_Betis

La vacuna

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 30-12-2020

Fue un periodo de apenas seis partidos de Liga y poco más de un mes de competición, pero llegó a parecer una temporada entera, casi una eternidad. La baja por lesión de Sergio Canales, producida en el último parón de selecciones del mes de noviembre, resultó tan estructural para el Betis que Manuel Pellegrini se vio incluso obligado a tener que cambiar por completo la propuesta de juego con la que aterrizó convencido en el Benito Villamarín el pasado verano.

La idea inicial de máximos, basada en una circulación de pelota muy ágil y a pocos toques, en la asociación en campo rival, en el intercambio posicional de sus atacantes y en una presión tras pérdida muy efusiva y bastante efectiva, ha pasado a ser, sin el cántabro en el campo, una idea de mínimos, la única a la que puede aspirar un Betis sin Canales. Un plan de juego mucho más focalizado en la defensa en campo propio, en dividir el cuero, en la explotación de espacios, en las acciones individuales, en un juego mucho más directo y menos elaborado y en el contragolpe.

Su equipo le echaba mucho de menos y eso que el Betis ha conseguido por el camino un par de victorias ramplonas para intentar maquillar la falta de su totalizadora presencia y hacer creer que la relación del colectivo con su número diez no era tan dependiente como en realidad sí lo es. A Canales le bastaron y le sobraron treinta minutos para ponerlo en evidencia y para dejar claro, una vez más, que los verdaderamente buenos demuestran ser todavía más buenos cuando no están, cuando su ausencia se hace insalvable para el resto. Y Canales es de los muy buenos.

Es cierto que el Levante se quedó enseguida con un hombre menos y que a los pocos minutos Paco López quitó del campo a un Mickaël Malsa absolutamente fundamental para defender hacia delante y sujetar la medular de un equipo que vive los encuentros partido en dos mitades, pero también es cierto que el estajanovista y resiliente genio cántabro demostró ipso facto, pese a regresar de una lesión de cierta duración, que está hecho de una pasta competitiva especial y de una calidad diferencial que se basa en el perfecto entendimiento del juego, que mejora a cada pieza de un colectivo repleto de deficiencias y a la que ni siquiera pueden aspirar los otros veintipico elementos de la plantilla verdiblanca, a excepción quizá de un Joaquín de 39 años.

Canales empezó a encontrar socios, a bajar en busca del balón de los centrales, a transportarlo hasta convertirlo a título totalmente individual en un ataque prometedor, a mezclar el juego, a cambiar de orientación, a activar a los alejados, a lanzar al lateral al espacio, a filtrar hacia el área, a poner centros peligrosos, a juntar al equipo, a tocar y ofrecerse, a detectar y propiciar desmarques, a dibujar líneas de pase que solo existen con él, a filtrarse él mismo hacia el área… Una serie de conceptos, especialmente los relacionados con la gestión del balón y la capacidad para asentar el bloque en campo rival con ritmo, tino y peligro, que brillan por su ausencia en un Betis sin Canales y con los que a punto estuvo de empatar en el tramo final un 4-1 en contra.

Canales es el jugador de La Liga que más pases que preceden a un disparo ejecuta por partido (2.6) y el que más goles por parte de un compañero genera por cada 90’ con su participación en una de las dos acciones previas al remate de gol (0.93). Sin embargo, el Betis como conjunto es un enfermo crónico del error individual defensivo, con un portero de casi dos metros de altura que no logra dominar su área pequeña por alto y que hace demasiado tiempo que no realiza una parada que le dé tiempo a los suyos para hacer el 1-0 antes que el rival, y adolece de un agujero defensivo y de una falta de contundencia y de oficio para defender su área tan grandes que ni siquiera el sobresaliente trabajo sin balón que lleva a cabo Guido Rodríguez de forma cotidiana —el otro gran nombre de este curso en los verdiblancos— ha sido capaz de mitigar.

Pellegrini puede y debe tocar piezas para agitar el árbol (Diego Lainez para dar energía a cada ataque, Rodri para que Canales tenga al socio que mejor puede entender su fútbol asociativo, Juanmi para intentar paliar la flagrante falta de gol de sus delanteros y tratar de afilar su antigua y positiva versión de ratón de área, la defensa de tres centrales para poder asentar una salida desde atrás ordenada que haga llegar en mejor disposición el balón a Canales en la mitad rival y proteja por densidad al equipo en la transición defensiva…), pero resulta muy difícil construir un Betis competitivo con tantos tiros en el pie y tantos futbolistas alejados de un rendimiento individual a la altura de las expectativas depositadas en ellos o de su teórico caché deportivo.

Lo malo para el Betis, que tampoco parece que pueda reforzarse para paliar sus carencias estructurales en el inminente mercado de fichajes de invierno, es que solamente posee una única vacuna para aspirar a pasar de su actual versión anticompetitiva a una que, al menos, le permita competir en cada partido de aquí al final de la temporada. Lo bueno para el Betis es que esa única vacuna se llama Sergio Canales. Y ya ha demostrado ser 100% efectiva, al menos para sobrevivir, aunque lo que le rodee esté muy lejos de ser el contexto que su talento merecería.

