_Italia

Motivos para creer en el Napoli

No es la mejor plantilla de la Serie A, ni tampoco la más profunda. Ni tampoco la segunda mejor. Ni la tercera, seguramente. Sin embargo, el Napoli de Luciano Spalletti, con sus siete victorias en siete jornadas, es la gran sensación del inicio del campeonato en Italia. El segundo que más goles marca, el que menos recibe, al que menos generan, el que tiene una mejor diferencia entre goles anotados y recibidos, el que más posesión acumula, el que menos pases falla, el que más dispara entre palos y el que ha sostenido una línea de juego sobresaliente y contundente a partes iguales con mayor convicción. Tanto es así que, aunque casi nadie contaba con él en las quinielas, ya empieza a valorarse el peso de su candidatura al Scudetto.

Su superioridad futbolística está naciendo de su superioridad táctica. El rasgo principal hasta el momento del Napoli está siendo la fluidez, especialmente en la medular, donde Spalletti está proponiendo un dinamismo muy bien organizado, con las tres piezas del centro del campo intercambiando constantemente las posiciones y matizando sus roles en función del rival. Esas rotaciones permiten que incluso Fabián, la pieza central y a priori el que más debería guardar el sitio para dar equilibrio, pise a menudo la frontal y pueda sacar a relucir su fantástico disparo desde lejos y tenga libertad para combinar o subir un escalón en un momento dado.

Fabián Ruiz. (SSC Napoli)

En este sentido, Zambo Anguissa se está mostrando como una pieza capital para el funcionamiento colectivo debido a su capacidad para ser útil en muchas facetas del juego. A veces, el camerunés se queda más cerca de Fabián en la base para permitir que Zielinski pise zona de mediapuntas y genere espacio en la maniobra y sea una opción de pase interior entre líneas o simplemente le guarda la espalda al español, que está leyendo muy bien el juego a nivel posicional, a pesar de que no es su demarcación natural en absoluto porque es un futbolista al que le gustar conducir para batir línea y asumir riesgos también desde el pase.

Otras veces es el propio Anguissa el que ataca posiciones altas o pasa a pisar el flanco izquierdo, el opuesto a su lugar de partida en el campo. Todos estos intercambios son ideales para desubicar marcajes y acaban por redundar en la proliferación de opciones para que los extremos puedan recibir con espacios y también abren el abanico para que Viktor Osimhen tenga más posibilidades de imponerse en el área, al haber más tiempo para cada envío lateral y se multipliquen por ese dinamismo constante los potenciales pases filtrados verticales por dentro, ya que en ningún momento se para de intentar mover el sistema de marcas del rival.

Además, Anguissa es un jugador muy completo. Un gran acosador tras pérdida, con llegada, con giro para eludir presiones, con una pulida técnica de pase, recorrido, un aplomo enorme para jugar a ritmos altos que para él parecen normales que hacen que el Napoli sustente su esencia y una excelsa colección de fintas y regates en zonas interiores que le permite proteger el cuero, asentar la posesión en la mitad rival o limpiar marcas y progresar a partir de él. Estamos hablando, sin duda, de uno de los mejores fichajes del verano en Italia. La pieza, complementaria de todas las demás, que le faltaba al sistema de Spalletti, que reconoció no conocerlo bien antes de su llegada y que ahora parece que lo pidió expresamente por todo lo que le está dando. Un centrocampista un tanto indefinido por no tener un rol claro, pero que ha encontrado en la flexibilidad y fluidez de la medular partenopea su lugar en el mundo.

En este contexto en zonas de creación tan rico y dominante, Osimhen es un delantero francamente especial para capitalizar todo ese juego que tiene por detrás. El nigeriano es rápido, con una zancada imponente para ganar metros, amenazante a la espalda, autosuficiente si tiene que conducir en inferioridad, sabe caer a los costados y desmarcarse en el momento justo para ser una amenaza que Fabián o Insigne pueden activar desde un pase vertical por alto, temible en transición y también dentro del área, que sabe cómo imponerse a los centrales, que presiona y desgasta en todo momento y que tiene un físico que marca las diferencias al choque, en los duelos por velocidad y también de cabeza. Un cañón.

