_Getafe

La cajita de música

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 07-03-2019

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El Getafe es un equipo hecho para sufrir, que juega consciente de que está hecho para sufrir y que, sin embargo, no está sufriendo en absoluto, sino que está dominando en casi cada partido a casi cualquier rival que se le ponga por delante. Y tal cosa, aunque sea el conjunto de La Liga que más acentúa las dudas del rival con la propia claridad de sus propias ideas, no sería en absoluto posible si su delantero más utilizado, su gran creador, generador y ejecutor de jugadas y su jugador franquicia número uno no estuviese sobre el terreno de juego. Lo insólito del caso es que ese futbolista tiene casi 37 años y hasta que ascendió con el Getafe no había destacado como buque insignia de ningún equipo en Primera División, sino más bien al contrario, ya que su papel había sido casi siempre el de subalterno y no el de protagonista principal.

Cuando Jorge Molina recibe de espaldas a la portería, ya sea a treinta metros del arco, escorado en una banda o en el mismísimo punto de penalti con tres zagueros y el portero echándole el aliento en el cogote a escasos centímetros por detrás de su posición, el ilicitano está siendo prácticamente imposible de defender, no digamos ya qué grado de posibilidad tiene el rival de quitarle el balón de unos pies que parecen proteger el cuero con la seguridad con la que lo agarrarían las manos… Y es desde ese impresionante dominio de la posición y de su cuerpo, desde esa demostración constante que supone en cada encuentro una auténtica clase magistral de cómo compensar la delicada pérdida de potencia propia de la edad que supone para cualquier atacante, a base de pura inteligencia futbolística para seguir dando un rendimiento sobresaliente por medio de una mentalidad mucha más colectiva que antes. La mentalidad desde la que el Getafe está erigiendo sus increíbles resultados durante esta temporada, como ya sucedió en la pasada.

Molina se ha compenetrado perfectamente este curso con un Jaime Mata que le libera de tener que ejercer de delantero más fuerte de la dupla azulona y de acudir a todas las disputas más físicas. Además, Mata se aprovecha mucho mejor dentro del área, al contrario que un Ángel al que le gusta más atacar el espacio partiendo desde bastantes metros más atrás, del espectacular juego de apoyos y descargas del ilicitano, que está a solo tres goles de batir el mejor registro en la élite española de toda su carrera y del que ya se puede decir bien alto y bien claro que Jorge Molina, este Jorge Molina, el Jorge Molina de 35, 36 y prácticamente 37 años, es un delantero centro de absoluto culto dentro de La Liga y un veteranísimo que parece tener una mejor proyección y una mayor evolución en su juego a medida que sigue pasando el tiempo, lo cual es una auténtica locura, una cuestión casi mágica.

El número 19 del Getafe es como una de esas antiguas cajitas de música. Fabricadas con madera añeja, más preciadas a medida que transcurren los años y en las que se guardan como auténticos tesoros piezas pequeñas pero de un valor enorme, casi secretas incluso, ocultas para la inmensa mayoría. De igual modo, Jorge Molina se encarga de guardar como oro en paño los balones para su equipo cuando recibe de espaldas al arco en los últimos metros del ataque de los de Pepe Bordalás. Entonces y solo entonces es cuando la caja se abre, descubre sus encantos y empieza a hacer sonar la música para que todos los demás, compañeros y rivales, bailen embelesados a su son. Una melodía que no sonaría tan constante y nítida si Jorge Molina no estuviese haciendo girar la manivela de manera incansable, si Jorge Molina no fuese directamente esa manivela, esa cajita de música, esa melodía. Una melodía que cada día que pasa más y más se asemeja a las notas del ‘Zadok, the priest’ de Händel que Tony Britten adaptó en 1992.

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El Getafe es un equipo hecho para sufrir, que juega consciente de que está hecho para sufrir y que, sin embargo, no está sufriendo en absoluto, sino que está dominando en casi cada partido a casi cualquier rival que se le ponga por delante. Y tal cosa, aunque sea el conjunto de La Liga que más acentúa las dudas del rival con la propia claridad de sus propias ideas, no sería en absoluto posible si su delantero más utilizado, su gran creador, generador y ejecutor de jugadas y su jugador franquicia número uno no estuviese sobre el terreno de juego. Lo insólito del caso es que ese futbolista tiene casi 37 años y hasta que ascendió con el Getafe no había destacado como buque insignia de ningún equipo en Primera División, sino más bien al contrario, ya que su papel había sido casi siempre el de subalterno y no el de protagonista principal.

Cuando Jorge Molina recibe de espaldas a la portería, ya sea a treinta metros del arco, escorado en una banda o en el mismísimo punto de penalti con tres zagueros y el portero echándole el aliento en el cogote a escasos centímetros por detrás de su posición, el ilicitano está siendo prácticamente imposible de defender, no digamos ya qué grado de posibilidad tiene el rival de quitarle el balón de unos pies que parecen proteger el cuero con la seguridad con la que lo agarrarían las manos… Y es desde ese impresionante dominio de la posición y de su cuerpo, desde esa demostración constante que supone en cada encuentro una auténtica clase magistral de cómo compensar la delicada pérdida de potencia propia de la edad que supone para cualquier atacante, a base de pura inteligencia futbolística para seguir dando un rendimiento sobresaliente por medio de una mentalidad mucha más colectiva que antes. La mentalidad desde la que el Getafe está erigiendo sus increíbles resultados durante esta temporada, como ya sucedió en la pasada.

Molina se ha compenetrado perfectamente este curso con un Jaime Mata que le libera de tener que ejercer de delantero más fuerte de la dupla azulona y de acudir a todas las disputas más físicas. Además, Mata se aprovecha mucho mejor dentro del área, al contrario que un Ángel al que le gusta más atacar el espacio partiendo desde bastantes metros más atrás, del espectacular juego de apoyos y descargas del ilicitano, que está a solo tres goles de batir el mejor registro en la élite española de toda su carrera y del que ya se puede decir bien alto y bien claro que Jorge Molina, este Jorge Molina, el Jorge Molina de 35, 36 y prácticamente 37 años, es un delantero centro de absoluto culto dentro de La Liga y un veteranísimo que parece tener una mejor proyección y una mayor evolución en su juego a medida que sigue pasando el tiempo, lo cual es una auténtica locura, una cuestión casi mágica.

El número 19 del Getafe es como una de esas antiguas cajitas de música. Fabricadas con madera añeja, más preciadas a medida que transcurren los años y en las que se guardan como auténticos tesoros piezas pequeñas pero de un valor enorme, casi secretas incluso, ocultas para la inmensa mayoría. De igual modo, Jorge Molina se encarga de guardar como oro en paño los balones para su equipo cuando recibe de espaldas al arco en los últimos metros del ataque de los de Pepe Bordalás. Entonces y solo entonces es cuando la caja se abre, descubre sus encantos y empieza a hacer sonar la música para que todos los demás, compañeros y rivales, bailen embelesados a su son. Una melodía que no sonaría tan constante y nítida si Jorge Molina no estuviese haciendo girar la manivela de manera incansable, si Jorge Molina no fuese directamente esa manivela, esa cajita de música, esa melodía. Una melodía que cada día que pasa más y más se asemeja a las notas del ‘Zadok, the priest’ de Händel que Tony Britten adaptó en 1992.

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Joel Sierra @_JoeLSierra_
07-03-2019