a campo abierto y poder tener el vuelo y el panorama hacia delante que tanto le gustan y que tan bien le sientan a su facilidad para filtrar pases y jugar de cara. Por si no fuese suficiente, Guido, que tampoco deja de acompañar la jugada arriba si se dan las circunstancias adecuadas, es la pieza que está encargándose del primer pase, teniendo asumir la responsabilidad y el riesgo de recoger el balón muchas veces de espalda y sin contar tampoco con una gran cintura, lo que no hace otra cosa que ponerle a Carvalho el contexto ideal para que pueda brillar, como ya hizo ante el Valladolid.

Todo lo que transmite Pellegrini desde su aterrizaje en el Betis es serenidad competitiva, control de las situaciones, minimización de riesgos, coherencia con sus mayores certezas y un marcado gusto por el buen trato de balón y la asociación a dos toques, prescindiendo de grandes complejidades superfluas. Sin ir más lejos, el peso de la distribución ha pasado de los centrales, que dejan de estar tan expuestos, a los mediocentros y así no dejar de contar nunca detrás con una red de seguridad muy fiable ante la posibilidad de que se produzcan pérdidas peligrosas en la salida de balón. Un control que también se inyecta a través de posesiones defensivas con marcador a favor con las que reforzar su redimensionado empaque defensivo.

Para esta mayor sensación de seguridad era fundamental hacer un cambio en la portería. La llegada de Claudio Bravo ha terminado de raíz con las dudas en torno a Joel Robles y está transmitiendo una seguridad tremenda en todo el sistema defensivo, y en particular en los dos centrales, de la que el Betis se está alimentado para crecer como equipo. No se trata del número de paradas, sino más bien de su importancia. Al Betis solo le han disparado cuatro veces entre los palos en sus dos primeros partidos de Liga, sin embargo, ha sido en los momentos cruciales en los que ha aparecido el ex del Manchester City para mantener de pie al cuadro verdiblanco, permitiéndole seguir masticando el encuentro con su dominio de la posesión hasta que llegase el 1-0 a favor y evitando el 0-1 en contra en la primera ocasión de peligro del rival.

Como valor añadido, el meta chileno supone una mejora en largo tremendamente interesante para acelerar los ataques, para poner a los elementos de más calidad en situaciones ventajosas en campo rival con un solo envío —ya sea buscando al nueve para que gane por alto y se recoja la segunda jugada o de un pase con todas las de la ley—, para poder replegar y contemporizar en bloque medio, tomar aire y sentir que el equipo es capaz de manejar ritmos y contextos y, a la vez, situarse arriba de una forma más directa haciendo además que al rival le entren muchísimas dudas sobre si ir a apretar arriba o esperar en su propia mitad. Dudas que están siendo muy valiosas para que el planteamiento de los de Pellegrini siga imponiéndose, en un síntoma más de la versión tan madura y tan eficaz que estamos viendo por parte verdiblanca.

El Betis ha ganado los dos encuentros que ha disputado este curso.

Aunque el ritmo ofensivo se ha normalizado y se ha puesto fin a la voluntad de Rubi de armar ataques rápidos y excesivamente verticales llevando el balón a los laterales en campo propio para que lo trasladasen individualmente, y también se ha acabado el parche flagrante que suponía que Sergio Canales o Nabil Fekir bajasen a recoger el cuero de los centrales al círculo central, Pellegrini es, en este mismo sentido, un entrenador que busca de forma constante la progresión hacia campo rival, de ahí que sea tan importante la movilidad de los hombres de tres cuartos para ofrecer líneas de pase y obtener recepciones en la zona de más talento del equipo a través de los pasillos interiores para así redoblar las opciones posteriores: pase filtrado al desmarque, diagonal, tiro lejano, cambio de orientación, centro, esperar la subida del lateral…