Víctor Osimhen y Lorenzo Insigne. (@victorosimhen9)

El Napoli es un equipo que normalmente quiere el balón, y lo quiere para llegar por fuera y acabar por dentro, pero que si puede lanzar en largo o correr al contragolpe también lo hace. O imponerse desde el balón parado. Tiene múltiples recursos para dañar a cualquiera y para adaptarse con eficacia a casi cualquier tipo de escenario, algo no demasiado replicable, salvo quizá en el Milan, en el resto de candidatos al título. El sistema de Spalletti se basa en muchos aspectos del juego de posición, pero también explota sin rubor transiciones largas peligrosísimas con un Osimhen que casi aislado es igualmente capaz de amenazar desde donde agarre el balón si ha recibido entre líneas y “solamente” tiene que encarar a la última línea rival. O juega mucho con la posición del extremo derecho más interior para atacar los carriles intermedios y atacar el segundo palo y los centros clásicos de Insigne, o totalmente abierta para así favorecer los pasillos a través de los cuales pueden insertarse los centrocampistas.

La clave de casi todo son los ya citados intercambios posicionales en el centro del campo, que le dan al equipo amplitud y dinamismo y que redundan en progresiones fáciles, en profundidad constante y en la generación de un gran volumen de ocasiones de peligro, aunque el Napoli es también un equipo que se viste por los pies. De esta forma, la interpretación posicional de los laterales también varía muy a menudo. Por ejemplo, Di Lorenzo puede permanecer abajo, casi como un tercer central, con Mário Rui dando mayor amplitud y asentando los mecanismos asociativos en el costado izquierdo. Sin embargo, en otras ocasiones, el italiano puede ganar línea de fondo, aprovechando las diagonales interiores del extremo, o se opta por construir desde atrás con ambos laterales bajos para así elaborar una salida cuidada que tenga por objetivo principal la atracción de marcas y que una vez encuentre el pase filtrado, permita al equipo atacar espacios amplios, encontrando directamente a los extremos o a los centrocampistas a espaldas de la primera presión del equipo adversario, ya que los cuatro defensores habituales del equipo tienen un pie exquisito para hacerlo con tino.

En términos puramente defensivos, el Napoli tiene margen de mejora en la defensa estática y en la presión alta, pero es un equipo que al menos tiene intención de recuperar rápidamente la posesión, que sabe estar junto, ser corto, con piernas y energía para llevar a cabo una transición defensiva eficaz y cuya línea defensiva, comandada por un Koulibaly, que ha pasado de ser el central agresivo a ser el defensor maduro y el líder indiscutible de la zaga, controla en todo momento la altura y el momento de ser agresiva para defender hacia adelante. De hecho, el senegalés ha encontrado en Rrahmani un compañero ideal para que ahora sea el kosovar el que vaya más al choque, al duelo por arriba o a buscar la anticipación y conformar entre ambos esa red de seguridad que los partenopeos necesitan lejos del área y en el propio área.

Kalidou Koulibaly. (@kkoulibaly26)

Spalletti puede contar, además, con varias piezas muy interesantes desde el banquillo. Elmas, Petagna para una forma de atacar un tanto diferente y más directa, el dualismo entre Politano y Lozano en banda derecha, pero tiene grandes lagunas en otros puestos clave como el lateral izquierdo, el mediocentro o el central derecho, a las que se ha adaptado de manera fantástica, pero que ante un par de lesiones nada extraordinarias puede ver cómo se agranda el problema de un once tipo muy definido y con bastante diferencia respecto al grueso de los suplentes y que el funcionamiento colectivo, en un equipo tan coral, deje de rayar a tan elevado nivel.

Es cierto que el Napoli ha tenido un calendario bastante favorable hasta el momento y que, una vez se mida al Torino y a la Roma tras el parón, volverá a gozar de un puñado de jornadas a priori muy favorables. No será hasta finales de noviembre y principios de diciembre, cuando enfrente en un periodo de cuatro semanas a Inter, Lazio, Atalanta y Milan, cuando podremos afirmar sin riesgos a equivocarnos que el conjunto partenopeo es o no un candidato más que serio al Scudetto y si habrá echado cuerpo para saber sobreponerse a las ausencias vertebrales (Koulibaly, Osimhen, Anguissa) que durante todo enero la Copa África le obligará a hacer frente. Hasta entonces, el cuadro de Spalletti, mientras todos en San Paolo y en la ciudad vuelven a soñar en grande, tiene tiempo para seguir creciendo y tiempo para seguir creyendo.

