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La venda

Juan Carlos González Guerrero @jcgonzalez87 23-05-2018

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Diez minutos después de que el Liverpool se clasificara para la final de Kiev me dio un cólico nefrítico. Lo entendí como una señal de cuánto debe doler ver al Madrid perder una final de Champions.

El otro día estaban
repitiendo la final de La Décima en Real Madrid TV. Iban por el minuto 20 de la
segunda parte. Me quedé a ver si era verdad que Ramos había marcado en el
minuto 92:48 porque no me lo creía. Así de cagón soy, pero me sirve para
llevarme alegrías mayores cuando se gana y para tener la venda puesta cuando se
pierde. En aquella final, la de Lisboa, cuando el reloj ya pasaba del 92′, hubo
un córner a favor del Madrid y lo sacaron en corto. La jugada siguió y acabó
otra vez en córner. Modric esta vez lo puso en el corazón del madridismo: la
cabeza de Ramos. Si hubiera elegido la misma decisión que segundos antes,
dársela a Carvajal para que le devolviera la pared, y empezar a pasarse el
balón entre compañeros hasta colgar un balón con pocas opciones de remate pues
el centro desde la izquierda era para que rematara el propio Modric de cabeza,
quizás no habría habido Décima. Y puede que tampoco las que vinieron después.
El fútbol depende de tantas pequeñas cosas que es imposible entenderlo. Se juega,
se gana, se pierde. No busquemos más explicaciones, por salud mental.

La única vez que vi claro
que el Madrid ganaría una final antes de jugar fue el año pasado. Los últimos
cuatro meses de la temporada pasada son los mejores que he visto al Madrid en
mis 30 años. Estaban tan bien que era imposible pensar que iban a perder,
incluso para un pesimista como yo. Por eso mismo me da tanto miedo Kiev. Porque
este Madrid no es tan sólido y el Liverpool es la cerveza de este vídeo: siempre hay hueco para ella.

La previa del año pasado
la rellenábamos con el gol de Mijatovic y este año con una derrota en el 81,
mala señal. Además, alguna vez hay que perder. Ningún madridista menor de 40
años recuerda ver caer al Madrid en una final de Copa de Europa. Yo, por si
acaso, además de la venda me pondré la camiseta roja de la 11-12, la misma con
la que vi las finales de Lisboa, Milán y Cardiff. Me la pondré debajo de una
camisa oscura porque me toca ir de boda ese día y veré la final por el móvil,
pero si pierde el Madrid no quiero que sea por mí. Son estúpidas
supersticiones, pero te permiten saber que has puesto tu granito de arena. Al
fútbol no sólo juegan once.

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Diez minutos después de que el Liverpool se clasificara para la final de Kiev me dio un cólico nefrítico. Lo entendí como una señal de cuánto debe doler ver al Madrid perder una final de Champions.

El otro día estaban
repitiendo la final de La Décima en Real Madrid TV. Iban por el minuto 20 de la
segunda parte. Me quedé a ver si era verdad que Ramos había marcado en el
minuto 92:48 porque no me lo creía. Así de cagón soy, pero me sirve para
llevarme alegrías mayores cuando se gana y para tener la venda puesta cuando se
pierde. En aquella final, la de Lisboa, cuando el reloj ya pasaba del 92′, hubo
un córner a favor del Madrid y lo sacaron en corto. La jugada siguió y acabó
otra vez en córner. Modric esta vez lo puso en el corazón del madridismo: la
cabeza de Ramos. Si hubiera elegido la misma decisión que segundos antes,
dársela a Carvajal para que le devolviera la pared, y empezar a pasarse el
balón entre compañeros hasta colgar un balón con pocas opciones de remate pues
el centro desde la izquierda era para que rematara el propio Modric de cabeza,
quizás no habría habido Décima. Y puede que tampoco las que vinieron después.
El fútbol depende de tantas pequeñas cosas que es imposible entenderlo. Se juega,
se gana, se pierde. No busquemos más explicaciones, por salud mental.

La única vez que vi claro
que el Madrid ganaría una final antes de jugar fue el año pasado. Los últimos
cuatro meses de la temporada pasada son los mejores que he visto al Madrid en
mis 30 años. Estaban tan bien que era imposible pensar que iban a perder,
incluso para un pesimista como yo. Por eso mismo me da tanto miedo Kiev. Porque
este Madrid no es tan sólido y el Liverpool es la cerveza de este vídeo: siempre hay hueco para ella.

La previa del año pasado
la rellenábamos con el gol de Mijatovic y este año con una derrota en el 81,
mala señal. Además, alguna vez hay que perder. Ningún madridista menor de 40
años recuerda ver caer al Madrid en una final de Copa de Europa. Yo, por si
acaso, además de la venda me pondré la camiseta roja de la 11-12, la misma con
la que vi las finales de Lisboa, Milán y Cardiff. Me la pondré debajo de una
camisa oscura porque me toca ir de boda ese día y veré la final por el móvil,
pero si pierde el Madrid no quiero que sea por mí. Son estúpidas
supersticiones, pero te permiten saber que has puesto tu granito de arena. Al
fútbol no sólo juegan once.

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