Una vez allí —he aquí otra de las grandes diferencias en fase ofensiva—, una de las acciones más típicas está siendo el desdoble del lateral, por dentro o por fuera en función de si el volante está a pie cambiado o a pie natural, para poner un pase al área, un centro al punto de penalti o jugar nuevamente atrás hacia el pico del área. Un movimiento que está funcionando, como demuestra el hecho de que Canales (9) y Emerson (6) sean los actuales líderes de La Liga en número de pases clave. En este sentido, los laterales están más compensados y contenidos que el año pasado. No profundizan si antes no se ha asentado el ataque y no se ha liberado el carril exterior para sus subidas acumulando combinaciones por dentro, lo que provoca que puedan llegar en carrera y sorprender. Algo crucial con tantos futbolistas en esa zona que prefieren recibir al pie.

Este es un ataque tipo que, sin duda, busca mejorar las sinergias entre el mediapunta, los jugadores que parten de los extremos y el delantero centro en los dos espacios intermedios. La apuesta por Borja Iglesias parece firme, al menos hasta ahora, y el punta gallego está acudiendo bien a los apoyos y leyendo con sentido las zonas que debe atacar, pero se le sigue viendo pesado de movimientos, peleado con su cuerpo, muy lejos en tiempo y forma de su última buena racha goleadora —tanto que fue cuando aún estaba en el Espanyol—, poco fino en el primer toque y llegando tarde a rellenar el área, ya de por sí en inferioridad para el cuadro verdiblanco, después de venir fuera a descargar. Es evidente que Borja Iglesias es la pieza que le falta por ensamblar al técnico chileno, pero aún más evidente que el Betis necesita enchufar cuanto antes a uno de sus nueves para que este aporte volumen y precisión y el equipo no se quede sin punch.

Es cierto que a veces pueden faltar más conexiones por detrás con el nueve. De ahí que parezcan muy importantes en el corto plazo las rupturas y cortes hacia el área desde el lado izquierdo que pueda sumar el sistema para mejorar la peligrosidad de todo el equipo. Una buena idea a nivel táctico podría ser el hecho de juntar a Canales con Fekir en el pico derecho del área y hacer de ese sector el lado claramente fuerte en ataque —con la seguridad que supone tener a Guido cubriendo las espaldas de Emerson—, contando además con la apertura con el pie natural abierto del cántabro o el francés hacia las llegadas en carrera desde una banda izquierda que podría redoblar su impacto y aumentar la productividad del colectivo. Si el Betis pudiese sumar un lateral en ese perfil más compacto y de mayor talento defensivo que Álex Moreno, Pellegrini podría optar por un extremo más puro delante como es Cristian Tello, enfocado al desborde y a la diagonal, o por un segundo delantero, como es Juanmi, que sepa moverse de forma casi indetectable hacia el segundo palo, atacar el remate tras los pases atrás de Emerson desde la línea de fondo en el punto de penalti o aprovechar rechaces en el área.

Ya ha resuelto unas cuantas, pero Pellegrini no estará exento de afrontar varias dificultades tácticas más a lo largo de la temporada que a buen seguro harán acto de presencia, en mayor o menor medida. Más allá de la falta de feeling de Borja Iglesias consigo mismo y de los problemas en los duelos defensivos de Álex Moreno cuando le toca defender abajo, el Betis deberá resolver los problemas que arrastra en las jugadas a balón parado en contra, el hecho de encontrar escalones para salir por abajo desde atrás con un doble pivote tan paralelo o la falta de fluidez en la circulación de Fekir, y no dejar que rebroten otros que parecen controlados como los segundos extra que se toma Carvalho en la gestión del balón, las dudas de Bartra y Mandi defendiendo el área y controlando su ímpetu a campo abierto, o el tema de los desmarques más cortos o más largos —y su grado de velocidad de piernas y capacidad de daño— del nueve, si Borja no empieza a mostrarse más ligero para moverse entre centrales y al espacio.

