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Papudona

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 30-09-2020

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Atalanta Papu Gómez

Volvía la Atalanta a disputar un partido de Serie A y con ella lo hacía su líder y guía espiritual sobre el césped, al que le bastaron los primeros 42 minutos para marcar un golazo, dejar dos asistencias dignas de un prestidigitador y dejar prácticamente resuelta la remontada de su equipo ante el Torino. El futbolista del que cada temporada que pasa se afirma a viva voz y se escribe con ríos de tinta inane que ya ha alcanzado su mejor versión posible y, sin embargo, cada temporada que pasa don Alejandro Darío Gómez consigue superarse a sí mismo. Y es que desde el paso paulatino de Gian Piero Gasperini del 3-4-2-1 al 3-4-1-2, introducido en la 2018/2019, con su petiso geniecillo argentino instalado como eje central de todo su sistema para sujetarlo ahora en ambas mitades, el hombre más conocido con el mundano sobrenombre de ‘Papu’ ha adquirido una nueva dimensión en su camino hacia su asegurada conversión en un D10S para su Dea. El mito que ya estaba allí cuando todo comenzó a cambiar de un modo inimaginable.

Lo que está haciendo el ‘Papu’ desde entonces en el sistema de la Atalanta ha sido pasar de ser un atacante unidimensional en su muestrario de acciones, acostado a la banda izquierda para jugar a pie cambiado y potenciar su capacidad para el último toque y el remate de rosca al palo largo, a actuar como trequartista con libertad de movimientos, a seguir cayendo a los costados como el extremo con tendencia interior que siempre ha sido hasta que Gasperini le cambió la carrera, a recibir escorado para tener recorrido hacia el área como un interior o a recoger el balón de los centrales para organizar cada ataque. Todo a la vez. Iniciar, distribuir, lanzar, recibir entre centrales o entre líneas, girar, conducir, regatear, acelerar, pausar, filtrar, juntar, abrir, pisar, centrar, rematar. Disfrutar y mandar. Ver lo que otros no ven, actuar en todas las zonas y alturas, pensar y crear. Un rol totalizador propio de otro tiempo y de unos pocos elegidos.

En cierto modo, es lo mismo que hacían Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff, Michel Platini o Diego Armando Maradona: jugar por dónde querían para ayudar al equipo donde ellos consideraban que tenían que ayudarlo para que este jugase donde ellos consideraban que tenía que hacerlo y así poder alcanzar en cada ataque las zonas del campo que más les beneficiaba alcanzar a título individual. Es decir, interpretar el juego en su totalidad con su talento entre un millón, salvo que, en el caso particular del ‘Papu’, su extrema flexibilidad posicional se desarrolla a lo largo de unos rieles preestablecidos y unos patrones tácticos, esos por los que debe transitar la maniobra ofensiva de la Atalanta, bastante más definidos por parte de su entrenador y, por tanto, dejados en menor grado a la improvisación, a pesar de que su creatividad es la encargada de exaltar todo a su paso. El ‘Papu’ actual es un jugador vintage y, al mismo tiempo, completamente moderno. Es el hombre de las mil caras y en todas ellas hace mejorar a su equipo y a sus compañeros.

Ver a un enganche de formación, con sus 165 centímetros de altura, destinado a estar enfocado en el fútbol actual al carril exterior del último tercio del campo y a jugar allí a pie cambiado a lo largo de toda su carrera, distribuir la pelota y mover a su equipo con el pulso, la lucidez y la practicidad de un Xabi Alonso en sus mejores días y convertirse ya pasada la treintena en uno de los mejores centrocampistas creativos y de los más completos con el balón de toda Europa es una experiencia casi única. Cuando la Atalanta se estructura en un 3-4-1-2 con el ‘Papu’ como su teórico mediapunta, algo que ya puede considerarse su plan más habitual, el sistema se abre a su paso como las aguas del Mar Rojo ante Moisés. El doble pivote formado por Marten de Roon y Remo Freuler se sitúa entonces en posiciones claramente lateralizadas o como interiores muy avanzados para que el pequeño hombre y gigantesco talento argentino acelere el ritmo de cada posesión y ponga en órbita en torno a su juego y a su figura al mejor ataque de la Serie A y a uno de los más prolíficos de todo el Viejo Continente. Además, el ‘Papu’ cuenta con una ventaja muy evidente en los inicios de jugada y es su facilidad para girar, amagar, eludir la presión sobre su recepción con estas herramientas tan privilegiadas y avanzar hacia delante por cualquiera de los dos perfiles como un río desbordado, arrastrando todo a su paso.