Imagen de cabecera: SSC Napoli

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No es la mejor plantilla de la Serie A, ni tampoco la más profunda. Ni tampoco la segunda mejor. Ni la tercera, seguramente. Sin embargo, el Napoli de Luciano Spalletti, con sus siete victorias en siete jornadas, es la gran sensación del inicio del campeonato en Italia. El segundo que más goles marca, el que menos recibe, al que menos generan, el que tiene una mejor diferencia entre goles anotados y recibidos, el que más posesión acumula, el que menos pases falla, el que más dispara entre palos y el que ha sostenido una línea de juego sobresaliente y contundente a partes iguales con mayor convicción. Tanto es así que, aunque casi nadie contaba con él en las quinielas, ya empieza a valorarse el peso de su candidatura al Scudetto.

Su superioridad futbolística está naciendo de su superioridad táctica. El rasgo principal hasta el momento del Napoli está siendo la fluidez, especialmente en la medular, donde Spalletti está proponiendo un dinamismo muy bien organizado, con las tres piezas del centro del campo intercambiando constantemente las posiciones y matizando sus roles en función del rival. Esas rotaciones permiten que incluso Fabián, la pieza central y a priori el que más debería guardar el sitio para dar equilibrio, pise a menudo la frontal y pueda sacar a relucir su fantástico disparo desde lejos y tenga libertad para combinar o subir un escalón en un momento dado.

Fabián Ruiz. (SSC Napoli)

En este sentido, Zambo Anguissa se está mostrando como una pieza capital para el funcionamiento colectivo debido a su capacidad para ser útil en muchas facetas del juego. A veces, el camerunés se queda más cerca de Fabián en la base para permitir que Zielinski pise zona de mediapuntas y genere espacio en la maniobra y sea una opción de pase interior entre líneas o simplemente le guarda la espalda al español, que está leyendo muy bien el juego a nivel posicional, a pesar de que no es su demarcación natural en absoluto porque es un futbolista al que le gustar conducir para batir línea y asumir riesgos también desde el pase.

Otras veces es el propio Anguissa el que ataca posiciones altas o pasa a pisar el flanco izquierdo, el opuesto a su lugar de partida en el campo. Todos estos intercambios son ideales para desubicar marcajes y acaban por redundar en la proliferación de opciones para que los extremos puedan recibir con espacios y también abren el abanico para que Viktor Osimhen tenga más posibilidades de imponerse en el área, al haber más tiempo para cada envío lateral y se multipliquen por ese dinamismo constante los potenciales pases filtrados verticales por dentro, ya que en ningún momento se para de intentar mover el sistema de marcas del rival.

Además, Anguissa es un jugador muy completo. Un gran acosador tras pérdida, con llegada, con giro para eludir presiones, con una pulida técnica de pase, recorrido, un aplomo enorme para jugar a ritmos altos que para él parecen normales que hacen que el Napoli sustente su esencia y una excelsa colección de fintas y regates en zonas interiores que le permite proteger el cuero, asentar la posesión en la mitad rival o limpiar marcas y progresar a partir de él. Estamos hablando, sin duda, de uno de los mejores fichajes del verano en Italia. La pieza, complementaria de todas las demás, que le faltaba al sistema de Spalletti, que reconoció no conocerlo bien antes de su llegada y que ahora parece que lo pidió expresamente por todo lo que le está dando. Un centrocampista un tanto indefinido por no tener un rol claro, pero que ha encontrado en la flexibilidad y fluidez de la medular partenopea su lugar en el mundo.

En este contexto en zonas de creación tan rico y dominante, Osimhen es un delantero francamente especial para capitalizar todo ese juego que tiene por detrás. El nigeriano es rápido, con una zancada imponente para ganar metros, amenazante a la espalda, autosuficiente si tiene que conducir en inferioridad, sabe caer a los costados y desmarcarse en el momento justo para ser una amenaza que Fabián o Insigne pueden activar desde un pase vertical por alto, temible en transición y también dentro del área, que sabe cómo imponerse a los centrales, que presiona y desgasta en todo momento y que tiene un físico que marca las diferencias al choque, en los duelos por velocidad y también de cabeza. Un cañón.