Ha resuelto problemas, como decimos, y se ha sacado unos cuantos recursos de la manga, como el creciente poderío que está manejando el equipo desde el banquillo para poder cambiar cosas sobre la marcha con nombres como los ya citados Juanmi o Tello, un extremo al uso, potente y comprometido como Aitor Ruibal, un agitador de defensas hiperactivo como es Diego Lainez en un año que será decisivo para él, el hecho de contar con dos delanteros centros de refresco y de diferente perfil siempre a su disposición para poder elegir la opción más adecuada, o la posibilidad de retrasar a Canales al doble pivote para incluir a una pieza ofensiva más, ganar dos alturas en la medular e inyectar mucha verticalidad, desborde interior y ritmo en la posesión.

Manuel Pellegrini está construyendo un Betis menos radical en sus preceptos, más compensado, que se mueve bien en el término medio, sin dejar por ello de proponer un estilo acorde a su plantilla. El chileno parece tener todo muy claro en este inicio de temporada, al menos mientras los rivales se adaptan y la competición va descubriendo cuál es su lugar real en la clasificación. Faltan algunos perfiles para poder luchar todo el año en zona de Europa League, pero el objetivo no es otro que ese, declarado abiertamente por el propio técnico verdiblanco en su rueda de prensa de presentación: Europa. Lo dicho, las cosas claras desde el primer día.

Por otro lado, su Betis es ágil en la circulación, promueve reiniciar muchos ataques directamente en campo rival gracias a su presión tras pérdida, sabe cambiar de ritmo en función del momento del partido, está mostrando una sensación de control muy convincente y una lejanía de los sustos innecesarios y los tiros en el pie típica de las dos últimas temporadas. Motivos sobrados para creer que la senda táctica que ha tomado le acercará al objetivo y a construir un equipo más equilibrado dentro de una idea siempre propositiva y creativa. Justo la receta que necesitaba el club en este momento, con el perfil de técnico más adecuado por la tranquilidad que transmite y por su brillante experiencia en realidades semejantes a la que ahora afronta.

Como decía uno de sus más célebres compatriotas, al que desconozco si Manuel Pellegrini admira pero que a buen seguro conoce, porque en Chile es imposible no hacerlo, “vamos por ancho camino, nacerá un nuevo destino”. Y el Betis del ‘Ingeniero’ está comenzando a sentir como propia, sin saberlo, la letra de la canción. Sin prisa pero sin pausa, sin atajos pero con paso firme, seguro, sereno, decidido y tomando la dirección más recta posible hacia el anhelado destino de convertirse en un equipo plenamente competitivo, de sentirlo así en la cotidianeidad de cada partido, mientras su fútbol vuelve a tatarear una agradable musiquilla automatizada, como quien mientras está trabajando duro y de manera constante es capaz de sentirse, al mismo tiempo, satisfecho consigo mismo. Resolutivo. Productivo. Eficiente. Sólido. Ganador. Feliz y contento. Todas las cosas que el Betis dejó de ser. Todas las cosas que quiere volver a ser.

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El recién nacido Real Betis de Manuel Pellegrini ya ha conseguido dos hitos con respecto al desastroso rendimiento vivido durante todo el curso pasado en Heliópolis, con Rubi al frente del equipo: ha ganado el mismo número de partidos fuera de casa y ha enlazado el mismo número de victorias consecutivas. Y lo ha hecho en las dos primeras jornadas de campeonato, en las que además ha conseguido mantener su portería a cero en ambos encuentros, demostrando que los verdiblancos, que tampoco han vivido ningún tipo de revolución en su plantilla, no necesitaban tantos retoques a nivel táctico para conseguir ser un equipo muchísimo mejor de lo que eran.

