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Melbourne es como París, Londres o Nueva York

Alessandra Roversi @http://www.twitter.com/aleroversi 14-01-2014

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Gonzalo DE MELO

Gonzalo DE MELOAustralia. El Grand Slam menos seguido según los índices de audiencia (por motivos obvios de diferencia horaria), pero no por ello el menos importante. Sin la tradición y elegancia de los dos europeos con Roland Garros y Wimbledon y sin la grandiosidad de casi todo lo americano con su US Open, Australia es el patito feo del circuito.

Sin desmerecer una organización que roza la matrícula de honor según los propios tenistas, ¿qué jugador confiesa que su mayor sueño era o es ganar en Australia? Todos sueñan con su primer Grand Slam, y en el caso de que tuvieran que escoger casi todos se decantan por el que es, probablemente, el torneo anual que aúna la perfecta combinación entre organización y tradición, espectáculo deportivo, savoir faire entre el público asistente y autenticidad: Wimbledon.

Los tenistas que han jugado toda su vida en tierra te dirán, en primer lugar, que querrán jugar en la Philippe Chatrier. Y luego soñarán con ganar Roland Garros; y los americanos, acostumbrados a la pista rápida, pretenderán levantar el trofeo en la Arthur Ashe… ¿Pero Australia? No. Australia no es ni el sueño americano ni el sueño del que crece empuñando una raqueta.


Rod Laver, gloria del tenis australiano | Getty Images

Tras un pasado glorioso lleno de Copas Davis (28 en total, superados tan sólo por las 32 de Estados Unidos, país con el que se repartió todas y cada una de las ediciones desde 1937 y hasta 1973) y de tenistas como Newcombe o Rod Laver, considerado aún por algunos como el mejor de la historia, Australia está un tanto olvidada.

Olvidada por la falta de referentes actuales en su tenis. Está todo dicho cuando la principal esperanza es un Hewitt al que le queda menos que más en el circuito profesional.

Australia es especial. Son las Antípodas. Es el verano austral. Son los desmayos por las olas de calor que tanto hemos visto. Es, con diferencia, el Grand Slam en el que los tenistas lo pasan peor; es una especie de pretemporada disfrazada de torneo importantísimo. Es la norma no escrita del tenis; nos vamos al Sur en invierno, que a tenis no se puede jugar con menos de 20 grados. Lo habitual, sin embargo, es que se jueguen partidos matinales con casi 40 grados y con grandes índices de humedad. Combinación explosiva.

Hoy es una tierra conquistada por Serbia en el nombre de Novak Djokovic, que defenderá, por tercer año consecutivo, su corona australiana. Ahí ganó, de hecho, su primer Grand Slam en 2008. Hoy corre, imparable, por un lado del cuadro benévolo. Ya irán cayendo, por la otra, los Nadal, Del Potro, Federer o Murray.

Australia es lo no convencional, el koala y el canguro, lo único que no es ni europeo ni americano. Sea lo que sea, y como sea, cuenta lo mismo: 2000 puntos en el circuito ATP.

Pero esa esquina de la derecha de nuestro mapa mental es donde se concentra el tenis a nivel mundial. Melbourne no será París, Londres o Nueva York. Y sin embargo es lo mismo; tenis. Y no del bueno, sino del mejor.

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Gonzalo DE MELOAustralia. El Grand Slam menos seguido según los índices de audiencia (por motivos obvios de diferencia horaria), pero no por ello el menos importante. Sin la tradición y elegancia de los dos europeos con Roland Garros y Wimbledon y sin la grandiosidad de casi todo lo americano con su US Open, Australia es el patito feo del circuito.

Sin desmerecer una organización que roza la matrícula de honor según los propios tenistas, ¿qué jugador confiesa que su mayor sueño era o es ganar en Australia? Todos sueñan con su primer Grand Slam, y en el caso de que tuvieran que escoger casi todos se decantan por el que es, probablemente, el torneo anual que aúna la perfecta combinación entre organización y tradición, espectáculo deportivo, savoir faire entre el público asistente y autenticidad: Wimbledon.

Los tenistas que han jugado toda su vida en tierra te dirán, en primer lugar, que querrán jugar en la Philippe Chatrier. Y luego soñarán con ganar Roland Garros; y los americanos, acostumbrados a la pista rápida, pretenderán levantar el trofeo en la Arthur Ashe… ¿Pero Australia? No. Australia no es ni el sueño americano ni el sueño del que crece empuñando una raqueta.


Rod Laver, gloria del tenis australiano | Getty Images

Tras un pasado glorioso lleno de Copas Davis (28 en total, superados tan sólo por las 32 de Estados Unidos, país con el que se repartió todas y cada una de las ediciones desde 1937 y hasta 1973) y de tenistas como Newcombe o Rod Laver, considerado aún por algunos como el mejor de la historia, Australia está un tanto olvidada.

Olvidada por la falta de referentes actuales en su tenis. Está todo dicho cuando la principal esperanza es un Hewitt al que le queda menos que más en el circuito profesional.

Australia es especial. Son las Antípodas. Es el verano austral. Son los desmayos por las olas de calor que tanto hemos visto. Es, con diferencia, el Grand Slam en el que los tenistas lo pasan peor; es una especie de pretemporada disfrazada de torneo importantísimo. Es la norma no escrita del tenis; nos vamos al Sur en invierno, que a tenis no se puede jugar con menos de 20 grados. Lo habitual, sin embargo, es que se jueguen partidos matinales con casi 40 grados y con grandes índices de humedad. Combinación explosiva.

Hoy es una tierra conquistada por Serbia en el nombre de Novak Djokovic, que defenderá, por tercer año consecutivo, su corona australiana. Ahí ganó, de hecho, su primer Grand Slam en 2008. Hoy corre, imparable, por un lado del cuadro benévolo. Ya irán cayendo, por la otra, los Nadal, Del Potro, Federer o Murray.

Australia es lo no convencional, el koala y el canguro, lo único que no es ni europeo ni americano. Sea lo que sea, y como sea, cuenta lo mismo: 2000 puntos en el circuito ATP.

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