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La suerte de Lucas Alario

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 03-11-2020

Argentina, ese país que es cuna de algunos de los grandes jugadores de la historia del fútbol. Un país que exporta gran cantidad de futbolistas a otros continentes. Pero como pasa en todos los lugares y negocios, no todo lo que sale es de buena calidad, ni dura para toda la vida. En ocasiones, el producto sale y, cuando piensas que ha sido mala idea, acaba por ser todo un éxito. Algo así debió pasar en el caso de Lucas Alario. El actual delantero del Bayer Leverkusen no es un prodigio con el balón en los pies, ni destaca por su velocidad endiablada. Ni siquiera es un atacante que pueda desempeñar otra posición que no sea la de delantero centro. No lo ha hecho. Simplemente, tuvo suerte. Porque en Colón no destacó por ser goleador. De hecho, no tuvo continuidad hasta los últimos meses de su estancia en el equipo, antes de fichar por uno de los clubes más grandes del país.

Fue en River Plate donde comenzó a destaparse, donde disfrutó más de cara al gol y consiguiendo varios títulos, siendo parte importante de ellos. No era un jugador de esos que marcan época, pero sí tenía acierto de cara a la portería rival. Mucho más que aquel chaval de Colón que en cuatro años no sólo era un actor secundario, tal vez por su edad, sino que parecía no tener suerte de cara a la portería rival. Algo tuvieron que ver los ojeadores de los Millonarios para ficharle y en ese tiempo demostró el por qué de su llegada a un grande. Sin embargo, era difícil de creer. Lucas Alario no había destacado en categorías inferiores. Ni siquiera había ido convocado en alguna ocasión con su selección en sus escalones de menor edad. Lucas era uno más, alguien que quien viera fútbol argentino pensaría que se iba a eternizar en el país y moverse por diferentes clubes de la Superliga, pero nunca cruzar el charco. Desconfiaban, incluso, de que fuera a pasar mucho tiempo en el club del Monumental, más allá de su contrato de cuatro años. Y, en parte, no se equivocaron. Acabó marchándose a mitad de esos cuatro años. Eso sí, no sin polémica y al otro lado del charco.

La salida de Lucas Alario provocó un cisma entre su club y el club europeo que quería ficharle, ante el que tuvo que intervenir la FIFA para solucionar el entuerto. Todo aquello sucedió en la última semana del mes de agosto, durante los últimos coletazos del mercado veraniego de fichajes en Europa. El Leverkusen había perdido a ‘Chicharito’ y Stefan Kiessling estaba dando los últimos pasos de su carrera en el cuadro de la aspirina. Kevin Volland empezaba a asumir el rol de goleador del equipo, pero su versatilidad obligó a Völler y compañía a buscar otro atacante que le pudiera hacer competencia al ex jugador del Hoffenheim. El elegido fue Alario, pero se toparon con River. El primer contacto obtuvo una respuesta negativa. Un par de días después, en unas declaraciones ante los medios, el jugador confirmó que algo había y que le interesaba mucho. Incluso, llegó a pasar reconocimiento con los servicios médicos del conjunto alemán, obviamente, sin el conocimiento de River. Al enterarse, el equipo del Monumental se quejó ante varios estamentos, las federaciones de ambos países y los organismos continentales.

Lucas Alario, en 2019 con Argentina. (Quality Sport Images/Getty Images)

De poco sirvió aquella queja, porque el último día de mercado el Leverkusen depositó ante la AFA los casi 24 millones del traspaso de Lucas Alario y, aún así, River se negó a enviar el pase del jugador. Al final y con suspense, la situación tardaba en arreglarse mientras River no tenía a Alario y el propio Alario entrenaba con el Leverkusen, pero sin poder jugar. Pasaron 21 días desde la llegada de Lucas a Alemania y su debut. Y vaya debut. Salió de inicio ante el HSV, marcó un gol y dio una asistencia. El debut soñado. Más, teniendo en cuenta todo lo que había pasado días atrás.

