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Paco Alcácer, cuestión de orgullo

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 12-09-2018

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Feliz.
Así estaba en su presentación en Dortmund el delantero valenciano tras
confirmarse que iba a jugar cedido en otro club que no era el FC Barcelona. Y
no, la clave de esa frase no es la felicidad, ni el nombre de los clubes en
cuestión, sino uno de los verbos, jugar. Alcácer llegó al primer equipo del
Valencia haciendo lo que mejor se le da, marcar goles. En el fútbol profesional
demostró que no era fruto de un espejismo y siguió aumentando sus cifras,
pasando por el Getafe y luego ya, en su club, el Valencia, con el que iba
creciendo año a año, lo que le hizo debutar con la selección absoluta española.

Antes
de su bautizo internacional, en París, Alcácer ya sabía lo que era vestir los
colores de la selección española, ya que había sido convocado en todas las
categorías inferiores, siendo la Sub17 su combinado fetiche, puesto que marcó
más goles (14) que partidos jugó (11). Como buen delantero, Paco estaba en
nombre de todo el mundo. El Valencia contaba con uno de los mejores delanteros
españoles del momento y era cuestión de tiempo que diera el salto a un club
mejor, puesto que el conjunto de Mestalla no estaba pasando por su mejor
momento.

Y así
fue. En él no se fijó un club cualquiera. Uno de los transatlánticos europeos,
el FC Barcelona, se hacía con sus servicios y el jugador sabía perfectamente
dónde se metía. Iba a tener por delante a Leo Messi y Luis Suárez, casi nada.
Paco sabía que su aportación iba a ser mínima y que solo entraría a jugar
cuando alguno de sus compañeros estuviera sancionado, lesionado, o tuviera
descanso. Y así fue. Jugó en dos temporadas unos 50 partidos, marcando un total
de 15 goles. Muchos ya creían que su nivel había bajado, que ya no iba a ser el
jugador que había conseguido ir escalando en el Valencia hasta llegar al fútbol
profesional. Algunos, incluso, le habían dado por perdido. Pero estaban
equivocados. A Paco no le frenó su nivel, sino que Leo Messi y Luis Suárez son
dos de los mejores del mundo y, mientras ambos estén al 100%, nadie sería tan
osado como para dejarles en el banquillo.

Pues
eso. Alcácer llega a un club que necesita un killer como el comer. Desde que se
marchó Robert Lewandowski, no ha habido un delantero centro que llenara de
ilusión a la afición del Signal Iduna Park. Bueno, pasó por ahí Aubameyang,
pero no es un delantero centro al uso, sino un jugador con una buena racha
goleadora que pasó a ser la referencia ofensiva de un club necesitado. Paco
llega a Dortmund, con Lucien Favre en el banquillo, un hombre que fue capaz de
resucitar a un bala perdida como Mario Balotelli en un club como el OGC Niza,
que no era, precisamente, de los más importantes del país.

Le
llega la gran oportunidad a Alcácer de demostrar que su idilio con el gol no
era fruto de una buena racha, sino que es algo que se le da bien. Como todo
futbolista, él necesita confianza y en un equipo como el Dortmund, que en los
últimos años ha dependido mucho de Pierre-Emerick Aubameyang, busca en el
español y en la tranquilidad de un Marco Reus sin lesiones y con continuidad,
la ocasión para volver a ser el club que plante cara al Bayern. Camino le queda
por recorrer, pero lo que es seguro es que las ganas con las que llega Paco
Alcácer a la Bundesliga y lo bien que ha caído a la afición, pueden convertirle
en un nuevo caso Raúl González. El ex del Real Madrid estuvo solo dos
temporadas en Alemania, pero ayudó a los mineros a ganar títulos y marcó
bastantes goles. ¿Y si pasa eso con Alcácer? Puede que, tras el verano, no
vuelva a vestir la camiseta del Dortmund, si el FC Barcelona le recupera para
la causa. Puede que no, y que al final vuelva a salir cedido o traspasado a
otro club. Lo que está claro es que esta temporada en Alemania se han sentado
las bases para que Alcácer esté feliz, tenga minutos y no esté, hablando mal y
pronto, de adorno en un equipo, sino siendo importante. La importancia que
tenía en el Valencia, no la que le daban en el FC Barcelona, jugando los restos,
o minutos en los que había poco que hacer. El tener un gran año es, para Paco
Alcácer, básicamente, cuestión de orgullo.

