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Luchar o rendirse

David Orenes @david_lrl 14-12-2018

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Hubo un tiempo en el que
se pedía a gritos la titularidad de Isco. No se entendía que un futbolista de
tal talento pasara más tiempo en el banquillo que en el campo, donde la BCC era
innegociable y el centro del campo (Casemiro, Kroos, Modric), también. Tampoco
el malagueño se cortaba un pelo en reconocer que era más feliz en la Selección,
donde Lopetegui le había hecho indiscutible (sus dos goles ante Italia en el
Bernabéu fueron el cúlmen), ni tampoco en abrir la puerta a una salida cuando
le preguntaban por su participación. Solo el escaso rendimiento de Bale,
también aquejado por las lesiones, le abrió la puerta al once.

Isco acabó jugando más
minutos en la 17-18 que en las dos temporadas anteriores. Había conseguido
darle la vuelta y en verano, pese al fracaso español en Rusia, fue el único que
salió bien parado. Todo le sonreía a Isco, que a su vuelta al Real Madrid se
encontraba a las órdenes de Lopetegui, su gran valedor. Probablemente en la
cima, siendo jugador clave de un gigante que había ganado las tres últimas
Ligas de Campeones, vio cómo de golpe todo se venía abajo.

Porque el de Arroyo de
la Miel, más titular si cabe tras la marcha de Cristiano Ronaldo a la Juventus,
vio cómo su equipo se sumía en una crisis tan inesperada como atronadora, que
dejó escombros por el camino. El día que empezó todo, en el Pizjuán, Isco ya no
estaba. Había tenido que operarse de apendicitis de urgencia. Se perdió el 3-0
en Sevilla, el 0-0 en el derbi, el 1-0 en Moscú y el 1-0 en Vitoria. Prensa y
afición hilaron conceptos… ¿Había Iscodependencia en el Real Madrid? El
malagueño, todavía renqueante, regresó como titular ante el Levante en el
Bernabéu. Los blancos cayeron 1-2. Era el fin.

Dos partidos después, el
Barça barría del mapa al Madrid en el Clásico con Isco disputando los 90
minutos. Al día siguiente, Lopetegui era destituido. El entrenador que más
había apostado por el malagueño se había alejado por segunda vez en cuatro
meses. En el banquilló se sentó un Solari que empezó a tomar decisiones
drásticas, como no podía ser de otra manera. El equipo necesitaba una
revolución. E Isco fue uno de los damnificados. Fue suplente en las siguientes
cinco jornadas de Liga y tuvo que ver desde la grada la victoria blanca en el
Olímpico de Roma, un partido decisivo para lograr el pase a octavos. Sus únicas
titularidades desde el principios de noviembre han sido ante el Melilla (6-1) y
el CSKA (0-3), ambas en partidos intrascendentes en el Bernabéu.

Su situación se ha
convertido en caótica. No solo ha dejado de contar en los partidos importantes,
sino que se ha filtrado en diferentes medios un conflicto interno con el propio
Solari. Que no le estrecha la mano, que no quiere defender, que le falta
actitud en los entrenamientos… La gota que colmó el vaso llegó ante el CSKA,
donde Isco recibió una sonora pitada por su mal partido y éste (aparentemente)
se encaró con la afición. Ruido, ruido y más ruido que Isco no necesita. Quizá
se encuentre en su peor momento en el Real Madrid, quizá esté más cerca que
nunca de salir del club. Y es una pena, porque hay pocos jugadores nacionales
con más talento que él (por no decir ninguno). Está en su mano seguir luchando,
o rendirse y marcharse a la Premier League. Que decida, porque el Real Madrid
no espera.

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Hubo un tiempo en el que
se pedía a gritos la titularidad de Isco. No se entendía que un futbolista de
tal talento pasara más tiempo en el banquillo que en el campo, donde la BCC era
innegociable y el centro del campo (Casemiro, Kroos, Modric), también. Tampoco
el malagueño se cortaba un pelo en reconocer que era más feliz en la Selección,
donde Lopetegui le había hecho indiscutible (sus dos goles ante Italia en el
Bernabéu fueron el cúlmen), ni tampoco en abrir la puerta a una salida cuando
le preguntaban por su participación. Solo el escaso rendimiento de Bale,
también aquejado por las lesiones, le abrió la puerta al once.

Isco acabó jugando más
minutos en la 17-18 que en las dos temporadas anteriores. Había conseguido
darle la vuelta y en verano, pese al fracaso español en Rusia, fue el único que
salió bien parado. Todo le sonreía a Isco, que a su vuelta al Real Madrid se
encontraba a las órdenes de Lopetegui, su gran valedor. Probablemente en la
cima, siendo jugador clave de un gigante que había ganado las tres últimas
Ligas de Campeones, vio cómo de golpe todo se venía abajo.

Porque el de Arroyo de
la Miel, más titular si cabe tras la marcha de Cristiano Ronaldo a la Juventus,
vio cómo su equipo se sumía en una crisis tan inesperada como atronadora, que
dejó escombros por el camino. El día que empezó todo, en el Pizjuán, Isco ya no
estaba. Había tenido que operarse de apendicitis de urgencia. Se perdió el 3-0
en Sevilla, el 0-0 en el derbi, el 1-0 en Moscú y el 1-0 en Vitoria. Prensa y
afición hilaron conceptos… ¿Había Iscodependencia en el Real Madrid? El
malagueño, todavía renqueante, regresó como titular ante el Levante en el
Bernabéu. Los blancos cayeron 1-2. Era el fin.

Dos partidos después, el
Barça barría del mapa al Madrid en el Clásico con Isco disputando los 90
minutos. Al día siguiente, Lopetegui era destituido. El entrenador que más
había apostado por el malagueño se había alejado por segunda vez en cuatro
meses. En el banquilló se sentó un Solari que empezó a tomar decisiones
drásticas, como no podía ser de otra manera. El equipo necesitaba una
revolución. E Isco fue uno de los damnificados. Fue suplente en las siguientes
cinco jornadas de Liga y tuvo que ver desde la grada la victoria blanca en el
Olímpico de Roma, un partido decisivo para lograr el pase a octavos. Sus únicas
titularidades desde el principios de noviembre han sido ante el Melilla (6-1) y
el CSKA (0-3), ambas en partidos intrascendentes en el Bernabéu.

Su situación se ha
convertido en caótica. No solo ha dejado de contar en los partidos importantes,
sino que se ha filtrado en diferentes medios un conflicto interno con el propio
Solari. Que no le estrecha la mano, que no quiere defender, que le falta
actitud en los entrenamientos… La gota que colmó el vaso llegó ante el CSKA,
donde Isco recibió una sonora pitada por su mal partido y éste (aparentemente)
se encaró con la afición. Ruido, ruido y más ruido que Isco no necesita. Quizá
se encuentre en su peor momento en el Real Madrid, quizá esté más cerca que
nunca de salir del club. Y es una pena, porque hay pocos jugadores nacionales
con más talento que él (por no decir ninguno). Está en su mano seguir luchando,
o rendirse y marcharse a la Premier League. Que decida, porque el Real Madrid
no espera.

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