Imagen de cabecera: Imago

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Fue un periodo de apenas seis partidos de Liga y poco más de un mes de competición, pero llegó a parecer una temporada entera, casi una eternidad. La baja por lesión de Sergio Canales, producida en el último parón de selecciones del mes de noviembre, resultó tan estructural para el Betis que Manuel Pellegrini se vio incluso obligado a tener que cambiar por completo la propuesta de juego con la que aterrizó convencido en el Benito Villamarín el pasado verano.

La idea inicial de máximos, basada en una circulación de pelota muy ágil y a pocos toques, en la asociación en campo rival, en el intercambio posicional de sus atacantes y en una presión tras pérdida muy efusiva y bastante efectiva, ha pasado a ser, sin el cántabro en el campo, una idea de mínimos, la única a la que puede aspirar un Betis sin Canales. Un plan de juego mucho más focalizado en la defensa en campo propio, en dividir el cuero, en la explotación de espacios, en las acciones individuales, en un juego mucho más directo y menos elaborado y en el contragolpe.

Su equipo le echaba mucho de menos y eso que el Betis ha conseguido por el camino un par de victorias ramplonas para intentar maquillar la falta de su totalizadora presencia y hacer creer que la relación del colectivo con su número diez no era tan dependiente como en realidad sí lo es. A Canales le bastaron y le sobraron treinta minutos para ponerlo en evidencia y para dejar claro, una vez más, que los verdaderamente buenos demuestran ser todavía más buenos cuando no están, cuando su ausencia se hace insalvable para el resto. Y Canales es de los muy buenos.

Es cierto que el Levante se quedó enseguida con un hombre menos y que a los pocos minutos Paco López quitó del campo a un Mickaël Malsa absolutamente fundamental para defender hacia delante y sujetar la medular de un equipo que vive los encuentros partido en dos mitades, pero también es cierto que el estajanovista y resiliente genio cántabro demostró ipso facto, pese a regresar de una lesión de cierta duración, que está hecho de una pasta competitiva especial y de una calidad diferencial que se basa en el perfecto entendimiento del juego, que mejora a cada pieza de un colectivo repleto de deficiencias y a la que ni siquiera pueden aspirar los otros veintipico elementos de la plantilla verdiblanca, a excepción quizá de un Joaquín de 39 años.

Canales empezó a encontrar socios, a bajar en busca del balón de los centrales, a transportarlo hasta convertirlo a título totalmente individual en un ataque prometedor, a mezclar el juego, a cambiar de orientación, a activar a los alejados, a lanzar al lateral al espacio, a filtrar hacia el área, a poner centros peligrosos, a juntar al equipo, a tocar y ofrecerse, a detectar y propiciar desmarques, a dibujar líneas de pase que solo existen con él, a filtrarse él mismo hacia el área… Una serie de conceptos, especialmente los relacionados con la gestión del balón y la capacidad para asentar el bloque en campo rival con ritmo, tino y peligro, que brillan por su ausencia en un Betis sin Canales y con los que a punto estuvo de empatar en el tramo final un 4-1 en contra.

Canales es el jugador de La Liga que más pases que preceden a un disparo ejecuta por partido (2.6) y el que más goles por parte de un compañero genera por cada 90’ con su participación en una de las dos acciones previas al remate de gol (0.93). Sin embargo, el Betis como conjunto es un enfermo crónico del error individual defensivo, con un portero de casi dos metros de altura que no logra dominar su área pequeña por alto y que hace demasiado tiempo que no realiza una parada que le dé tiempo a los suyos para hacer el 1-0 antes que el rival, y adolece de un agujero defensivo y de una falta de contundencia y de oficio para defender su área tan grandes que ni siquiera el sobresaliente trabajo sin balón que lleva a cabo Guido Rodríguez de forma cotidiana —el otro gran nombre de este curso en los verdiblancos— ha sido capaz de mitigar.

Pellegrini puede y debe tocar piezas para agitar el árbol (Diego Lainez para dar energía a cada ataque, Rodri para que Canales tenga al socio que mejor puede entender su fútbol asociativo, Juanmi para intentar paliar la flagrante falta de gol de sus delanteros y tratar de afilar su antigua y positiva versión de ratón de área, la defensa de tres centrales para poder asentar una salida desde atrás ordenada que haga llegar en mejor disposición el balón a Canales en la mitad rival y proteja por densidad al equipo en la transición defensiva…), pero resulta muy difícil construir un Betis competitivo con tantos tiros en el pie y tantos futbolistas alejados de un rendimiento individual a la altura de las expectativas depositadas en ellos o de su teórico caché deportivo.

Lo malo para el Betis, que tampoco parece que pueda reforzarse para paliar sus carencias estructurales en el inminente mercado de fichajes de invierno, es que solamente posee una única vacuna para aspirar a pasar de su actual versión anticompetitiva a una que, al menos, le permita competir en cada partido de aquí al final de la temporada. Lo bueno para el Betis es que esa única vacuna se llama Sergio Canales. Y ya ha demostrado ser 100% efectiva, al menos para sobrevivir, aunque lo que le rodee esté muy lejos de ser el contexto que su talento merecería.

Imagen de cabecera: Imago