El chileno ha llegado a Sevilla con una idea muy clara desde el primer día. Con balón ha asentado un 4-2-3-1 dinámico y con constantes intercambios en la línea de mediapuntas para dar alas a sus grandes talentos creativos para eso mismo, para crear. Y sin balón la apuesta es un 4-4-2 bastante agresivo tras pérdida —muy estudiada la forma de presionar arriba en función del rival y de sus características e involucrando principalmente a los cuatro más adelantados— para evitar ser rajado por la transición ofensiva del contrario y tener que correr hacia atrás en desventaja, mientras que en campo propio, si no se recupera arriba, cuenta con un carril central mucho mejor poblado donde está logrando controlar notablemente el espacio entre los centrales —muy pendientes de alzar la línea para tirar el fuera de juego y evitar así tener que defender demasiadas veces en el área, donde no son zagueros muy duchos— y el doble pivote.

Pellegrini siempre ha apostado en la sala de máquinas por parejas ordenadas, de buen manejo, cierta capacidad de sacrificio y muy complementarias. Tanto como lo están siendo Guido Rodríguez y William Carvalho. El argentino, con sus ayudas laterales, despliegue y actividad defensiva, está permitiendo al luso no sentirse superado a campo abierto y poder tener el vuelo y el panorama hacia delante que tanto le gustan y que tan bien le sientan a su facilidad para filtrar pases y jugar de cara. Por si no fuese suficiente, Guido, que tampoco deja de acompañar la jugada arriba si se dan las circunstancias adecuadas, es la pieza que está encargándose del primer pase, teniendo asumir la responsabilidad y el riesgo de recoger el balón muchas veces de espalda y sin contar tampoco con una gran cintura, lo que no hace otra cosa que ponerle a Carvalho el contexto ideal para que pueda brillar, como ya hizo ante el Valladolid.

Todo lo que transmite Pellegrini desde su aterrizaje en el Betis es serenidad competitiva, control de las situaciones, minimización de riesgos, coherencia con sus mayores certezas y un marcado gusto por el buen trato de balón y la asociación a dos toques, prescindiendo de grandes complejidades superfluas. Sin ir más lejos, el peso de la distribución ha pasado de los centrales, que dejan de estar tan expuestos, a los mediocentros y así no dejar de contar nunca detrás con una red de seguridad muy fiable ante la posibilidad de que se produzcan pérdidas peligrosas en la salida de balón. Un control que también se inyecta a través de posesiones defensivas con marcador a favor con las que reforzar su redimensionado empaque defensivo.

Para esta mayor sensación de seguridad era fundamental hacer un cambio en la portería. La llegada de Claudio Bravo ha terminado de raíz con las dudas en torno a Joel Robles y está transmitiendo una seguridad tremenda en todo el sistema defensivo, y en particular en los dos centrales, de la que el Betis se está alimentado para crecer como equipo. No se trata del número de paradas, sino más bien de su importancia. Al Betis solo le han disparado cuatro veces entre los palos en sus dos primeros partidos de Liga, sin embargo, ha sido en los momentos cruciales en los que ha aparecido el ex del Manchester City para mantener de pie al cuadro verdiblanco, permitiéndole seguir masticando el encuentro con su dominio de la posesión hasta que llegase el 1-0 a favor y evitando el 0-1 en contra en la primera ocasión de peligro del rival.

Como valor añadido, el meta chileno supone una mejora en largo tremendamente interesante para acelerar los ataques, para poner a los elementos de más calidad en situaciones ventajosas en campo rival con un solo envío —ya sea buscando al nueve para que gane por alto y se recoja la segunda jugada o de un pase con todas las de la ley—, para poder replegar y contemporizar en bloque medio, tomar aire y sentir que el equipo es capaz de manejar ritmos y contextos y, a la vez, situarse arriba de una forma más directa haciendo además que al rival le entren muchísimas dudas sobre si ir a apretar arriba o esperar en su propia mitad. Dudas que están siendo muy valiosas para que el planteamiento de los de Pellegrini siga imponiéndose, en un síntoma más de la versión tan madura y tan eficaz que estamos viendo por parte verdiblanca.

El Betis ha ganado los dos encuentros que ha disputado este curso.