Es a partir de ese momento cuando la Dea se pone a funcionar a toda máquina: los centrales ganan metros y se sitúan abiertos para ser opción de pase de seguridad y hacer que el ‘Papu’ pueda recibir siempre de cara después de que ellos hayan recogido el primer envío, los carrileros se lanzan al esprint en busca de su certero pase en largo a la espalda del lateral, los delanteros acuden al apoyo para sacar a la defensa de su cueva y propiciar con sus descargas la fluidez en las cadenas exteriores que son la base de la idea de Gasperini, los mediocentros atacan las zonas desocupadas hacia la frontal del área… Hay muy pocos futbolistas que sean mejores que el ‘Papu’ eligiendo entre tantas opciones de pase y aprovechando los espacios que surgen de los marcajes rivales en la persecución de los múltiples desmarques verticales bergamascos para mandar el balón allí con acuse de recibo o para acudir allí personalmente a través de su magnífica lectura moviéndose por delante de la pelota y de su punzante conducción y su excelso dribbling, con los que puede alcanzar las posiciones más avanzadas en las que su capacidad ofensiva y su calidad técnica pueden marcar la diferencia. Marcarla más si cabe, evidentemente.

La Atalanta ha construido su equipo a partir de el ‘Papu’ Gómez.

El ‘Papu’ Gómez es el regista a todo campo de un equipo que prescinde deliberadamente de regista, un torbellino de inteligencia dinámica, un privilegiado intelectual en lo futbolístico, un jugador que se mueve entre el vértigo y la capacidad de detener el tiempo, entre el pase cerebral y el regate imposible, entre la mitología y realidad, entre el carisma y la máxima seriedad competitiva, entre el potrero y la filosofía, entre el fútbol real y el fútbol alquimia. Es el hombre por el que antes o después pasan todos los caminos al gol, un futbolista con un golpeo de balón fantástico y con una destreza en la conducción digna de uno de esos perros de competición que zigzaguean entre un montón de picas de plástico a toda pastilla, solo que en su caso con el valor añadido de llevar el balón perfectamente controlado por su bota derecha.

Un tipo que sabe proteger el cuero como lo que es, el tesoro más preciado que pueda existir, con una increíble capacidad para aguantar el choque y la tarascada sin desestabilizarse, una velocidad de pensamiento irreal, una regularidad al nivel de los mejores del mundo y una madurez técnica, táctica, mental y física —un aspecto que no se suele reseñar nunca de su juego— plenas, aunque no cometeremos otra vez el mismo error de afirmar que esta es su mejor versión porque el ‘Papu’ siempre se guarda un truco más en la chistera. Y es que, si algo nos han demostrado él y su Atalanta —un binomio ya indisoluble y para la historia—, es que siempre pueden ir más allá de sus propios límites y de sus propias expectativas para seguir creciendo.

Cuando dentro de muchos años recordemos a esta maravillosa Atalanta que jugaba al fútbol como las diosas, del futbolista del que se hablará en primer lugar con toda justicia será del hombre que la lideraba sobre el campo de un modo similar —salvando las obvias distancias— al de Diego con el Napoli. Talentos específicos y talentos totalizadores, talentos de otro tiempo y talentos atemporales, vivos, vívidos e inmortales. Un diez argentino para una ciudad de Italia en su conjunto a la que regalarle sus mejores años de fútbol y de vida, sus grandes gestas, su genio incomparable y su condición totalmente única en todo el campeonato. Lugares en los que, durante una época muy concreta, lo imposible llegó a ser posible gracias a su presencia. Después de rechazar una oferta millonaria para un retiro dorado en la liga saudí y mientras el sueño del Scudetto —nada es imposible para el ‘Papu’ y la Dea, como ya hemos visto— pulula por la ciudad, la historia de la Atalanta y Alejandro Darío Gómez, el particular Maradona de Bérgamo, ya es, pase lo que pase, uno de los relatos más legendarios que el Calcio moderno podrá escribir.