Víctor Osimhen y Lorenzo Insigne. (@victorosimhen9)

El Napoli es un equipo que normalmente quiere el balón, y lo quiere para llegar por fuera y acabar por dentro, pero que si puede lanzar en largo o correr al contragolpe también lo hace. O imponerse desde el balón parado. Tiene múltiples recursos para dañar a cualquiera y para adaptarse con eficacia a casi cualquier tipo de escenario, algo no demasiado replicable, salvo quizá en el Milan, en el resto de candidatos al título. El sistema de Spalletti se basa en muchos aspectos del juego de posición, pero también explota sin rubor transiciones largas peligrosísimas con un Osimhen que casi aislado es igualmente capaz de amenazar desde donde agarre el balón si ha recibido entre líneas y “solamente” tiene que encarar a la última línea rival. O juega mucho con la posición del extremo derecho más interior para atacar los carriles intermedios y atacar el segundo palo y los centros clásicos de Insigne, o totalmente abierta para así favorecer los pasillos a través de los cuales pueden insertarse los centrocampistas.

La clave de casi todo son los ya citados intercambios posicionales en el centro del campo, que le dan al equipo amplitud y dinamismo y que redundan en progresiones fáciles, en profundidad constante y en la generación de un gran volumen de ocasiones de peligro, aunque el Napoli es también un equipo que se viste por los pies. De esta forma, la interpretación posicional de los laterales también varía muy a menudo. Por ejemplo, Di Lorenzo puede permanecer abajo, casi como un tercer central, con Mário Rui dando mayor amplitud y asentando los mecanismos asociativos en el costado izquierdo. Sin embargo, en otras ocasiones, el italiano puede ganar línea de fondo, aprovechando las diagonales interiores del extremo, o se opta por construir desde atrás con ambos laterales bajos para así elaborar una salida cuidada que tenga por objetivo principal la atracción de marcas y que una vez encuentre el pase filtrado, permita al equipo atacar espacios amplios, encontrando directamente a los extremos o a los centrocampistas a espaldas de la primera presión del equipo adversario, ya que los cuatro defensores habituales del equipo tienen un pie exquisito para hacerlo con tino.

En términos puramente defensivos, el Napoli tiene margen de mejora en la defensa estática y en la presión alta, pero es un equipo que al menos tiene intención de recuperar rápidamente la posesión, que sabe estar junto, ser corto, con piernas y energía para llevar a cabo una transición defensiva eficaz y cuya línea defensiva, comandada por un Koulibaly, que ha pasado de ser el central agresivo a ser el defensor maduro y el líder indiscutible de la zaga, controla en todo momento la altura y el momento de ser agresiva para defender hacia adelante. De hecho, el senegalés ha encontrado en Rrahmani un compañero ideal para que ahora sea el kosovar el que vaya más al choque, al duelo por arriba o a buscar la anticipación y conformar entre ambos esa red de seguridad que los partenopeos necesitan lejos del área y en el propio área.

Kalidou Koulibaly. (@kkoulibaly26)

Spalletti puede contar, además, con varias piezas muy interesantes desde el banquillo. Elmas, Petagna para una forma de atacar un tanto diferente y más directa, el dualismo entre Politano y Lozano en banda derecha, pero tiene grandes lagunas en otros puestos clave como el lateral izquierdo, el mediocentro o el central derecho, a las que se ha adaptado de manera fantástica, pero que ante un par de lesiones nada extraordinarias puede ver cómo se agranda el problema de un once tipo muy definido y con bastante diferencia respecto al grueso de los suplentes y que el funcionamiento colectivo, en un equipo tan coral, deje de rayar a tan elevado nivel.

Es cierto que el Napoli ha tenido un calendario bastante favorable hasta el momento y que, una vez se mida al Torino y a la Roma tras el parón, volverá a gozar de un puñado de jornadas a priori muy favorables. No será hasta finales de noviembre y principios de diciembre, cuando enfrente en un periodo de cuatro semanas a Inter, Lazio, Atalanta y Milan, cuando podremos afirmar sin riesgos a equivocarnos que el conjunto partenopeo es o no un candidato más que serio al Scudetto y si habrá echado cuerpo para saber sobreponerse a las ausencias vertebrales (Koulibaly, Osimhen, Anguissa) que durante todo enero la Copa África le obligará a hacer frente. Hasta entonces, el cuadro de Spalletti, mientras todos en San Paolo y en la ciudad vuelven a soñar en grande, tiene tiempo para seguir creciendo y tiempo para seguir creyendo.

Imagen de cabecera: SSC Napoli

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