Aunque el ritmo ofensivo se ha normalizado y se ha puesto fin a la voluntad de Rubi de armar ataques rápidos y excesivamente verticales llevando el balón a los laterales en campo propio para que lo trasladasen individualmente, y también se ha acabado el parche flagrante que suponía que Sergio Canales o Nabil Fekir bajasen a recoger el cuero de los centrales al círculo central, Pellegrini es, en este mismo sentido, un entrenador que busca de forma constante la progresión hacia campo rival, de ahí que sea tan importante la movilidad de los hombres de tres cuartos para ofrecer líneas de pase y obtener recepciones en la zona de más talento del equipo a través de los pasillos interiores para así redoblar las opciones posteriores: pase filtrado al desmarque, diagonal, tiro lejano, cambio de orientación, centro, esperar la subida del lateral…

Una vez allí —he aquí otra de las grandes diferencias en fase ofensiva—, una de las acciones más típicas está siendo el desdoble del lateral, por dentro o por fuera en función de si el volante está a pie cambiado o a pie natural, para poner un pase al área, un centro al punto de penalti o jugar nuevamente atrás hacia el pico del área. Un movimiento que está funcionando, como demuestra el hecho de que Canales (9) y Emerson (6) sean los actuales líderes de La Liga en número de pases clave. En este sentido, los laterales están más compensados y contenidos que el año pasado. No profundizan si antes no se ha asentado el ataque y no se ha liberado el carril exterior para sus subidas acumulando combinaciones por dentro, lo que provoca que puedan llegar en carrera y sorprender. Algo crucial con tantos futbolistas en esa zona que prefieren recibir al pie.

Este es un ataque tipo que, sin duda, busca mejorar las sinergias entre el mediapunta, los jugadores que parten de los extremos y el delantero centro en los dos espacios intermedios. La apuesta por Borja Iglesias parece firme, al menos hasta ahora, y el punta gallego está acudiendo bien a los apoyos y leyendo con sentido las zonas que debe atacar, pero se le sigue viendo pesado de movimientos, peleado con su cuerpo, muy lejos en tiempo y forma de su última buena racha goleadora —tanto que fue cuando aún estaba en el Espanyol—, poco fino en el primer toque y llegando tarde a rellenar el área, ya de por sí en inferioridad para el cuadro verdiblanco, después de venir fuera a descargar. Es evidente que Borja Iglesias es la pieza que le falta por ensamblar al técnico chileno, pero aún más evidente que el Betis necesita enchufar cuanto antes a uno de sus nueves para que este aporte volumen y precisión y el equipo no se quede sin punch.

Es cierto que a veces pueden faltar más conexiones por detrás con el nueve. De ahí que parezcan muy importantes en el corto plazo las rupturas y cortes hacia el área desde el lado izquierdo que pueda sumar el sistema para mejorar la peligrosidad de todo el equipo. Una buena idea a nivel táctico podría ser el hecho de juntar a Canales con Fekir en el pico derecho del área y hacer de ese sector el lado claramente fuerte en ataque —con la seguridad que supone tener a Guido cubriendo las espaldas de Emerson—, contando además con la apertura con el pie natural abierto del cántabro o el francés hacia las llegadas en carrera desde una banda izquierda que podría redoblar su impacto y aumentar la productividad del colectivo. Si el Betis pudiese sumar un lateral en ese perfil más compacto y de mayor talento defensivo que Álex Moreno, Pellegrini podría optar por un extremo más puro delante como es Cristian Tello, enfocado al desborde y a la diagonal, o por un segundo delantero, como es Juanmi, que sepa moverse de forma casi indetectable hacia el segundo palo, atacar el remate tras los pases atrás de Emerson desde la línea de fondo en el punto de penalti o aprovechar rechaces en el área.