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Volvía la Atalanta a disputar un partido de Serie A y con ella lo hacía su líder y guía espiritual sobre el césped, al que le bastaron los primeros 42 minutos para marcar un golazo, dejar dos asistencias dignas de un prestidigitador y dejar prácticamente resuelta la remontada de su equipo ante el Torino. El futbolista del que cada temporada que pasa se afirma a viva voz y se escribe con ríos de tinta inane que ya ha alcanzado su mejor versión posible y, sin embargo, cada temporada que pasa don Alejandro Darío Gómez consigue superarse a sí mismo. Y es que desde el paso paulatino de Gian Piero Gasperini del 3-4-2-1 al 3-4-1-2, introducido en la 2018/2019, con su petiso geniecillo argentino instalado como eje central de todo su sistema para sujetarlo ahora en ambas mitades, el hombre más conocido con el mundano sobrenombre de ‘Papu’ ha adquirido una nueva dimensión en su camino hacia su asegurada conversión en un D10S para su Dea. El mito que ya estaba allí cuando todo comenzó a cambiar de un modo inimaginable.

Lo que está haciendo el ‘Papu’ desde entonces en el sistema de la Atalanta ha sido pasar de ser un atacante unidimensional en su muestrario de acciones, acostado a la banda izquierda para jugar a pie cambiado y potenciar su capacidad para el último toque y el remate de rosca al palo largo, a actuar como trequartista con libertad de movimientos, a seguir cayendo a los costados como el extremo con tendencia interior que siempre ha sido hasta que Gasperini le cambió la carrera, a recibir escorado para tener recorrido hacia el área como un interior o a recoger el balón de los centrales para organizar cada ataque. Todo a la vez. Iniciar, distribuir, lanzar, recibir entre centrales o entre líneas, girar, conducir, regatear, acelerar, pausar, filtrar, juntar, abrir, pisar, centrar, rematar. Disfrutar y mandar. Ver lo que otros no ven, actuar en todas las zonas y alturas, pensar y crear. Un rol totalizador propio de otro tiempo y de unos pocos elegidos.

En cierto modo, es lo mismo que hacían Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff, Michel Platini o Diego Armando Maradona: jugar por dónde querían para ayudar al equipo donde ellos consideraban que tenían que ayudarlo para que este jugase donde ellos consideraban que tenía que hacerlo y así poder alcanzar en cada ataque las zonas del campo que más les beneficiaba alcanzar a título individual. Es decir, interpretar el juego en su totalidad con su talento entre un millón, salvo que, en el caso particular del ‘Papu’, su extrema flexibilidad posicional se desarrolla a lo largo de unos rieles preestablecidos y unos patrones tácticos, esos por los que debe transitar la maniobra ofensiva de la Atalanta, bastante más definidos por parte de su entrenador y, por tanto, dejados en menor grado a la improvisación, a pesar de que su creatividad es la encargada de exaltar todo a su paso. El ‘Papu’ actual es un jugador vintage y, al mismo tiempo, completamente moderno. Es el hombre de las mil caras y en todas ellas hace mejorar a su equipo y a sus compañeros.

Ver a un enganche de formación, con sus 165 centímetros de altura, destinado a estar enfocado en el fútbol actual al carril exterior del último tercio del campo y a jugar allí a pie cambiado a lo largo de toda su carrera, distribuir la pelota y mover a su equipo con el pulso, la lucidez y la practicidad de un Xabi Alonso en sus mejores días y convertirse ya pasada la treintena en uno de los mejores centrocampistas creativos y de los más completos con el balón de toda Europa es una experiencia casi única. Cuando la Atalanta se estructura en un 3-4-1-2 con el ‘Papu’ como su teórico mediapunta, algo que ya puede considerarse su plan más habitual, el sistema se abre a su paso como las aguas del Mar Rojo ante Moisés. El doble pivote formado por Marten de Roon y Remo Freuler se sitúa entonces en posiciones claramente lateralizadas o como interiores muy avanzados para que el pequeño hombre y gigantesco talento argentino acelere el ritmo de cada posesión y ponga en órbita en torno a su juego y a su figura al mejor ataque de la Serie A y a uno de los más prolíficos de todo el Viejo Continente. Además, el ‘Papu’ cuenta con una ventaja muy evidente en los inicios de jugada y es su facilidad para girar, amagar, eludir la presión sobre su recepción con estas herramientas tan privilegiadas y avanzar hacia delante por cualquiera de los dos perfiles como un río desbordado, arrastrando todo a su paso.