A pesar de no ser el delantero titular del equipo, la competencia era muy grande. Estaba el ya mencionado Volland, pero tanto Havertz como Brandt, no siendo delanteros, acabaron por delante de él en el apartado goleador. Incluso, llegaron a estar por delante en el puesto de ‘9’ en algún momento. Pero ahí seguía. El camino se le empezó a allanar a Alario la temporada pasada, con la salida de Brandt. Este verano fueron Havertz y Volland los que dejaron el club. En Leverkusen empezaban a destacar sobre manera las bandas y los llegadores desde la segunda línea, pero el puesto de delantero era cada vez más irrelevante. Alario aportaba, sí, pero incluso se estuvieron planteando una salida que al final no se concretó y ahí está, acompañado por Patrick Schick para desempeñar esa posición de la que nadie le mueve y escoltado por jugadores como Bailey, Diaby, Wirtz, Amiri, Demirbay… Poco más.

Así será al menos hasta el mercado invernal pero, por suerte para el Leverkusen, el inicio de temporada de Lucas Alario en la Bundesliga ha sido tremendo, marcando de media un gol por partido. Y si a esto le sumas que ha visto puerta tanto en Copa como en Europa League, pues mejor aún. Queda lejos ya aquel chaval de Colón que nunca nadie entendió cómo es que había llegado a River o al fútbol europeo. Que llegó tarde a la selección nacional y no había acudido a las categorías inferiores en ninguna ocasión. Así es como ha ido superando obstáculos el número 13 del Leverkusen. Un número asociado históricamente a los porteros y, fuera del fútbol, al miedo o a la mala suerte, depende de donde lo mires. Pero es su número. Él no ha tenido mala suerte en su carrera, ni miedo a superar los retos, porque cuando todos pensaban que River le iba a quedar grande, ahí se creció. Ahora no solo marca goles en Europa, sino que va convocado asiduamente con la selección albiceleste. El tiempo pasa para todos y las oportunidades llegan, aunque sea tarde.

Imagen de cabecera: Alex Grimm/Getty Images

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Argentina, ese país que es cuna de algunos de los grandes jugadores de la historia del fútbol. Un país que exporta gran cantidad de futbolistas a otros continentes. Pero como pasa en todos los lugares y negocios, no todo lo que sale es de buena calidad, ni dura para toda la vida. En ocasiones, el producto sale y, cuando piensas que ha sido mala idea, acaba por ser todo un éxito. Algo así debió pasar en el caso de Lucas Alario. El actual delantero del Bayer Leverkusen no es un prodigio con el balón en los pies, ni destaca por su velocidad endiablada. Ni siquiera es un atacante que pueda desempeñar otra posición que no sea la de delantero centro. No lo ha hecho. Simplemente, tuvo suerte. Porque en Colón no destacó por ser goleador. De hecho, no tuvo continuidad hasta los últimos meses de su estancia en el equipo, antes de fichar por uno de los clubes más grandes del país.

Fue en River Plate donde comenzó a destaparse, donde disfrutó más de cara al gol y consiguiendo varios títulos, siendo parte importante de ellos. No era un jugador de esos que marcan época, pero sí tenía acierto de cara a la portería rival. Mucho más que aquel chaval de Colón que en cuatro años no sólo era un actor secundario, tal vez por su edad, sino que parecía no tener suerte de cara a la portería rival. Algo tuvieron que ver los ojeadores de los Millonarios para ficharle y en ese tiempo demostró el por qué de su llegada a un grande. Sin embargo, era difícil de creer. Lucas Alario no había destacado en categorías inferiores. Ni siquiera había ido convocado en alguna ocasión con su selección en sus escalones de menor edad. Lucas era uno más, alguien que quien viera fútbol argentino pensaría que se iba a eternizar en el país y moverse por diferentes clubes de la Superliga, pero nunca cruzar el charco. Desconfiaban, incluso, de que fuera a pasar mucho tiempo en el club del Monumental, más allá de su contrato de cuatro años. Y, en parte, no se equivocaron. Acabó marchándose a mitad de esos cuatro años. Eso sí, no sin polémica y al otro lado del charco.