Ya ha resuelto unas cuantas, pero Pellegrini no estará exento de afrontar varias dificultades tácticas más a lo largo de la temporada que a buen seguro harán acto de presencia, en mayor o menor medida. Más allá de la falta de feeling de Borja Iglesias consigo mismo y de los problemas en los duelos defensivos de Álex Moreno cuando le toca defender abajo, el Betis deberá resolver los problemas que arrastra en las jugadas a balón parado en contra, el hecho de encontrar escalones para salir por abajo desde atrás con un doble pivote tan paralelo o la falta de fluidez en la circulación de Fekir, y no dejar que rebroten otros que parecen controlados como los segundos extra que se toma Carvalho en la gestión del balón, las dudas de Bartra y Mandi defendiendo el área y controlando su ímpetu a campo abierto, o el tema de los desmarques más cortos o más largos —y su grado de velocidad de piernas y capacidad de daño— del nueve, si Borja no empieza a mostrarse más ligero para moverse entre centrales y al espacio.

Ha resuelto problemas, como decimos, y se ha sacado unos cuantos recursos de la manga, como el creciente poderío que está manejando el equipo desde el banquillo para poder cambiar cosas sobre la marcha con nombres como los ya citados Juanmi o Tello, un extremo al uso, potente y comprometido como Aitor Ruibal, un agitador de defensas hiperactivo como es Diego Lainez en un año que será decisivo para él, el hecho de contar con dos delanteros centros de refresco y de diferente perfil siempre a su disposición para poder elegir la opción más adecuada, o la posibilidad de retrasar a Canales al doble pivote para incluir a una pieza ofensiva más, ganar dos alturas en la medular e inyectar mucha verticalidad, desborde interior y ritmo en la posesión.

Manuel Pellegrini está construyendo un Betis menos radical en sus preceptos, más compensado, que se mueve bien en el término medio, sin dejar por ello de proponer un estilo acorde a su plantilla. El chileno parece tener todo muy claro en este inicio de temporada, al menos mientras los rivales se adaptan y la competición va descubriendo cuál es su lugar real en la clasificación. Faltan algunos perfiles para poder luchar todo el año en zona de Europa League, pero el objetivo no es otro que ese, declarado abiertamente por el propio técnico verdiblanco en su rueda de prensa de presentación: Europa. Lo dicho, las cosas claras desde el primer día.

Por otro lado, su Betis es ágil en la circulación, promueve reiniciar muchos ataques directamente en campo rival gracias a su presión tras pérdida, sabe cambiar de ritmo en función del momento del partido, está mostrando una sensación de control muy convincente y una lejanía de los sustos innecesarios y los tiros en el pie típica de las dos últimas temporadas. Motivos sobrados para creer que la senda táctica que ha tomado le acercará al objetivo y a construir un equipo más equilibrado dentro de una idea siempre propositiva y creativa. Justo la receta que necesitaba el club en este momento, con el perfil de técnico más adecuado por la tranquilidad que transmite y por su brillante experiencia en realidades semejantes a la que ahora afronta.

Como decía uno de sus más célebres compatriotas, al que desconozco si Manuel Pellegrini admira pero que a buen seguro conoce, porque en Chile es imposible no hacerlo, “vamos por ancho camino, nacerá un nuevo destino”. Y el Betis del ‘Ingeniero’ está comenzando a sentir como propia, sin saberlo, la letra de la canción. Sin prisa pero sin pausa, sin atajos pero con paso firme, seguro, sereno, decidido y tomando la dirección más recta posible hacia el anhelado destino de convertirse en un equipo plenamente competitivo, de sentirlo así en la cotidianeidad de cada partido, mientras su fútbol vuelve a tatarear una agradable musiquilla automatizada, como quien mientras está trabajando duro y de manera constante es capaz de sentirse, al mismo tiempo, satisfecho consigo mismo. Resolutivo. Productivo. Eficiente. Sólido. Ganador. Feliz y contento. Todas las cosas que el Betis dejó de ser. Todas las cosas que quiere volver a ser.