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Paciencia

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 01-10-2018

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Si Twitter atribuyera premios -afortunadamente no lo hace- el West Ham hubiera sido el campeón de la Premier League semanas previas al arranque ligero. Los de Londres desembolsaron más de 100 millones en futbolistas contrastados y ya no hubo tiempo para ser precavido. Tenían que hacer, sí o sí, un año para el recuerdo. Gustando desde el inicio.

Sin embargo, el fútbol tiene sus propios códigos. De hecho, no suele mirar ni a la cara de los que lo siguen, pero siempre, al otro lado de la habitación, a lo lejos, deja caer su clásico «quien avisa no es traidor». Cuando Manuel Pellegrini se dio cuenta, sabe de esto bastante, supo que solo la paciencia le iba a acabar dando puntos. Aunque perdiera cuatro partidos consecutivos.

El chileno fue retocando su esquema tras cada derrota, observando los errores de sus futbolistas y acoplando sigilosamente sus ideas. Su doctrina, como se ha visto en su carrera, es distintiva en fase defensiva ya que sus centrales, en cada centro contrario, están obligados a ubicarse en la línea de área, algo que Balbuena y Diop aceptan cada vez con más naturalidad.

En el centro del campo, Noble, que empezó el curso con suspenso, está ganando enteros como interior gracias a la protección de Obiang y Rice. Este último, parece fan de las tardes de café y libro porque le encanta la soledad, siendo el único ancla del equipo, jugando con una irreverencia inexplicable para tener 19 años. No busca exhibir al público con su fútbol, evita las florituras, pero su simpleza es extraordinaria para el equipo.

Aun así, si hay algo que asusta de verdad es el ataque de los hammers. Su trío ofensivo forma parte de la estirpe de futbolistas irregulares, de los que su inspiración depende de la marea, la luna o vaya usted a saber. Sin embargo, si hay luna llena, cualquiera entendería que la zaga acabara encerrada en un búnker, esperando a que llegara el Apocalipsis. 

Nadie puede dudar de la zurda de Yarmolenko, ayudado por un Zabaleta muy trabajador, que cada vez que perfila el cuero a su zurda de porcelana hace temblar al lateral contrario. Por la izquierda, Felipe Anderson es el niño que no atrapabas nunca en el escondite. El brasileño oculta la pelota con mimo y luego la enseña, para llevarla más tarde a la otra pierna, sin que te des cuenta. Es complicado pararle y más cuando arriba tiene un socio como Arnautovic que, viendo la responsabilidad con la que está jugando, puede llegar a ser un delantero de enjundia en la Premier League. Y eso son palabras mayores. 

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Si Twitter atribuyera premios -afortunadamente no lo hace- el West Ham hubiera sido el campeón de la Premier League semanas previas al arranque ligero. Los de Londres desembolsaron más de 100 millones en futbolistas contrastados y ya no hubo tiempo para ser precavido. Tenían que hacer, sí o sí, un año para el recuerdo. Gustando desde el inicio.

Sin embargo, el fútbol tiene sus propios códigos. De hecho, no suele mirar ni a la cara de los que lo siguen, pero siempre, al otro lado de la habitación, a lo lejos, deja caer su clásico «quien avisa no es traidor». Cuando Manuel Pellegrini se dio cuenta, sabe de esto bastante, supo que solo la paciencia le iba a acabar dando puntos. Aunque perdiera cuatro partidos consecutivos.

El chileno fue retocando su esquema tras cada derrota, observando los errores de sus futbolistas y acoplando sigilosamente sus ideas. Su doctrina, como se ha visto en su carrera, es distintiva en fase defensiva ya que sus centrales, en cada centro contrario, están obligados a ubicarse en la línea de área, algo que Balbuena y Diop aceptan cada vez con más naturalidad.

En el centro del campo, Noble, que empezó el curso con suspenso, está ganando enteros como interior gracias a la protección de Obiang y Rice. Este último, parece fan de las tardes de café y libro porque le encanta la soledad, siendo el único ancla del equipo, jugando con una irreverencia inexplicable para tener 19 años. No busca exhibir al público con su fútbol, evita las florituras, pero su simpleza es extraordinaria para el equipo.

Aun así, si hay algo que asusta de verdad es el ataque de los hammers. Su trío ofensivo forma parte de la estirpe de futbolistas irregulares, de los que su inspiración depende de la marea, la luna o vaya usted a saber. Sin embargo, si hay luna llena, cualquiera entendería que la zaga acabara encerrada en un búnker, esperando a que llegara el Apocalipsis. 

Nadie puede dudar de la zurda de Yarmolenko, ayudado por un Zabaleta muy trabajador, que cada vez que perfila el cuero a su zurda de porcelana hace temblar al lateral contrario. Por la izquierda, Felipe Anderson es el niño que no atrapabas nunca en el escondite. El brasileño oculta la pelota con mimo y luego la enseña, para llevarla más tarde a la otra pierna, sin que te des cuenta. Es complicado pararle y más cuando arriba tiene un socio como Arnautovic que, viendo la responsabilidad con la que está jugando, puede llegar a ser un delantero de enjundia en la Premier League. Y eso son palabras mayores. 

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