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Pareja de baile

José Gavilán @futbol_internac 25-06-2018

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Suena la música en Colombia. José Pekerman mira a la pista y
busca una pareja de baile. Los localiza. A ritmo de Cumbia, James Rodríguez y
Juan Fernando Quintero se engalanan con pantalón y camisa blanca, pañuelo rojo
y sombrero ‘vueltiao’. Nadie se mueve como ellos.

Si Colombia quiere ser una alternativa a las grandes
selecciones del mundo, James y Quintero son necesarios. Tras el primer
encuentro contra Japón y ante las adversidades sufridas frente a los nipones,
Pekerman decidió apostar por el talento para reencontrarse en pleno torneo.
Escoltados por un Wilmar Barrios imperial, la libertad otorgada por el
seleccionador cafetero a sus dos hombres más creativos, dotó a Colombia de
frescura, ilusión y magia ante Polonia.

La confianza es importante para dos futbolistas que se
desenvuelven por el terreno de juego como si de una cumbiamba se tratase. La
destreza que demuestran con el balón la ejecutan a la perfección si se sienten
respaldados por su técnico. En ese contexto, James y Quintero devuelven con
espontaneidad el crédito otorgado. Y lo hacen bailando sobre el césped. Buscándose,
encontrándose. Jupp Heynckes y Marcelo Gallardo han sido fundamentales para recuperar
el fútbol de dos jugadores que se olvidaron de sus habilidades durante un
tiempo. En Múnich y Buenos Aires, esta pareja de baile ensayó por separado para
moverse al mismo ritmo en Rusia.

Mientras Pekerman siga apostando por la misma sintonía,
Colombia soñará con no parar de danzar. El compás que marcan James y Quintero con
sus botas de fútbol seduce al país cafetero, y al mundo. El encanto que se
produce cuando se eligen para bailar hechiza al rival hasta el punto de
nublarles la vista. Se contonean. Disfrutan. Juegan. Ganan.

James y Quintero. Quintero y James. La pareja que acaba con
el falso mito de la ‘compatibilidad’. Y es que cuando el talento se multiplica
por dos, también lo hace el fútbol. Suena la música en Rusia, y lo hace a ritmo
de Cumbia.

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Suena la música en Colombia. José Pekerman mira a la pista y
busca una pareja de baile. Los localiza. A ritmo de Cumbia, James Rodríguez y
Juan Fernando Quintero se engalanan con pantalón y camisa blanca, pañuelo rojo
y sombrero ‘vueltiao’. Nadie se mueve como ellos.

Si Colombia quiere ser una alternativa a las grandes
selecciones del mundo, James y Quintero son necesarios. Tras el primer
encuentro contra Japón y ante las adversidades sufridas frente a los nipones,
Pekerman decidió apostar por el talento para reencontrarse en pleno torneo.
Escoltados por un Wilmar Barrios imperial, la libertad otorgada por el
seleccionador cafetero a sus dos hombres más creativos, dotó a Colombia de
frescura, ilusión y magia ante Polonia.

La confianza es importante para dos futbolistas que se
desenvuelven por el terreno de juego como si de una cumbiamba se tratase. La
destreza que demuestran con el balón la ejecutan a la perfección si se sienten
respaldados por su técnico. En ese contexto, James y Quintero devuelven con
espontaneidad el crédito otorgado. Y lo hacen bailando sobre el césped. Buscándose,
encontrándose. Jupp Heynckes y Marcelo Gallardo han sido fundamentales para recuperar
el fútbol de dos jugadores que se olvidaron de sus habilidades durante un
tiempo. En Múnich y Buenos Aires, esta pareja de baile ensayó por separado para
moverse al mismo ritmo en Rusia.

Mientras Pekerman siga apostando por la misma sintonía,
Colombia soñará con no parar de danzar. El compás que marcan James y Quintero con
sus botas de fútbol seduce al país cafetero, y al mundo. El encanto que se
produce cuando se eligen para bailar hechiza al rival hasta el punto de
nublarles la vista. Se contonean. Disfrutan. Juegan. Ganan.

James y Quintero. Quintero y James. La pareja que acaba con
el falso mito de la ‘compatibilidad’. Y es que cuando el talento se multiplica
por dos, también lo hace el fútbol. Suena la música en Rusia, y lo hace a ritmo
de Cumbia.

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