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La utopía del Ajax

Enciendes el ordenador y piensas en la maravilla que has construido. No has realizado los planos de la Torre Eiffel, más quisieras, pero has diseñado una plantilla que mezcla juventud y experiencia y que solo gana. Como en los buenos platos, echas un poco de todo y la receta sabe a gloria: Tadic, Frenkie de Jong y Matthijs de Ligt están aquí a mi lado dándome la razón. Lo que consiguió Erik ten Hag en la temporada 18-19 es la típica historia que te comenta tu amigo enganchado al Football Manager. El neerlandés no ganó el Mundial con San Marino, como alguno ha conseguido en el ínclito juego, pero sigue dejando momentos que perdurarán en la memoria colectiva del fútbol europeo.

Su idea era fascinante: su Ajax era (y es) un cuadro renacentista en una etapa en la que suele valorarse lo físico. De hecho, lo de físico es el comodín de cualquier analista que solo defiende esa manera de ver el balompié: este deporte requiere, según algunos, que midas más de 190 centímetros y unos músculos considerables. Sin embargo, la gracia del cuadro neerlandés no se fijaba en el número de dominadas que podían hacer sus futbolistas. A veces, como mucho, enumeraban el número de pases hasta el gol.

La trayectoria en la máxima competición continental fue de cuento hadas hasta que la realidad golpeó de la peor manera. La historia arrancó en julio, jugando la primera de las tres primeras rondas clasificatorias que debían disputar. Eliminaron a Sturm Graz, Standard de Lieja y Dinamo de Kiev para alcanzar una fase de grupos en la que se medían a Bayern, Benfica y AEK. El segundo puesto obligó a los neerlandeses a tener que visitar el Santiago Bernabéu. Tras caer 1-2 en casa consiguieron golear en el feudo de los campeones de Europa. Utópico.

En cuartos de final la Juventus sufrió el mejor nivel de aquel Ajax: el encuentro en Turín, después del 1-1 de la ida, es una oda al buen fútbol. El 1-2, con golazo de su capitán, se quedó muy corto. Sin embargo, en semifinales Lucas Moura se inventó un hat-trick de la nada para voltear una eliminatoria que parecía definida. A Ten Hag no le importa demasiado: está de vuelta para seguir haciendo historia.   

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Imagen de cabecera: Getty Images

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Enciendes el ordenador y piensas en la maravilla que has construido. No has realizado los planos de la Torre Eiffel, más quisieras, pero has diseñado una plantilla que mezcla juventud y experiencia y que solo gana. Como en los buenos platos, echas un poco de todo y la receta sabe a gloria: Tadic, Frenkie de Jong y Matthijs de Ligt están aquí a mi lado dándome la razón. Lo que consiguió Erik ten Hag en la temporada 18-19 es la típica historia que te comenta tu amigo enganchado al Football Manager. El neerlandés no ganó el Mundial con San Marino, como alguno ha conseguido en el ínclito juego, pero sigue dejando momentos que perdurarán en la memoria colectiva del fútbol europeo.

Su idea era fascinante: su Ajax era (y es) un cuadro renacentista en una etapa en la que suele valorarse lo físico. De hecho, lo de físico es el comodín de cualquier analista que solo defiende esa manera de ver el balompié: este deporte requiere, según algunos, que midas más de 190 centímetros y unos músculos considerables. Sin embargo, la gracia del cuadro neerlandés no se fijaba en el número de dominadas que podían hacer sus futbolistas. A veces, como mucho, enumeraban el número de pases hasta el gol.

La trayectoria en la máxima competición continental fue de cuento hadas hasta que la realidad golpeó de la peor manera. La historia arrancó en julio, jugando la primera de las tres primeras rondas clasificatorias que debían disputar. Eliminaron a Sturm Graz, Standard de Lieja y Dinamo de Kiev para alcanzar una fase de grupos en la que se medían a Bayern, Benfica y AEK. El segundo puesto obligó a los neerlandeses a tener que visitar el Santiago Bernabéu. Tras caer 1-2 en casa consiguieron golear en el feudo de los campeones de Europa. Utópico.

En cuartos de final la Juventus sufrió el mejor nivel de aquel Ajax: el encuentro en Turín, después del 1-1 de la ida, es una oda al buen fútbol. El 1-2, con golazo de su capitán, se quedó muy corto. Sin embargo, en semifinales Lucas Moura se inventó un hat-trick de la nada para voltear una eliminatoria que parecía definida. A Ten Hag no le importa demasiado: está de vuelta para seguir haciendo historia.   

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