Es a partir de ese momento cuando la Dea se pone a funcionar a toda máquina: los centrales ganan metros y se sitúan abiertos para ser opción de pase de seguridad y hacer que el ‘Papu’ pueda recibir siempre de cara después de que ellos hayan recogido el primer envío, los carrileros se lanzan al esprint en busca de su certero pase en largo a la espalda del lateral, los delanteros acuden al apoyo para sacar a la defensa de su cueva y propiciar con sus descargas la fluidez en las cadenas exteriores que son la base de la idea de Gasperini, los mediocentros atacan las zonas desocupadas hacia la frontal del área… Hay muy pocos futbolistas que sean mejores que el ‘Papu’ eligiendo entre tantas opciones de pase y aprovechando los espacios que surgen de los marcajes rivales en la persecución de los múltiples desmarques verticales bergamascos para mandar el balón allí con acuse de recibo o para acudir allí personalmente a través de su magnífica lectura moviéndose por delante de la pelota y de su punzante conducción y su excelso dribbling, con los que puede alcanzar las posiciones más avanzadas en las que su capacidad ofensiva y su calidad técnica pueden marcar la diferencia. Marcarla más si cabe, evidentemente.

La Atalanta ha construido su equipo a partir de el ‘Papu’ Gómez.

El ‘Papu’ Gómez es el regista a todo campo de un equipo que prescinde deliberadamente de regista, un torbellino de inteligencia dinámica, un privilegiado intelectual en lo futbolístico, un jugador que se mueve entre el vértigo y la capacidad de detener el tiempo, entre el pase cerebral y el regate imposible, entre la mitología y realidad, entre el carisma y la máxima seriedad competitiva, entre el potrero y la filosofía, entre el fútbol real y el fútbol alquimia. Es el hombre por el que antes o después pasan todos los caminos al gol, un futbolista con un golpeo de balón fantástico y con una destreza en la conducción digna de uno de esos perros de competición que zigzaguean entre un montón de picas de plástico a toda pastilla, solo que en su caso con el valor añadido de llevar el balón perfectamente controlado por su bota derecha.

Un tipo que sabe proteger el cuero como lo que es, el tesoro más preciado que pueda existir, con una increíble capacidad para aguantar el choque y la tarascada sin desestabilizarse, una velocidad de pensamiento irreal, una regularidad al nivel de los mejores del mundo y una madurez técnica, táctica, mental y física —un aspecto que no se suele reseñar nunca de su juego— plenas, aunque no cometeremos otra vez el mismo error de afirmar que esta es su mejor versión porque el ‘Papu’ siempre se guarda un truco más en la chistera. Y es que, si algo nos han demostrado él y su Atalanta —un binomio ya indisoluble y para la historia—, es que siempre pueden ir más allá de sus propios límites y de sus propias expectativas para seguir creciendo.

Cuando dentro de muchos años recordemos a esta maravillosa Atalanta que jugaba al fútbol como las diosas, del futbolista del que se hablará en primer lugar con toda justicia será del hombre que la lideraba sobre el campo de un modo similar —salvando las obvias distancias— al de Diego con el Napoli. Talentos específicos y talentos totalizadores, talentos de otro tiempo y talentos atemporales, vivos, vívidos e inmortales. Un diez argentino para una ciudad de Italia en su conjunto a la que regalarle sus mejores años de fútbol y de vida, sus grandes gestas, su genio incomparable y su condición totalmente única en todo el campeonato. Lugares en los que, durante una época muy concreta, lo imposible llegó a ser posible gracias a su presencia. Después de rechazar una oferta millonaria para un retiro dorado en la liga saudí y mientras el sueño del Scudetto —nada es imposible para el ‘Papu’ y la Dea, como ya hemos visto— pulula por la ciudad, la historia de la Atalanta y Alejandro Darío Gómez, el particular Maradona de Bérgamo, ya es, pase lo que pase, uno de los relatos más legendarios que el Calcio moderno podrá escribir.

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