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Las virtudes del espía

Miguel Ángel Ruiz @migruizruiz 12-06-2019

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A finales de los años noventa, un
videojuego reinventó lo que se sabía de juegos de recreación bélica. “Commandos”
proponía cumplir misiones coordinando a un pequeño equipo de soldados utilizando
todas las habilidades de las que se nutrían, tratando de saber en qué momento se
debían utilizar a unos o a otros. Era un juego en el que se hacía imprescindible
trabajar en equipo y es aquí, en medio de este contexto en el que parece
alejarse todo del fútbol, el videojuego plasmaba a la perfección lo que un
equipo debe hacer de cara a un partido. Ese conjunto de césped, figuritas y
disposiciones tácticas de 4-3-3, 4-4-2 o 4-5-1, a veces desvían la atención de
algo fundamental, que han subrayado técnicos de todos los niveles: se coloquen
como se coloquen las piezas, lo importante es la misión que han de cumplir.
Siempre me gustó la afirmación de Lillo en la que comenta que los jugadores “no
están colocados así ni en el saque inicial”. El caso es que estos días, en
medio de la vorágine del mercado de fichajes (y del E3) ha surgido el debate
sobre la posición, rol y características de Frenkie de Jong en el FC Barcelona.
Siguiendo las premisas del “Commandos”, observando siempre la posición de la
que parte un jugador, entendiendo el contexto y el rival y teniendo claras las
características que componen al futbolista del que hablamos. Para empezar,
parece imposible no ver que, lejos de interpretar que la posición en el campo,
el contexto o el rival son cuestiones prescindibles a la hora de hablar del
análisis de un jugador, lo mejor será mezclarlo todo para que, una vez unido,
entendamos mejor lo que un futbolista nos puede llegar a dar (o no).

En el caso de Frenkie de Jong, su
trama nace en las categorías inferiores del Willem II, equipo neerlandés en el
que dio sus primeros pasos como futbolista. Su explosión, en las últimas dos
temporadas en el Ajax, han catapultado su fútbol a la primera plana del
panorama futbolístico mundial. Con 1,81 metros de estatura y un físico
engañoso, el jugador transita por el mediocampo con la elegancia de un director
de orquesta. De fina técnica, destaca su dominio del balón, su acierto en el
pase y su capacidad para acelerar y sorprender, más por zancada que por
velocidad. Una zancada que le sirve, bien para generar un pase que libere de la
presión, o para avanzar, atrayendo jugadores y generando espacios, para suerte
de sus compañeros en ataque. El pasado mes de enero, el Barcelona hizo oficial
el fichaje del centrocampista, por 75 millones más variables, para formar parte
del equipo a partir de la temporada 2019/20. Y ahí empiezan a nacer las dudas.
En un contexto como el blaugrana, ¿qué puede aportar de Jong?

Describiendo las habilidades de
Frenkie de Jong, puede parecer fácil catalogarlo como un jugador con gusto por
transitar entre líneas, yendo al espacio con velocidad y apareciendo en la
frontal del área para aprovechar situaciones ventajosas, marcando o generando
último pase, pero lo cierto es que atendiendo a algunos de los últimos (y
mejores) partidos del ya jugador azulgrana, vemos que no es así. Eligiendo tres
contextos distintos, Eredivisie (contra el PSV, en la vuelta de la
competición), en Champions League (contra la Juventus, en la vuelta de cuartos
de final) y en competiciones internacionales (contra Inglaterra, en la
semifinal de la Liga de Naciones de la UEFA), se puede ver con distintos
compañeros y con muy distintos rivales una tendencia clara del futbolista a
vivir en la comodidad de una zona del campo: jugando entre centrales. A pesar
de que su elasticidad, velocidad y técnica le permitan moverse por todo el
mediocampo, es el jugador que permite a sus equipos adelantarse, jugar con
metros a la espalda, echar adelante a los laterales y dar opción de salida de
balón a centrales y portero. Es en ese punto, en el de la salida de balón, en el
que sus características se hacen dominantes, ofreciendo pase y criterio a la
hora de construir desde abajo, punto en común de Barça, Países Bajos y Ajax y,
seguro, una de las razones por las que de Jong gustaba, y mucho, a grandes
clubes en Europa.

