_Champions League

Odio eterno a lo que sea

Es difícil dilucidar cuándo arrancó este periodo que mucha gente denomina “fútbol moderno”. Muchos, subiéndose a una ola gigante, aseguran que lo odian. Aun así, se ponen delante del televisor un lunes por la noche para ver cualquier encuentro que desprecia al espectador que quiere ir al estadio. El Estrella Roja, seguramente, sea uno de aquellos conjuntos que parecen enquistados en ese balompié añejo.

Paradigmáticamente, el club serbio consiguió la penúltima Copa de Europa de la historia. Un año más tarde se creó la Champions League, una competición más abierta a los grandes, que poco a poco fue despreciando a los conjuntos de ligas menores. La liga yugoslava, mientras, se desvanecía. La muerte de Tito, jefe del estado, había abierto brechas en la antigua república. Todos pidiendo algo. Sin ningún control. Tras levantar la Copa de Europa en Bari, superando al Marsella en los penaltis, los Savićević, Prosinečki y Mihajlović, entre otros, se preparaban para zarpar a occidente. Tocaba sufrir en lo deportivo y lo social.

El Estrella Roja tuvo que defender su corona europea fuera de su país. Su cruenta guerra le llevó a padecer. El Partizan agarró el dominio local y disputó con sus acérrimos rivales, en algo más de una década, tres ligas distintas: primero lo que quedaba de Yugoslavia, luego Serbia y Montenegro y finalmente en Serbia. Los conjuntos serbios se empezaban a encontrar con un sinfín de rondas previas en Europa. Era complicadísimo superarlas, además de enfrentarse a conjuntos de mayor capacidad económica. En su liga doméstica, los de Belgrado sufrieron para recuperar un dominio que parecía perdido.

En la temporada 2018-2019, tras años de sanciones económicas, por no pagar a sus futbolistas, consiguió superar al Salzburgo en la fase previa. Derrotó al Liverpool unos meses más tarde, convirtiendo el pequeño Marakana en un lugar al que todo el mundo quiere ir por ser un viaje al tiempo en el que el fútbol era diferente. Porque, aunque hubiera bengalas y violencia, el ser humano quiere ir atrás. Quizás no porque lo que pasara en los 90 fuera una maravilla, sino por la propia capacidad humana de creer que lo que ocurría en el pasado era mucho mejor que hoy.

Imagen de cabecera: Imago

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Es difícil dilucidar cuándo arrancó este periodo que mucha gente denomina “fútbol moderno”. Muchos, subiéndose a una ola gigante, aseguran que lo odian. Aun así, se ponen delante del televisor un lunes por la noche para ver cualquier encuentro que desprecia al espectador que quiere ir al estadio. El Estrella Roja, seguramente, sea uno de aquellos conjuntos que parecen enquistados en ese balompié añejo.

Paradigmáticamente, el club serbio consiguió la penúltima Copa de Europa de la historia. Un año más tarde se creó la Champions League, una competición más abierta a los grandes, que poco a poco fue despreciando a los conjuntos de ligas menores. La liga yugoslava, mientras, se desvanecía. La muerte de Tito, jefe del estado, había abierto brechas en la antigua república. Todos pidiendo algo. Sin ningún control. Tras levantar la Copa de Europa en Bari, superando al Marsella en los penaltis, los Savićević, Prosinečki y Mihajlović, entre otros, se preparaban para zarpar a occidente. Tocaba sufrir en lo deportivo y lo social.

El Estrella Roja tuvo que defender su corona europea fuera de su país. Su cruenta guerra le llevó a padecer. El Partizan agarró el dominio local y disputó con sus acérrimos rivales, en algo más de una década, tres ligas distintas: primero lo que quedaba de Yugoslavia, luego Serbia y Montenegro y finalmente en Serbia. Los conjuntos serbios se empezaban a encontrar con un sinfín de rondas previas en Europa. Era complicadísimo superarlas, además de enfrentarse a conjuntos de mayor capacidad económica. En su liga doméstica, los de Belgrado sufrieron para recuperar un dominio que parecía perdido.

En la temporada 2018-2019, tras años de sanciones económicas, por no pagar a sus futbolistas, consiguió superar al Salzburgo en la fase previa. Derrotó al Liverpool unos meses más tarde, convirtiendo el pequeño Marakana en un lugar al que todo el mundo quiere ir por ser un viaje al tiempo en el que el fútbol era diferente. Porque, aunque hubiera bengalas y violencia, el ser humano quiere ir atrás. Quizás no porque lo que pasara en los 90 fuera una maravilla, sino por la propia capacidad humana de creer que lo que ocurría en el pasado era mucho mejor que hoy.

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