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Mágico González, genio y leyenda

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 06-03-2019

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La duda, cuando se habla de ciertos
personajes, es dónde empieza la verdad y acaba la leyenda. Incluso sabiendo que
ambas comparten un mismo destino, que la una vive por la otra, cuesta no
intentar despejar las dudas, hallar el camino correcto que nos lleve a entender
la figura, el ser humano, detrás del mito y de la irrealidad. Si preguntas en
Valladolid, un inconsciente, si preguntas en Cádiz, un mito, si preguntas en
Barcelona, un insensato y si preguntas en El Salvador, un dios. Preguntes donde
preguntes por ‘Mágico’ González, será un genio inigualable.

Jorge Sergio Alberto González
Barillas es prácticamente un desconocido si nos referimos al nombre de su
documento de identidad. Un hombre como otro cualquiera, que nació un 13 de
marzo del 58 en San Salvador, la capital de El Salvador, siendo el menor de sus
ocho hermanos. Su padre se llamaba Óscar y su madre Victoria. Su vida siempre
fue un balón. Guardaba, con cariño, respeto a la pelota. Ese elemento esférico,
juguetón, con el que tenía la habilidad de hacer maldades. Su pericia parecía
innata y pronto destacaría formando parte de los clubes de su barrio, de su
ciudad y de su país. Su talento era tal que pronto el Paris Saint-Germain se
interesó por su fichaje, en un movimiento que solo paró por la duda del propio
futbolista para firmar con un equipo tan serio, que le embarcaría en demasiados
compromisos y formalidades.

Jorge era un tipo corriente.
Amigo de sus amigos, fiestero y con un talento horrible para respetar las
normas. Tras el fiasco del PSG, firmó por el Cádiz, equipo que le atrajo por el
clima y el idioma. Cádiz rebosaba de vida a los pies de un futbolista que salía
por vez primera para jugar fuera del caos de la competición salvadoreña. Su
apelativo de ‘Mago’, a pesar de que ya lo traía en la maleta desde América, se
lo fue ganando con la elástica amarilla y con el ‘11’ a la espalda. Jorge
‘Mágico’ González se metió al público en el bolsillo con su arte. De él, David
Vidal, técnico entre otros muchos equipos del Cádiz, dijo que “trataba al balón
con una dulzura exquisita, lo acariciaba como nadie”. Con razón, era suyo y de
nadie más. Por su afición jugaba semana tras semana y ganaba para los suyos.
Era un talento incomprendido por él mismo, pero le hacía ser mejor que nadie.
En 1984, el descenso del Cádiz precipitó la necesidad de que saliera de su
“Cái”. Una gira por EEUU con el FC Barcelona lo dejó cerca de formar equipo con
Diego Armando Maradona, pero finalmente, tras la negativa del club culé para
firmarlo, fue el Real Valladolid el que se haría con sus servicios.

En Valladolid, compañeros y
vecinos fueron testigos de su ritmo de vida, de sus juergas y sus inventos,
como la muy conocida historia del mayordomo, que parecía no despertarle a la
hora fijada para el entrenamiento. ‘Mágico’ era único. Su capacidad para golear
y maravillar con una pelota en los pies era paralela a su habilidad para
regatear las normas y las reglas que sus clubes le imponían para intentar
controlar sus escándalos y sus idas y venidas. Tras este paso por la ciudad
vallisoletana, el salvadoreño volvió a Cádiz antes de volver a su país, donde
permanece involucrado en el fútbol formativo.

Más allá de su conducta, sus
anécdotas y su tendencia a saltarse las reglas, Jorge ‘Mágico’ González regaló
a España y a Cádiz un mito eterno. Un modelo de juego en el que apenas se ha
podido comparar nadie en el club gaditano y al que muchos siguen sin encontrar
explicación a ese talento innato en un cuerpo flaco y desgarbado, que con un
esférico a los pies se convertía en atlético y ágil. Más allá del mito de su
personaje, está el ser humano que, con un balón, se ganó el respeto del mundo y
de un deporte. En esa gira por los EEUU con el Barcelona de Maradona, el
‘Pelusa’ pudo conocer de cerca a un jugador único, del que meses antes dijo,
preguntado por la prensa: “¿Que si soy el mejor? Hay uno mejor que yo. Es
salvadoreño y juega en el Cádiz”.