Partiendo de ese rol de guía en
la construcción del juego, los contextos empiezan a tomar parte para
diferenciar distintas situaciones de juego. Si bien en el Ajax, sus
acompañantes perfectos suelen ser van de Beek o Schøne, en la selección
neerlandesa lo son Wijnaldum y de Roon. Ya de por sí, se aprecia que la
comparativa entre unos y otros apenas tienen puntos en contra, más allá de las
diferentes funciones que, de manera individual, ejercen cada uno de ellos,
siendo la más clara la de Wijnaldum y van de Beek, jugadores con más
divergencias en sus roles. A pesar de que puede parecer que el peso de la base
de la jugada recae en dos futbolistas como de Roon y Schøne, con gran capacidad
de gestión de la construcción de juego y con fondo físico para saltar a la
presión, la realidad nos muestra que pocas veces es de Jong quien supera líneas
por delante de estos y sirve, de manera precisa, de enlace con la defensa.
Salvo en espacios de clara situación de oportunidad, en los que de Jong suele
saltar a intentar desbordar y generar movimientos que desplacen a las defensas
rivales hacia la frontal del área, su juego siempre se mueve en torno a la base
del juego, buscando siempre la mejor opción de inicio de jugada, apoyado por
sus compañeros en mediocampo. A estos se le unen, dependiendo del éxito en esa
construcción de juego, los laterales, que a menudo transitan a una altura
considerable, aprovechando la banda y “empujando” a los extremos al interior o
de los propios centrales, que se convierten a menudo en interiores al servicio
de la jugada, situación en la cual suele ser de Jong quien reemplace al central
que se incorpore en su puesto.

Aunque a casi todos les pudiera
parecer que el más completo del “Commandos” era el Boina Verde, la misión era
imposible de resolver sin las habilidades de los demás. En ese sentido, de Jong
ejerce a la perfección como Espía, otro de los personajes, favoreciendo siempre
un contexto plácido de juego, en el que el trabajo que realiza pasa, a menudo,
desapercibido. Y es ahí donde destacan algunas de sus habilidades que, lejos de
ser las mejores, son las que le hacen visible para muchos. Que tenga capacidad
para transitar en posiciones más altas, en conducción, regate o incluso
tratando de dar último pase, no significa que sean las que lo definen. Frenkie
de Jong tiene la fortuna de haber crecido en un modelo futbolístico (el
neerlandés de manera general y el ajacied de manera particular) que ha
favorecido que talentos como el suyo no quedaran relegados a una posición
inamovible del campo y esa libertad ha dado lugar a esa capacidad de influir
desde muchas zonas, ayudado por su visión, su lectura del espacio y su
increíble técnica.

De esta manera y ya en clave
personal, tiendo a considerar que la mejor opción para el nuevo Barça con de
Jong, en un futuro cercano, es la de colocarlo cerca de la base de la jugada,
no solo permitiéndole fallar como interior, sino preparándole para el futuro
inexorable en el que el puesto de pivote azulgrana quede libre para él. Un
trono en el que ahora sigue reinando Sergio Busquets, algo agotado por otros
contextos de los que no conviene hablar en esta ocasión. Aún dominante en el
rol, no se me ocurre un mejor maestro para de Jong que el ‘5’ azulgrana, que
permitirá al joven centrocampista ver ‘in situ’ lo que es el rol de pivote en
el Barcelona. Algo nada sencillo de hacer y nada sencillo de encontrar.
Mezclando contexto (aclimatación a una nueva competición con compañeros
nuevos), posición (en un puesto de interior destinado al pivote y siempre cerca
de la base de la jugada) y rol (limitando sus incursiones en vertical, pero
favoreciendo su relación y complicidad con su comparsa en mediocampo y, ante
todo, con Busquets), podemos ver una pizca de lo que de Jong dará al Barça en
el futuro inmediato, sabiendo a ciencia cierta que su hábitat natural espera,
aprendiendo pacientemente, la abdicación del ‘5’ actual.

