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Milan-Sanremo, el primer monumento ciclista del año

Enrique Julián Gómez @EnriqueJulian23 22-03-2014

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Enrique JULIÁN

Enrique JULIÁN GÓMEZ – Con la entrada de la primavera llega la disputa de la primera gran clásica del ciclismo, el primer Monumento del año, la centenaria Milan-Sanremo. 298 kilómetros que se han mantenido prácticamente invariables en su esencia desde que la primera edición. Sin embargo, de los ligeros pero decisivos cambios de recorrido es de lo que más se ha venido hablando en los últimos meses.

En su primera presentación, la edición 2014 se presentaba con dos importantes novedades respecto a los últimos años. Por un lado, la supresión del ascenso a La Manie a mitad de recorrido, que aportaba algo más de dureza y fondo a la prueba. Por otro, y más relevante, la inclusión del ascenso a la Pompeiana, en la parte final justo entre las ascensiones a la Cipressa y el Poggio, evitando el llano entre ambas. Un puerto duro, con picos del 14%, que abría la competición a los escaladores y alejaba a los sprinters y hombres rápidos de sus opciones. Sin embargo, el mal estado de la calzada en el ascenso y descenso de la Pompeiana, unido a los temporales y desprendimientos de tierra en la zona, ha provocado la supresión de esta novedad.

Esto significa la vuelta al mismo recorrido de antes de 2008. Sin La Manie, la única dificultad se encuentra en el Passo del Turchino, que a mitad de recorrido señala la salida de la pianura padana para adentrarse en la recortada costa mediterránea de la Liguria. Después, ya siguiendo la línea costera de la imponente Riviera, se superan los tres cabos, Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta, para iniciar el ascenso a La Cipressa (5,6km al 4%), puerto tendido pero con 270 kilómetros ya en las piernas. Descenso, llano y subida al Poggio (3,7km al 3,7%) para afrontar el técnico descenso y llegada a Sanremo.


Recorrido de la Milan-Sanremo 2014

Este recorrido abre las opciones todavía más a los sprinters, que evitarán el desgaste previo de La Manie, por lo que la gran selección la provocará el paso de los cerca de 300 kilómetros. Repasando las últimas resoluciones con este recorrido, antes de 2008, solo dos –Tchmil en 1999 y Bettini en 2003– rompieron el pelotón, normalmente de entre 30-40 unidades, antes del sprint. Esto ha permitido ver las victorias grandes sprinters como Erick Zabel, Mario Cipollini, Óscar Freire o Alessandro Petacchi, además de Filippo Pozzato, en la primera década de este siglo.

Para esta edición, el gran favorito vuelve a ser Peter Sagan. Ya fue cuarto hace un par de años, con su compañero Nibali por delante, y segundo en la última y estrambótica edición de 2013 por detrás de Gerald Ciolek. Es el más versátil de los contendientes, pudiéndose manejar con éxito en un ataque en el Poggio, arriesgando en su descenso o en una llegada más masiva. Su debe, su manifiesta dificultad para vencer en las grandes clásicas, que ya le desesperó el año pasado. El esloveno tratará de esquivar la presión del favorito para alzar su primer monumento.


Óscar Freire vence su tercera Milan-Sanremo en 2010 | Getty Images

Tras Sagan, las opciones se manejan entre los grandes sprinters. Mark Cavendish, vencedor en 2009, llega en gran estado de forma tras Tirreno y tiene al mejor equipo, OPQS -con Kwiatkowski, Petacchi, Stybar, Trentin o Bakelants-, lo que les permitirá disponer de un amplio abanico de estrategias. Además aparecen Andre Greipel, que nunca ha ganado una gran carrera de un día o John Degenkolb, centrado en las clásicas y que llega de un inicio de temporada excepcional. Tras ellos, el joven Arnaud Demaré, el italiano Sacha Modolo, el australiano Michael Matthews o por qué no, el murciano José Joaquín Rojas tras su gran París-Niza, además del vencedor del año pasado Gerald Ciolek o el siempre peleón Alexandr Kristoff.

En el caso de que se rompa la carrera en el Poggio, el motor de Fabian Cancellara, que ya venció en solitario en 2008 y quedó segundo en 2012 tras Gerrans del mismo modo, es el favorito. Presumiblemente lo intentará como habitualmente Vincenzo Nibali, el único vencedor de alguna de las tres grandes vueltas por etapas presente en Sanremo. Además, pueden aparecer otros nombres como Philippe Gilbert, Zdenek Stybar, Diego Ulissi, Arthur Vichot o Roman Kreuziger, como otros hombres rápidos en grupos reducidos como Greg Van Avermaet, Luca Paolini o Pippo Pozzato, además de los nombrados arriba.

De todos modos, lo más normal sería un final con una llegada más o menos masiva. Y está bien, puesto que ya hay numerosas clásicas para el mismo tipo de corredor, que va bien en montaña y rompe carreras en los muros, y la inclusión de la Pompeiana -que todavía se valora y probablemente se hará en 2015- convertiría la Sanremo en una más de ellas. La historia, los 300 kilómetros en las piernas, el juego final que pueden dar Cipressa y Poggio o el sprint que se puede preparar en la conclusión de la carrera son motivos más que suficientes para valorar la “Classicissima” sin aditivos artificiales.