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Feliz.
Así estaba en su presentación en Dortmund el delantero valenciano tras
confirmarse que iba a jugar cedido en otro club que no era el FC Barcelona. Y
no, la clave de esa frase no es la felicidad, ni el nombre de los clubes en
cuestión, sino uno de los verbos, jugar. Alcácer llegó al primer equipo del
Valencia haciendo lo que mejor se le da, marcar goles. En el fútbol profesional
demostró que no era fruto de un espejismo y siguió aumentando sus cifras,
pasando por el Getafe y luego ya, en su club, el Valencia, con el que iba
creciendo año a año, lo que le hizo debutar con la selección absoluta española.

Antes
de su bautizo internacional, en París, Alcácer ya sabía lo que era vestir los
colores de la selección española, ya que había sido convocado en todas las
categorías inferiores, siendo la Sub17 su combinado fetiche, puesto que marcó
más goles (14) que partidos jugó (11). Como buen delantero, Paco estaba en
nombre de todo el mundo. El Valencia contaba con uno de los mejores delanteros
españoles del momento y era cuestión de tiempo que diera el salto a un club
mejor, puesto que el conjunto de Mestalla no estaba pasando por su mejor
momento.

Y así
fue. En él no se fijó un club cualquiera. Uno de los transatlánticos europeos,
el FC Barcelona, se hacía con sus servicios y el jugador sabía perfectamente
dónde se metía. Iba a tener por delante a Leo Messi y Luis Suárez, casi nada.
Paco sabía que su aportación iba a ser mínima y que solo entraría a jugar
cuando alguno de sus compañeros estuviera sancionado, lesionado, o tuviera
descanso. Y así fue. Jugó en dos temporadas unos 50 partidos, marcando un total
de 15 goles. Muchos ya creían que su nivel había bajado, que ya no iba a ser el
jugador que había conseguido ir escalando en el Valencia hasta llegar al fútbol
profesional. Algunos, incluso, le habían dado por perdido. Pero estaban
equivocados. A Paco no le frenó su nivel, sino que Leo Messi y Luis Suárez son
dos de los mejores del mundo y, mientras ambos estén al 100%, nadie sería tan
osado como para dejarles en el banquillo.

Pues
eso. Alcácer llega a un club que necesita un killer como el comer. Desde que se
marchó Robert Lewandowski, no ha habido un delantero centro que llenara de
ilusión a la afición del Signal Iduna Park. Bueno, pasó por ahí Aubameyang,
pero no es un delantero centro al uso, sino un jugador con una buena racha
goleadora que pasó a ser la referencia ofensiva de un club necesitado. Paco
llega a Dortmund, con Lucien Favre en el banquillo, un hombre que fue capaz de
resucitar a un bala perdida como Mario Balotelli en un club como el OGC Niza,
que no era, precisamente, de los más importantes del país.

Le
llega la gran oportunidad a Alcácer de demostrar que su idilio con el gol no
era fruto de una buena racha, sino que es algo que se le da bien. Como todo
futbolista, él necesita confianza y en un equipo como el Dortmund, que en los
últimos años ha dependido mucho de Pierre-Emerick Aubameyang, busca en el
español y en la tranquilidad de un Marco Reus sin lesiones y con continuidad,
la ocasión para volver a ser el club que plante cara al Bayern. Camino le queda
por recorrer, pero lo que es seguro es que las ganas con las que llega Paco
Alcácer a la Bundesliga y lo bien que ha caído a la afición, pueden convertirle
en un nuevo caso Raúl González. El ex del Real Madrid estuvo solo dos
temporadas en Alemania, pero ayudó a los mineros a ganar títulos y marcó
bastantes goles. ¿Y si pasa eso con Alcácer? Puede que, tras el verano, no
vuelva a vestir la camiseta del Dortmund, si el FC Barcelona le recupera para
la causa. Puede que no, y que al final vuelva a salir cedido o traspasado a
otro club. Lo que está claro es que esta temporada en Alemania se han sentado
las bases para que Alcácer esté feliz, tenga minutos y no esté, hablando mal y
pronto, de adorno en un equipo, sino siendo importante. La importancia que
tenía en el Valencia, no la que le daban en el FC Barcelona, jugando los restos,
o minutos en los que había poco que hacer. El tener un gran año es, para Paco
Alcácer, básicamente, cuestión de orgullo.

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