Imagen de cabecera: Cadiz CF

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La duda, cuando se habla de ciertos
personajes, es dónde empieza la verdad y acaba la leyenda. Incluso sabiendo que
ambas comparten un mismo destino, que la una vive por la otra, cuesta no
intentar despejar las dudas, hallar el camino correcto que nos lleve a entender
la figura, el ser humano, detrás del mito y de la irrealidad. Si preguntas en
Valladolid, un inconsciente, si preguntas en Cádiz, un mito, si preguntas en
Barcelona, un insensato y si preguntas en El Salvador, un dios. Preguntes donde
preguntes por ‘Mágico’ González, será un genio inigualable.

Jorge Sergio Alberto González
Barillas es prácticamente un desconocido si nos referimos al nombre de su
documento de identidad. Un hombre como otro cualquiera, que nació un 13 de
marzo del 58 en San Salvador, la capital de El Salvador, siendo el menor de sus
ocho hermanos. Su padre se llamaba Óscar y su madre Victoria. Su vida siempre
fue un balón. Guardaba, con cariño, respeto a la pelota. Ese elemento esférico,
juguetón, con el que tenía la habilidad de hacer maldades. Su pericia parecía
innata y pronto destacaría formando parte de los clubes de su barrio, de su
ciudad y de su país. Su talento era tal que pronto el Paris Saint-Germain se
interesó por su fichaje, en un movimiento que solo paró por la duda del propio
futbolista para firmar con un equipo tan serio, que le embarcaría en demasiados
compromisos y formalidades.

Jorge era un tipo corriente.
Amigo de sus amigos, fiestero y con un talento horrible para respetar las
normas. Tras el fiasco del PSG, firmó por el Cádiz, equipo que le atrajo por el
clima y el idioma. Cádiz rebosaba de vida a los pies de un futbolista que salía
por vez primera para jugar fuera del caos de la competición salvadoreña. Su
apelativo de ‘Mago’, a pesar de que ya lo traía en la maleta desde América, se
lo fue ganando con la elástica amarilla y con el ‘11’ a la espalda. Jorge
‘Mágico’ González se metió al público en el bolsillo con su arte. De él, David
Vidal, técnico entre otros muchos equipos del Cádiz, dijo que “trataba al balón
con una dulzura exquisita, lo acariciaba como nadie”. Con razón, era suyo y de
nadie más. Por su afición jugaba semana tras semana y ganaba para los suyos.
Era un talento incomprendido por él mismo, pero le hacía ser mejor que nadie.
En 1984, el descenso del Cádiz precipitó la necesidad de que saliera de su
“Cái”. Una gira por EEUU con el FC Barcelona lo dejó cerca de formar equipo con
Diego Armando Maradona, pero finalmente, tras la negativa del club culé para
firmarlo, fue el Real Valladolid el que se haría con sus servicios.

En Valladolid, compañeros y
vecinos fueron testigos de su ritmo de vida, de sus juergas y sus inventos,
como la muy conocida historia del mayordomo, que parecía no despertarle a la
hora fijada para el entrenamiento. ‘Mágico’ era único. Su capacidad para golear
y maravillar con una pelota en los pies era paralela a su habilidad para
regatear las normas y las reglas que sus clubes le imponían para intentar
controlar sus escándalos y sus idas y venidas. Tras este paso por la ciudad
vallisoletana, el salvadoreño volvió a Cádiz antes de volver a su país, donde
permanece involucrado en el fútbol formativo.

Más allá de su conducta, sus
anécdotas y su tendencia a saltarse las reglas, Jorge ‘Mágico’ González regaló
a España y a Cádiz un mito eterno. Un modelo de juego en el que apenas se ha
podido comparar nadie en el club gaditano y al que muchos siguen sin encontrar
explicación a ese talento innato en un cuerpo flaco y desgarbado, que con un
esférico a los pies se convertía en atlético y ágil. Más allá del mito de su
personaje, está el ser humano que, con un balón, se ganó el respeto del mundo y
de un deporte. En esa gira por los EEUU con el Barcelona de Maradona, el
‘Pelusa’ pudo conocer de cerca a un jugador único, del que meses antes dijo,
preguntado por la prensa: “¿Que si soy el mejor? Hay uno mejor que yo. Es
salvadoreño y juega en el Cádiz”.

Imagen de cabecera: Cadiz CF

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