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Enrique JULIÁN GÓMEZ – Con la entrada de la primavera llega la disputa de la primera gran clásica del ciclismo, el primer Monumento del año, la centenaria Milan-Sanremo. 298 kilómetros que se han mantenido prácticamente invariables en su esencia desde que la primera edición. Sin embargo, de los ligeros pero decisivos cambios de recorrido es de lo que más se ha venido hablando en los últimos meses.

En su primera presentación, la edición 2014 se presentaba con dos importantes novedades respecto a los últimos años. Por un lado, la supresión del ascenso a La Manie a mitad de recorrido, que aportaba algo más de dureza y fondo a la prueba. Por otro, y más relevante, la inclusión del ascenso a la Pompeiana, en la parte final justo entre las ascensiones a la Cipressa y el Poggio, evitando el llano entre ambas. Un puerto duro, con picos del 14%, que abría la competición a los escaladores y alejaba a los sprinters y hombres rápidos de sus opciones. Sin embargo, el mal estado de la calzada en el ascenso y descenso de la Pompeiana, unido a los temporales y desprendimientos de tierra en la zona, ha provocado la supresión de esta novedad.

Esto significa la vuelta al mismo recorrido de antes de 2008. Sin La Manie, la única dificultad se encuentra en el Passo del Turchino, que a mitad de recorrido señala la salida de la pianura padana para adentrarse en la recortada costa mediterránea de la Liguria. Después, ya siguiendo la línea costera de la imponente Riviera, se superan los tres cabos, Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta, para iniciar el ascenso a La Cipressa (5,6km al 4%), puerto tendido pero con 270 kilómetros ya en las piernas. Descenso, llano y subida al Poggio (3,7km al 3,7%) para afrontar el técnico descenso y llegada a Sanremo.


Recorrido de la Milan-Sanremo 2014

Este recorrido abre las opciones todavía más a los sprinters, que evitarán el desgaste previo de La Manie, por lo que la gran selección la provocará el paso de los cerca de 300 kilómetros. Repasando las últimas resoluciones con este recorrido, antes de 2008, solo dos –Tchmil en 1999 y Bettini en 2003– rompieron el pelotón, normalmente de entre 30-40 unidades, antes del sprint. Esto ha permitido ver las victorias grandes sprinters como Erick Zabel, Mario Cipollini, Óscar Freire o Alessandro Petacchi, además de Filippo Pozzato, en la primera década de este siglo.

Para esta edición, el gran favorito vuelve a ser Peter Sagan. Ya fue cuarto hace un par de años, con su compañero Nibali por delante, y segundo en la última y estrambótica edición de 2013 por detrás de Gerald Ciolek. Es el más versátil de los contendientes, pudiéndose manejar con éxito en un ataque en el Poggio, arriesgando en su descenso o en una llegada más masiva. Su debe, su manifiesta dificultad para vencer en las grandes clásicas, que ya le desesperó el año pasado. El esloveno tratará de esquivar la presión del favorito para alzar su primer monumento.


Óscar Freire vence su tercera Milan-Sanremo en 2010 | Getty Images

Tras Sagan, las opciones se manejan entre los grandes sprinters. Mark Cavendish, vencedor en 2009, llega en gran estado de forma tras Tirreno y tiene al mejor equipo, OPQS -con Kwiatkowski, Petacchi, Stybar, Trentin o Bakelants-, lo que les permitirá disponer de un amplio abanico de estrategias. Además aparecen Andre Greipel, que nunca ha ganado una gran carrera de un día o John Degenkolb, centrado en las clásicas y que llega de un inicio de temporada excepcional. Tras ellos, el joven Arnaud Demaré, el italiano Sacha Modolo, el australiano Michael Matthews o por qué no, el murciano José Joaquín Rojas tras su gran París-Niza, además del vencedor del año pasado Gerald Ciolek o el siempre peleón Alexandr Kristoff.

En el caso de que se rompa la carrera en el Poggio, el motor de Fabian Cancellara, que ya venció en solitario en 2008 y quedó segundo en 2012 tras Gerrans del mismo modo, es el favorito. Presumiblemente lo intentará como habitualmente Vincenzo Nibali, el único vencedor de alguna de las tres grandes vueltas por etapas presente en Sanremo. Además, pueden aparecer otros nombres como Philippe Gilbert, Zdenek Stybar, Diego Ulissi, Arthur Vichot o Roman Kreuziger, como otros hombres rápidos en grupos reducidos como Greg Van Avermaet, Luca Paolini o Pippo Pozzato, además de los nombrados arriba.

De todos modos, lo más normal sería un final con una llegada más o menos masiva. Y está bien, puesto que ya hay numerosas clásicas para el mismo tipo de corredor, que va bien en montaña y rompe carreras en los muros, y la inclusión de la Pompeiana -que todavía se valora y probablemente se hará en 2015- convertiría la Sanremo en una más de ellas. La historia, los 300 kilómetros en las piernas, el juego final que pueden dar Cipressa y Poggio o el sprint que se puede preparar en la conclusión de la carrera son motivos más que suficientes para valorar la “Classicissima” sin aditivos artificiales.

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