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Línier, es fuera de juego

Alberto Edjogo-Owono @albertoowono 23-11-2020

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Fútbol

Hay varias verdades universales en el fútbol. La primera de ellas es que dos toques de cabeza seguidos en el área casi siempre es gol. Cuando un atacante prolonga el balón con la cabeza, los defensores pierden la orientación y es entonces cuando aparece alguien al segundo palo para empujar el balón a la red de un testarazo. La segunda verdad es que el equipo que perdona lo acaba pagando. Básicamente porque al equipo que falla un buen puñado de ocasiones y acaba ganando el partido, no se le recuerdan esos balones que se fueron al limbo. Pero ¡ay amigo, si no ganas! Acabaste pagando por haber perdonado antes. Otra acción común es ver al delantero que baja a defender que acaba cometiendo penalti. No falla. La torpeza en acciones defensivas pasa por encima del espíritu solidario del futbolista. Una cuarta verdad, y la que se cumple con mayor frecuencia, es esa que señala al defensa que está levantando la mano como el responsable de romper el fuera de juego.

El jugador que levanta el brazo mirando a la banda y gritando: ‘Línier, es fuera de juego’ suele ser el que se ha quedado colgado, habilitando al atacante para rematar y hacer gol.

Levantar el brazo como coartada para evitar una culpa posterior si esa jugada acaba con gol en contra. Hoy en día, con el VAR, se entiende que los fueras de juego se van a revisar de manera correcta.  La costumbre de mirar a la banda con el brazo en alto y gritar ‘línier’ ya perdió su sentido. Hay que defender la jugada hasta el final y luego, si acaso, hacer el gesto de la televisión al árbitro y decirle ‘revisadlo’.

Sin darnos cuenta, a menudo utilizamos el viejo truco de levantar la mano cuando nos encontramos en una situación desfavorable. Pedimos fuera de juego de manera preventiva, intentando amortiguar un golpe posterior. Solemos decir que había demasiado temario cuando en realidad no nos hemos puesto a estudiar lo suficiente para el examen. Nos encargamos que todo el mundo sepa que hay favoritismos en el trabajo, anticipándonos a una decepción si no nos ascienden. Cuando alguien nos gusta de verdad, en lugar de expresar nuestros sentimientos abiertamente, solemos buscar excusas que nos sirvan de pretexto ante el miedo a un NO. Perdemos un tiempo y una energía muy valiosos pidiendo fuera de juego, en lugar de actuar para evitar ese gol en contra. Solemos recrearnos en esas excusas previas que nos dan una falsa sensación de tener la razón, cuando en realidad nos está limitando a la hora de abordar el objetivo. Es cierto que en la vida no hay VAR que revise nuestro día a día con escuadra, cartabón y punto de fuga. Pero no es menos cierto que estamos en obligación de acabar la jugada, de defender ese balón hasta el final con la máxima intensidad para evitar que nos marquen gol. De nada sirve levantar el brazo y gritar a pleno pulmón: ‘¡LÍNIER, fuera de juego!’ porque entonces ya es demasiado tarde.

Imagen de cabecera: Michael Regan/Getty Images

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Hay varias verdades universales en el fútbol. La primera de ellas es que dos toques de cabeza seguidos en el área casi siempre es gol. Cuando un atacante prolonga el balón con la cabeza, los defensores pierden la orientación y es entonces cuando aparece alguien al segundo palo para empujar el balón a la red de un testarazo. La segunda verdad es que el equipo que perdona lo acaba pagando. Básicamente porque al equipo que falla un buen puñado de ocasiones y acaba ganando el partido, no se le recuerdan esos balones que se fueron al limbo. Pero ¡ay amigo, si no ganas! Acabaste pagando por haber perdonado antes. Otra acción común es ver al delantero que baja a defender que acaba cometiendo penalti. No falla. La torpeza en acciones defensivas pasa por encima del espíritu solidario del futbolista. Una cuarta verdad, y la que se cumple con mayor frecuencia, es esa que señala al defensa que está levantando la mano como el responsable de romper el fuera de juego.

El jugador que levanta el brazo mirando a la banda y gritando: ‘Línier, es fuera de juego’ suele ser el que se ha quedado colgado, habilitando al atacante para rematar y hacer gol.

Levantar el brazo como coartada para evitar una culpa posterior si esa jugada acaba con gol en contra. Hoy en día, con el VAR, se entiende que los fueras de juego se van a revisar de manera correcta.  La costumbre de mirar a la banda con el brazo en alto y gritar ‘línier’ ya perdió su sentido. Hay que defender la jugada hasta el final y luego, si acaso, hacer el gesto de la televisión al árbitro y decirle ‘revisadlo’.

Sin darnos cuenta, a menudo utilizamos el viejo truco de levantar la mano cuando nos encontramos en una situación desfavorable. Pedimos fuera de juego de manera preventiva, intentando amortiguar un golpe posterior. Solemos decir que había demasiado temario cuando en realidad no nos hemos puesto a estudiar lo suficiente para el examen. Nos encargamos que todo el mundo sepa que hay favoritismos en el trabajo, anticipándonos a una decepción si no nos ascienden. Cuando alguien nos gusta de verdad, en lugar de expresar nuestros sentimientos abiertamente, solemos buscar excusas que nos sirvan de pretexto ante el miedo a un NO. Perdemos un tiempo y una energía muy valiosos pidiendo fuera de juego, en lugar de actuar para evitar ese gol en contra. Solemos recrearnos en esas excusas previas que nos dan una falsa sensación de tener la razón, cuando en realidad nos está limitando a la hora de abordar el objetivo. Es cierto que en la vida no hay VAR que revise nuestro día a día con escuadra, cartabón y punto de fuga. Pero no es menos cierto que estamos en obligación de acabar la jugada, de defender ese balón hasta el final con la máxima intensidad para evitar que nos marquen gol. De nada sirve levantar el brazo y gritar a pleno pulmón: ‘¡LÍNIER, fuera de juego!’ porque entonces ya es demasiado tarde.

Imagen de cabecera: Michael Regan/Getty Images

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