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A finales de los años noventa, un
videojuego reinventó lo que se sabía de juegos de recreación bélica. “Commandos”
proponía cumplir misiones coordinando a un pequeño equipo de soldados utilizando
todas las habilidades de las que se nutrían, tratando de saber en qué momento se
debían utilizar a unos o a otros. Era un juego en el que se hacía imprescindible
trabajar en equipo y es aquí, en medio de este contexto en el que parece
alejarse todo del fútbol, el videojuego plasmaba a la perfección lo que un
equipo debe hacer de cara a un partido. Ese conjunto de césped, figuritas y
disposiciones tácticas de 4-3-3, 4-4-2 o 4-5-1, a veces desvían la atención de
algo fundamental, que han subrayado técnicos de todos los niveles: se coloquen
como se coloquen las piezas, lo importante es la misión que han de cumplir.
Siempre me gustó la afirmación de Lillo en la que comenta que los jugadores “no
están colocados así ni en el saque inicial”. El caso es que estos días, en
medio de la vorágine del mercado de fichajes (y del E3) ha surgido el debate
sobre la posición, rol y características de Frenkie de Jong en el FC Barcelona.
Siguiendo las premisas del “Commandos”, observando siempre la posición de la
que parte un jugador, entendiendo el contexto y el rival y teniendo claras las
características que componen al futbolista del que hablamos. Para empezar,
parece imposible no ver que, lejos de interpretar que la posición en el campo,
el contexto o el rival son cuestiones prescindibles a la hora de hablar del
análisis de un jugador, lo mejor será mezclarlo todo para que, una vez unido,
entendamos mejor lo que un futbolista nos puede llegar a dar (o no).

En el caso de Frenkie de Jong, su
trama nace en las categorías inferiores del Willem II, equipo neerlandés en el
que dio sus primeros pasos como futbolista. Su explosión, en las últimas dos
temporadas en el Ajax, han catapultado su fútbol a la primera plana del
panorama futbolístico mundial. Con 1,81 metros de estatura y un físico
engañoso, el jugador transita por el mediocampo con la elegancia de un director
de orquesta. De fina técnica, destaca su dominio del balón, su acierto en el
pase y su capacidad para acelerar y sorprender, más por zancada que por
velocidad. Una zancada que le sirve, bien para generar un pase que libere de la
presión, o para avanzar, atrayendo jugadores y generando espacios, para suerte
de sus compañeros en ataque. El pasado mes de enero, el Barcelona hizo oficial
el fichaje del centrocampista, por 75 millones más variables, para formar parte
del equipo a partir de la temporada 2019/20. Y ahí empiezan a nacer las dudas.
En un contexto como el blaugrana, ¿qué puede aportar de Jong?

Describiendo las habilidades de
Frenkie de Jong, puede parecer fácil catalogarlo como un jugador con gusto por
transitar entre líneas, yendo al espacio con velocidad y apareciendo en la
frontal del área para aprovechar situaciones ventajosas, marcando o generando
último pase, pero lo cierto es que atendiendo a algunos de los últimos (y
mejores) partidos del ya jugador azulgrana, vemos que no es así. Eligiendo tres
contextos distintos, Eredivisie (contra el PSV, en la vuelta de la
competición), en Champions League (contra la Juventus, en la vuelta de cuartos
de final) y en competiciones internacionales (contra Inglaterra, en la
semifinal de la Liga de Naciones de la UEFA), se puede ver con distintos
compañeros y con muy distintos rivales una tendencia clara del futbolista a
vivir en la comodidad de una zona del campo: jugando entre centrales. A pesar
de que su elasticidad, velocidad y técnica le permitan moverse por todo el
mediocampo, es el jugador que permite a sus equipos adelantarse, jugar con
metros a la espalda, echar adelante a los laterales y dar opción de salida de
balón a centrales y portero. Es en ese punto, en el de la salida de balón, en el
que sus características se hacen dominantes, ofreciendo pase y criterio a la
hora de construir desde abajo, punto en común de Barça, Países Bajos y Ajax y,
seguro, una de las razones por las que de Jong gustaba, y mucho, a grandes
clubes en Europa.