La salida de Lucas Alario provocó un cisma entre su club y el club europeo que quería ficharle, ante el que tuvo que intervenir la FIFA para solucionar el entuerto. Todo aquello sucedió en la última semana del mes de agosto, durante los últimos coletazos del mercado veraniego de fichajes en Europa. El Leverkusen había perdido a ‘Chicharito’ y Stefan Kiessling estaba dando los últimos pasos de su carrera en el cuadro de la aspirina. Kevin Volland empezaba a asumir el rol de goleador del equipo, pero su versatilidad obligó a Völler y compañía a buscar otro atacante que le pudiera hacer competencia al ex jugador del Hoffenheim. El elegido fue Alario, pero se toparon con River. El primer contacto obtuvo una respuesta negativa. Un par de días después, en unas declaraciones ante los medios, el jugador confirmó que algo había y que le interesaba mucho. Incluso, llegó a pasar reconocimiento con los servicios médicos del conjunto alemán, obviamente, sin el conocimiento de River. Al enterarse, el equipo del Monumental se quejó ante varios estamentos, las federaciones de ambos países y los organismos continentales.

Lucas Alario, en 2019 con Argentina. (Quality Sport Images/Getty Images)

De poco sirvió aquella queja, porque el último día de mercado el Leverkusen depositó ante la AFA los casi 24 millones del traspaso de Lucas Alario y, aún así, River se negó a enviar el pase del jugador. Al final y con suspense, la situación tardaba en arreglarse mientras River no tenía a Alario y el propio Alario entrenaba con el Leverkusen, pero sin poder jugar. Pasaron 21 días desde la llegada de Lucas a Alemania y su debut. Y vaya debut. Salió de inicio ante el HSV, marcó un gol y dio una asistencia. El debut soñado. Más, teniendo en cuenta todo lo que había pasado días atrás.

A pesar de no ser el delantero titular del equipo, la competencia era muy grande. Estaba el ya mencionado Volland, pero tanto Havertz como Brandt, no siendo delanteros, acabaron por delante de él en el apartado goleador. Incluso, llegaron a estar por delante en el puesto de ‘9’ en algún momento. Pero ahí seguía. El camino se le empezó a allanar a Alario la temporada pasada, con la salida de Brandt. Este verano fueron Havertz y Volland los que dejaron el club. En Leverkusen empezaban a destacar sobre manera las bandas y los llegadores desde la segunda línea, pero el puesto de delantero era cada vez más irrelevante. Alario aportaba, sí, pero incluso se estuvieron planteando una salida que al final no se concretó y ahí está, acompañado por Patrick Schick para desempeñar esa posición de la que nadie le mueve y escoltado por jugadores como Bailey, Diaby, Wirtz, Amiri, Demirbay… Poco más.

Así será al menos hasta el mercado invernal pero, por suerte para el Leverkusen, el inicio de temporada de Lucas Alario en la Bundesliga ha sido tremendo, marcando de media un gol por partido. Y si a esto le sumas que ha visto puerta tanto en Copa como en Europa League, pues mejor aún. Queda lejos ya aquel chaval de Colón que nunca nadie entendió cómo es que había llegado a River o al fútbol europeo. Que llegó tarde a la selección nacional y no había acudido a las categorías inferiores en ninguna ocasión. Así es como ha ido superando obstáculos el número 13 del Leverkusen. Un número asociado históricamente a los porteros y, fuera del fútbol, al miedo o a la mala suerte, depende de donde lo mires. Pero es su número. Él no ha tenido mala suerte en su carrera, ni miedo a superar los retos, porque cuando todos pensaban que River le iba a quedar grande, ahí se creció. Ahora no solo marca goles en Europa, sino que va convocado asiduamente con la selección albiceleste. El tiempo pasa para todos y las oportunidades llegan, aunque sea tarde.

Imagen de cabecera: Alex Grimm/Getty Images

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