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La explosión de Saint-Maximin en el Niza

En la humilde escuela de fútbol de Verrières-le-Buisson dio las primeras patadas a un balón Allan Irénée Saint-Maximin. Por aquel entonces, en 2003, ni él ni sus entrenadores del club de la región parisina eran conscientes de que, varios años más tarde, se convertiría en uno de los jóvenes más seguidos y deseados del fútbol francés. Antes de recalar en el Saint-Étienne, donde estuvo cuatro años desde 2011 hasta 2015, Saint-Maximin pasó por el US Reis-Orangis y el AC de Boulogne-Billancourt.

En la temporada 2014/2015, sin ser un jugador fundamental en el primer equipo del Saint-Étienne, llamó la atención de uno de los clubes más destacados del país: el AS Monaco, el cual, desde hace unos años, acostumbra a fijarse en jóvenes talentos del fútbol galo y contratarlos precozmente. Lo primero que hizo el club monegasco fue cederlo a la Bundesliga, concretamente al Hannover, donde no encontró un sitio en el que acomodarse y explotar sus condiciones físicas. La temporada 2016/17 la pasó nuevamente cedido, pero en esta ocasión en la misma Ligue 1 con el Bastia donde, esta vez sí, fue importante para su equipo. Sin tener asegurado un papel principal en los planes de Leonardo Jardim, el Monaco y el Nice llegaron a un acuerdo el pasado verano de 2017 para el traspaso de Allan Saint-Maximin. Y en Nissa (Niza en el dialecto nizardo) ha encontrado su sitio.

De la mano de Lucien Favre, el atacante francés (de ascendencia guadalupense) de 20 años está dando la razón a todo aquel que apostó por él cuando comenzó a estar en todas las agendas de los ojeadores de fútbol francés. Saint-Maximin destaca por sus cualidades físicas y Favre está sabiendo aprovechar muchísimo esta característica para hacer daño a sus rivales. Al exjugador del Saint-Étienne lo estamos viendo en ambas bandas, siempre pegado a la línea y buscando constantemente el regate en velocidad. Partido sí y partido también vuelve locos a los laterales por sus cambios de ritmo, su aceleración y su rapidez desde el primer hasta el último minuto. Además, no es nada extraño ver a Saint-Maximin jugar por las dos bandas durante el mismo encuentro como factor condicionante del ataque del conjunto sureño.

El de Châtenay-Malabry es uno de esos jugadores que no da un balón por perdido, que lucha en cada pugna y que constantemente quiere entrar en contacto con el balón. Se implica en tareas defensivas, aunque es uno de esos puntos que debe pulir para ser, en un futuro, un futbolista más completo. Otro de sus puntos débiles es que, debido a la confianza que le da el ser un buen regateador, a veces peca de individualista en situaciones en las que debería buscar un pase y evitar complicaciones. Y es en esta situación del juego, cuando se halla en zonas de peligro con presión rival, en la que tiene que ir corrigiendo ciertos fallos, como la toma de decisiones tanto en el pase como en la finalización. Son aspectos que irá perfeccionando con el paso del tiempo conforme vaya adquiriendo experiencia en el máximo nivel del fútbol francés.

La posición del terreno de juego en la que Saint-Maximin parece sentirse más a gusto es en la banda izquierda, con metros por delante para desbordar a la defensa y realizar un centro al área. Es un jugador diestro que domina casi a la perfección también su pierna izquierda. Este año ha sumado ya 3 goles y 6 asistencias en la primera vuelta de la temporada. El OGC Nice, que no empezó la presente temporada de la mejor manera (llegó a estar 17º en la jornada 11), ha encontrado en Saint-Maximin un generador incansable de peligro. Tiene contrato hasta junio de 2020 y, con tan solo 20 años, parece haber encontrado su sitio en el Nice, donde cada partido tiene una nueva oportunidad de progresar y mostrar todas sus condiciones sobre el terreno de juego.

Sevilla, 1996. Periodismo deportivo como vocación. Amante del fútbol matutino y de los entrenadores arriesgados.

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