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Nadal y el deber de no fallar en tierra

David Sánchez @dasanchez__ 17-04-2018

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“Amo Montecarlo y solo tengo buenos recuerdos y buenas
sensaciones cuando juego aquí. Tengo ganas de terminar un torneo y espero que
sea aquí. Me siento bien y entrenando bien”. Lo firma
Rafa Nadal, en su primera comparecencia pública desde Mónaco, quien regresa al
circuito ATP en el primer Masters 1000 sobre arcilla del curso, el del
Principado, aquel que izó, por primera vez en 2005, en lo que fue su bautizo con
un entorchado de este calibre.

Este año, tras retirarse en el Abierto de Australia y no
poder jugar en Indian Wells y Miami por la dolencia muscular en el
psoas-ilíaco, Nadal vuelve a la tierra. La tierra es Nadal. Su legado se ha
construido, en mayor parte, sobre arena. Valencia fue la primera toma de
contacto, aunque no válida dentro del tour oficial, durante la eliminatoria de
Copa Davis ante Alemania. En Mónaco solo ha cedido cuatro partidos de los 67
que ha disputado en el Country Club. No cae antes de las semifinales desde el
año 2014 cuando David Ferrer le sorprendió en cuartos.

En el periplo pasado, Montecarlo devolvió su esencia al
mallorquín. Después ganar la décima corona en suelo monegasco, enlazó
Barcelona, Madrid y Roland Garros, cediendo solo ante Dominic Thiem en los
cuartos de final de Roma, su única derrota en 27 partidos, sobre tierra, que
disputó.

Un total de 4.680 puntos que ahora debe que defender para
no entregarle el número uno, de nuevo, a Roger Federer con quien la apasionante
pelea por el cetro mundial continúa, como si el tiempo no hubiera pasado entre
ellos.

Y es que los números de Rafa hablan por sí solos. El
manacorí ha abrochado 65 de los 69 últimos parciales que ha jugado sobre tierra
batida. Es sobre ese tapete donde tiene una fiabilidad de un 91.7% de victorias
(389-35), en toda su carrera deportiva, y ha ganado un total de 53 trofeos
desde el primero de ellos, el 9 de agosto de 2004, en el torneo de Sopot,
cuando doblegara al tenista argentino, ya retirado, José Acasuso en la final
(6-3 6-4).
 

«No he jugado lo suficiente este año para
saber si voy a estar a mi mejor nivel pero las sensaciones son buenas. He
jugado algunos sets y eso ayuda», aclaró a su llegada a Mónaco. Ahora es
el momento de demostrar su verdadero estado de forma. En la parte del
calendario más crucial del año para él; sobre su superficie predilecta. Allí
donde sus huellas dejan la verdadera marca en una pisada que vale su peso en
títulos. Nadal, ante el deber. La primera etapa de su particular Tourmalet
busca otra postal para el recuerdo.

 

 

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“Amo Montecarlo y solo tengo buenos recuerdos y buenas
sensaciones cuando juego aquí. Tengo ganas de terminar un torneo y espero que
sea aquí. Me siento bien y entrenando bien”. Lo firma
Rafa Nadal, en su primera comparecencia pública desde Mónaco, quien regresa al
circuito ATP en el primer Masters 1000 sobre arcilla del curso, el del
Principado, aquel que izó, por primera vez en 2005, en lo que fue su bautizo con
un entorchado de este calibre.

Este año, tras retirarse en el Abierto de Australia y no
poder jugar en Indian Wells y Miami por la dolencia muscular en el
psoas-ilíaco, Nadal vuelve a la tierra. La tierra es Nadal. Su legado se ha
construido, en mayor parte, sobre arena. Valencia fue la primera toma de
contacto, aunque no válida dentro del tour oficial, durante la eliminatoria de
Copa Davis ante Alemania. En Mónaco solo ha cedido cuatro partidos de los 67
que ha disputado en el Country Club. No cae antes de las semifinales desde el
año 2014 cuando David Ferrer le sorprendió en cuartos.

En el periplo pasado, Montecarlo devolvió su esencia al
mallorquín. Después ganar la décima corona en suelo monegasco, enlazó
Barcelona, Madrid y Roland Garros, cediendo solo ante Dominic Thiem en los
cuartos de final de Roma, su única derrota en 27 partidos, sobre tierra, que
disputó.

Un total de 4.680 puntos que ahora debe que defender para
no entregarle el número uno, de nuevo, a Roger Federer con quien la apasionante
pelea por el cetro mundial continúa, como si el tiempo no hubiera pasado entre
ellos.

Y es que los números de Rafa hablan por sí solos. El
manacorí ha abrochado 65 de los 69 últimos parciales que ha jugado sobre tierra
batida. Es sobre ese tapete donde tiene una fiabilidad de un 91.7% de victorias
(389-35), en toda su carrera deportiva, y ha ganado un total de 53 trofeos
desde el primero de ellos, el 9 de agosto de 2004, en el torneo de Sopot,
cuando doblegara al tenista argentino, ya retirado, José Acasuso en la final
(6-3 6-4).
 

«No he jugado lo suficiente este año para
saber si voy a estar a mi mejor nivel pero las sensaciones son buenas. He
jugado algunos sets y eso ayuda», aclaró a su llegada a Mónaco. Ahora es
el momento de demostrar su verdadero estado de forma. En la parte del
calendario más crucial del año para él; sobre su superficie predilecta. Allí
donde sus huellas dejan la verdadera marca en una pisada que vale su peso en
títulos. Nadal, ante el deber. La primera etapa de su particular Tourmalet
busca otra postal para el recuerdo.

 

 

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