Partiendo de ese rol de guía en
la construcción del juego, los contextos empiezan a tomar parte para
diferenciar distintas situaciones de juego. Si bien en el Ajax, sus
acompañantes perfectos suelen ser van de Beek o Schøne, en la selección
neerlandesa lo son Wijnaldum y de Roon. Ya de por sí, se aprecia que la
comparativa entre unos y otros apenas tienen puntos en contra, más allá de las
diferentes funciones que, de manera individual, ejercen cada uno de ellos,
siendo la más clara la de Wijnaldum y van de Beek, jugadores con más
divergencias en sus roles. A pesar de que puede parecer que el peso de la base
de la jugada recae en dos futbolistas como de Roon y Schøne, con gran capacidad
de gestión de la construcción de juego y con fondo físico para saltar a la
presión, la realidad nos muestra que pocas veces es de Jong quien supera líneas
por delante de estos y sirve, de manera precisa, de enlace con la defensa.
Salvo en espacios de clara situación de oportunidad, en los que de Jong suele
saltar a intentar desbordar y generar movimientos que desplacen a las defensas
rivales hacia la frontal del área, su juego siempre se mueve en torno a la base
del juego, buscando siempre la mejor opción de inicio de jugada, apoyado por
sus compañeros en mediocampo. A estos se le unen, dependiendo del éxito en esa
construcción de juego, los laterales, que a menudo transitan a una altura
considerable, aprovechando la banda y “empujando” a los extremos al interior o
de los propios centrales, que se convierten a menudo en interiores al servicio
de la jugada, situación en la cual suele ser de Jong quien reemplace al central
que se incorpore en su puesto.

Aunque a casi todos les pudiera
parecer que el más completo del “Commandos” era el Boina Verde, la misión era
imposible de resolver sin las habilidades de los demás. En ese sentido, de Jong
ejerce a la perfección como Espía, otro de los personajes, favoreciendo siempre
un contexto plácido de juego, en el que el trabajo que realiza pasa, a menudo,
desapercibido. Y es ahí donde destacan algunas de sus habilidades que, lejos de
ser las mejores, son las que le hacen visible para muchos. Que tenga capacidad
para transitar en posiciones más altas, en conducción, regate o incluso
tratando de dar último pase, no significa que sean las que lo definen. Frenkie
de Jong tiene la fortuna de haber crecido en un modelo futbolístico (el
neerlandés de manera general y el ajacied de manera particular) que ha
favorecido que talentos como el suyo no quedaran relegados a una posición
inamovible del campo y esa libertad ha dado lugar a esa capacidad de influir
desde muchas zonas, ayudado por su visión, su lectura del espacio y su
increíble técnica.

De esta manera y ya en clave
personal, tiendo a considerar que la mejor opción para el nuevo Barça con de
Jong, en un futuro cercano, es la de colocarlo cerca de la base de la jugada,
no solo permitiéndole fallar como interior, sino preparándole para el futuro
inexorable en el que el puesto de pivote azulgrana quede libre para él. Un
trono en el que ahora sigue reinando Sergio Busquets, algo agotado por otros
contextos de los que no conviene hablar en esta ocasión. Aún dominante en el
rol, no se me ocurre un mejor maestro para de Jong que el ‘5’ azulgrana, que
permitirá al joven centrocampista ver ‘in situ’ lo que es el rol de pivote en
el Barcelona. Algo nada sencillo de hacer y nada sencillo de encontrar.
Mezclando contexto (aclimatación a una nueva competición con compañeros
nuevos), posición (en un puesto de interior destinado al pivote y siempre cerca
de la base de la jugada) y rol (limitando sus incursiones en vertical, pero
favoreciendo su relación y complicidad con su comparsa en mediocampo y, ante
todo, con Busquets), podemos ver una pizca de lo que de Jong dará al Barça en
el futuro inmediato, sabiendo a ciencia cierta que su hábitat natural espera,
aprendiendo pacientemente, la abdicación del ‘5’ actual.

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