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Nadie como Roger

Gonzalo de Melo @gonzalodemelo 16-09-2022

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Roger Federer Tenis

Cuando eres periodista y cuentas con los dedos de una mano tus ídolos deportivos nunca quieres que llegue el día. Por mucho que lo tengas interiorizado, que Roger Federer se haya retirado a los 41 años es lo normal. Pero es que Federer no es normal. Probablemente sea uno de los deportistas más extraordinarios del siglo XXI, quedando aún más de 70 años de siglo.

De Federer se ha escrito y escribirá muchísimo. De sus logros, sus victorias, sus derrotas, sus lágrimas y todas las alegrías que nos ha llegado a dar. Es por eso por lo que voy a hablar desde la óptica más personal e íntima. Tengo 35 años, y sigo a Federer desde hace 20. Primero (y siempre) como aficionado al tenis, y luego como periodista. Jugué a tenis federado, y justo cuando lo dejé (malditos años de la inconsciencia y la nula madurez mental) empezó él a sacar la cabeza en el circuito.

Si has jugado a tenis sabes de la dificultad de sus golpes, la elegancia natural que desprende y la efectividad de un artista único; nunca una raqueta fue tan bien tratada como la Wilson que siempre ha empuñado Rogelio, como me gusta a mi llamarle.

Desde el 2002 apoyé a un suizo que se ponía coleta para jugar, y que con el paso de los años dejó atrás los inventos estilísticos para convertirse en un referente de la escuela clásica del tenis. Tuve que soportar miles de comentarios preguntándome por qué apoyaba a un tenista suizo, y no a un tenista español, se llamara como se llamara. Al tenis, siendo un deporte individual, se viene a apoyar al que más te gusta, al que más te entra por los ojos. Y Federer no entraba por los ojos; te llegaba al cerebro y te aplastaba el corazón.

Es obvio y evidente que si no estaba Federer de por medio apoyaba a Rafael Nadal, o al tenista español que estuviera jugando en ese momento. Pero si estaba Roger de por medio era innegociable. En el recuerdo me quedará para siempre su primer Wimbledon, la dictadura que instauró en el circuito ATP de 2004 a 2008 con un liderazgo incontestable y apabullante, ese París del 2009, las miles de lágrimas de tristeza por las derrotas y de emoción por las victorias, su rivalidad con Rafael Nadal y esa inolvidable final de Wimbledon 2008, la dolorosísima final de Wimbledon 2019 (aún duele) contra Novak Djokovic y, por encima de todo, el legado de hacer que muchos más niños empuñen una raqueta para jugar al tenis.

Con él empezó el triunvirato de emperadores junto a Nadal y Djokovic, y con él se retira una parte de mí que hoy sigue pensando que no ha existido ni existirá un tenista como don Roger Federer. Hasta luego, maestro.

Imagen de cabecera: @Wimbledon

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Cuando eres periodista y cuentas con los dedos de una mano tus ídolos deportivos nunca quieres que llegue el día. Por mucho que lo tengas interiorizado, que Roger Federer se haya retirado a los 41 años es lo normal. Pero es que Federer no es normal. Probablemente sea uno de los deportistas más extraordinarios del siglo XXI, quedando aún más de 70 años de siglo.

De Federer se ha escrito y escribirá muchísimo. De sus logros, sus victorias, sus derrotas, sus lágrimas y todas las alegrías que nos ha llegado a dar. Es por eso por lo que voy a hablar desde la óptica más personal e íntima. Tengo 35 años, y sigo a Federer desde hace 20. Primero (y siempre) como aficionado al tenis, y luego como periodista. Jugué a tenis federado, y justo cuando lo dejé (malditos años de la inconsciencia y la nula madurez mental) empezó él a sacar la cabeza en el circuito.

Si has jugado a tenis sabes de la dificultad de sus golpes, la elegancia natural que desprende y la efectividad de un artista único; nunca una raqueta fue tan bien tratada como la Wilson que siempre ha empuñado Rogelio, como me gusta a mi llamarle.

Desde el 2002 apoyé a un suizo que se ponía coleta para jugar, y que con el paso de los años dejó atrás los inventos estilísticos para convertirse en un referente de la escuela clásica del tenis. Tuve que soportar miles de comentarios preguntándome por qué apoyaba a un tenista suizo, y no a un tenista español, se llamara como se llamara. Al tenis, siendo un deporte individual, se viene a apoyar al que más te gusta, al que más te entra por los ojos. Y Federer no entraba por los ojos; te llegaba al cerebro y te aplastaba el corazón.

Es obvio y evidente que si no estaba Federer de por medio apoyaba a Rafael Nadal, o al tenista español que estuviera jugando en ese momento. Pero si estaba Roger de por medio era innegociable. En el recuerdo me quedará para siempre su primer Wimbledon, la dictadura que instauró en el circuito ATP de 2004 a 2008 con un liderazgo incontestable y apabullante, ese París del 2009, las miles de lágrimas de tristeza por las derrotas y de emoción por las victorias, su rivalidad con Rafael Nadal y esa inolvidable final de Wimbledon 2008, la dolorosísima final de Wimbledon 2019 (aún duele) contra Novak Djokovic y, por encima de todo, el legado de hacer que muchos más niños empuñen una raqueta para jugar al tenis.

Con él empezó el triunvirato de emperadores junto a Nadal y Djokovic, y con él se retira una parte de mí que hoy sigue pensando que no ha existido ni existirá un tenista como don Roger Federer. Hasta luego, maestro.

Imagen de cabecera: @Wimbledon

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